
Hemos querido, en este número 13 de Isidora, analizar la importancia del contexto artístico y cultural único en el que Galdós creó sus obras. En estas páginas asistimos a la plena expansión de su legado y comprobamos cómo su huella ha llegado hasta otros autores, a través de recientes estudios críticos y trabajos de investigación que aquí recogemos.
La reflexión sobre la educación y sobre la figura del maestro en su contexto recobra hoy una actualidad indiscutible, quizá más necesaria que nunca en la sociedad española contemporánea. Del mismo modo, la revisión constante del proceso histórico a través del análisis de los Episodios Nacionales continúa revelando la vigencia de Galdós, como demuestran los textos de estudiosos de amplio reconocimiento internacional incluidos en este volumen.
Un Galdós insospechado en Italia nos ofrece, además, claves esenciales para comprender la situación de su obra en el país vecino, mediante la revisión de materiales hasta ahora poco conocidos. Asimismo, la presencia de autores como Juan Valera, con su empeño en elevar la vida intelectual española a través de su revista El Centenario, aparece aquí glosada como homenaje de un pensador actual, libre de estrecheces, a la figura del escritor andaluz. Todo ello nos aporta una pequeña, pero muy valiosa, tranche de vie culturelle de la España galdosiana.
Nuestro escritor, Benito Pérez Galdós, en su labor incesante de analizar y ofrecer a los lectores su propio testimonio de la sociedad de su tiempo, desarrolló también una intensa actividad como crítico de arte. Hoy comenzamos a rescatar esa faceta del cajón del olvido para actualizarla y ponerla en valor como fiel espejo, y también como génesis, del movimiento artístico de nuestro país.
No es casual su detenimiento ante la figura de Pablo Sarasate, violinista de reconocimiento internacional cuyas partituras y registros siguen siendo referencia obligada para intérpretes y virtuosos que desean incorporarlo a su repertorio. Ya Galdós —siempre moderno en sus textos— fue testigo presencial, en 1886, del clamor que despertaba aquel magnífico virtuoso del instrumento. Su reseña sobre el músico navarro confirma no solo la grandeza de Sarasate, sino también la agudeza crítica del propio Galdós.
Tampoco debe extrañarnos su atención al análisis de los trabajos de composición ni a la fuerza con que la música española —aragonesa y navarra— interactuaba en la escena internacional. Su texto confirma una verdad persistente: que el genio español no siempre fue suficientemente reconocido en su propia tierra. También Sarasate, como tantos otros artistas españoles, contempló con sus propios ojos la adoración del público extranjero, mientras el público nacional permanecía inmerso en gustos y líneas melódicas de otro corte.
Contribuir a rescatar, dentro de su inmensa obra, el genio crítico de Galdós, su mirada atenta a la cultura patrimonial, su intuición certera y su capacidad para reconocer novedades y vanguardias artísticas, incluso más allá de nuestras fronteras, nos parece una tarea especialmente valiosa para Isidora.
Pero quizá lo más relevante del material crítico de Galdós sea la manera en que lo aplicaba a su propia creación. Poseedor de sólidos conocimientos sobre las distintas artes, supo trasladarlos al teatro, a la escena, a sus novelas, a los Episodios Nacionales e incluso a sus cuentos. También introdujo innovaciones musicales durante su etapa como director del Teatro Español, lo que confirma la amplitud de su sensibilidad artística.
El Galdós crítico merece, por tanto, una revisión rigurosa y una aplicación directa al estudio de su obra. Confiamos en que este número sirva de estímulo a nuevas mentes pensantes e investigadoras, y anime a seguir trabajando en la recuperación, revisión y valoración del pensamiento crítico galdosiano.
Rosa Amor del Olmo
Directora y editora















