Galdós, el exilio de sus lectores

Observatorio Galdós-Negrín

La diáspora republicana y el hispanismo americano cambiaron la manera de leer al novelista. Su obra fue una forma de conservar la relación con España, pero también un campo de investigación que encontró en Estados Unidos algunas de sus instituciones decisivas.

Galdós no tuvo que hacer una maleta para abandonar España en 1939. Había muerto en Madrid el 4 de enero de 1920. Sin embargo, una parte de su porvenir literario cruzó el Atlántico con personas que sí tuvieron que marcharse. Hablar de Galdós en el exilio significa hablar de esa segunda biografía: la que un escritor continúa viviendo en sus lectores, sus editores y quienes enseñan a leerlo.

La diferencia importa. No viajaba solamente una colección de novelas. Viajaban conocimientos, hábitos de interpretación, preguntas pendientes y maneras de comprender la historia española. En las trayectorias de Joaquín Casalduero, José Fernández Montesinos o Carlos Blanco Aguinaga puede seguirse esa circulación, aunque sus edades, sus desplazamientos y sus circunstancias fueran muy distintos. No hubo una única experiencia del destierro ni un solo itinerario hacia las universidades americanas.

Por eso la historia requiere algo más que una imagen conmovedora de libros salvados entre equipajes. Un libro puede atravesar una frontera y permanecer cerrado durante años. Lo decisivo sucede cuando alguien vuelve a abrirlo, encuentra una pregunta que merece ser discutida y dispone de un lugar donde hacerlo.

En el caso de Galdós, ese lugar fue también un aula estadounidense.

Una España que todavía podía leerse

Para acercarnos al Galdós de los desterrados conviene empezar fuera de las instituciones académicas. En María Zambrano y Luis Cernuda, la lectura del novelista formó parte de una relación con España que no se reducía al recuerdo sentimental.

Zambrano había publicado en septiembre de 1938, todavía durante la guerra, un ensayo sobre Misericordia en Hora de España. Su reflexión continuó durante el exilio y desembocó en La España de Galdós, aparecida en 1960. No fue, por tanto, una afinidad descubierta únicamente al abandonar el país: una lectura anterior adquirió otra profundidad después de la ruptura.

En la interpretación zambraniana, Benina permite pensar una humanidad que sostiene la vida desde el desamparo. La mujer que mantiene a otros pese a su propia pobreza no interesa solamente como personaje bien observado. Su conducta abre una interrogación sobre la misericordia, la convivencia y aquello que hace posible seguir viviendo cuando las seguridades se derrumban. José Luis Mora García reconstruye esa continuidad entre el ensayo de guerra y la meditación posterior.

Desde ahí, leer una novela puede ser algo distinto de volver imaginariamente a una calle conocida. También puede ser buscar una forma de relación humana que el presente ha vuelto problemática. La literatura no sustituye al país perdido, pero permite discutir qué se había amado de él, qué se rechaza y qué no se está dispuesto a dar por terminado.

Cernuda planteó otra dificultad. En su ensayo «Galdós», de 1954, distinguió entre un escritor leído y un escritor comprendido. Su preocupación por los «lectores verdaderos», recordada después por Rodolfo Cardona, acompañaba una defensa precisa de su arte: frente a la acusación de carecer de estilo, atendía al diálogo, al monólogo y a la vitalidad de sus novelas. La admiración no se limitaba a la afinidad sentimental con una España ausente. Isidora Galdosianos

Esa diferencia sigue siendo útil. Se puede honrar a un autor sin concederle tiempo de lectura. También puede admirarse su significado histórico mientras se considera que sus procedimientos literarios han quedado atrás. Cernuda intervenía precisamente en ese desacuerdo: no bastaba con respetar a don Benito; había que examinar qué hacía con las palabras.

El vínculo galdosiano del exilio tampoco terminó en el ensayo. Fernando Larraz ha señalado la continuidad de la tradición narrativa española en las editoriales y los escritores desterrados, y destaca el galdosismo de Las buenas intenciones, de Max Aub. La herencia se transmitía también mediante nuevas novelas.

No se trataba, entonces, de conservar intacto un patrimonio en una vitrina americana. Una tradición continúa cuando puede ser utilizada, discutida y transformada. Repetir sus gestos no es necesariamente la mejor manera de prolongarla.

De la ruptura a las universidades americanas

La aportación del exilio a los estudios galdosianos se entiende mejor cuando se examinan las biografías sin hacerlas coincidir a la fuerza con 1939.

