Sean O’Casey (1880/1964) refleja en sus obras las condiciones de vida de la clase trabajadora y la lucha por la independencia irlandesa

Antonio Chazarra

La vida no es un juego y el arte, tampoco. La vida y el arte son tanto más valiosos cuanto más se aproximan a la tragedia.  Gonzalo Torrente Ballester.

En estos tiempos inciertos y turbulentos, donde la paz mundial está amenazada y el tablero geopolítico hecho trizas, merece la pena volver la vista atrás y recordar a un dramaturgo irlandés de la primera mitad del siglo XX.

Cabe destacar su mente ágil y sus aciertos dramáticos que lo convirtieron en una figura indiscutible de las letras irlandesas. No sólo eso, sino que los planteamientos que realiza en escena son un espejo moral. Visto con perspectiva histórica, al hablar de su presente está incidiendo en no poco de lo que nos pasa. Su teatro tiene no sólo fuerza dramática sino que sigue siendo de actualidad.

Toda su vida fue un idealista de inclinación socialista. Supo plasmar la lucha de clases en los barrios depauperados de Dublín y el afán de independencia que se iba extendiendo en círculos concéntricos.

Poseía un fuerte sentido de la justicia. Algunos de sus personajes se  identifican con el afán de superación y el deseo de alcanzar para sí y para otros unas condiciones de vida dignas.

Llevó su compromiso a afiliarse a la Hermandad Republicana Irlandesa, perteneciendo también, activamente, al Ejército Irlandés, que contribuyó a fundar.

Profundiza en el interior de los personajes, viendo en ellos tanto lo que hay de sublime como de miserable. Puede afirmarse, sin asomo de duda, que contribuyó decisivamente a dar forma a la identidad cultural irlandesa. Antes de seguir adelante, es de justicia destacar la fuerza que desprenden sus personajes femeninos por su abnegación, tenacidad y generosidad.

Sean O’Casey es un dramaturgo comprometido con la causa de los explotados y de los más vulnerables. Cabe señalar que, probablemente, fue el primero que llevó a las tablas las inquietudes, aspiraciones y fracasos de la clase trabajadora en los barrios depauperados de Dublín.

Fue un intelectual profundamente honesto. Fustiga la hipocresía y las patéticas contorsiones de quienes miran para otro lado o se niegan a comprometerse, poniendo sus intereses por encima de sus convicciones. Se adelanta a su tiempo advirtiendo que cuando los valores se sacrifican, se empieza a perder toda solidez moral. Es cierto que la frustración nubla la mirada de los acomodaticios. Sean O’Casey se aferra a planteamientos íntegros en lugar de dejarse arrastrar por lo que hoy, podemos considerar, el desagüe de la historia.

Hoy día, cabe decir de él que es una máquina de la memoria. En varios pasajes de sus obras aparecen, con un desgarro no exento de ironía y de piedad, los recuerdos de toda una época. Creo que debe ser recordado como “un reguero de luz dorada”, que tiene algo de hipnótico y mucho de aleccionador.

Es una constante en sus piezas el deseo de sacudirse el yugo británico. Tras el telón los espectadores avisados –antes y ahora- son capaces de percibir  la presencia de un búho disecado que establece un puente entre distintas épocas y le da un aire simbolista a lo que ocurre en escena. Es capaz de mostrar y hacer visible lo que los bien pensantes consideran que no debe plantearse.

No pocas veces las palabras de Sean O’Casey son agrias y ceñudas, mas conmueven. Con cierta frecuencia se respira un aire opresivo que asfixia poniendo de manifiesto las duras condiciones de vida de los excluidos y perdedores.

Hace tiempo que no se representan en España sus obras. Es una pena y un error porque son susceptibles de montajes escénicos llenos de mensajes que podrían captar la atención del espectador de hoy. Está presente una dialéctica, cruel y bárbara, que enciende y apaga auténticas “hogueras dramáticas”.

A Sean O’Casey no le agradan los “fuegos fatuos” ni la espectacularidad. En sus obras destaca con fuerza la palabra que transmite ideas y emociones. La realidad, a veces, es fantástica y cruel.

