La casa equivocada: Alberti, María Teresa León y la checa de Alcalá

Rosa Amor del Olmo

La desaparición y el asesinato de Andreu Nin constituyen uno de los crímenes políticos mejor documentados y, al mismo tiempo, uno de los episodios más incompletamente reconstruidos de la Guerra Civil. La responsabilidad de la policía soviética está sólidamente acreditada; el edificio exacto de Alcalá en el que fue recluido y el lugar donde sufrió las torturas continúan discutidos. En esa zona de incertidumbre ha crecido una acusación distinta: que la checa funcionó «en la casa de Rafael Alberti y María Teresa León» y que Ignacio Hidalgo de Cisneros lo contó en sus memorias. Las fuentes consultadas no sostienen esa identificación. Lo que revelan es una confusión entre varias casas, varios testimonios y dos polémicas diferentes.

Hay afirmaciones históricas que parecen verosímiles porque reúnen nombres que estuvieron realmente próximos. Rafael Alberti y María Teresa León fueron militantes comunistas, figuras destacadas de la Alianza de Intelectuales Antifascistas y amigos del general Ignacio Hidalgo de Cisneros y de Constancia de la Mora. Hidalgo dirigía la Aviación republicana; Constancia estuvo al frente de la Oficina de Prensa Extranjera; y una parte de la bibliografía ha vinculado al matrimonio Hidalgo-de la Mora con una vivienda facilitada por el Gobierno en Alcalá de Henares. En Alcalá fue recluido clandestinamente Andreu Nin antes de desaparecer. Todos esos elementos son ciertos o tienen una base documental reconocible. El error aparece al unirlos sin demostrar los eslabones intermedios.

La investigación obliga, por tanto, a separar tres espacios que con el tiempo han terminado superpuestos: la casa madrileña de Alberti y María Teresa, donde se celebraban reuniones literarias y políticas; el hotel o chalé de Alcalá relacionado con Hidalgo de Cisneros y Constancia de la Mora; y la llamada checa de Bellas Artes, de Madrid, a la que en 1993 se vinculó a Alberti mediante una acusación que su propio autor acabó retirando por falta de pruebas. Sólo después de distinguirlos puede formularse una conclusión responsable.

Un crimen probado y un escenario todavía incierto

Andreu Nin, dirigente del Partido Obrero de Unificación Marxista —POUM—, fue detenido en Barcelona el 16 de junio de 1937, pocas semanas después de los hechos de mayo. La operación no fue una actuación policial rutinaria. Pelai Pagès, utilizando el sumario del proceso contra el POUM y la documentación soviética difundida a partir de Operació Nikolai, reconstruye la intervención de una brigada especial llegada desde Madrid. La orden procedía del director general de Seguridad, Antonio Ortega, comunista y colaborador de Alexander Orlov, máximo responsable de la NKVD en España; la orden de detención de Nin fue firmada por el jefe de Policía de Barcelona, Ricardo Burillo, también militante comunista. Tras unas horas en comisaría, Nin fue trasladado a Madrid y después a Alcalá de Henares. Allí prestó cuatro declaraciones: una el día 18 de junio, dos el 19 y la última el 21. En todas negó las acusaciones de espionaje y sostuvo que se encontraba ante una maquinación comunista.[1]

La acusación se había construido mediante una falsificación destinada a presentar al POUM como parte de una red franquista. El dispositivo imitaba la lógica de los procesos de Moscú: fabricar primero la conspiración, obtener después una confesión y utilizarla para justificar la eliminación política del adversario. Nin no confesó. La noche del 22 de junio, según la reconstrucción que Ángel Viñas considera más probable, un grupo armado irrumpió en el lugar de reclusión y se lo llevó. El supuesto asalto de agentes de la Gestapo, utilizado después para explicar oficialmente la desaparición, formaba parte del montaje.

