
Antonio Chazarra, Profesor de Historia de la Filosofía
Comentarios y reflexiones, quizás no del todo impertinentes, sobre los ciclos de conferencias Benito Pérez Galdós y la España actual
“donde la vida se paraliza, donde lo inmutable e inmóvil se ha convertido en ideal y donde se rechaza todo lo que amenaza con destruir los usos y costumbres respetados por todos”
Con estas lúcidas palabras expresa Azorín lo que Galdós pretendió con su obra. He comenzado recordando esta brillante observación azoriniana, ya que creo que el objetivo principal de Galdós no era otro que contribuir a crear una conciencia nacional moderna.
Galdós interesa. Tiene magnetismo y una enorme capacidad para atraparnos. Es uno de esos escritores que saben tocar los resortes internos y que nos ayudan a comprender el siglo XIX español y a entender lo que todavía está enquistado en el presente de esos años de brutal ignorancia, en los que la iglesia controlaba las conciencias férreamente. Las prácticas caciquiles se extendían por doquier y la intolerancia, el fanatismo y la incultura impedían que aflorara todo intento de modernización y progreso, ya fuera en el campo científico, en el jurídico, en el terreno de las ideas o en el de la creación.
Contra todo eso se erigió la figura formidable de Benito Pérez Galdós. Quizás este sea uno de los motivos por el que es tan actual y por el que siempre acaba por encontrar un hueco, un resquicio para seguir influyendo, frente a los intentos de darlo por finiquitado y de verlo exclusivamente como un autor decimonónico.
Se acerca 2020, es decir, el Año de la conmemoración del Primer Centenario de su muerte. Confieso que le tengo cierta prevención a los centenarios. Frecuentemente siguen un ritual monótono y nos presentan a un homenajeado de cartón piedra. Espero, confío y deseo que con Galdós no sea así. La figura de don Benito ha de verse como algo vivo, seminal y crítico. Abrió caminos inteligentes y arriesgados que otros han proseguido con honradez intelectual. Es más, da la impresión leyéndolo que nos está hablando de lo que pasa “aquí y ahora” y, sus reflexiones nos ayudan a entender este presente en el que el peso muerto del pasado, influye más de lo que parece.
Mi admiración por Galdós, empezó siendo apenas un adolescente. En la biblioteca de casa estaban los Episodios Nacionales cuya primera serie devoré, para darme cuenta más tarde, que las más granadas, desgarradas y que presentaban en carne viva el problema de las dos Españas era la segunda y la tercera. Por esa misma época leí, también, La Fontana de oro, poco después Doña Perfecta, Miau, Misericordia y Fortunata y Jacinta que fueron fundamentales en mi educación sentimental y me hicieron comprender en qué país vivía y que muchas cosas, no habían variado sustancialmente.
Digan lo que digan los agoreros, Benito Pérez Galdós sigue interesando y mucho. Tenemos la obligación de enfrentarnos a sus obras con espíritu crítico y apasionado, extraer de ellas todo lo que nos pueda ser útil como su concepto de laicismo y tolerancia y traerlos hasta esta España del Siglo XXI y comprobar que para algunos siguen siendo tabúes.
Coincido con Luis Mateo Díaz cuando afirma que la herencia más importante de Galdós está en la intensidad de los personajes que creó. En la intensidad y en la fuerza, añadiría yo. Quizás, por eso, Luis Buñuel se interesó más por don Benito que por Valle Inclán. Me atrevería a destacar que sus personajes femeninos son extraordinarios. Hay que poner de relieve a caracteres firmes y enérgicos como Salvador Montsalud, protagonista de la segunda serie de los Episodios Nacionales, Pepe Rey cuya coherencia le lleva a la muerte por defender otra visión de España frente al inmovilismo reinante u otras ambiguas, viscosas y despreciables como Torquemada, pero ninguna de ellas alcanza la pasión arrolladora de Fortunata o la poliédrica y alienada Isidora.
Cuando Rosa Amor del Olmo me invitó cordialmente a colaborar en Isidora, una de las revistas galdosianas más prestigiosa, no dude ni un instante en darle una respuesta afirmativa.

