
Observatorio Galdós-Negrín
Durante décadas, el nombre de Juan Negrín estuvo acompañado por tres acusaciones casi inseparables: el envío del llamado «oro de Moscú», la supuesta entrega de la República a los comunistas y la prolongación inútil de la Guerra Civil. Estas ideas fueron repetidas por la propaganda franquista, pero también por algunos de sus adversarios dentro del propio campo republicano. El resultado fue una imagen profundamente negativa que ocultó tanto su procedencia como su extraordinaria trayectoria científica.
Conviene precisar, además, que Negrín no fue presidente de la República —cargo que desempeñó Manuel Azaña—, sino presidente del Consejo de Ministros, es decir, jefe del Gobierno republicano, desde mayo de 1937. Tras la derrota mantuvo la representación del Gobierno republicano en el exilio hasta 1945. Su figura debe ser examinada dentro de las circunstancias extremas de una guerra, pero también más allá de ella: antes de convertirse en político, había sido uno de los científicos españoles mejor formados de su generación.
Una procedencia canaria y burguesa
Juan Negrín López nació en Las Palmas de Gran Canaria el 3 de febrero de 1892. Su hogar se encontraba en la calle Mayor de Triana, una de las principales zonas comerciales de la ciudad. Era el primogénito de Juan Negrín Cabrera y María Dolores López Marrero, natural de la Vega de San Mateo. La familia pertenecía a la burguesía comercial acomodada y mantenía profundas convicciones católicas.
Su padre procedía, sin embargo, de un ambiente más modesto. Los abuelos paternos de Negrín habían sido agricultores y artesanos en Telde. Juan Negrín Cabrera estudió durante varios años en el seminario, aunque finalmente abandonó la carrera eclesiástica y se dedicó al comercio, a la compraventa de terrenos y a los negocios inmobiliarios. Gracias a esas actividades consiguió una considerable prosperidad económica y llegó a convertirse en uno de los empresarios más importantes de Las Palmas.
Esta procedencia resulta significativa porque no encaja con la caricatura posterior del revolucionario comunista. Negrín no creció en una familia vinculada al movimiento obrero ni recibió una educación marxista. Procedía de un hogar religioso, económicamente privilegiado y relacionado con el comercio. Su acercamiento al socialismo fue posterior y tuvo un carácter principalmente reformista, republicano y modernizador.
También influyó en él la realidad de Las Palmas, ciudad portuaria y abierta a las relaciones internacionales. La condición insular no lo encerró en un ambiente provincial, sino que probablemente favoreció su interés por los idiomas, los viajes y las culturas europeas. Negrín se convertiría en un hombre cosmopolita, capaz de expresarse en alemán, francés e inglés y de desenvolverse con facilidad en ambientes científicos y diplomáticos.
De Las Palmas a los laboratorios alemanes
Con solo catorce años, después de terminar anticipadamente el bachillerato, Negrín marchó a Alemania. Comenzó su formación en la Universidad de Kiel y posteriormente se trasladó a Leipzig, atraído por el prestigio internacional de su Instituto de Fisiología. En 1912 obtuvo el doctorado en Medicina cuando apenas tenía veinte años y comenzó a trabajar como investigador y profesor en la universidad alemana.
Su especialidad era la fisiología, disciplina que estudia el funcionamiento de los organismos vivos. En Leipzig se formó en los métodos más modernos de la ciencia experimental europea y publicó sus primeros trabajos de investigación. También amplió sus conocimientos de química y economía, dos campos que serían importantes en su futura actividad pública.
La Primera Guerra Mundial lo obligó a abandonar Alemania en 1915. Tras regresar a España, se instaló en Madrid y asumió la dirección del Laboratorio de Fisiología General de la Junta para Ampliación de Estudios, situado en la Residencia de Estudiantes. En 1922 obtuvo la cátedra de Fisiología de la Universidad Central de Madrid. Allí impulsó una importante escuela científica por la que pasaron investigadores como Francisco Grande Covián, Rafael Méndez y Severo Ochoa, futuro premio Nobel de Medicina.
Por tanto, Negrín no llegó a la política como un agitador sin preparación. Era un catedrático prestigioso, investigador, médico y organizador de instituciones científicas. Su experiencia en los laboratorios explica algunos rasgos de su personalidad política: la confianza en la planificación, la disciplina, la eficacia administrativa y la toma de decisiones basada en datos. Sin embargo, esa brillante trayectoria científica quedó casi borrada de la memoria colectiva después de la Guerra Civil.

