
Rosa Amor del Olmo, Universidad Antonio Nebrija y ULL
En Tembleque hay una casa que permite empezar a contar la historia de España sin salir de una calle. Basta levantar la vista: dos torres, una portada que no conoce la modestia y, junto al escudo de una familia, dos carabelas. Esas embarcaciones de piedra no están allí por capricho del escultor. Recuerdan el origen americano de la riqueza con la que Antonio Fernández Alejo mandó levantar su palacio en 1753. El Atlántico, aunque quede lejos, también tiene su lugar en esta fachada manchega.
Pero lo más interesante no es que su propietario volviera de América con dinero. Lo verdaderamente sugestivo es saber que una parte fundamental de su actividad comercial estuvo relacionada con los libros. Según la investigación de Javier Calamardo Murat, publicada en la revista Sarmental de la Universidad de Burgos, Fernández Alejo hizo fortuna como comerciante de libros en el virreinato de Nueva España. La Casa de las Torres puede leerse, por tanto, como una singular transformación: el papel convertido en piedra, el comercio de la palabra convertido en arquitectura.
Ahora el edificio vuelve a ser noticia por su recuperación. Y conviene precisar el momento: el seguimiento local publicado este septiembre de 2026 ya habla de la restauración realizada y sitúa el día 17 el comienzo de los trabajos de jardinería en la parcela del ala sur. Las obras principales, los acondicionamientos exteriores y la futura puesta en funcionamiento del inmueble son etapas distintas; no deben confundirse.
La noticia, en cualquier caso, merece celebrarse. No todos los días un pueblo tiene la oportunidad de dejar de mirar uno de sus monumentos como una pérdida pendiente y empezar a contemplarlo como una posibilidad.
Un indiano entre libros y barcos

Antonio Fernández Alejo nació en Tembleque en 1707, dentro de una familia hidalga. Su trayectoria no responde exactamente al cuento del hombre que salió sin nada y regresó convertido en señor: partía de una posición familiar acomodada, pero amplió considerablemente su fortuna en el comercio ultramarino. La documentación estudiada por Calamardo Murat permite seguir sus viajes a Nueva España en 1735 y 1743, así como sus negocios de libros y estampas en Xalapa, Veracruz y Ciudad de México. Colaboró, además, con la red comercial del impresor y librero sevillano José Padrino.
Detengámonos un instante en lo que eso significa. Tendemos a imaginar la relación entre España y América como una historia de metales preciosos, mercancías, conquistas y administraciones. Aquí aparece otra circulación: la de los textos. El libro no era solamente un objeto de lectura; también podía ser una mercancía capaz de atravesar el océano y contribuir a financiar una casa palaciega.
No hace falta convertir retrospectivamente a Fernández Alejo en un filántropo de la cultura. Un comerciante vende, calcula, negocia y busca beneficio. Precisamente por eso la historia resulta más interesante: no necesita ser una fábula edificante para mostrarnos la importancia material de los libros.
La fecha de 1753 quedó inscrita en la fachada del palacio. Es una firma del tiempo y una declaración de permanencia: aquel edificio debía hacer visible el nombre de una familia mucho después de que desaparecieran quienes lo habían encargado.
Una casa concebida para impresionar
La Casa de las Torres —también denominada palacio de los Fernández Alejo— se encuentra en la calle Convento. Su arquitectura combina la regularidad del conjunto con la riqueza ornamental de la portada: muros encalados, sillares en las esquinas, vanos distribuidos con simetría y dos torres rematadas por chapiteles. En el centro, la piedra trabajada, el balcón de forja y el escudo concentran la atención.
El efecto no depende de llenar de decoración cada centímetro. Al contrario: la relativa sobriedad de los paños laterales permite que la portada despliegue su fuerza. El edificio sabe dónde hablar y dónde guardar silencio. Y cuando habla, lo hace con la seguridad de quien desea ser recordado.
El interior tiene su propia elocuencia. El proyecto de restauración describe un patio central porticado, con tres intercolumnios por lado, arcos rebajados y columnas toscanas de piedra caliza. En el centro se sitúa el brocal del pozo. La escalera principal, de composición imperial, arranca con un tramo central y se divide en dos laterales dentro de un espacio de doble altura. No era únicamente una manera de subir a la planta superior: era una forma de ordenar la llegada, la mirada y la representación social.
