Cuando se quemaban libros en la posguerra

Eduardo Montagut

De todos son conocidas las imágenes de las quemas públicas de libros en la Alemania nazi. Pues bien, también en nuestro país se hizo una quema pública de libros el día 30 de abril de 1939 en la Universidad Central de Madrid por iniciativa de la Falange. Se trató de un acto denominado “auto de fe”, como si tratara de un auto de fe del Santo Oficio comparando el juicio a los condenados que luego serían quemados con una quema de libros escritos por los supuestos enemigos de España.

Entre dichos autores enemigos estarían Sabino Arana, Lamartine, Freud, Marx, Rousseau, Voltaire, etc. Como el acto debía tener un significado y una dimensión educativas asistió Antonio Luna, a la sazón secretario nacional de Educación. La prensa falangista publicó que con la quema se contribuía a la construcción de la España Una, Grande y Libre. Se condenaba a los libros liberales, separatistas, marxistas, a los que habían difundido la leyenda negra, a los anticatólicos, a los del “enfermizo romanticismo”, a los que propagaban el pesimismo, a los modernistas, a los cursis, a los cobardes, a los pseudocientíficos, a los malos, y a los chabacanos, todo en una mezcla harto variopinta. Llama la atención cómo la Falange se erigía en juez censor no sólo de los libros políticos o con ideas que, supuestamente, intentarían dañar a España, sino, también de la calidad y valores literarios.

Además, dicha prensa hacia una advertencia a los autores de los libros condenables en el sentido de que la juventud española tenía el valor de quemar dichos libros, y sin ningún tipo de remordimiento.

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