
Observatorio Negrín-Galdós
Benito Pérez Galdós
Discurso de ingreso en la Real Academia Española
El discurso con el que Benito Pérez Galdós accede públicamente a la Real Academia Española constituye mucho más que una reflexión circunstancial sobre la novela. Bajo una modestia deliberadamente exhibida —Galdós comienza declarándose poco inclinado a la erudición y a la crítica literaria—, el novelista formula una de sus más significativas poéticas de la narración. Su punto de partida es inequívoco: «Imagen de la vida es la Novela». A partir de esta afirmación, Galdós desplaza la mirada desde los libros hacia la realidad que los hace posibles y convierte a la sociedad contemporánea en la verdadera materia de su discurso.
La expresión que concentra el núcleo de su pensamiento es igualmente célebre: «La sociedad presente como materia novelable». El novelista no concibe la creación como un ejercicio aislado, sino como un complejo proceso de intercambio entre escritor y colectividad. El público proporciona al artista los caracteres, las pasiones, el lenguaje y los conflictos con los que construye su obra y, una vez concluida, se transforma también en su juez. De ahí que Galdós presente al «vulgo», entendido como muchedumbre y humanidad común, a la vez como modelo inicial y destinatario final de la novela.
El discurso adquiere además un extraordinario valor como diagnóstico del fin de siglo. Galdós observa una sociedad en proceso de transformación: las antiguas clases pierden sus perfiles tradicionales, la clase media se expande, las diferencias sociales y lingüísticas se atenúan y desaparecen progresivamente aquellos tipos humanos fácilmente reconocibles que habían alimentado durante siglos la imaginación literaria. discursos-leidos-ante-la-real-a… El novelista, sin embargo, no interpreta este proceso como una condena del arte narrativo. Al contrario: cuando desaparecen los tipos convencionales, sostiene, queda al descubierto el individuo. «Perdemos los tipos, pero el hombre se nos revela mejor», afirma en uno de los momentos esenciales del texto.
Por ello, el discurso puede leerse como una defensa de la capacidad de la novela para sobrevivir a cualquier transformación histórica. Las viejas estructuras podrán desaparecer y surgirán otras todavía imprevisibles, pero la literatura seguirá encontrando materia en la experiencia humana. Galdós concluye con una imagen que resume admirablemente su concepción del arte: el ingenio humano puede florecer tanto entre las arquitecturas nuevas como entre las ruinas de un mundo que desaparece.
2. Marcelino Menéndez y Pelayo
Contestación al discurso de Benito Pérez Galdós
La contestación de Marcelino Menéndez y Pelayo posee un valor excepcional porque es simultáneamente discurso de recepción, historia de la novela española y primer gran balance crítico de la obra galdosiana realizado desde la propia contemporaneidad del escritor. Menéndez y Pelayo comienza evocando una amistad de más de veinte años con Galdós, amistad que, según reconoce, había resistido profundas discrepancias intelectuales y religiosas. Esa declaración inicial determina el tono de toda la intervención: admiración literaria y desacuerdo doctrinal conviven sin anularse mutuamente.
Menéndez y Pelayo comprende inmediatamente la magnitud del fenómeno galdosiano. La producción del nuevo académico le parece tan extensa y compleja que llega a compararla, por su amplitud y variedad, con la Comedia humana de Balzac. discursos-leidos-ante-la-real-a… Pero su contestación no se limita a elogiar al novelista. Partiendo del problema planteado por Galdós —la relación entre el escritor y el público—, construye una extensa genealogía de la narrativa española y sitúa al autor de los Episodios nacionales dentro del renacimiento de la novela en el siglo XIX.
Uno de los aspectos más interesantes del texto es precisamente la perspectiva histórica con que Menéndez y Pelayo contempla la carrera galdosiana. Recuerda la aparición de La Fontana de Oro, la posterior construcción de los Episodios nacionales y la evolución hacia las novelas contemporáneas, hasta afirmar que hablar de Galdós equivale prácticamente a hablar de la novela española de las últimas décadas. discursos-leidos-ante-la-real-a… Reconoce asimismo la prioridad cronológica de Galdós en la restauración de la gran novela española y destaca la vastedad del universo humano construido en los Episodios.

La contestación adquiere especial interés cuando aborda las discrepancias ideológicas entre ambos escritores. Menéndez y Pelayo recuerda incluso la dureza con la que había atacado años atrás la orientación de Gloria, pero introduce una distinción crítica fundamental: una novela no es un tratado doctrinal, ni puede identificarse sin más al autor con las ideas expresadas por sus personajes. discursos-leidos-ante-la-real-a… La observación revela hasta qué punto el crítico es capaz de separar, al menos parcialmente, el juicio estético del desacuerdo ideológico.
Su valoración alcanza uno de sus puntos culminantes al hablar de Fortunata y Jacinta, que considera una de las grandes novelas de su tiempo. Destaca la densidad de vida, la penetración psicológica, la amplitud del escenario madrileño y, sobre todo, la capacidad de Galdós para transformar la existencia cotidiana en materia estética.
Vista desde la distancia, esta contestación resulta especialmente reveladora: dos figuras intelectuales muy distintas se encuentran en torno a una concepción común de la literatura como forma superior de conocimiento. Menéndez y Pelayo no oculta sus reservas, pero termina reconociendo en Galdós una fuerza creadora extraordinaria, una fecundidad que interpreta no como defecto, sino como signo de potencia artística.

