Tampoco conviene imaginar el palacio como una pieza aislada de la vida práctica. El conjunto contó con dependencias de servicio, almacenes y caballerizas que no han llegado íntegramente hasta nosotros. Tras la fachada señorial existía una organización doméstica y económica: lugares para trabajar, guardar, cocinar y atender las necesidades de una casa de esa magnitud. La memoria técnica recuerda expresamente la desaparición de aquellas construcciones auxiliares.
La belleza de un palacio no debería hacernos olvidar a quienes lo sostenían cada día. Las torres pertenecen a la imagen; las cocinas, los almacenes y las cuadras pertenecían al funcionamiento de la vida.
La biblioteca: otra forma de riqueza
La vinculación con los libros no terminó en los negocios del fundador. La investigación de José García Cano, divulgada en La Tribuna de Toledo y recogida por Todo Tembleque, reconstruye parte de la biblioteca familiar a partir de una partición de bienes de 1869. Entre sus fondos figuraban obras de Quevedo, El conde de Montecristo, El judío errante, libros sobre Napoleón e historia de Inglaterra, la Constitución de 1812, diarios de sesiones de las Cortes y hasta títulos de repostería.
La enumeración tiene algo extraordinariamente vivo. Junto a la política, la novela; junto a la historia, la cocina. Una biblioteca doméstica puede revelar mejor que un retrato oficial la amplitud de los intereses de una familia. También sus contradicciones, sus aspiraciones y las transformaciones que se producen entre una generación y la siguiente.
Debe evitarse, eso sí, una tentación fácil: atribuir todos esos libros al hombre que construyó el palacio. El inventario corresponde al siglo XIX y contiene obras posteriores a su muerte. No estamos ante una colección congelada en 1753, sino ante una biblioteca que fue creciendo y cambiando. Esa continuidad resulta más valiosa que cualquier leyenda.
La propia tradición local añadió otra manera de medir la grandeza de la casa: se decía que tenía tantas puertas y ventanas como días el año. No es un recuento arquitectónico que debamos aceptar sin comprobación, sino una expresión popular de asombro. Hay edificios que los pueblos describen con medidas; otros acaban describiéndolos con cuentos.

Cuando el palacio empezó a esperar
La historia posterior fue bastante menos brillante que su fachada. El edificio llegó a utilizarse como casa cuartel de la Guardia Civil y estuvo vinculado a un proyecto educativo del Patronato de Huérfanos del Magisterio que no llegó a materializarse. La reconstrucción documental difundida por Todo Tembleque, con aportaciones de investigadores locales, permite seguir aquellos intentos, sus condiciones y sus desencuentros.
No faltaron tampoco estudios e iniciativas de conservación. La memoria del proyecto actual recoge antecedentes de intervención de 1980 y 1981, trabajos de rehabilitación de 1997 e informes posteriores sobre su estado constructivo. La recuperación de la Casa de las Torres no nace, por tanto, en un terreno sin historia administrativa: viene precedida de décadas de documentos, diagnósticos y actuaciones.
El edificio fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1979. Pero una declaración, por importante que sea, no arregla una cubierta ni elimina una humedad.
El 7 de octubre de 2021, Hispania Nostra lo incorporó a su Lista Roja. La entidad advertía de la degradación continuada, la falta de mantenimiento, la entrada de agentes atmosféricos por cubiertas y huecos y las humedades por capilaridad en sótano y planta baja. Aquella descripción documenta la gravedad de la situación anterior a las obras; no debe confundirse con una evaluación actualizada del edificio restaurado.
Existe una forma especialmente triste de perder el patrimonio: acostumbrarse a verlo deteriorarse. Al principio se comenta una grieta; después se recuerda que ya estaba allí; finalmente deja de mirarse. El peligro no reside solamente en que un muro caiga. También en que, antes de caer, haya dejado de importarnos.
