
Eduardo Montagut
Continuamos bebiendo de la conferencia que impartió Besteiro en marzo de 1933 sobre el marxismo. En la última entrega tratamos del revisionismo en España, pero inmediatamente después trató el origen del revisionismo y para ello tuvo que aludir, lógicamente, a Bernstein.
Besteiro había sido muy duro con los revisionistas españoles, pero consideraba que Bernstein era una figura de renombre, y que “con altura, sinceridad y nobleza” había defendido sus ideas. Por eso consideraba importante analizar en qué consistió su revisión del marxismo.
Aplicando la dialéctica al desarrollo del capitalismo, el marxismo había establecido como ley que el capital se concentraría cada vez en un número menor de manos mientras que crecería la masa de proletarios. En consecuencia, el abismo que separaba a la clase poseedora de la explotada sería cada vez más numerosa y, por consiguiente, la lucha de clases se haría más viva.

Los pequeños propietarios, expropiados por los grandes, irían aumentando el ejército del proletariado, aumentando, de ese modo, las fuerzas revolucionarias hasta que ese “ejército” adquiriera tal superioridad que se apoderaría del poder político con la revolución.
Pero Bernstein advertía que habían pasado los años y ese proceso no se había verificado. Que se desarrollase la propiedad en el sentido que establecía Marx no significaba que en algunos momentos y regiones o países no se produjese un proceso de división de la propiedad. Es más, aumentando la concentración de la propiedad, y aun cuando la ley establecida por Marx produjera todos sus efectos y se iniciase la transformación de la sociedad en un sentido socialista, era indudable que, aparte de las grandes industrias, subsistirían restos de la industria primitiva e incluso artesanos, y hasta se podrían formar algunos núcleos nuevos de pequeños propietarios.
Entonces Bernstein contradecía a Marx en el sentido de que no se llegaba a una acentuación de la oposición de las clases, por lo que no había motivo para pensar en “catástrofes revolucionarias”. En contraposición habría que pensar en pequeñas reformas que permitirían ir haciendo las transformaciones necesarias de la propiedad. Así habría nacido el reformismo.
Pero para Besteiro lo importante era recalcar que el hecho de que se pudieran señalar excepciones a las leyes de Marx no probaba nada. Solamente probarían si Marx hubiera pretendido formulaciones indiscutibles y definitivas, pero si lo hubiera hecho no habría sido un científico, sino un teólogo o un metafísico.
Seguiremos.
Recordemos que la conferencia se publicó en el número 7533 de El Socialista.

