Para asomarme por primera vez a sus páginas, pensé en exponer someramente una interesante experiencia vinculada a la figura de don Benito. Hace dos años que venimos celebrando en la Fundación Progreso y Cultura, un Ciclo de conferencias que lleva por título “Benito Pérez Galdós en la España actual”. Esperamos que esta iniciativa, se prolongue hasta el año 2020. Nuestra pretensión era dar a conocer al Galdós que ha permanecido más en la sombra, y ofrecer nuevas perspectivas y enfoques para analizar los aspectos más relevantes y significativos de su obra.
Como podrá apreciarse en los dípticos que acompañan a estas páginas, participan historiadores, críticos literarios, escritores, filólogos, periodistas, filósofos y lo que es más interesante personas que tienen publicaciones sobre Galdós y que disfrutan comunicando sus ideas, haciendo pedagogía social y debatiéndolas en los coloquios con quienes acuden a estas charlas movidos por sus inquietudes galdosianas.
Nos pareció en su día interesante, con el fin de hacer más atractivos estos ciclos, incorporar una perspectiva psicoanalítica, así como, un análisis del cine de Galdós que se ha hecho adaptando a la pantalla sus novelas, tanto en España como en América Latina sobre todo en México. La figura de Luis Buñuel en este sentido es señera.
Con todo, lo que ha despertado mayor interés han sido los coloquios con el intercambio de puntos de vista y la apertura a nuevas posibilidades interpretativas. ¿Qué han supuesto estos ciclos? Creemos, modestamente, que un intento de acercar Galdós a la ciudadanía actual y una oportunidad para abrir un nuevo espacio de análisis crítico. Lo que parece fuera de toda duda es que Galdós sigue interesando. Cuando se convoca a los ciudadanos a un debate sobre un aspecto galdosiano suelen acudir a la llamada. Esto debería servirnos para programar actividades literarias y culturales en los centros cívicos que existen en los barrios y que, a menudo, están tan desaprovechados.
Continuemos haciendo algunas consideraciones sobre la experiencia que estamos comentando. ¿Cómo se puede abordar “aquí y ahora” a Galdós? Indudablemente no existe una forma única ni estereotipada, sino que puede hacerse de múltiples maneras, por ejemplo, analizándolo a través de lo que de él han opinado diversos críticos y ensayistas, inteligentes y agudos, como Leopoldo Alas, como Azorín, una de cuyas citas encabeza estas páginas, como Enrique Tierno Galván o como María Zambrano que ahondó con clarividencia en algunos personajes femeninos como “Benina”
Nos interesaba también y lo incorporaremos a uno de estos ciclos, analizar las similitudes y diferencias existentes entre Galdós y Balzac. Los dos, con su creatividad, fueron capaces de poner en pie un mundo narrativo que actúa como un espejo, en el que se ve reflejada la condición humana. Carlos Ollero ha escrito una aproximación interesante al mundo novelístico de estos autores, pero creemos que es necesario profundizar en este aspecto para demostrar, una vez más, con contundencia, lo injusta y lo falsa que es la imagen del Galdós “garbancero” y del Galdós alejado de las corrientes de pensamiento y literarias que se abrían, ya entonces, a experimentalismos diversos.
No suele tenerse en cuenta que cuando se lo propone sabe exponer los recursos estilísticos más vanguardistas de la novela del siglo XIX. No tuvo en vida los reconocimientos que merecía, aunque entró en 1897 a formar parte de la Real Academia de la Lengua con un discurso que viene a ser toda una declaración de intenciones: “la sociedad española como materia novelable” Creo que Galdós no hizo otra cosa en su vida. Llevó la sociedad española a sus novelas con sus problemas, sus enfrentamientos, sus resistencias al cambio y su espíritu cainita… al mismo tiempo que introducía en sus páginas los intentos de una burguesía liberal progresista de modernizar el país, que casi siempre eran yugulados y arrancados con furia por las fuerzas retardatarias antes de que les fuera posible enraizarse y que nacieran las primeras hojas verdes.
Desde luego, no hay un solo Galdós, hay muchos. Todos son atractivos, están interconectados y merece la pena explorarlos. Por ejemplo, es particularmente inmensa y fecunda la relación entre Galdós y Madrid.