Por eso conviene reconocer el trabajo de quienes investigan, fotografían y conservan testimonios locales. Una fotografía fechada o un expediente recuperado no sustituyen a una restauración, pero impiden que el abandono se disfrace de amnesia.
Quiénes están detrás de la recuperación

En este caso hay nombres, responsabilidades y cantidades documentadas. Y merece la pena explicarlas, porque decir simplemente que «están restaurando la casa» deja fuera buena parte del trabajo.
El promotor de la actuación es el Ayuntamiento de Tembleque. La empresa adjudicataria de las obras es Compañía Internacional de Construcción y Diseño, S. A. U., CONDISA, vinculada al Grupo Ortiz. El anuncio de formalización identifica el expediente 256/2025, sitúa la adjudicación el 14 de julio de 2025 y la formalización del contrato el 24 de julio. El importe adjudicado fue de 2.959.673,93 euros, impuestos incluidos, equivalentes a 2.446.011,51 euros sin impuestos.
La financiación se encuadra en el Plan Turístico Nacional Xacobeo 2021-2022, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia y de los fondos europeos Next Generation EU. La dotación de 3,2 millones de euros anunciada para la actuación no debe confundirse con el importe concreto del contrato de obras: son magnitudes diferentes.
El proyecto está firmado por el arquitecto José Ignacio Vignolo Pena, de Mota y Vignolo Arquitectos SLP. La memoria identifica un equipo de colaboradores en el que figuran Javier Bernalte León, José Aguado Benito, Carmen Mota, José María Ezquiaga, Jaime Gómez Maroto y Antoni Vilanova, con especialidades que abarcan estructuras, urbanismo y patrimonio. También aparecen Sergio de la Llave, arqueólogo; Óscar Ureña, ingeniero técnico industrial; Juan Alonso Aperte, geólogo; Charo Piñango, paisajista, y Pablo Palacios, incorporado en la documentación como estudiante de EAT.
Un nombre especialmente relevante es el de Miguel Ángel Bonache Gutiérrez, técnico en conservación y restaurador, al que la memoria atribuye una colaboración externa mediante un encargo independiente de intervención restauradora. Sus criterios aparecen expresamente relacionados con decisiones sobre materiales y elementos singulares del inmueble.
Conviene distinguir los papeles: una cosa es promover y contratar, otra redactar el proyecto, otra ejecutar la obra y otra supervisar los tratamientos especializados. En una intervención patrimonial participan conocimientos que no son intercambiables.
El comienzo de los trabajos quedó registrado por la crónica local el 11 de agosto de 2025. A partir de ahí, lo que durante años había sido una expectativa empezó a convertirse en obra.
Lo que la casa ha contado durante las obras
Una restauración importante no consiste en aplicar a un edificio antiguo una solución decidida de antemano. Al retirar revestimientos, levantar pavimentos o reconocer una estructura, el inmueble puede obligar a corregir el proyecto.
Eso ocurrió aquí. El documento modificado de mayo de 2026 explica la aparición de circunstancias y daños ocultos detectados durante la ejecución. Y señala expresamente que las modificaciones planteadas no alteraban el presupuesto de adjudicación. Es una precisión del propio proyecto, no una afirmación sobre una liquidación final de las obras que no se ha consultado.
Entre las decisiones más interesantes está la relacionada con unas antiguas cimentaciones y restos de construcciones auxiliares aparecidos durante las excavaciones. Su presencia hizo necesario renunciar a un cuarto de instalaciones soterrado en la ubicación prevista. En lugar de sacrificar aquellos restos para mantener el diseño inicial, se planteó trasladar la maquinaria a espacios existentes e integrarla en el conjunto.
La misma revisión propuso recuperar el aljibe central para almacenar el agua necesaria del sistema de protección contra incendios. La idea tiene una coherencia particularmente hermosa: un elemento histórico vuelve a desempeñar una función, sin quedar reducido a simple objeto contemplativo.
Otro caso significativo afecta al pavimento de la capilla, situada en la torre norte de la planta primera. El riesgo de dañar irreparablemente las piezas de su mosaico llevó a modificar la solución de refuerzo. Se propuso actuar desde la cara inferior del forjado mediante vigas de madera, evitando levantar el pavimento. No era cuestión de extraerlo todo, reforzarlo todo y volver a colocarlo: había que encontrar una manera de sostener sin destruir.
