Galdós y la Conjunción Republicano-Socialista

Eduardo Montagut, Historiador

“…artificio de vanidades y ficciones que hoy nos rige, todo endeblez, pompas aparatosas, mentiras enfáticas y corrupción manifiesta de la vida nacional” Galdós, Valladolid, 27 de marzo de 1910.

La vinculación política de Benito Pérez Galdós en dos momentos de su trayectoria vital es muy conocida, tanto en los años ochenta del siglo XIX como diputado del Partido liberal, y luego a partir de 1909-1910 encabezando, dado su prestigio indiscutible, la Conjunción Republicano-Socialista en un momento de profunda crisis política en España. En este sentido, podemos citar el libro documentadísimo de Víctor Fuentes en el que estudia y recopila los escritos y discursos del Galdós demócrata y republicano[1], pero también el trabajo de Alfonso Armas Ayala, una de las máximas autoridades en el canario, sobre Galdós y la política[2], para terminar con la aportación de Verónica Dean-Thacker y las asociaciones políticas de nuestro protagonista[3]. El objetivo que perseguimos es más modesto. Se trata de acercarnos al papel de Benito Pérez Galdós desde la creación de la Conjunción Republicano-Socialista hasta las elecciones de 1910 en los actos públicos de la misma a través de El Socialista, es decir, desde el órgano de prensa socialista, una fuente no muy empleada por la historiografía[4].

Benito Pérez Galdós participó en los dos actos multitudinarios en Madrid justo después de la caída del poder de Antonio Maura[5]. En primer lugar, estuvo presente en la manifestación, proyectada antes de que el rey Alfonso XIII aceptara la dimisión del político mallorquín, y que pretendía presionar, precisamente, para que fuese destituido. En todo caso, a pesar de que los hechos se precipitaron los convocantes, entre los que se encontraba nuestro protagonista, no renunciaron a la manifestación. La convocatoria, propiamente dicha, se firmó el 22 de octubre de 1909, al día siguiente de la salida de Maura de la presidencia del Consejo de Ministros. La manifestación estaba convocada para las cuatro de la tarde del día 24, y fue encabezada por la minoría republicana del Congreso y del Senado, los concejales socialistas y republicanos del Ayuntamiento de la capital, los Comités Nacionales del PSOE y la UGT, y los representantes de los Partidos Federal y Progresista. En la plaza de Cánovas del Castillo la aglomeración era tan grande que el propio Comité organizador se dividió en dos, permaneciendo una parte en la cabecera, mientras que el resto se quedó en el centro de la manifestación. Hacia las cinco y cuarto la cabecera llegó a la plaza del Obelisco. Media hora después la manifestación se paró a trescientos metros de la plaza donde se levanta la estatua a Emilio Castelar porque ya no se podía avanzar más. Galdós, Pablo Iglesias, y Sol y Ortega, se subieron a un coche, pronunciando los dos últimos sendos discursos, pero no el escritor, aunque el primer orador saludó en su nombre.

El siguiente acto fue un mitin en el Jai-Alai el domingo 7 de noviembre, donde quedaría establecida la alianza entre republicanos y socialistas según el periódico obrero, que opinaba que el pacto había quedado sellado ante “una muchedumbre incontable”. Los republicanos habrían borrado sus diferencias: los federales y progresistas acudían “aportando su virilidad y su sinceridad”, mientras que el Partido Socialista aportaba una juventud curtida ya en muchas luchas, y con todo su “corazón”, y energía, y su amor a la libertad.

El acto fue presidido por Galdós, e intervinieron Tomás Romero, Pi i Arsuaga, Rodrigo Soriano, Sol y Ortega y Pablo Iglesias[6], aunque previamente se leyó un mensaje de Alejandro Lerroux. De nuevo el escritor no habló, pero Joaquín Dicenta leyó un texto suyo, donde aludió a la fuerza que haría “retemblar” de alegría el “suelo de la patria”, que inspiraría la política que pedían las “voces varoniles” de una sociedad que ansiaba entrar en armonía. La opinión republicana unida a la socialista tendría “la norma del presente y la llave del porvenir”. El texto de Galdós apelaba al patriotismo y al sacrificio de todos, creyendo en la participación, primero de forma callada, y luego pública de las que denominó las “clases neutras”. Por otro lado, creía en las altas miras de los hombres que dirigían la sociedad, y en la cordura de las muchedumbres que obedecían, por lo que no dudaba en la victoria. Galdós estaba defendiendo la participación de las masas en la política, el tema clave del proceso de cambio de un sistema liberal a otro democrático en la Europa y España del cambio de siglo, pero, hombre liberal, a fin y al cabo, sin desbordamientos revolucionarios.