Joaquín Casalduero, por ejemplo, había comenzado a enseñar en Estados Unidos en 1931. Su trayectoria americana era anterior a la Guerra Civil. En 1943 publicó en Buenos Aires, en la editorial Losada, Vida y obra de Galdós. Gonzalo Sobejano destacó la ambición de aquel estudio: interpretar unitariamente la producción del novelista, atender a su evolución y examinar su organización artística.

El desplazamiento crítico era importante. Galdós podía estudiarse como constructor de formas, no únicamente como proveedor de información sobre la sociedad española. Casalduero pertenecía a una crítica atenta a las relaciones entre las partes de la obra, sus ritmos y su composición. Su lectura contribuía a sacar al novelista del papel insuficiente de cronista al que se consulta para saber cómo era una época.

Porque incluso el elogio puede resultar restrictivo. Decir que un escritor retrató admirablemente su tiempo parece concederle mucho. A veces le concede demasiado poco: permite admirar lo retratado y olvidarse de las decisiones que hacen existir el retrato.

La trayectoria de José Fernández Montesinos muestra con particular claridad el coste de la interrupción. Formado en el Centro de Estudios Históricos junto a Américo Castro, pasó por distintas instituciones europeas antes de incorporarse a Berkeley en 1946. Al recordar aquellos años escribió: «Casi nada pude escribir entre los años 1936-1946, los que hubieron debido traer mi maduración».

La frase debería acompañar cualquier celebración de los resultados académicos del exilio. Un puesto universitario y una bibliografía posterior no permiten calcular todo lo que quedó sin hacerse. La obra que conocemos no incluye un inventario de las condiciones que habrían permitido escribir otra.

En Berkeley, Montesinos desarrolló sus estudios sobre la novela española del XIX. Su método concedía importancia a los autores, pero también a los lectores, los editores y las circunstancias de producción. La obra no podía explicarse como si hubiera aparecido fuera de la historia.Los tres volúmenes de su Galdós se publicaron en Madrid, en Castalia, entre 1968 y 1972. El lugar de trabajo y el de publicación dibujan por sí solos una relación más compleja que la separación entre un interior y un exterior incomunicados: investigación desarrollada desde California, libros publicados en España, lectores a ambos lados del océano.

Carlos Blanco Aguinaga representa otra generación. Salió de Irún siendo niño durante la guerra; su recorrido pasó por Francia y México. Estudió en Harvard, se doctoró en El Colegio de México y participó en la fundación del Departamento de Literatura de la Universidad de California en San Diego en 1964. Su formación no fue una experiencia española simplemente trasladada a otro edificio: se hizo entre países y tradiciones intelectuales diferentes.

En La historia y el texto literario: tres novelas de Galdós, publicado en 1978, reunió estudios sobre El amigo Manso, Fortunata y Jacinta y las novelas de Torquemada. El análisis relacionaba la organización narrativa con la educación, las clases sociales y las contradicciones históricas. Aquí tampoco bastaba con elegir entre forma y sociedad: el problema consistía en estudiar cómo se implicaban.

Estas trayectorias impiden hablar de una escuela del exilio como si todos sus integrantes hubieran llevado consigo el mismo método. La continuidad no exigió unanimidad. Precisamente porque pudieron formular preguntas diferentes, sus trabajos ampliaron el campo de lectura.

El galdosismo estadounidense no fue solamente español

Hay que evitar, sin embargo, otra simplificación: atribuir el desarrollo del galdosismo en Estados Unidos exclusivamente a los exiliados. La diáspora se encontró con un hispanismo que tenía sus propios investigadores y proyectos.

Un caso fundamental es H. Chonon Berkowitz, profesor de español en Wisconsin. En 1948, la universidad publicó su Pérez Galdós: Spanish Liberal Crusader, una biografía elaborada con información proporcionada por las familias canaria y madrileña del escritor. Ese trabajo documental no pertenece a la misma historia personal que el destierro republicano, aunque confluyera con él en la renovación de los estudios galdosianos.

La distinción evita apropiarse retrospectivamente de toda una tradición académica. El exilio español resulta decisivo, pero no explica por sí solo a cada investigador americano, cada biblioteca ni cada proyecto editorial. Hubo encuentros, colaboraciones y desarrollos propios. Ricardo Gullón condensó una de las grandes cuestiones críticas en el título de Galdós, novelista moderno, cuya segunda edición publicó Gredos en 1966. El adjetivo merece atención. No invita únicamente a reconocer la importancia de un escritor antiguo; propone examinar qué mantiene activa su manera de construir una novela. La modernidad no consiste aquí en encontrarle un parecido apresurado con cualquier moda posterior. Consiste en no confundir realismo con transparencia. Que una escena parezca natural no significa que haya sido escrita sin artificio. A veces significa que el artificio ha funcionado especialmente bien.