La obra también permitió reconocer antiguos conductos de chimenea que habían quedado tapiados y huecos de comunicación con dependencias desaparecidas. El modificado contempla su recuperación, así como correcciones en la evacuación de aguas y refuerzos allí donde las estructuras existentes no ofrecían suficiente seguridad.
Hay, además, una decisión que debería interesar a cualquiera que se pregunte qué significa restaurar con rigor. Al estudiar los pavimentos de la planta baja, los técnicos concluyeron que no existían pruebas suficientes para asegurar que el suelo original hubiera sido de baldosa de barro cocido. La revisión optó por una solución contemporánea reconocible, compatible con el edificio, en lugar de fingir un estado antiguo no demostrado.
Ese es uno de los límites esenciales de la restauración: no fabricar una antigüedad convincente, sino conservar una historia verdadera. Un edificio puede admitir materiales nuevos; lo que no debería admitir es una biografía inventada.
Recuperar el edificio no equivale a inaugurar un hotel
Este punto merece especial claridad porque alrededor de la Casa de las Torres se ha hablado durante años de una futura hospedería.
El proyecto de 2025 no plantea poner en funcionamiento todas las plantas de una sola vez. Prevé la consolidación del conjunto y una adecuación inicial centrada en el sótano y la planta baja, mientras que la planta primera, el espacio bajo cubierta y los torreones quedan disponibles para actuaciones posteriores. La posible hospedería aparece como una utilización futura compatible, no como un establecimiento hotelero ya terminado y operativo.
Y el programa inmediato contiene algo que merece conocerse mucho mejor: un salón expositivo sobre la historia de Tembleque y su relación con el Camino de Santiago de Levante; salas para encuentros, conferencias y exposiciones; recepción y espacios de administración municipal; archivos, almacenamiento y dependencias de servicio. La memoria contempla expresamente que el palacio pueda convertirse en un referente cultural y social para los vecinos.
No es un detalle menor. Significa que el valor de la recuperación no debería medirse únicamente por una eventual explotación turística. También debe medirse por lo que el edificio permita hacer a quienes viven en Tembleque.
La información turística oficial consultada sigue indicando que el interior no es visitable. Por ello, sería prematuro anunciar una apertura pública general o presentar como inaugurada una hospedería.
La distinción no resta mérito a lo realizado. Al contrario: evita exigir a una fase de obra lo que corresponde a las siguientes y permite formular la pregunta verdaderamente importante. Una vez recuperado el edificio, ¿cómo se organizará su vida?
Que vuelvan las voces
Una casa palaciega puede restaurarse de dos maneras. La primera devuelve estabilidad a sus muros, protege sus materiales y recupera sus espacios. La segunda consigue que esos espacios vuelvan a tener sentido para alguien.
La Casa de las Torres necesita ambas.
Sería una magnífica manera de honrar su historia que la relación con los libros encontrara una expresión visible en su futuro: una exposición sobre el comercio librero entre España y América, encuentros con escritores, actividades de lectura, investigación local, conversaciones sobre la historia de las familias, los oficios y los viajes que hicieron posible el edificio. No como un adorno ocasional, sino como parte de un proyecto cultural reconocible.
También sería deseable que su explicación no se detuviera en el fundador y su blasón. Un palacio cuenta la historia de quien lo encargó, pero también la de quienes tallaron su piedra, trabajaron el hierro, limpiaron sus habitaciones, atendieron sus cuadras y vivieron alrededor. La memoria de un pueblo no cabe únicamente en los apellidos que aparecen sobre una puerta.
El turismo puede contribuir a sostenerlo. La actividad cultural puede darle continuidad. El mantenimiento debe impedir que dentro de unos años volvamos a empezar la misma conversación. Ninguna de esas tareas se resuelve con una fotografía de inauguración.
Tembleque no necesita que su palacio parezca recién construido. Necesita que siga siendo suyo: reconocible, cuidado, explicado y vivo.
