
Galdós y las coartadas del lenguaje
El Mal llevaba una temporada algo fatigado, pero ha encontrado la manera de recuperarse. No se ha arrepentido, ni ha reparado sus daños, ni ha decidido cambiar de conducta. Se ha buscado un criado llamado Necesario. Desde que lo tiene a su servicio, vuelve a encontrarse estupendamente. La escena pertenece a La conjuración de las palabras, de Benito Pérez Galdós, y contiene una observación que merece detener la lectura: a veces, para rehabilitar el mal, basta con proporcionarle un adjetivo. ISIDORA 2 (2) 237
La ocurrencia hace reír. Después, si uno permanece un instante dentro de ella, empieza a incomodar. Porque el criado no borra lo que su señor es; modifica la disposición con que los demás lo recibimos. El mal, a secas, exige explicaciones. El mal necesario llega con una parte de las explicaciones resueltas, como si alguien hubiera examinado ya las alternativas y declarado que ninguna servía. La necesidad actúa de salvoconducto. Quien escucha queda invitado a resignarse antes de preguntar.
Galdós introduce esta pequeña sociedad de intereses en un escenario admirable: el diccionario. Ese objeto que parece destinado al silencio y al orden se convierte en un edificio habitado. Sus cubiertas son muros; las páginas, divisiones interiores; las columnas, corredores; las entradas, alojamientos. Dentro vive una multitud que cierta mañana sale armada y dispuesta a dar batalla. Las palabras han dejado de aceptar su condición de instrumentos obedientes. Tienen quejas contra quienes las escriben. ISIDORA 2 (2) 232
Hay algo profundamente cómico en imaginar una insurrección de aquello que manejamos con tanta desenvoltura. Estamos acostumbrados a corregir las palabras, a elegirlas, descartarlas, combinarlas. Aquí sucede lo contrario: son ellas las que nos examinan. El escritor, dueño aparente de la página, descubre que sus materiales podrían tener algo que decir sobre él.

El desfile convierte la gramática en una representación social. Los artículos preceden a los sustantivos como heraldos; los pronombres acompañan a sus señores o los representan cuando estos faltan; los adjetivos sirven de escuderos y comunican a los sustantivos su color y su forma. Los verbos, inquietos y difíciles de describir, introducen movimiento en aquella sociedad. La explicación gramatical adquiere cuerpos, vestidos, jerarquías y temperamentos. En la ilustración de la página 233, Benoît Vieillard prolonga ese procedimiento: las categorías de la lengua aparecen convertidas en figuras armadas, con sus nombres desplegados sobre sus cuerpos y atributos. ISIDORA 2 (2) 233 ISIDORA 2 (2) 234
Pero sería una lástima quedarse en la gracia pedagógica del invento. La cuestión decisiva aparece cuando las palabras explican sus agravios. El sustantivo Hombre denuncia que los escritores alteran su sentido y las obligan a decir lo contrario de lo que deberían expresar. No se protesta únicamente contra una incorrección: se protesta contra una usurpación. Alguien se ha apropiado de los nombres y los hace trabajar para intereses que estos no reconocen como suyos. ISIDORA 2 (2) 235
Tampoco conviene imaginar que los habitantes del diccionario forman una comunidad inocente. En ella hay distinciones de clase, orgullo de linaje, desprecio por los recién llegados y vanidad. Algunas palabras exhiben su ascendencia latina o árabe; otras carecen de genealogía prestigiosa; otras proceden de Francia y esperan adquirir una nueva nacionalidad. Las hay envejecidas y las hay presuntuosas. La lengua reproduce las manías de quienes la hablan. La rebelión contra el abuso no libra a los rebeldes de sus propios prejuicios. ISIDORA 2 (2) 235
Una de las disputas más reveladoras enfrenta a Sentido con Común. El primero está harto de que su acompañante lo comprometa: en cuanto un escritor no entiende una ciencia, se ampara en el sentido común y se considera autorizado a pontificar sobre ella. La asociación, aparentemente tan razonable, termina a golpes. ISIDORA 2 (2) 236
La escena permite distinguir dos cosas que solemos mezclar. Una es la prudencia adquirida mediante la experiencia; otra, la pretensión de que nuestras evidencias personales nos dispensan de aprender. El problema empieza cuando el sentido común deja de ser una ayuda para orientarse y se convierte en una credencial de infalibilidad. Entonces ya no sirve para reconocer lo que ignoramos, sino para conceder a nuestra ignorancia una autoridad que no tiene.