Se siente atraído por Madrid y sus gentes, la pasión es mutua. Es el lugar donde más se le lee y donde, si se me permite, más se le venera. Hoy en día, se realizan visitas guiadas por los rincones donde se desarrollaron diversas tramas de sus novelas.
Hay ciudades que están indisolublemente unidas a escritores. Pensemos en la Praga de Kafka, o en el Dublín de James Joyce. Pues bien, en Madrid todavía se vive la presencia de Galdós en algunas corralas, en determinados lugares por donde le gustaba pasear y en los edificios que se describen sus obras y que todavía siguen en pie, recordando su presencia. Sería interesante dedicar una sesión, en un ciclo próximo a la relación de Galdós con Madrid. Ha entendido Madrid como nadie y no se ha limitado a que sea escenario de las páginas de sus novelas sino que podríamos decir que ha captado el espíritu de la ciudad y lo ha sabido trasladar a las páginas de las novelas. Probablemente, nadie ha descrito Madrid como Galdós aunque, sin duda, sería interesante ponerlo en contacto con Ramón Mesonero Romanos, aunque sólo fuera para apreciar la diferencia entre una visión costumbrista y otra, mucho menos amable, que sabe penetrar en el interior de los personajes, desentrañando las contradicciones, la explotación y las miserias morales de una época y de paso el vitalismo y la idiosincrasia de la ciudad.
El cariño que los madrileños le profesaron, se puso de manifiesto, en el monumento erigido, por suscripción popular, levantado en el Parque del Retiro, obra del escultor Victorio Macho y realizado en piedra blanca de Lérida. Don Benito ya ciego y con la salud muy quebrantada tuvo la satisfacción de asistir a la inauguración de este homenaje en vida. Compensó, sin duda, el dolor y las frustraciones que le ocasionaron la movilización de “la caverna” para evitar por todos los medios que le fuera concedido el Premio Nobel de Literatura que, rodando, rodando como de chiripa o rebote vino a recaer en Echegaray.
Hay facetas de Galdós que merece la pena resaltar más. Una es su amistad con Pablo Iglesias y el papel que jugó en la formación de la Conjunción republicano-socialista que llevó en 1910 a un obrero, por primera vez, al Parlamento.
Convendría ahondar en la relación entre Pablo Iglesias y Galdós porque pone de relieve aspectos importantes para la historia de nuestro país. A estas alturas, podría decirse que Galdós estaba decepcionado de la política y de los políticos, sin embargo, ve una posibilidad de regeneración en la figura de Pablo Iglesias. Por otra parte, el líder socialista se había mostrado contrario a la colaboración y la alianza con los partidos republicanos ya que defendía un rígido concepto de partido de clase y se mostraba inflexible ante la posibilidad de colaborar con cualquier formación burguesa.
Sin embargo, aquellos largos paseos por Rosales y por los aledaños de la calle Ferraz permitieron que cuajara lo que parecía imposible. Por supuesto, el grado de corrupción, la represión implacable, que tuvo lugar tras la semana trágica, los efectos nocivos de una guerra colonial que enriquecía a unos pocos a costa del sacrificio y del derramamiento de sangre… de muchos, fueron permeando la voluntad de Pablo Iglesias y sirvieron nada menos que para hacer más republicanos a los socialistas y más socialistas a los republicanos. Otro aspecto a introducir sería la importancia que tuvo la Conjunción Republicano-socialista, como experiencia de laboratorio, pues fue la primea alianza interclasista en la que colaboraron las fuerzas que traerían a nuestro país la Segunda República.
Galdós es poliédrico. Son muchas las vertientes y puntos de vista que nos pueden encaminar a explorar su figura histórica y literaria. Hay un Galdós periodista y ensayista nada desdeñable. De hecho formó parte de la redacción de La Nación al poco tiempo de llegar a Madrid y colaboró en los principales periódicos y revistas de la época. Hay, asimismo, un Galdós traductor. Es esta, otra faceta casi desconocida. No es difícil encontrar estudios en el que se diga que asimiló las ideas y las formas narrativas de Charles Dickens y de Honoré de Balzac. Lo que no suele añadirse, sin embargo, es que tradujo Pickwick Papers (Los papeles del club Pickwick).