Durante demasiado tiempo, la pregunta fue cuánto podría resistir la Casa de las Torres. Ahora debería ser otra: cuánto puede ofrecer todavía.
Porque la verdadera restitución no consiste en devolver una casa al esplendor de sus antiguos propietarios. Consiste en lograr que aquello que nació para representar la grandeza de una familia contribuya, por fin, a la vida de todo un pueblo.
Bibliografía y fuentes documentales
Estudios históricos y patrimonio
Calamardo Murat, Javier (2023). «La Casa de las Torres de Tembleque: historia de un símbolo de nobleza, poder y prestigio en La Mancha». Sarmental. Estudios de Historia del Arte y Patrimonio, n.º 2, pp. 85–98. DOI: 10.36443/sarmental.60.
Es la referencia académica principal para la historia del edificio y de Antonio Fernández Alejo, incluida su actividad como comerciante de libros en Nueva España.
García Cano, José. «La gran biblioteca de los Fernández-Alejo en Tembleque». La Tribuna de Toledo. Información recogida y reproducción del artículo en Todo Tembleque, «La gran biblioteca de los Fernández-Alejo en la Casa de las Torres», 3 de abril de 2019.
Sustenta el apartado dedicado a la biblioteca familiar y al inventario procedente de la partición de bienes de 1869. La fecha indicada corresponde a la publicación del blog, no a una fecha comprobada del original periodístico.
Ministerio de Cultura (1979). «Real Decreto 758/1979, de 9 de marzo, por el que se declara monumento histórico-artístico, de carácter nacional, la Casa de las Torres, en Tembleque (Toledo)». Boletín Oficial del Estado, n.º 88, 12 de abril de 1979. Referencia: BOE-A-1979-10129.
Es la fuente oficial para la declaración de protección del monumento.
Hispania Nostra (2021). «Palacio de los Fernández Alejo o Palacio de las Torres». Lista Roja del Patrimonio. Fecha de inclusión: 7 de octubre de 2021.
Documenta el deterioro que motivó su incorporación a la Lista Roja. Debe utilizarse para describir aquella situación, no como diagnóstico del estado posterior a las obras.
Documentación de la restauración
Vignolo Pena, José Ignacio — Mota y Vignolo Arquitectos SLP (2025). Proyecto de restauración. Palacio de los Fernández Alejo. Casa de las Torres. Tembleque (Toledo). Mayo de 2025; visado el 3 de junio de 2025. Proyecto encargado por el Ayuntamiento de Tembleque.
Fuente para la descripción arquitectónica, la identificación del equipo redactor, los criterios de intervención y los usos previstos.
Vignolo Pena, José Ignacio — Mota y Vignolo Arquitectos SLP (2026). Proyecto de restauración. Modificado mayo 2026. Palacio de los Fernández Alejo. Casa de las Torres. Tembleque (Toledo). Ayuntamiento de Tembleque.
Documento que fundamenta los cambios introducidos durante las obras, como las soluciones para preservar restos constructivos, recuperar el aljibe y conservar el pavimento de la capilla.
Ayuntamiento de Tembleque (2025). Anuncio de formalización del contrato de obras del «Proyecto rehabilitación del Palacio de los Fernández Alejo o Casa de las Torres del municipio de Tembleque (Toledo)». Expediente 256/2025. Plataforma de Contratación del Sector Público, 4 de agosto de 2025.
Es la referencia documental para identificar a la empresa adjudicataria, el importe contratado y las fechas de adjudicación y formalización.
Fredy / Todo Tembleque (2025). «Proyecto de rehabilitación de la Casa de las Torres. Inicio de las obras. 11-8-2025». Todo Tembleque, 13 de agosto de 2025, con actualización en junio de 2026.
Crónica local que reúne el seguimiento del inicio de las obras y enlaces a los proyectos y documentos de contratación.
Una precisión para la publicación: no incluiría el Archivo General de Indias u otros archivos históricos como fuentes consultadas directamente, porque los datos utilizados en el artículo nos llegan a través de las investigaciones publicadas. Para esos pasajes, la referencia adecuada es el trabajo de Calamardo Murat.

