La apertura de los antiguos archivos soviéticos permitió documentar lo esencial. El documental Operació Nikolai, dirigido por Dolors Genovès y emitido por TV3 en 1992, trabajó con materiales de la Internacional Comunista y de la policía política soviética. Una comunicación de Orlov a Moscú dejaba constancia del secuestro; otro mensaje cifrado situaba el asesinato en una carretera que partía de Alcalá en dirección a Perales de Tajuña, a unos doscientos metros de la calzada. En la operación aparecen, bajo nombres en clave, Orlov, Iosif Grigulévich —Juzik—, dos españoles sin identificar, un agente alemán y otros colaboradores. La interpretación de algunos nombres ha variado: el «Pierre» citado en la documentación se ha identificado unas veces con Ernő Gerő y otras con Naum Eitingon. Lo que ya no resulta seriamente discutible es el protagonismo de la NKVD y la responsabilidad central de Orlov.[2]

No todo está resuelto. Se ha propuesto que Nin fue asesinado la misma noche del 22 de junio; otras versiones retrasan la fecha. El mensaje soviético apunta al trayecto hacia Perales de Tajuña, mientras que otra hipótesis sitúa la muerte y el entierro en la carretera de Madrid a Albacete. Tampoco se ha localizado de forma concluyente la sepultura. Pagès resume con precisión el estado de la cuestión: no existe acuerdo definitivo sobre el día exacto de llegada a Alcalá, los lugares concretos de reclusión, el espacio de las torturas ni el emplazamiento del cadáver. Esa incertidumbre afecta a las circunstancias, no a la autoría soviética del secuestro y asesinato.[3]

Las tres localizaciones de Alcalá

Cuando se habla de «la checa de Alcalá» conviene advertir que la palabra checa se empleó, durante la guerra y después, para designar centros de detención, interrogatorio o vigilancia muy diferentes. No siempre corresponde a una institución estable ni a una denominación administrativa precisa. En el caso de Nin, la bibliografía ha señalado al menos tres edificios.

El primero es la antigua cárcel de mujeres de Alcalá, conocida como la Galera o Casa de Trabajo. Durante la guerra se utilizó como prisión masculina. Una de las reconstrucciones locales sostiene que Nin pudo ser recluido inicialmente allí. La hipótesis encaja con la existencia de un establecimiento carcelario real y con la necesidad de mantenerlo separado de los demás dirigentes del POUM, pero no resuelve si fue trasladado después a otro espacio clandestino.

El segundo es un antiguo hotel o «hotelito» que había estado bajo control de la Brigada de Tanques. La documentación del proceso permite hablar de un establecimiento de ese tipo; la reconstrucción de Genovès lo identificó con un chalé utilizado por Ignacio Hidalgo de Cisneros y Constancia de la Mora. En su sótano, según esa versión, Nin habría sido torturado para arrancarle la confesión que necesitaba la operación soviética. Pelai Pagès reproduce esta hipótesis, pero también recoge las objeciones posteriores: no está probado que el edificio tuviera las características atribuidas ni que la residencia del matrimonio y el centro clandestino fueran necesariamente el mismo lugar.[4]

El tercer inmueble es un chalé que había pertenecido al exdiputado de la CEDA Rafael Esparza. M. Vicente Sánchez Moltó, apoyándose en el cronista local José García Saldaña, señaló que aquella finca había sido requisada, utilizada como checa y reunía mejores condiciones para los interrogatorios. El propio Sánchez Moltó no descartaba, sin embargo, que Nin hubiera sido torturado en la Galera y sacado desde allí para ser asesinado. La existencia de varias hipótesis no es una sutileza menor: impide convertir una atribución posible en un hecho probado.[5]

Inmaculada de la Fuente, biógrafa de Constancia de la Mora, ha insistido en dos cautelas importantes. La primera es que no existen pruebas que impliquen personalmente a Constancia en el secuestro o el asesinato. La segunda, que ni siquiera puede asegurarse «al cien por cien» que el chalé utilizado como centro clandestino fuera el mismo que usaba el matrimonio para pernoctar. Una fuente consultada por ella sostenía que la vivienda de Hidalgo no tenía sótano y no reunía condiciones para funcionar como checa, por lo que pudo tratarse de otra finca cercana. Además, aquella casa no era propiedad del general ni de su esposa: era una vivienda facilitada por el Gobierno. Incluso si algún día se demostrara la identidad del inmueble, eso no probaría por sí solo la participación de sus ocupantes.[6]

La prudencia no equivale a exculpación automática. Hidalgo de Cisneros era un jefe militar de primer orden, afiliado al PCE y estrechamente relacionado con los soviéticos; Constancia de la Mora ocupaba un puesto sensible en el aparato informativo republicano. Es legítimo investigar qué sabían, qué relaciones mantuvieron y quién podía acceder a una vivienda asignada al jefe de la Aviación. Lo que no es legítimo es sustituir esa investigación por una inferencia: que una operación clandestina utilizara un inmueble vinculado funcionalmente a una autoridad no demuestra, sin documentos adicionales, que esa autoridad la ordenara, la conociera o participara en ella.