La siguiente referencia de Galdós, ya en el proceso electoral, a la que acudimos en El Socialista nos llevaría al mes de marzo de 1910, a raíz de los mítines en la provincia de Valladolid. Sabemos que el 26 de marzo, sábado, llegaron Galdós, Iglesias y otros miembros de la Conjunción. Recibidos por los republicanos y socialistas de la localidad castellana se dirigieron al Teatro que, al parecer, se quedó pequeño. El principal orador fue Pablo Iglesias, que lo hizo en su nombre y en el de Galdós. El mitin no pudo ser muy largo porque los políticos tenían que partir hacia Valladolid. En la noticia se resaltaban los vítores que recibió el escritor.

La llegada a la estación de la capital del Pisuerga debió ser apoteósica. Los viajeros fueron conducidos en automóvil, entre el gentío, hasta el Círculo Republicano. Desde uno de sus balcones también habló Pablo Iglesias en nombre de Galdós y de todo el Comité de la Conjunción. Se da la circunstancia que en el Teatro Calderón de Valladolid se representó Casandra, que le valió a Galdós numerosas ovaciones. Recordemos que la obra fue primero una novela que publicó en 1905, y que se caracteriza por su dura crítica de los sectores integristas españoles. A finales de febrero de 1910 fue estrenada en Madrid en el Teatro Español con Carmen Cobeña como protagonista[7]. No cabe duda de que las representaciones de esta obra casaban, en gran medida, con el clima de movilización política de la izquierda.

El domingo por la tarde tuvo lugar el acto principal en Valladolid, en el Gran Frontón, concentrándose representaciones del republicanismo y socialismo de gran parte de la provincia, con un nutrido número de oradores, destacando Pablo Iglesias. El texto del discurso de Galdós comenzaba con una alabanza a Castilla, aunque pronto entró de lleno en la cuestión principal. No quiso esconder la gravedad del momento, pero sin caer en el pesimismo, ya que en esos mismos males se encontraba la solución, porque el “sumo desvarío” engendraba “forzosamente la lógica”. La idea destacada del discurso se basaba en una defensa de la unidad, un aspecto fundamental para entender la gestación de la Conjunción Republicano-Socialista, después de decenios y decenios de desencuentros entre el socialismo y las fuerzas republicanas, aún con las más progresistas, como la que representaba el federalismo, dado el intenso obrerismo del PSOE, defendido por Iglesias desde el primer momento y hasta hacía muy poco tiempo, en realidad[8]. Galdós no era ajeno a esta realidad.

Pero la disgregación o la descomposición de los defensores de la Monarquía, regresando al escritor, crecía. Galdós también era consciente de este hecho incontestable de los problemas de los partidos dinásticos -conservador y liberal- fragmentados ya desde la desaparición de sus creadores, Cánovas y Sagasta, respectivamente. En plena crisis Galdós reivindicaba el crecimiento del ideal republicano. Ese ideal había comenzado a gestarse en el azaroso verano pasado, en alusión, lógicamente, a los sucesos barceloneses de julio, y que había provocado que los republicanos comenzaran a agruparse, para luego surgir la alianza con los socialistas. Esa unidad era, en palabras del orador, “sana y reconstituyente”, pero, además, constituía la clave del porvenir, e interpretaba que era la mayor fuerza política del momento, augurando que se estaba generando una especie de sinergia que terminaría por conseguir, con relativa facilidad, que se desplomase el sistema político imperante, calificado como no podía ser de otra manera por un genio literato como Galdós, como “el artificio de vanidades y ficciones que hoy nos rige, todo endeblez, pompas aparatosas, mentiras enfáticas y corrupción manifiesta de la vida nacional”. Galdós destiló siempre en sus intervenciones en aquellos meses un evidente optimismo.

El escritor era un avisado conocedor del sistema político español, demostrado en su obra y por experiencia propia en el parlamento español[9]. Por eso avisaba a los asistentes al mitin que las Cortes no eran fruto de la voluntad nacional, que el sufragio estaba manipulado, calificado como “prestidigitación indecorosa” en manos de las fuerzas monárquicas. En realidad, aunque la reacción había sido derrocada en octubre, en alusión a la caída de Maura, seguía tiranizando en la sombra, como si fuera allanando el camino para volver, empleando a los liberales. En este sentido, recordemos que el rey había llamado a formar gobierno a Segismundo Moret, aunque tuviera que dimitir en febrero, ya que sus correligionarios liberales no le apoyaron en el Congreso de los Diputados, siendo sustituido por José Canalejas, que iniciaría el último gran intento regeneracionista en versión liberal, aunque fuertemente criticado por los socialistas y desde el otro lado por los sectores más integristas de la Iglesia Católica, y, finalmente, truncado con su asesinato en la Puerta del Sol en noviembre de 1912.

