Ángeles López de Ayala a un masón en sueños en relación con la libertad

Eduardo Montagut

Encontrarse en “sueños” significa en Masonería que un masón ha salido de la logia, fundamentalmente por decisión propia o también por otras razones que no supongan la “irradiación” o expulsión de la misma y de la propia institución. El masón “en sueños” deja de estar activo en una especie de condición de retiro, aunque mantiene su condición, y puede regresar a la logia cumpliendo unos requisitos. Este hecho suele ocurrir, en la mayoría de los casos, porque un iniciado no puede cumplir con sus obligaciones masónicas en razón de su vida profana (familiar y/o profesional) o porque necesita reflexionar ante una posible crisis en sus ideas masónicas. Supone un estado que la Masonería establece por el intenso respeto a cada uno de sus miembros, sin que suponga, insistimos, la pérdida de la condición adquirida en la iniciación.

Pues bien, en esta pieza vamos a acercarnos a los razonamientos que una de las más destacadas masonas de la Historia de España, es decir, Ángeles López de Ayala, dirigió a un masón, a través de Las Dominicales del Libre Pensamiento, en el número del 28 de septiembre de 1894, que habría decidido marcharse a sueños por pensar que la Masonería ya había cumplido su destino desde que los “oprimidos” habrían conquistado sus derechos y libertad, por lo que la institución se habría convertido en casi anacrónica. En este sentido, recordemos que la Masonería se basa en tres pilares: libertad, igualdad y fraternidad.

Rescatar las opiniones de López de Ayala no significa solamente ahondar en el conocimiento de una excepcional intelectual, feminista y política, siendo innegable este propósito, sino ahondar también en la visión que una masona tenía de la Masonería porque nos ayuda a ampliar el conocimiento de esta institución tan tergiversada, partiendo, por supuesto, del principio de que Masonerías hay muchas en función de sus integrantes, o, mejor dicho, que existen muchas interpretaciones de la misma.

En “Cartas a un masón”, y desde Gracia, Ángeles López de Ayala firmaba su carta el 20 de septiembre de ese año de 1894.

López de Ayala quería contestarle con el fin de que el masón en sueños recobrase “la luz”, para que volviese al trabajo con sus hermanos.

Nuestra protagonista no estaba de acuerdo con la opinión de que los oprimidos habían conquistado su libertad y mucho menos sus derechos.

En primer lugar, quería que se analizase qué se entendía por libertad. Era cierto que a los oprimidos se les hablaba de libertad, pero también lo era que los gobiernos y particulares, imbuidos de egoísmo, les dejaban “sumergidos en la esclavitud de la ignorancia”.

¿De qué servían los “pujos de libertad al ignorante” sino sabía lo que la libertad valía ni que debía hacerse de ella? López de Ayala insistía mucho en la necesidad de que la libertad no podía desarrollarse entre la ignorancia. Muchos oprimidos pensaban en su emancipación, pero al inspirarse en la ignorancia que la sociedad les había legado y en los desengaños recibidos por sus falsos protectores, no parecía extraño que, ciegos, se precipitasen por el “camino más escarpado y peligroso”.

Así pues, dejando la cuestión de los derechos para otro trabajo, nuestra protagonista creía que todavía le quedaba mucho trabajo a la Masonería en el campo de la libertad.

Y nosotros también, terminando, plantemos un interrogante: ¿la tesis de López de Ayala puede recordarnos, en alguna medida, la idea de la conciencia de clase, o el método masónico busca la liberación del hombre a través de medios harto distintos a los del movimiento obrero y más vinculados con el perfeccionamiento individual para llevarlo a la práctica fuera de la logia? Seguramente, la respuesta tiene más que ver con la segunda parte de la pregunta que con la primera. En todo caso, este asunto sobre la implicación de la Masonería como organización en los problemas del mundo es de eterna discusión y polémica en el seno de la misma.

https://carpetaciudadana.gob.es/carpeta/mcc/home

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