Resulta palpable lo que significó para Galdós la literatura de Dickens. Ahí encontró crítica social, ironía, distanciamiento, así como, una forma de entender el mundo y el peligro de cerrarse y encerrarse a los cambios que se dibujan en el horizonte. En cuanto a su lectura de La Comedia Humana fue literalmente crucial para configurar una red de relaciones sociales que ofrecen un microcosmos, aparentemente, desordenado pero que está sometido al imperativo de unas leyes y de unas normas. También, aprendió el precio que hay que pagar por cruzar líneas rojas y por transgredir lo establecido. Además supo ver la importancia de un conjunto de voces corales, de cómo lo colectivo amortigua, bloquea y asfixia lo individual hasta el punto de determinarlo. La mirada de Balzac, en cierto modo, es la del entomólogo y, don Benito toma buena nota de este procedimiento narrativo, aunque no lo utilice en demasía.
En una etapa posterior, quizás influido por los novelistas rusos, empezó a ganar peso y densidad lo simbólico, que pasa por encima de un realismo de corte naturalista para moverse en un universo alegórico, no siempre fácil de descifrar.
Frente a una manera de escribir las cosas desde fuera, Galdós aprende a elevarse y penetrar en lo que podríamos definir como la atmósfera espiritual de las cosas, llegando a transcender incluso la visión de la novela como la épica del siglo XIX. Divulgar a Galdós tiene pleno sentido. Hay que demostrar a quienes pretenden reducirlo a estrechos límites, que es un autor polifacético y, por tanto, se puede explorar, tan solo, una parte limitada de su amplísimo universo narrativo. Estas páginas son una descripción de la experiencia de hacer accesible a Galdós mediante una serie de conferencias y debates y de los criterios que hemos tenido en cuenta para planificar, tanto los dos ciclos ya realizados como los que realizaremos próximamente.
Una cosa es que las perspectivas sean múltiples y otra extender “ad nauseam” este breve comentario. No obstante, creo que también tendría que haber lugar para tratar monográficamente Galdós en el Ateneo. El Ateneo de Madrid fue un lugar de efervescencia cultural y política donde se daban cita los intelectuales más destacados y donde tenían lugar las conferencias más actualizadas y vanguardistas sobre Ciencia, Filosofía, Literatura o Arte.
Galdós frecuentó El Ateneo e intervino, frecuentemente, en los debates y polémicas de más enjundia. Por tanto, sería interesante rastrear su presencia en la “Docta Casa” y ofrecer de forma sistemática una síntesis rigurosa de los años que estuvo vinculado a esa institución emblemática.
Galdós sigue teniendo lectores y especialmente lectoras que buscan y encuentran un medio para satisfacer su curiosidad intelectual con los instrumentos que se les facilitan para abordar las páginas de la ingente obra galdosiana y para enjuiciarlas de forma rigurosa. Dos aspectos más sobre los que es inexcusable realizar una mínima “cala” El conocimiento de los clásicos que tenía don Benito, se manifiesta, por ejemplo, en su cervantismo, en su perspectivismo y en el uso que hace de la ironía.
Es, asimismo, interesante su teatro, tanto la adaptación de algunas de sus novelas como las compuestas directamente para las tablas. En una aproximación de urgencia, quisiera destacar Electra por su valentía y, por atreverse a cuestionar el poder de la omnipresente Iglesia Católica. No disponemos de los que habría que calificar como la biografía definitiva de Benito Pérez Galdós. Esperemos que en el centenario de su muerte aparezca esta obra de referencia. Mientras tanto, probablemente la mejor de las que disponemos es la de Pedro Ortiz-Armengol publicada por la Ed. Crítica
Sin duda, sería útil para estos fines, realizar una labor “concienzuda de hemeroteca” e ir reuniendo los comentarios, la correspondencia, los prólogos y aquellas obras, como es el caso de Los Baroja: memorias familiares (1997), de Julio Caro Baroja, que nos aportan datos de inequívoco interés sobre la figura de don Benito.
“Lo que sabemos de Galdós” sería una interesante conferencia de uno de los ciclos que hasta 2020 tenemos pendiente. Bien formando parte de lo anterior o independientemente, también podrían y deberían abordarse los ensayos de crítica literaria, sobre todo Observaciones sobre la novela contemporánea en España, su prefacio a Misericordia o su formidable prólogo a La Regenta de su amigo Leopoldo Alas “Clarín”.
