Los inicios de la biblioteca circulante de la Casa del Pueblo de Madrid

Eduardo Montagut

La Casa del Pueblo de Madrid decidió en el verano de 1913 que su biblioteca fuera circulante, es decir que todos sus socios pudieran llevarse libros a sus casas, fábricas o talleres, para que no solamente disfrutasen ellos de la lectura, sino también sus allegados.

Para asegurar los libros los socios debían ofrecer la garantía de sus Sociedades Obreras, es decir, sus respectivas juntas directivas tenían que sellar las tarjetas de peticiones de libros. El bibliotecario, a cambio, entregaría los libros solicitados por un plazo de quince días. La Casa del Pueblo creía que al principio las juntas directivas podían ser reacias a salir como responsables de afiliados que no conocieran, por lo que podía ocurrir que no abundasen las peticiones, pero las experiencias de las Juventudes Socialistas y de la Escuela Nueva, con préstamos de libros, demostraban que el sistema funcionaba bien y no desaparecían los libros. En todo caso, no sería un asunto grave, porque los libros que no retornaran no eran libros perdidos, porque al rodar de mano en mano se cumplía, en realidad, el objetivo de difundir la lectura.

A propósito de este hecho Emilio Alenda reflexionó en las páginas de El Socialista sobre la importancia de las bibliotecas obreras.

Alenda consideraba que una biblioteca circulante en una Sociedad de resistencia era una de sus mayores necesidades porque se animaba a los obreros a leer buenos libros para aumentar sus conocimientos y espolear su pensamiento después de la lectura, siendo un medio para estar lejos de las tabernas.

Una Sociedad de resistencia con una biblioteca selecta era como una madre, siempre según Alenda, que, poco a poco, hasta con cariño, iba educando a sus hijos.

En España había pocas bibliotecas públicas y los trabajadores no podían frecuentarlas. Las horas en las que se podía leer eran inaccesibles para ellos, por lo que era necesario que los propios obreros se cuidasen de su educación y preparasen los medios para procurarse el volumen que después de la jornada les hiciese pensar y animarse en su lucha contra las arbitrariedades, contra las injusticias y, por fin, que les guiase en la vida. Esto era, por lo tanto, obra cultural, era ayudar al desvalido, animar al escéptico y era, por fin, hacer hombres.

Alenda explicaba en su artículo que varias Sociedades de la Casa del Pueblo de Madrid así lo habían entendido, especialmente la de Ebanistas, así como la Juventud Socialista. Por fin, consideraba que, en ese momento, cuando la Casa del Pueblo ponía en marcha la biblioteca circulante, se estaría mejor, por lo que alababa la iniciativa porque allí se podrían encontrar muchas de las obras que faltaban a otras bibliotecas societarias.

Hemos consultado los números 1558 y 1560 de El Socialista de fines de agosto de 1913.

Isidora Revista

Isidora. Revista de Estudios Galdosianos es una publicación cultural y académica fundada en 2005 y especializada en Benito Pérez Galdós, literatura española, crítica textual, traducción, estudios culturales e historia intelectual. Con ISSN 1699-5996, la revista desarrolla además proyectos dedicados a la cultura canaria, el Observatorio Galdós-Negrín y la difusión internacional de las humanidades.

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