John W. Kronik formuló esta objeción en «La retórica del realismo: Galdós y Clarín». Frente a la identificación del realismo con la reproducción inmediata de la vida, examinó la distancia entre esa aspiración y el funcionamiento efectivo de las ficciones. La novela no es una ventana que pueda estudiarse olvidando el cristal.

Esa orientación permitía preguntar quién habla, cómo se organiza nuestra confianza, qué relación existe entre el narrador y los personajes o de qué modo el relato conduce una interpretación que después puede complicar. El realismo dejaba de ser una etiqueta suficiente para convertirse en un problema de lectura.

Otros trabajos mostraban que tampoco las convicciones morales de Galdós podían reducirse a una fórmula. En «Galdós y sus santas modernas», publicado en 1975, Denah Lida comparó la figura de Guillermina Pacheco con Ernestina Manuel de Villena, su referente biográfico. El análisis atendía a las diferencias entre el elogio de una persona real y la construcción de un personaje cuya caridad convive con limitaciones, autoridad y conciencia de clase.

Ahí se aprecia el valor de una investigación que no se limita a confirmar una admiración. Identificar el modelo de un personaje puede ser un comienzo. No resuelve lo que la novela hace con él.

La diversificación continuó. Los balances de Akiko Tsuchiya sobre el galdosismo norteamericano y sus trabajos acerca de las aportaciones de la crítica feminista documentan la incorporación de preguntas sobre las mujeres, el deseo y las relaciones de poder. La tradición investigadora había adquirido capacidad para revisar sus propias prioridades.

Esto permite precisar qué significó la expansión estadounidense del galdosismo. No fue solo un aumento del número de admiradores. Fue la consolidación de un espacio donde la obra podía ser objeto de desacuerdo sostenido: documental, histórico, narratológico, social o feminista.

Un clásico no se mantiene vivo porque todos repitan que es grande. Se mantiene vivo cuando todavía merece discutir cómo está escrito y qué nos obliga a pensar.

Revistas, archivos y viajes de vuelta

Los nombres propios no bastan para explicar la continuidad. Una investigación necesita también revistas donde publicarse, bibliotecas donde localizar antecedentes y lectores capaces de discutir sus resultados.

Anales Galdosianos comenzó a publicarse en 1966, impulsada por Rodolfo Cardona. La revista proporcionó un lugar estable para artículos, documentos y reseñas sobre Galdós y su contexto. Conviene distinguir esa fecha de la fundación de la Asociación Internacional de Galdosistas, que se produjo en 1980 durante el congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas celebrado en Venecia. La asociación se vinculó a la Modern Language Association en 1984.

Una revista especializada hace algo menos vistoso que un homenaje y, a largo plazo, difícilmente sustituible: permite que la conversación continúe. Un hallazgo deja de depender de que alguien recuerde una conferencia; una interpretación puede recibir una respuesta; una nueva generación encuentra una discusión ya organizada, aunque no tenga por qué aceptar sus conclusiones.

Tampoco sería exacto contar esta historia como la salvación de Galdós por un país extranjero frente a una España donde nadie lo leyera. Durante la dictadura se publicaron en España obras fundamentales de esta misma renovación: La España de Galdós, de Zambrano, apareció en Taurus en 1960, y el estudio de Montesinos lo hizo después en Castalia. La recepción bajo el franquismo y la intervención de la censura constituyen, además, un campo específico de investigación, al que Carmen Servén Díez ha dedicado trabajos. No conviene sustituir esa historia por una afirmación de prohibición total.

Canarias ocupó un lugar importante en los intercambios. Los congresos internacionales galdosianos comenzaron en 1973, vinculados a la Casa-Museo Pérez Galdós y al propósito de dar a conocer su patrimonio documental y establecer relaciones con otros centros de estudio. Las islas no fueron únicamente el lugar de nacimiento al que regresar para una ceremonia: fueron archivo, investigación y encuentro.

La imagen adecuada es, por tanto, la de una circulación. Los estudios producidos en universidades estadounidenses dependían también de documentos conservados en España; las investigaciones españolas dialogaban con libros y artículos publicados fuera; los congresos reunían trayectorias que una historia estrictamente nacional habría mantenido separadas.

Pero la circulación académica y la editorial no siempre avanzaron a la misma velocidad. La biografía de Berkowitz de 1948 no apareció en castellano hasta 2022, cuando la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria publicó la traducción dirigida y coordinada por Ana Sofía Ramírez Jáimez. Habían transcurrido setenta y cuatro años.