Lo que escribió Hidalgo de Cisneros sobre «la casa de Alberti»

La frase atribuida a Hidalgo de Cisneros existe, pero dice algo muy distinto de lo que se le hace decir. En Cambio de rumbo recuerda el ambiente de la casa de Rafael Alberti y María Teresa León:

«En casa de Alberti se hablaba […] de literatura, de arte».[7]

Hidalgo añadía que allí se concedía gran importancia a la política y que los problemas españoles se examinaban desde posiciones que él consideraba sensatas y revolucionarias.

La cita, localizada en la página 300 de la edición utilizada por Kathryn Taylor en su tesis doctoral sobre Alberti y María Teresa, describe una tertulia intelectual y política. No menciona Alcalá de Henares. No habla de detenidos, interrogatorios, sótanos ni ejecuciones. No identifica la vivienda con un centro policial. Convertirla en testimonio de una checa exige introducir en el texto todo lo que el texto no contiene.

La proximidad personal entre Hidalgo de Cisneros y la pareja era indudable. Compartían militancia, amistades y compromiso con la República. Esa amistad explica que frecuentara su casa y que los recordara en sus memorias; no transforma la casa visitada por él en el chalé alcalaíno relacionado con la operación contra Nin.

La vivienda de Marqués de Urquijo y el palacio de la Alianza

La casa madrileña asociada de manera documental a Rafael Alberti se encontraba en el número 47 de la calle Marqués de Urquijo. El Ayuntamiento de Madrid tiene registrada allí una placa conmemorativa dedicada al poeta. Alberti evocó en otros textos su terraza de Marqués de Urquijo y las reuniones de amigos celebradas en aquella vivienda. Es, por tanto, el referente más lógico de la expresión «en casa de Alberti», salvo que el contexto de la memoria indique otra cosa.[8]

Durante la guerra existió además un segundo espacio madrileño estrechamente ligado a Alberti y María Teresa: el palacio de los Heredia Spínola o de Zabálburu, en la calle Marqués del Duero, requisado y convertido en sede y albergue de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Allí funcionó la redacción de El Mono Azul, se organizaron actividades de propaganda y cultura, se alojaron escritores españoles y extranjeros y se desarrolló parte de la intensa actividad pública de la pareja. Alberti fue secretario de la Alianza; María Teresa desempeñó una función organizativa central y participó en las tareas de protección y evacuación del patrimonio artístico.[9]

Nada de esto convierte su actividad en políticamente neutral. Alberti y María Teresa fueron comunistas militantes, defendieron públicamente la República, participaron en la propaganda de guerra y asumieron posiciones sectarias propias de un conflicto radicalizado. Esa realidad debe estudiarse sin hagiografía. Pero una biografía políticamente incómoda no autoriza a atribuir delitos concretos sin prueba documental. Tampoco existe, en las fuentes examinadas, una casa de Alberti y María Teresa en Alcalá de Henares. La acusación parece desplazarse desde Madrid hasta Alcalá por asociación de nombres, no por títulos de propiedad, padrones, órdenes de alojamiento o testimonios directos.