Galdós es un valor seguro. Hay que repetir, las veces que sea preciso, que la lectura de sus obras sigue interesando y que es uno de esos literatos que nos ayudan a resolver problemas y, sobre todo, que nos orientan a la hora de tomar decisiones. En cierto modo, es un guía y nos abre caminos y senderos que nos son tremendamente útiles para crecer por dentro y para actuar con valentía.
Por eso, junto a los actos académicos y los simposios que se organicen, sin duda, necesarios porque también hay que mantener viva las investigaciones sobre Galdós, quisiera romper una lanza porque las Concejalías de Cultura y Educación de los ayuntamientos, se comprometieran a llevar a cabo una función pedagógica y a despertar el interés por Galdós en los Centros Cívicos, en las Casas de la Cultura, en IES… teniendo en cuenta, además, que en no pocas ocasiones, están infrautilizados como focos vivos de cultura.
Otra pregunta pertinente y otra incógnita que no podemos despejar fácilmente, es ¿Por qué España trata tan mal a sus intelectuales y creadores? Es incomprensible la falta de sensibilidad imperante y las dificultades que han encontrado siempre para salir adelante y para poder llevar una vida digna. Como explicación se me ocurre que los poderes fácticos han puesto todas las pegas y dificultades inimaginables para evitar que se pudieran dar a conocer sus ideas e incrementar el sentido crítico de los lectores.
No me resisto a citar unas palabras de Galdós que con las correspondientes variantes podría haber escrito cualquiera de nuestros intelectuales que no se doblegaron ante los poderes facticos y que reivindicaron su rebeldía, su autonomía y su derecho a opinar sobre lo que pasa y lo nos pasa. Ese “¿QUÉ PASA AQUÍ?” con el que finaliza la cita, sigue siendo una pesada losa que demuestra, frente a declaraciones retóricas en sentido contrario, lo poco que nos importa el pensamiento. “Tengo más de cincuenta obras publicadas… los Episodios se venden como el pan en España y en la América española… de algunas de las novelas hemos tirado ya varias ediciones… de otras se han recibido del extranjero las cantidades debidas por las traducciones… y, sin embargo, yo no logro tener una peseta… ¿qué pasa aquí?
Desde luego, el día que seamos capaces de dar una respuesta inteligente y crítica a ese lacerante “¿qué pasa aquí?” Habremos avanzado notablemente y quizás estemos en condiciones de tomar las riendas de nuestro futuro colectivo. Viene como de molde una reflexión política; si nuestra apatía, nuestra comodidad nos alejan de la vida pública y no estamos pendientes de lo que sucede con nuestras pensiones, con una desigualdad creciente, con la dificultad de los jóvenes para encontrar trabajo y con la defensa de la Sanidad y de la Educación pública… estaremos animando con nuestra pasividad a que sean otros quienes tomen las decisiones que nos competen a nosotros y quizás estemos dándoles un cheque en blanco para que nos sigan manipulando.
No he hecho otra cosa en estas páginas que al hilo de contar una experiencia, dejar caer mis opiniones sobre Galdós. Quizás porque es tan imprescindible como insondable y porque es un ejercicio apasionante penetrar en su complejo universo narrativo. No es el único caso, pero sí un ejemplo paradigmático como don Benito es capaz de crear y poner en pie un microcosmos, reflejo de la sociedad donde los personajes aparecen “aquí y allá” y saltan de una novela a otra. Es este un recurso interesante porque el leer sus obras nos convierte en habitantes de ese universo narrativo y tenemos la impresión, al tropezarnos con un personaje de una lectura anterior de volvernos a encontrar con un vecino del barrio con el que no habíamos coincidido últimamente.
Se ha hablado, con palpable ligereza, de don Benito,”el garbancero”. Es, por encima de otras circunstancias, una enorme falta de respeto, una injusticia y, probablemente, una muestra de ignorancia. Galdós estaba al tanto de la novela europea de su tiempo y, desde luego, conocía los recursos estilísticos imperantes en su momento en el panorama vanguardístico europeo. Maneja con gran habilidad la ironía, el distanciamiento, el perspectivismo y otras técnicas como el empleo del estilo directo libre.
