
Observatorio Galdós-Negrín
El discurso académico de José María de Pereda es, ante todo, una apasionada defensa de la novela regional y de la capacidad del territorio, la memoria y la lengua popular para convertirse en materia literaria de primer orden. Después del obligado recuerdo de su antecesor, José de Castro y Serrano, Pereda declara que hablará precisamente de aquello que conoce mejor: una forma narrativa estrechamente vinculada a la comarca, al paisaje y a las peculiaridades humanas de cada región. discursos-leidos-ante-la-real-a…
Para Pereda, la novela regional no puede reducirse a la mera descripción pintoresca de usos locales. Su fundamento es mucho más profundo: nace de una relación afectiva con el lugar. El regionalismo que defiende no consiste en negar una patria común, sino en amar el «terruño natal», sus costumbres, su paisaje, sus fiestas, su lengua, sus recuerdos y, finalmente, el hogar en el que se nace y al que se desea regresar. discursos-leidos-ante-la-real-a… La enumeración que desarrolla en estas páginas convierte el paisaje en una verdadera geografía sentimental.
El discurso contiene asimismo una dura crítica contra la homogeneización cultural y contra lo que Pereda considera una excesiva imitación de modelos extranjeros. Frente a una literatura urbana sometida a modas internacionales, reivindica la provincia, el campo, la costa y las hablas locales como depósitos de autenticidad literaria. A su juicio, la lengua provincial conserva incluso una parte esencial de la energía histórica del castellano.

Hay aquí una verdadera teoría estética. Pereda contrapone la novela cosmopolita, dedicada a los problemas de una sociedad cambiante, y la novela regional, más próxima a la naturaleza y a aquello que considera permanente. Una estudia principalmente las ideas y los mecanismos sociales; la otra, según su formulación, se apoya preferentemente en los hechos, en el color, en el paisaje y en las formas de vida arraigadas.
Pero el núcleo más duradero de la propuesta perediana quizá se encuentre en su reflexión sobre la lengua. Para él, lenguaje y estilo no son simples vehículos de una historia: constituyen el alma misma de la obra literaria, aquello que le proporciona «expresión, fisonomía y carácter». discursos-leidos-ante-la-real-a… Desde esa perspectiva, defender la variedad regional equivale también a preservar las posibilidades estéticas del idioma.
El discurso termina proyectando esta defensa hacia el futuro. Pereda imagina incluso un mundo uniformado, sin diferencias entre pueblos ni costumbres, y confía entonces a la literatura una última misión: conservar, como un archivo del espíritu, las formas de vida que el progreso pudiera borrar. discursos-leidos-ante-la-real-a… La novela regional queda así convertida no sólo en creación artística, sino también en memoria cultural.

