Un dramaturgo de raza como él, es capaz de plasmar escenas memorables repletas no sólo de fuerza, sino de “recuerdos del futuro”, por contradictorio que pueda parecer.  El afán de supervivencia, de extraer fuerzas donde nos las hay y de seguir caminando salva, a veces, del desastre ante “abismos sin fondo”.

Sintió admiración, desde muy joven, por William Shakespeare. Constituye un juego endiablado someter la moral victoriana a las concepciones dramáticas del genio de Stratford-upon-Avon.

Tal vez el lector haya tenido ocasión de leer alguna de sus obras o de presenciar su puesta en escena. En tal caso, podrá coincidir o discrepar de los puntos de vista que estoy desarrollando. 

Me atrevería a sugerir la lectura de “El arado y las estrellas”, quizás su obra más profunda, donde laten vivas pasiones y desengaños. Otros críticos destacan “Juno y el pavo real”, que puede considerarse representativa de “un teatro puramente irlandés”, donde se plasma la lucha por la identidad irlandesa bajo la dominación británica.

Un atractivo más de su teatro, es que partiendo de un planteamiento realista incorpora elementos simbolistas, que le aportan un valor añadido. Su obra tiene más de metafísico de lo que algunos han apreciado.

Otro aspecto que no debe pasar desapercibido, es el modo en que aborda la incomunicación. Pueden  extraerse interesantes conclusiones cuando los seres humanos no se entienden y se crean barreras, a veces, insalvables entre ellos. De igual forma sabe plasmar con viveza como, la mediocridad y la frustración, se enmascara retorciendo palabras y sentimientos.

En sus obras puede advertirse sin mucha dificultad un cierto carácter autobiográfico, a título de ejemplo, participó activamente en el movimiento obrero irlandés. Esta experiencia la plasma enérgicamente en alguna de sus obras más señaladas.  Estoy pensando en Rosas rojas para mí,  más podrían igualmente, señalarse otras.

Caben pocas dudas de que utiliza el teatro como vehículo de protesta política y social, lo que desde luego, es compatible con diálogos y algún monólogo de un elevado lirismo. Igualmente, están presentes en ciertos momentos, el humor y la ironía que contrastan con la sordidez reinante.

Sean O’Casey sabe llevar a escena la tragedia de la vida cotidiana. Advierte, con sabiduría, que la opresión política es muchas veces inseparable de la religiosa y más en su Irlanda natal. Sus obras más representativas se estrenaron en el Abbey Theatre de Dublín.

Fue un dramaturgo valiente. Sus planteamientos tienen, no pocas veces, un “aire” inequívocamente provocador. Quisiera añadir a los textos citados “Rosas rojas para mí”, así como “Canta gallo, perseguido” donde plasma sus teorías impresionistas y simbolistas con un fondo nítidamente, realista.

Me ha llamado mucho la atención su capacidad para incluir el teatro, dentro del teatro, que logra efectos sorpresivos sobre el lector y espectador.

Poco se ha escrito sobre él, en castellano. Sin embargo, es una antorcha que ilumina y un dramaturgo que está a disposición de quien sepa explorar sus múltiples posibilidades escénicas.

En cierto modo, es una mirada lírica, penetrante y política destinada a derribar lo que “la cuarta pared” tiene de muralla negra, acercando su pieza a los espectadores.

Quizás sus obras sean un mecanismo histórico oportuno para “dar cuerda a los relojes” y apreciar los resortes interiores que le permiten visibilizar la explotación.

La ironía y la sed de justicia suelen ir acompañadas de melancolía. Los bien pensantes odian el caos. Sin darse cuenta, de que el caos, movido por los hilos de la subversión, derriba viejos conceptos y viejas formas de entender el sentido y la finalidad del teatro, entre otras cosas.  

Sean O’Casey genera emoción y sentimientos de piedad donde el miedo al futuro se mezcla con la desesperación por las terribles condiciones de vida del presente.

Su teatro es un “flujo vital” que se afianza y cobra fuerza ante la amenaza del derrumbe. Sus textos son tristes… pero al mismo tiempo, contienen mensajes de esperanza.

Algunos de sus personajes casi derraman lágrimas de sangre. Otros proclaman, a riesgo de su propia vida, la rabia y el afán de justicia que constituye su horizonte vital.

