El hambre para Clemenceau

Eduardo Montagut

Trabajar con las fuentes nos depara sorpresas. Buscando materiales para nuestras investigaciones y publicaciones encontramos algunos textos que llaman poderosamente la atención por distintos motivos. El que aquí queremos glosar tiene la importancia de ser la traducción al castellano de un artículo de uno de los políticos más importantes de la III República francesa, Georges Clemenceau, y gracias a la publicación española Las Dominicales del Libre Pensamiento.

Pues ya sabe el amable lector nuestro objetivo aquí y ahora: un texto, y sobre el hambre, de dicho personaje. El texto se publicó en el otoño de 1906. Nos sabemos si es de esa época, precisamente, en un momento de despegue de la carrera de Clemenceau, ya que fue nombrado ministro del Interior, y casi inmediatamente pasó a dirigir el Gobierno. Además, en ese momento, se empeñó en una política represiva contra las protestas obreras a causa de la catástrofe de Courrières. Dicho empeño fue tal que le llevó hasta a reformar la policía para que fuera más ágil y efectiva contra el movimiento obrero y los socialistas.

Clemenceau citaba en el inicio de su artículo una frase de M. Oscar Commentant en un artículo que había publicado, y que decía así: «El hambre, he ahí el enemigo de la raza humana. Mientras el hombre no sojuzgue á ese cruel enemigo que le degrada, los descubrimientos de la ciencia no serán sino la ironía de su triste suerte, el lujo de una existencia que carece de lo necesario”. Reconocía que, en efecto, el hambre era una cruel sujeción para todo el que vivía, y que la perpetua necesidad de alimentarse condicionaba a las personas.

El político francés hacía una larga disertación sobre lo que había hecho el hombre en su historia en relación con esta cuestión. Además, hablaba de que Commentant había defendido en su artículo que defendía que había que colonizar y hasta deportar a la población a los lugares donde la tierra estaba esperando ser fecundada. Para Clemenceau eso era una buena intención, pero solamente sería una solución temporal, y citaba a Malthus. Llevar a la población hambrienta blanca “entre los negros de África” no sería una solución definitiva porque lo único que servía era para propagar la guerra del hambre. Opinaba que Francia todavía podía alimentar más ciudadanos de los que alimentaba. El problema social consistía para el político republicano menos en la creación de nuevas “sociedades de injusticia”, que en la introducción de la justicia en las sociedades existentes.

Clemenceau hablaba sobre que se discutía mucho sobre las fórmulas, sistemas y procedimientos, pero no de los sentimientos en relación con el hambre porque consideraba que tenían que ver con los actos de voluntad. Esa misma era fundamental, en su parecer para combatir el hambre, no con prescripciones o revoluciones. Así pues, observamos un sentimiento social en Clemenceau, pero también sin mucho desarrollo porque, ¿cómo se arbitra dicha voluntad?, es decir, ¿que habría que hacer para vertebrar la voluntad para que nadie pase hambre?

Hemos trabajado con el número del 30 de noviembre de 1906 de Las Dominicales del Libre Pensamiento.

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