No hace falta salir del cuento para encontrar otras apropiaciones. Religión se enfrenta a Política porque esta ha usurpado su nombre para encubrir astucias e intrigas. La acusación es precisa: no se trata simplemente de que ambas se lleven mal, sino de que una utilice el prestigio de la otra. Gobierno intenta imponer orden, mientras Justicia recomienda que las dejen pelear y procura evitar una disputa propia con su interlocutor. Hasta las palabras encargadas de poner paz tienen relaciones difíciles. ISIDORA 2 (2) 237
El Honor llega también a presentar sus reclamaciones. Los hombres hacen disparates en su nombre y lo obligan a significar lo que les conviene. La Moral, por su parte, protesta contra ciertas compañías y preferiría ir sola antes que soportar determinados adjetivos. Otros sustantivos, que necesitan llevar una comitiva de ellos para darse importancia, se burlan de esa pretensión. La escena ofrece una sospecha fértil: quizá algunas palabras se rodeen de tantos acompañantes porque ya no confían en sostenerse por sí mismas. ISIDORA 2 (2) 238
Volvemos así al criado del Mal. El adjetivo puede precisar, distinguir, enriquecer. Pero también puede servir para desviar una pregunta o administrar una absolución. La lectura de Galdós invita a vigilar ese instante en que una explicación se transforma en coartada. No exige negar que existan decisiones dolorosas o conflictos sin solución satisfactoria. Exige algo más incómodo: examinar quién declara inevitable el daño, con qué razones y a costa de quién.
Esa es, a mi juicio, la fuerza de la sátira. No se limita a censurar a quien escribe mal. Nos obliga a considerar qué hacemos cuando escribimos demasiado cómodamente. Hay expresiones que recibimos ya terminadas, como muebles heredados cuya estructura nadie ha revisado. Las usamos porque parecen firmes. El cuento se entretiene en separar sus piezas, y entonces descubrimos que algunas asociaciones descansaban menos en la verdad que en la costumbre.
La materialidad de las letras vuelve todavía más incisivo el juego. La Inquisición prepara una hoguera con signos de interrogación usados, barras de letras y paréntesis rotos, y pretende quemar a la Libertad. El verbo Matar amenaza con conjugarse. La Paz acude precipitadamente, tropieza y cae; el Arte, convertido en zapatero, se ofrece a reparar su calzado. Las abstracciones no permanecen suspendidas en una discusión solemne: corren, amenazan, tropiezan, necesitan ayuda. ISIDORA 2 (2) 238
Resulta difícil no detenerse en esa hoguera alimentada con interrogaciones. En la escena, los signos son objetos disponibles para el fuego; en nuestra lectura, la imagen adquiere otra resonancia. Las preguntas, que deberían abrir espacio al examen, acaban convertidas en combustible de quien quiere destruir la libertad. No es necesario atribuir al autor una explicación cerrada de cada detalle para apreciar lo que su fantasía pone ante nosotros.
Hay, además, una ironía particular en leer estas páginas en francés. Entre las quejas de los personajes figura la introducción de contrabando francés en los libros españoles. Sin embargo, la traducción de Audureau permite que esa protesta atraviese precisamente la frontera lingüística que los personajes contemplan con recelo. La circulación del relato complica sus propias querellas: una lengua puede acoger la sátira que otra dirige contra su influencia. ISIDORA 2 (2) 235 ISIDORA 2 (2) 232
Al cerrar estas páginas queda una pregunta menos confortable que la de si hablamos correctamente: ¿respondemos de lo que hacemos decir a las palabras? No basta con respetar su ortografía si después utilizamos su prestigio para ahorrarnos una justificación. Tampoco basta con pronunciar Honor, Moral, Justicia o Libertad para que esas voces certifiquen nuestra conducta.
El Mal, entretanto, sigue satisfecho con su criado. Necesario le abre las puertas, lo presenta en sociedad y atenúa la resistencia de quienes lo ven llegar. Tal vez la lectura de Galdós consista, esta vez, en no saludar tan deprisa. En pedir al criado que se aparte un momento y mirar de frente a su señor.
Un resumen de Isidora 2

