La otra checa: Bellas Artes y una acusación retirada

La confusión se vuelve más comprensible al recordar otra polémica. En 1993, Torcuato Luca de Tena afirmó en Franco, sí, pero… que Rafael Alberti había dictado sentencias de muerte en la checa del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Alberti lo negó de forma tajante y anunció acciones legales. Poco después, el propio Luca de Tena admitió que no tenía pruebas. En la segunda edición desapareció la frase que atribuía al poeta la redacción de condenas a muerte y se modificó también otro pasaje sobre su supuesta pertenencia a tribunales populares.[10]

La rectificación no cerró del todo la acusación. La nueva versión sostuvo que Alberti había pertenecido a un Comité de Depuración de la Alianza de Intelectuales «que mandó al paredón a tanta gente». El investigador Gonzalo Santonja respondió que aquel comité se reunió una sola vez y concluyó que no había nadie a quien depurar. Según su reconstrucción, Alberti y José Bergamín habían defendido públicamente a los miembros de la Alianza frente a una denuncia que los presentaba como sospechosos, asumiendo el riesgo de responder por ellos. La polémica de 1993 es relevante porque demuestra cómo una acusación sin apoyo documental puede sobrevivir incluso después de una retirada expresa.[11]

A partir de aquí resulta posible reconstruir el mecanismo de la leyenda. Hidalgo de Cisneros escribió sobre las conversaciones políticas celebradas en «casa de Alberti». La historiografía del caso Nin habló de un chalé de Alcalá utilizado por Hidalgo de Cisneros y Constancia de la Mora. Y una polémica distinta acusó a Alberti de actuar en una checa madrileña de Bellas Artes. La transmisión oral o ideológica pudo fundir los tres elementos hasta producir una frase redonda y falsa en su precisión: «la checa de Alcalá estaba en la casa de Alberti y María Teresa, y lo cuenta Hidalgo de Cisneros». Es una inferencia plausible sobre el origen del rumor, no un hecho documentado, pero explica por qué la acusación parece familiar aunque ninguna de sus piezas encaje al ser comprobada.

Qué puede afirmarse y qué sigue sin probarse

La documentación permite establecer varias conclusiones provisionales.

Primera: Andreu Nin fue detenido dentro de una operación preparada contra el POUM, trasladado a Madrid y apartado del procedimiento ordinario mediante su reclusión clandestina en Alcalá de Henares. Fue interrogado, secuestrado del centro en que se encontraba y asesinado en una acción dirigida por la NKVD bajo la responsabilidad principal de Alexander Orlov. Hubo colaboración de policías españoles y un contexto de complicidad política que la historiografía sigue discutiendo en sus distintos grados.[12]

Segunda: en Alcalá existieron espacios de detención y, al menos en parte de la bibliografía, un centro clandestino denominado checa. La Galera, el hotel de la Brigada de Tanques asociado a Hidalgo de Cisneros y el chalé requisado de Rafael Esparza son localizaciones que deben distinguirse. La identidad exacta del lugar de tortura no está cerrada.

Tercera: el vínculo del inmueble con Hidalgo de Cisneros y Constancia de la Mora es una hipótesis relevante y merece investigación archivística, pero no equivale a demostrar que la finca fuera de su propiedad ni que ambos conocieran o dirigieran lo ocurrido. La biografía de Constancia y la investigación local introducen dudas materiales sobre la identificación del chalé.

Cuarta: no se ha localizado una fuente fiable que atribuya a Rafael Alberti y María Teresa León una vivienda en Alcalá de Henares utilizada como checa. La casa de Alberti mencionada por Hidalgo de Cisneros es presentada como lugar de conversación literaria y política, sin referencia a Alcalá ni a actividades represivas.

Quinta: existió una acusación separada sobre Alberti y la checa de Bellas Artes de Madrid, pero quien la formuló públicamente reconoció no disponer de pruebas y retiró su afirmación más grave. Utilizar esa polémica como confirmación del caso de Alcalá sería sumar dos afirmaciones diferentes para fabricar una certeza que ninguna posee por separado.

La investigación que todavía falta

El asunto no debería cerrarse con una absolución retórica ni con una condena heredada. Hay trabajo histórico pendiente. La primera tarea sería reconstruir la propiedad, la incautación y el uso de los inmuebles mediante el Registro de la Propiedad, el catastro histórico, los padrones de Alcalá y los expedientes municipales de requisa. Habría que localizar con precisión la vivienda facilitada por el Gobierno a Hidalgo de Cisneros, comprobar su arquitectura, establecer si tenía sótano y determinar qué unidades militares o policiales tuvieron acceso a ella.

