
Eduardo Montagut
Así es, el socialista y luego comunista Eduardo Torralba Beci consideraba en el otoño de 1912 que el socialismo tenía una gran virtud, y que no era otra que la realización de los más elevados pensamientos por los medios más prácticos. Así nos lo contó en el número 147 de Vida Socialista, y nosotros los rescatamos hoy.
Todo el idealismo se encontraba en el programa socialista, pero el Partido vivía en la realidad. El programa reunía la justicia en su más elevada concepción, la libertad, la igualdad, la fraternidad, y la virtud. Pues a estas cuestiones, y que tendrían que ver con la felicidad humana el socialismo ofrecía soluciones. Y no lo hacía como pretendían los fanáticos sino como los hombres de ciencia.
La clave estaba en que el idealismo por muy bello o sublime que se quisiera si se alejaba de la realidad conducía a la locura. Pero también sería cierto que las realidades puras sin ningún tipo de idealismo ofrecían soluciones egoístas y frías, hasta utilitaristas.

Torralba Beci empleaba una comparación entre Séneca y Colón para explicar este nexo entre idealismo y realidad. El primero habría presentido mundos desconocidos más allá de los mares, mientras que Colón, que también los habría presentido, demostró su existencia científicamente y se lanzó a descubrirlos. Pensaba en ellos, pero con un ojo en las cartas geográficas y la mano en el timón. Así pues, el socialismo vendría a ser, en su opinión como el Colón del mundo del porvenir. Otros habrían presentido ese porvenir, pero solamente el socialismo llegaría a él. Si con el pensamiento ansiaba ese futuro, con el “timón y la brújula de su labor” llegaría al mismo.
Así pues, afirmaba nuestro autor que había que soñar y vivir al mismo tiempo, adaptando la vida al sueño y el sueño a la vida. El socialismo tenía que triunfar porque había hecho “positivas realidades de las idealidades más sublimes”
Como vemos, estaríamos ante una sugerente concepción del socialismo, y que, creemos podría ser extensible a la vida misma.

