Un socialista reformista convertido en gobernante
Negrín ingresó en el Partido Socialista Obrero Español en 1929, durante la dictadura de Primo de Rivera. Su socialismo estaba alejado de la ortodoxia marxista revolucionaria. Se identificaba más con la socialdemocracia reformista europea y consideraba que la libertad política debía ir acompañada por una mayor justicia social y económica. En las elecciones de 1931 fue elegido diputado por Las Palmas y volvió a obtener el escaño en las siguientes convocatorias republicanas.
Su transformación definitiva de científico en gobernante se produjo con la Guerra Civil. En septiembre de 1936 fue nombrado ministro de Hacienda en el Gobierno presidido por Francisco Largo Caballero. En mayo de 1937, después de una grave crisis política, Manuel Azaña le encargó formar un nuevo Gobierno.
Negrín recibió una República profundamente debilitada. El territorio republicano se encontraba dividido, el ejército estaba en proceso de reorganización, las fuerzas políticas de izquierda mantenían fuertes enfrentamientos internos y el abastecimiento de armas era cada vez más difícil. Su respuesta fue fortalecer la autoridad del Estado, centralizar la dirección militar y exigir disciplina en la retaguardia. Esta política provocó la hostilidad de los sectores revolucionarios, que consideraban que Negrín estaba sacrificando la revolución para ganar la guerra.
La República dependía en gran medida de la Unión Soviética para obtener armamento, mientras la Alemania nazi y la Italia fascista ayudaban militarmente al ejército de Franco. Las democracias occidentales mantuvieron una política de no intervención que perjudicó especialmente al Gobierno republicano. En esas condiciones, la colaboración con los comunistas y con la Unión Soviética fue una necesidad material y militar. Esa dependencia existió, pero no demuestra por sí sola que Negrín fuese comunista ni que obedeciera ciegamente las órdenes de Stalin. Su formación, sus escritos y su trayectoria política correspondían a un socialismo reformista y a una concepción republicana del Estado.
El «oro de Moscú» y la construcción de una leyenda
La gestión de las reservas de oro del Banco de España fue una de las principales causas de la leyenda negra que acompañó a Negrín. Como ministro de Hacienda, supervisó el traslado de gran parte de las reservas a la Unión Soviética y de otra parte a Francia. Durante décadas, la propaganda franquista afirmó que Negrín había robado el oro español o lo había regalado a Stalin.
La documentación disponible presenta una realidad diferente. El traslado no fue una decisión secreta y personal de Negrín, sino una medida adoptada por el Gobierno presidido por Largo Caballero. Su finalidad era disponer de divisas para comprar armas, alimentos y suministros en el extranjero. La ayuda soviética no fue gratuita: la República tuvo que pagar el material recibido y empleó para ello sus reservas. Los documentos contables conservados permiten reconstruir buena parte de esas operaciones y no sostienen la acusación de un enriquecimiento personal de Negrín ni la idea de un simple regalo a la Unión Soviética.
Esto no significa que la decisión no pueda discutirse. Los historiadores pueden debatir si existían otras alternativas, si las condiciones impuestas por los soviéticos fueron favorables o si la operación estuvo sometida a suficiente control. Pero una cosa es cuestionar una decisión financiera tomada durante una guerra y otra muy distinta presentar a Negrín como un ladrón. La propaganda transformó una compleja operación estatal en una acusación personal extraordinariamente eficaz.
¿Prolongó inútilmente la guerra?
La segunda gran acusación se refiere a su política de resistencia. Negrín consideraba que la República debía continuar combatiendo para conservar alguna capacidad de negociación y evitar una rendición sin condiciones. También pensaba que la crisis europea podía terminar provocando una guerra general contra las potencias fascistas. Esa guerra comenzó finalmente en septiembre de 1939, pocos meses después del final del conflicto español, aunque demasiado tarde para cambiar el destino de la República.
En 1938 presentó los llamados Trece Puntos, un programa con el que ofrecía una salida negociada al conflicto. Defendía la independencia de España, la retirada de fuerzas extranjeras, la posibilidad de que los ciudadanos decidieran democráticamente el futuro político del país y la ausencia de represalias después de la guerra. Franco rechazó esta propuesta y mantuvo su exigencia de una rendición incondicional.