La segunda vía pasa por la documentación del proceso contra el POUM, conservada en la Causa General y publicada parcialmente en la transcripción de Víctor Alba y Marisa Ardévol. Deben cotejarse las órdenes de traslado, las cuatro declaraciones de Nin, las relaciones de guardia, las comunicaciones de la Brigada Especial y cualquier referencia al hotel bajo control de la Brigada de Tanques. La documentación de la Causa General exige, naturalmente, una lectura crítica por su origen franquista, pero muchos de los documentos incorporados proceden del propio aparato republicano y pueden contrastarse con otras series.[13]

La tercera línea corresponde a los archivos soviéticos y comunistas: mensajes de Orlov, informes de la Internacional Comunista, documentación del PCE y fondos personales relacionados con Hidalgo de Cisneros. El Archivo Histórico del PCE conserva documentación de los órganos de dirección del partido, correspondencia, resoluciones, actas y materiales procedentes del antiguo Archivo de la Internacional Comunista. La historia del inmueble no se resolverá sólo con memorias publicadas, sino con correspondencia, órdenes de servicio, agendas, planos y expedientes logísticos. También sería necesario revisar las distintas ediciones de Cambio de rumbo para comprobar si existe algún otro pasaje sobre una residencia alcalaína. Hasta ahora, la cita invocada sobre «la casa de Alberti» no aporta nada en ese sentido.

Finalmente, sería imprescindible una investigación topográfica: superponer los planos de Alcalá de 1937 con la antigua carretera de Aragón, la plaza de toros, la Galera, las instalaciones de la Brigada de Tanques, la finca de Rafael Esparza y la salida hacia Arganda y Perales de Tajuña. Parte de la controversia procede de descripciones geográficas imprecisas o repetidas sin visitar el terreno. La historia de una casa no puede resolverse únicamente con apellidos; necesita puertas, lindes, sótanos, propietarios y documentos de uso.

La casa que no aparece

La checa de Alcalá merece una investigación monográfica. También la merece el papel de Hidalgo de Cisneros, Constancia de la Mora y los servicios soviéticos en la ciudad. Lo que no debe hacerse es comenzar esa investigación dando por probado que el inmueble pertenecía a Alberti y María Teresa León. Hasta el momento, esa casa no aparece en la documentación consultada.

La verdad histórica puede ser incómoda en varias direcciones a la vez. La República sufrió una intervención soviética capaz de secuestrar y asesinar a un dirigente revolucionario; policías españoles colaboraron en la operación; el Gobierno no esclareció el crimen; el PCE y el PSUC difundieron la calumnia contra el POUM. Reconocerlo no obliga a aceptar cualquier acusación añadida contra todo intelectual comunista. Del mismo modo, recordar la militancia y el sectarismo de Alberti y María Teresa no permite convertir una tertulia en una checa ni trasladar su domicilio de Madrid a Alcalá.

El deber del investigador no consiste en proteger reputaciones ni en destruirlas, sino en respetar la distancia entre una posibilidad, un indicio y una prueba. En el caso de Andreu Nin, el crimen está probado. La casa exacta continúa bajo discusión. La casa de Alberti, en cambio, parece haber entrado en esta historia por una puerta que las fuentes no abren.

Notas y fuentes

[1] Pelai Pagès i Blanch, «El asesinato de Andreu Nin, más datos para la polémica», Ebre 38, n.º 4, 2010, pp. 57-76, especialmente pp. 63-64. Para el sumario: Víctor Alba y Marisa Ardévol, El proceso del POUM (junio de 1937-octubre de 1938). Transcripción del sumario, juicio oral y sentencia del Tribunal Especial, Barcelona, Lerna, 1989.

[2] Dolors Genovès, Operació Nikolai, Televisió de Catalunya, 1992; Pagès, art. cit., pp. 63-64 y 70. Véase también Ronald Radosh, Mary R. Habeck y Grigori Sevostianov, eds., España traicionada. Stalin y la guerra civil, Barcelona, Planeta, 2002.

[3] Ángel Viñas, El escudo de la República. El oro de España, la apuesta soviética y los hechos de mayo de 1937, Barcelona, Crítica, 2007, caps. 15 y 16; Pagès, art. cit., pp. 67-70.