¿Cómo puede motejarse de novelista pedestre a quien ha sido capaz de crear un personaje como Tito Liviano, narrador de la quinta e inconclusa serie de los Episodios Nacionales?, Adopta una postura, aparentemente, displicente. Finge que los hechos que está describiendo, probablemente, no merecerían historiados y que son de escasa importancia… sin embargo, hay un contraste evidente entre lo que afirma y lo que quiere decir, ya que se trata ni más ni menos que de sucesos transcendentales para el futuro de nuestro país De una inequívoca y palpable actualidad, me parecen las páginas de varias novelas en las qué denuncia el rígido control de las conciencias. Para que la sociedad no se mueva, para que todo siga igual hay instituciones que se han especializado en tratarnos como súbditos o como menores de edad y en sermonearnos sobre lo que debemos pensar, a quien hemos de obedecer, quienes son respetables y quienes no… y que a través de confesionarios y púlpitos llegan a introducirse hasta en las alcobas y en la vida íntima.
Se ha dicho que el siglo XX ha sido el siglo de las mujeres. Desde luego, ha servido para vencer la invisibilidad, irrumpir en la vida pública, exigir sus derechos y su plena igualdad. En don Benito encontramos mujeres magnificas, humanas, vulnerables, luchadoras capaces de una abnegación sin límites y que luchan denodadamente porque en el futuro sea posible todo lo que se les niega en el presente. Citaré tan sólo a Tristana y a la fuerza arrolladora de ese huracán llamado Fortunata. A estas alturas, podemos seguir preguntándonos ¿fue Galdós protofeminista? No es fácil dar la respuesta que resuelva el problema. Hemos de considerar, no obstante, que algunas mujeres galdosianas tienen conciencia de sus derechos, aspiran a que la condición social de la mujer sea distinta y luchan contra las condiciones de postración y de sometimiento a que se ven reducidas.
Para mí, Galdós no es sólo un defensor de las libertades, ni un intelectual que encarna los valores republicanos es, sobre todo, un defensor de la dignidad humana que denuncia en sus obras la explotación y esa manipulación que no duda en recurrir al fomento de las alienaciones para continuar dominando. En casi todas sus obras, sus personajes se ven obligados a tomar decisiones vitales que los enfrentan a una mezquindad pavorosa y que, con cierta frecuencia, acaba por aniquilarlos.
En esa lucha, sin embargo, se están plasmando los afanes de unos seres ficticios, pero que representan los ideales de progreso, la denuncia del inmovilismo y su legítima aspiración a cambios sociales que acaben con lacras seculares y que permitan, a los hombres y mujeres, tomar las decisiones que crean más convenientes para sus vidas sin sentirse asfixiados por la religión, por el caciquismo o por la ruindad y miseria moral reinante.
Ignoro la causa de porqué no se habla mucho más de los valores morales y de las propuestas éticas que Galdós realiza en no pocas de sus obras. Es esta una asignatura pendiente. Estoy convencido que una aproximación crítica a los valores morales, sobre todo, en las “novelas contemporáneas” es inexcusable y urgente.
Concluyo aquí estas reflexiones. Los ciclos de conferencias “Benito Pérez Galdós en la España actual” han servido de soporte para hilvanar unos comentarios y reflexiones sobre la actualidad y vigencia de Galdós, así como, para ir desgranando una serie de ideas a través de las que aproximarnos y explorar el mundo poliédrico de don Benito y las criaturas que lo habitan.
Agradezco nuevamente a la revista Isidora, la oportunidad que me brinda de exponer esta experiencia como una forma de homenajear a don Benito porque el conocimiento de su mundo, de sus ideas, de sus planteamientos críticos, de su lucha contra la sin razón… y su oposición al inmovilismo y a la España intransigente e inculta, nos hace más inteligentes y, desde luego, mejores.
El poeta Claudio Rodríguez en El vuelo de la celebración tiene unos versos que me parecen sublimes e inquietantes a un tiempo y muy apropiados como colofón de cuando hemos venido diciendo porque la incógnita sigue sin despejarse.
¿Qué más? ¿Qué más? ¿Es que oiremos tan solo,
después de tanto amor y de tanto fracaso
la música de la sombra y el sonido del sueño?