Galdós no se engañaba, la lucha por la democracia iba a ser dura, y exigía de todos un “valor indomable y una abnegación sin límites”. Y lo era porque la Conjunción no contaba con los resortes del poder, teniendo que combatir con la difusión de las ideas y la fuerza de la convicción. Pero si el enemigo tenía el poder, los republicanos y socialistas tenían la voluntad de arrebatárselo.

Y terminó su discurso vallisoletano recordando a los comuneros[10].

El domingo primero de mayo se celebró un mitin en el Jai-Alai para presentar la candidatura por Madrid de la Conjunción, que se había aprobado el 8 de abril con la siguiente composición de fuerzas: Unión Republicana tendría dos candidatos, el PSOE aportaría uno y el Partido Federal otro, al igual que el Partido Progresista y los radicales que estaba en la Conjunción. En total serían seis candidatos: Benito Pérez Galdós, José Esquerdo, Francisco Pi y Arsuaga, Rodrigo Soriano, Rafael Salillas y Pablo Iglesias[11].

El mitin en el frontón comenzó con un discurso de Galdós que leyó Pablo Nougués, a la sazón su secretario, que se destacó por una clara elevación del tono del mismo, dada la proximidad del día de las elecciones. Pero, sobre todo, porque desgranó el programa político de la Conjunción.

El escritor volvió a insistir en que el enemigo era más temible por su astucia que por su verdadera fuerza, es decir, los partidos dinásticos se encontraban en clara decadencia, pero eran dueños de los resortes del poder. Esa astucia se basaba, en la misma línea de lo que vimos en Valladolid, en el falseamiento electoral, el pilar básico del edificio político de la Restauración. Pero también hizo un llamamiento a la unidad entre los republicanos, tuvieran el origen que tuvieran, en línea con lo que hemos expresado anteriormente. Todo un canto a la unidad de Galdós, una unidad que haría a la Conjunción invencible en la lucha, calificada de vida o muerte. Las elecciones estaban concebidas como un duelo implacable con el régimen vigente. No cabía avenencia posible. Y no había que tener miedo al enemigo. Parecía un castillo imponente, pero, en realidad era un conjunto de “ruinas apuntaladas”.

Galdós planteaba una especie de contrato electoral con los votantes. Se pedía el voto en la campaña electoral, pero en la “campaña parlamentaria” los votantes debían exigir a los diputados la defensa de sus derechos e intereses.

El escritor canario consideraba que en pocos países se legislaba tanto como en España, pero parecía que todo estaba por hacer. La Conjunción quería llevar la simplicidad al parlamento, arrinconar el fárrago legislativo frente a lo práctico para asegurar la libertad y el pan para todos.

Pero Galdós no sólo había redactado un discurso político de grandes vuelos, y propio de un genio de la literatura. Galdós conocía los problemas del país, algo que suena redundante al referirnos al autor de los Episodios Nacionales. Así pues, en este texto habló de asuntos concretos, comenzando con el temible impuesto indirecto de los Consumos, una carga fiscal que recaía sobre productos de primera necesidad, y que, por lo tanto, era sumamente injusto al pesar como una losa sobre las clases humildes, cuya abolición siempre apareció en los motines del siglo XIX y comienzos del XX, y en las reivindicaciones del movimiento obrero. Galdós quería emprender toda una cruzada contra ese tributo.

El segundo punto tenía que ver con la guerra de Marruecos, una verdadera sangría, y que había tenido mucho que ver con el estallido de la Semana Trágica. Pero, no sólo se quería poner coto a las aventuras belicosas, también a la injusticia, uno de los caballos de batalla del socialismo y de parte del republicanismo, de la exención del servicio militar para quien podía permitírselo económicamente, hasta que llegara un día que, amantes todos de la paz, solamente fuera necesario contar con un pequeño ejército voluntario.

El tercer punto tenía que ver con la Iglesia, con la necesidad de la libertad confesional en España, en la línea de los países más civilizados. Galdós habló de la supremacía del poder civil sobre el religioso, dependiente de un poder extraterritorial. Galdós, con la magia de sus palabras, hablando de fronteras infranqueables entre lo sagrado de las creencias y lo profano de lo público, defendía la separación entre la Iglesia y el Estado en la educación, en los hospitales e instituciones de asistencia social, sin olvidar la secularización de los actos que tenían que ver con el principio, el final de la vida, y con el matrimonio.