[4] Pagès, art. cit., pp. 63-64.

[5] M. Vicente Sánchez Moltó, «Las mentiras de la historia…: Nin fue asesinado en Alcalá», Diario de Alcalá, 6, 13 y 20 de junio de 2000; resumen y discusión en Pagès, art. cit., pp. 68-69.

[6] Inmaculada de la Fuente, «La “temible” Constancia de la Mora y el asesinato de Andreu Nin», Heraldo de Madrid, 29 de enero de 2015; de la misma autora, La roja y la falangista. Dos hermanas en la España del 36, Barcelona, Planeta, 2006.

[7] Ignacio Hidalgo de Cisneros, Cambio de rumbo, ed. Ikusager, Vitoria, 2001, p. 300, citado por Kathryn Taylor, Compañeros del exilio: una cartografía de resistencia cultural después de la Guerra Civil española, tesis doctoral, University of Maryland, 2017, p. 33 de la numeración interna del capítulo.

[8] Ayuntamiento de Madrid, inventario de placas conmemorativas, entrada 58007: «Rafael Alberti, C/ Marqués de Urquijo, 47», placa colocada en 1990.

[9] «Los proyectos de la Alianza de Intelectuales Antifascistas», ABC, 18 de septiembre de 1936; Rafael Alberti, La arboleda perdida; María Teresa León, Memoria de la melancolía y La historia tiene la palabra.

[10] «Alberti: “Las únicas armas con que defendí la legalidad republicana fueron mi pluma y mi palabra”», El País, 18 de marzo de 1993; «Luca de Tena suprime de su libro las líneas que acusaban a Alberti de dictar penas de muerte», El País, 11 de junio de 1993.

[11] Reconstrucción de Gonzalo Santonja recogida en El País, 11 de junio de 1993.

[12] Pagès, art. cit., pp. 69-70. La discusión sobre el grado de responsabilidad del Gobierno de Negrín y de los dirigentes comunistas españoles sigue abierta; no altera la responsabilidad operativa de la NKVD.

[13] PARES informa de que la documentación de la Causa General, aunque continúa descrita bajo el Archivo Histórico Nacional, fue transferida al Centro Documental de la Memoria Histórica. Para el expediente del POUM, la transcripción de Alba y Ardévol sigue siendo un instrumento de consulta fundamental.

Bibliografía básica

Alba, Víctor y Ardévol, Marisa, El proceso del POUM (junio de 1937-octubre de 1938), Barcelona, Lerna, 1989.

De la Fuente, Inmaculada, La roja y la falangista. Dos hermanas en la España del 36, Barcelona, Planeta, 2006.

Genovès, Dolors, Operació Nikolai, Televisió de Catalunya, 1992.

Hidalgo de Cisneros, Ignacio, Cambio de rumbo, 2 vols., varias ediciones; Vitoria, Ikusager, 2001.

León, María Teresa, Memoria de la melancolía, Buenos Aires, Losada, 1970.

Pagès i Blanch, Pelai, Andreu Nin. Una vida al servei de la classe obrera, Barcelona, Laertes, 2009.

Pagès i Blanch, Pelai, «El asesinato de Andreu Nin, más datos para la polémica», Ebre 38, n.º 4, 2010, pp. 57-76.

Radosh, Ronald; Habeck, Mary R.; y Sevostianov, Grigori, eds., España traicionada. Stalin y la guerra civil, Barcelona, Planeta, 2002.

Taylor, Kathryn, Compañeros del exilio: una cartografía de resistencia cultural después de la Guerra Civil española, tesis doctoral, University of Maryland, 2017.

Viñas, Ángel, El escudo de la República. El oro de España, la apuesta soviética y los hechos de mayo de 1937, Barcelona, Crítica, 2007.

  • Isidora Revista

    Isidora. Revista de Estudios Galdosianos es una publicación cultural y académica fundada en 2005 y especializada en Benito Pérez Galdós, literatura española, crítica textual, traducción, estudios culturales e historia intelectual. Con ISSN 1699-5996, la revista desarrolla además proyectos dedicados a la cultura canaria, el Observatorio Galdós-Negrín y la difusión internacional de las humanidades.

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