Los momentos culminantes de sus obras se inician con la  luz de un candil, que progresivamente  crece y se expande dando lugar a explosiones dramáticas.

En sus textos hay turbulencias y furias, estallidos atrabiliarios y momentos íntimos de clama. Sean O’Casey sabe modular la crispación, el odio, la autodestrucción y la ternura.

No tiene empacho en abordar “verdades dolorosas” ni situaciones traumáticas. Las escenas de la vida cotidiana irlandesa que describe, dejan entrever los cambios económicos y sociales que están germinando… y pronto serán una realidad.

Sean O’Casey intuye en su teatro como en el ayer, no pocas veces, está el origen de los males de hoy. Sólo por eso, merece la pena tenerlo presente.

Las escenografías de sus obras suelen estar marcadas por la sencillez. Pocos elementos que visualizan, por sí solos, la pobreza y unas condiciones de vida duras.

Hay momentos para el sobrecogimiento y la sonrisa, para la desesperación y el deseo de superación. Los diálogos son, frecuentemente crueles, certeros y sin concesiones. Lo que muchas veces achacamos al destino o al azar, es no pocas veces culpa de la improvisación o el desacierto de decisiones adoptadas. Es el suyo un teatro de preguntas, algunas sin respuesta, con las que el espectador  o lector ha de enfrentarse. Sean O’Casey puede afirmarse que tiene el colmillo retorcido, mas acierta casi siempre, “desnudando” el origen de las acciones que conducen al desastre.

Pocos como él han reivindicado, tan decisivamente, la lucha obrera. Plasmando de paso, la influencia social que la literatura ejerce sobre el acontecer de los hechos.

De Sean O’Casey se recordará siempre sus deseos de libertad y justicia. Por duras que sean las condiciones en que se ven forzados a vivir, por inhóspita que se presente la realidad… los sueños y promesas son portadoras de ilusiones y  vitalidad.

Hay un hilo invisible que conecta la memoria personal con el futuro. Sus obras dramáticas producen una honda impresión. Asemejan un edificio de cristal que siendo transparente está amenazando con derrumbarse.

Eurípides, en “Las suplicantes”  nos legó una reflexión que hago mía “la libertad consiste en esta frase: ¿Quién quiere proponer al pueblo una decisión útil para la comunidad? El que quiere hacerlo se lleva la gloria, el que no, se calla”

Con estos apuntes y comentarios he pretendido recordar la egregia figura del dramaturgo Sean O’Casey y despertar la curiosidad de aquellos lectores que quieran indagar por su cuenta, los cabos sueltos que a lo largo de estas páginas he ido dejando caer,  a fin de facilitar las lecturas e interpretaciones de quienes estén interesados por conocer, más y mejor, su figura y su legado.

Antes de finalizar quiero traer a colación unas palabras de Sófocles que ponen de relieve un fuerte sentimiento de frustración y, al mismo tiempo, de coherencia sobre la muerte: “Si fuera posible llorando remediar los males y al muerto resucitar con lágrimas, el oro seria riqueza inferior al llanto”

Por último, hay una especie de acertijo de Eurípides que no me resisto a citar por si algún lector, avisado u osado, se decide a meditar sobre él e intentar resolverlo: “¿Y quién sabe si el vivir es estar muerto y el estar muerto se considera después, vivir?

Sobre el teatro irlandés en colaboraciones futuras, continuaré abordando sus claves de mayor envergadura. Es, desde luego, desasosegante la poca atención –que ha merecido y merece- hasta hoy, entre nosotros.

  • Isidora Revista

    Isidora. Revista de Estudios Galdosianos es una publicación cultural y académica fundada en 2005 y especializada en Benito Pérez Galdós, literatura española, crítica textual, traducción, estudios culturales e historia intelectual. Con ISSN 1699-5996, la revista desarrolla además proyectos dedicados a la cultura canaria, el Observatorio Galdós-Negrín y la difusión internacional de las humanidades.

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    One thought on “Sean O’Casey (1880/1964) refleja en sus obras las condiciones de vida de la clase trabajadora y la lucha por la independencia irlandesa

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