Y por fin, en el último punto, la Conjunción lucharía por el establecimiento de la República, lo que, en su opinión, España pedía y quería.

Pasadas las elecciones tuvo lugar un mitin el 15 de mayo en el madrileño Frontón Central para celebrar los resultados. En este caso, también Nougués leyó unas cuartillas de Galdós después del discurso de Pablo Iglesias, en el que se seguía trasluciendo un evidente optimismo, además de alabar al líder socialista. Galdós pensaba que el trabajo de la Conjunción en el Congreso de los Diputados ayudaría a la descomposición del régimen político porque los monárquicos no constituían un “conglomerado potente”, sino fragmentos que estaban mal trabados, que terminarían chocando entre sí. La realidad política, como sabemos, sería otra, porque, además, la Minoría no funcionó claramente coordinada, y no tenía un peso clave en el Congreso porque no se consiguieron más que veintisiete actas, aunque, no cabe duda que, además de permitir que entrara en la cámara el primer socialista español, Pablo Iglesias, constituyó todo un impacto frente a la situación anterior. En todo caso, ese poder del sistema, basado en el caciquismo, que hemos visto explicar a Galdós en algunos de sus discursos, seguía vivo, aunque ya no funcionaba en Cataluña, y estaba muy herido en las grandes ciudades, como demostró la propia Conjunción en Madrid, ya que en ese ámbito la manipulación electoral no podía desarrollarse como en el pasado. Galdós mantenía, por lo tanto, en esa primavera aún la esperanza de un profundo cambio.


[1] Fuentes, Víctor, Galdós demócrata y republicano (escritos y discursos 1907-1913), Cabildo Insular de Gran Canaria. Universidad de la Laguna, 1982.

[2] Armas Ayala, Alfonso, “Galdós y la política”, Actas del III Congreso Internacional de Estudios Galdosianos, Vol. II, Las Palmas de Gran Canaria, 1990, págs. 475-487.

[3] Dean-Thacker, Verónica “Las asociaciones políticas de Galdós”, Actas del IV Congreso Internacional de Estudios Galdosianos (1990). Vol. II. Cabildo de Gran Canaria, 1993, págs. 375-381.

[4] Nuestra principal fuente ha sido la consulta de los siguientes números de El Socialista, entre el otoño de 1909 y la primavera de 1910: 1233, 1235, 1255, 1256, 1257, 1260, 1261, 1262, y 1265. Pueden leerse en la red gracias a la Hemeroteca de la Fundación Pablo Iglesias.

[5] García Rodríguez, José Carlos, ¿Arde Barcelona? La Semana Trágica, la Prensa y la caída de Maura, Astorga, 2010. Una visión de conjunto en: Moreno Luzón, Javier, “Alfonso XIII, 1901-1931”. Restauración y Dictadura. Vol 7. Historia de España, dirigida por Josep Fontana y Ramón Villares, Barcelona, 2009.

[6] La intervención de Iglesias ha sido estudiada por este autor en “¿Agenda de gobierno o urgencia para cambiar la situación?: Pablo Iglesias en el mitin del Jai-Alai (1909)”, Argumentos Socialistas, nº 26 (2018), en la red.

[7] En 1983 se reestrenó una versión realizada por Francisco Nieva.

[8] En este sentido, Juliá, Santos, Los socialistas en la política española, 1879-1982, Madrid, 1997, en sus primeros capítulos.

[9] La bibliografía sobre el sistema político de la Restauración es ingente, pero sigue siendo imprescindible el libro de Varela Ortega, José, Los amigos políticos. Partidos, elecciones y caciquismo en la Restauración (1875-1900), Madrid, 2001.

[10] El liberalismo español construyó un mito de los comuneros. En este sentido, Berzal de la Rosa, Enrique, Los comuneros: de la realidad al mito, Madrid, 2008, y Bagur Taltavull, Juan, “El significado de los comuneros en el metarrelato histórico del liberalismo español. El caso de Martínez de la Rosa”, Ápeiron: estudios de filosofía, nº 2 (2015), págs. 180-194.

[11] Sobre la Conjunción: Robles Egea, Antonio, “Formación de la Conjunción Republicano-Socialista de 1909”, Revista de Estudios Políticos, nº 29, (1982), págs. 145-162; y del mismo autor “La Conjunción Republicano-Socialista: una síntesis de liberalismo y socialismo”, Ayer, nº 54 (2004), págs. 97-127.

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