El dato no demuestra que los especialistas españoles la desconocieran. Demuestra otra cosa: un libro puede ser una referencia para la investigación y seguir sin estar disponible en la lengua de muchos de sus posibles lectores. El reconocimiento académico no garantiza, por sí solo, una circulación cultural amplia.

Esa distancia obliga a mirar de nuevo el legado del galdosismo americano. Su importancia no reside en que permita organizar una competición para decidir quién quiso más a Galdós. Reside en el conocimiento que produjo, en las preguntas que hizo posibles y en la continuidad que dio a trayectorias fracturadas.

También obliga a resistirse a una conclusión demasiado cómoda. El éxito de quienes reconstruyeron su trabajo en otro país no convierte el destierro en una oportunidad que debamos celebrar sin más. Podemos reconocer lo que las universidades de acogida hicieron posible y, al mismo tiempo, recordar que una carrera rehecha no devuelve los años interrumpidos.

Montesinos habló de una década en la que apenas pudo escribir. Esa ausencia forma parte de la historia tanto como los volúmenes que después llegaron a publicarse.

Galdós encontró en el exilio una lectura afectiva, filosófica y crítica; en el hispanismo estadounidense, una comunidad que contribuyó a estudiar su complejidad y a formar nuevos lectores. Son historias relacionadas, no idénticas. Juntas permiten entender que el patrimonio literario no se conserva solamente manteniendo los libros en su país de origen.

Se conserva también cuando alguien dispone de las condiciones necesarias para leerlos de otro modo.

Galdós había muerto en Madrid. Una parte de su porvenir se escribió al otro lado del océano.


Bibliografía

Abad, Francisco (1997). «Trayectoria crítica de José Fernández Montesinos». Signa. Revista de la Asociación Española de Semiótica, 6. Estudio de su formación, su itinerario intelectual y su concepción histórica de la literatura. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Berkowitz, H. Chonon (1948). Pérez Galdós: Spanish Liberal Crusader. Madison: University of Wisconsin Press. Traducción castellana: Pérez Galdós. Cruzado liberal español, dirigida y coordinada por Ana Sofía Ramírez Jáimez, con introducción de Yolanda Arencibia. Las Palmas de Gran Canaria: Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 2022. ULPGC

Blanco Aguinaga, Carlos (1978). La historia y el texto literario: tres novelas de Galdós. Madrid: Nuestra Cultura. Biblioteca IIRE

Casalduero, Joaquín (1943). Vida y obra de Galdós. Buenos Aires: Losada. Isidora Galdosianos

Cernuda, Luis (1971 [1954]). «Galdós». En Poesía y literatura I y II. Barcelona: Seix Barral, pp. 62–68. Isidora Galdosianos

Gullón, Ricardo (1966). Galdós, novelista moderno. 2.ª edición. Madrid: Gredos. Google Books

Kronik, John W. (2009). «Galdós y sus críticos: el galdosismo en América». En Yolanda Arencibia, María del Prado Escobar y Rosa María Quintana, eds., Galdós y el siglo XX. Actas del VIII Congreso Internacional Galdosiano. Las Palmas de Gran Canaria: Cabildo de Gran Canaria. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Larraz, Fernando (2012). «El lugar de la narrativa del exilio en la literatura española». Iberoamericana, 12 (47), pp. 101–113. Revistas IAI

Lida, Denah (1975). «Galdós y sus santas modernas». Anales Galdosianos, 10, pp. 19–30. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Montesinos, José Fernández (1968–1972). Galdós. Tres volúmenes. Madrid: Castalia. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Servén Díez, Carmen (2002). «Sobre la recepción de Galdós y Alas durante el franquismo: la censura». Anales Galdosianos, 37, pp. 13–32. Dialnet

Tsuchiya, Akiko (2000). «El estado actual del galdosismo norteamericano: reflexiones metacríticas». En Yolanda Arencibia, María del Prado Escobar y Rosa María Quintana, eds., Actas del VI Congreso Internacional Galdosiano. Las Palmas de Gran Canaria: Cabildo de Gran Canaria, pp. 1085–1091. Academia.edu

Zambrano, María (2020). La España de Galdós. Introducción de José Luis Mora García. Madrid: Alianza Editorial. La primera edición del libro apareció en Taurus en 1960; la edición citada permite seguir su elaboración y sus posteriores ampliaciones. Alianza Editorial

  • Isidora Revista

    Isidora. Revista de Estudios Galdosianos es una publicación cultural y académica fundada en 2005 y especializada en Benito Pérez Galdós, literatura española, crítica textual, traducción, estudios culturales e historia intelectual. Con ISSN 1699-5996, la revista desarrolla además proyectos dedicados a la cultura canaria, el Observatorio Galdós-Negrín y la difusión internacional de las humanidades.

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