La estrategia de Negrín tuvo un coste humano evidente y no consiguió impedir la derrota. Por ello, es legítimo preguntarse si la resistencia debía haberse abandonado antes. Sin embargo, reducir su posición a una voluntad irracional de alargar el sufrimiento resulta injusto. El historiador Enrique Moradiellos ha señalado que, especialmente después de los acuerdos de Múnich de 1938, Negrín ya no esperaba necesariamente una victoria militar, sino que utilizaba la resistencia como medio para intentar conseguir garantías mínimas para los vencidos.
El problema era que Franco no ofrecía una paz negociada. Desde la perspectiva de Negrín, rendirse sin garantías significaba dejar indefensos a militares, funcionarios, sindicalistas, maestros, políticos y ciudadanos identificados con la República. Su cálculo fracasó, pero no carecía de una lógica política ni respondía únicamente a los intereses soviéticos.
Atacado por los vencedores y abandonado por los vencidos
La historia fue especialmente ingrata con Negrín porque su desprestigio no procedió únicamente del franquismo. El régimen vencedor necesitaba convertirlo en símbolo de la supuesta dominación comunista sobre España, pero una parte del exilio republicano también lo responsabilizó de la derrota.
Los partidarios de Largo Caballero lo acusaron de haber favorecido el crecimiento del Partido Comunista. Los seguidores de Indalecio Prieto le reprocharon la destitución de este como ministro de Defensa y su decisión de continuar la guerra. Grupos socialistas que habían estado enfrentados entre sí terminaron coincidiendo en su hostilidad hacia Negrín. Las disputas políticas y personales del exilio contribuyeron así a consolidar una imagen que, en algunos aspectos, coincidía con la propaganda franquista.
En 1946, Negrín y otros treinta y cinco militantes fueron expulsados del PSOE. El antiguo jefe del Gobierno republicano quedó aislado políticamente y pasó los últimos años de su vida en Francia. Murió en París el 12 de noviembre de 1956. El hombre que había ocupado la jefatura del Gobierno en uno de los momentos más dramáticos de la historia española falleció lejos de su país, desprestigiado por los vencedores y rechazado por muchos de sus antiguos compañeros.
La reparación tardó más de medio siglo. En 2008, el Congreso Federal del PSOE aprobó su rehabilitación y su readmisión póstuma. En octubre de 2009, el partido entregó simbólicamente a su nieta Carmen Negrín el carné que le había sido retirado sesenta y tres años antes. El propio acto fue presentado como la reparación de una injusticia.
Recuperar a Negrín sin convertirlo en un héroe perfecto
Los estudios históricos más recientes y la apertura de su archivo personal han permitido revisar numerosas acusaciones. La documentación económica, la correspondencia, los discursos y los papeles de su Gobierno muestran una figura mucho más compleja que la presentada por la propaganda. La investigación contemporánea ha rehabilitado parcialmente a quien ha sido descrito como una de las personalidades más calumniadas de la historia española reciente.
Hacerle justicia no significa convertirlo en un gobernante infalible. Negrín tomó decisiones discutibles, gobernó de una manera muy centralizada y dependió de fuerzas políticas y militares que también perseguían sus propios intereses. Su política de resistencia puede y debe ser analizada críticamente. Sin embargo, la crítica histórica no puede basarse en la falsificación, en el insulto o en acusaciones que la documentación no confirma.
Más que la historia en sentido estricto, fueron la propaganda, las luchas políticas y la memoria de vencedores y vencidos las que resultaron ingratas con Juan Negrín. Su verdadera trayectoria fue la de un canario procedente de una familia burguesa y católica, formado en la mejor ciencia europea, creador de una importante escuela de fisiología, socialista reformista y gobernante de una República que luchaba por sobrevivir.
La mayor injusticia cometida con él consistió en reducir toda esa vida a unos pocos tópicos: Moscú, el oro y la derrota. Recuperar a Negrín no exige aceptar todas sus decisiones, sino devolverle su complejidad. Solo entonces puede comprenderse que detrás del personaje más atacado de la República había un científico brillante, un europeísta y un hombre de Estado obligado a gobernar en unas circunstancias casi imposibles.























