Alonso Quesada: modernidad, ironía y desasosiego en la literatura canaria

Observatorio Negrín-Galdós

Observatorio Galdós-Negrín

Alonso Quesada, seudónimo de Rafael Romero Quesada, nació en Las Palmas de Gran Canaria el 5 de diciembre de 1886 y murió en Santa Brígida el 4 de noviembre de 1925. Fue poeta, narrador, periodista y dramaturgo, y hoy se le considera una de las figuras centrales del modernismo y posmodernismo poético canario, junto a Saulo Torón y Tomás Morales, con quienes integra la llamada “Generación de los Tres”. No es casual que el Día de las Letras Canarias de 2025 se dedicara a su figura: un siglo después de su muerte, su obra sigue siendo clave para entender la literatura insular del primer tercio del siglo XX.

La vida de Quesada estuvo marcada desde muy temprano por una tensión entre vocación literaria y necesidad material. Estudió el bachillerato en el Colegio de San Agustín y se examinó en La Laguna, pero la muerte de su padre en 1907 lo obligó a convertirse en sostén económico de su familia. Esa circunstancia no es un detalle menor: ayuda a explicar el tono de amargura contenida y la mirada desencantada que atraviesan buena parte de su obra. Desde esos años trabajó en ambientes administrativos y comerciales ligados a la presencia británica en Las Palmas, primero en la Casa Elder y luego en el Bank of British West Africa, experiencia que dejaría una huella profunda en su imaginario literario.

Su trayectoria literaria fue intensa, aunque en vida vio publicadas pocas obras. En 1910 conoció a Miguel de Unamuno durante los Juegos Florales de Las Palmas, y esa relación resultó decisiva: El lino de los sueños apareció en 1915 con prólogo de Unamuno. Después llegaron Crónicas de la ciudad y de la noche en 1919 y la obra teatral La Umbría en 1922. Sin embargo, una gran parte de su producción quedó inédita al morir: Los caminos dispersos no se publicó hasta 1944, la edición completa de Smoking-Room llegó en 1972 y Las inquietudes del Hall en 1975. Su recepción fue, por tanto, tardía y fragmentaria; incluso el proyecto de unas obras completas se frustró y parte de sus materiales se perdió en el contexto de la Guerra Civil.

Desde el punto de vista estético, Quesada ocupa un lugar singular. La Biblioteca de Canarias lo sitúa entre el modernismo y el posmodernismo poético canario y define su poesía como tardosimbolista, íntima, reflexiva, crítica e irónica. Esa combinación es clave. Frente a una imagen superficial del modernismo como puro brillo verbal, en Quesada domina una sensibilidad más desnuda y más inquieta. Yolanda Arencibia ha insistido en que su escritura convierte lo cotidiano en materia esencial y vuelve una y otra vez a la muerte, el amor y el desasosiego anímico. Por eso su poesía importa no solo por su música, sino por su capacidad de transformar la experiencia ordinaria en una meditación moral y existencial.

Pero Alonso Quesada no fue solo un poeta del yo. Su prosa periodística y narrativa hizo de Las Palmas de Gran Canaria un verdadero espacio literario. Publicó más de trescientos textos en la prensa, y en ellos retrató con ironía y humor la vida urbana, las costumbres insulares, los cambios sociales y el peculiar ambiente de una ciudad abierta al comercio, al turismo incipiente y a la influencia extranjera. Varios estudios subrayan que esas crónicas constituyen casi un álbum de la vida insular y un documento de primer orden para conocer la sociedad canaria de su tiempo. En ese sentido, Quesada vale tanto como escritor cuanto como testigo de una modernidad atlántica en formación.

A esa capacidad de observación se añade otro rasgo decisivo: el dominio del diálogo y del habla cotidiana. La crítica de la Academia Canaria de la Lengua ha mostrado cómo Rafael Romero Quesada supo trasladar al texto literario la viveza del coloquio y dejar fijados rasgos de la sociedad y del habla canaria sin caer en la caricatura fácil. Esto explica que sus crónicas, escenas teatrales y narraciones tengan tanta naturalidad: en ellas la lengua no es un adorno externo, sino una forma de conocimiento social. Quesada escucha cómo habla su mundo y convierte esa escucha en literatura.

Uno de los aspectos más modernos de su obra es, además, su relación con lo inglés. La presencia británica en Las Palmas y su propia experiencia laboral en empresas inglesas no aparecen en sus textos como simple decorado exótico. En Smoking-Room y Las inquietudes del Hall, por ejemplo, esa colonia extranjera se vuelve materia estética y crítica: sirve para pensar la extranjería, la identidad periférica, la teatralidad social y las formas vacías de la vida moderna. Una lectura crítica reciente ha propuesto, de hecho, entender a Quesada como autor de un “modernismo periférico”: una modernidad literaria escrita desde la periferia atlántica, cosmopolita y ambigua, que no imita pasivamente al centro, sino que lo observa con ironía y distancia.

Su teatro confirma esa profundidad. La Umbría y Llanura no son simples piezas regionales, sino textos donde el paisaje, la enfermedad y el encierro adquieren un fuerte valor simbólico. Los estudios dedicados a La Umbría explican que la estancia de Quesada en Agaete, adonde acudió para aliviar la tuberculosis, transformó su sensibilidad y se proyectó en la obra: allí el paisaje no funciona como fondo decorativo, sino como fuerza dramática que contrapone la asfixia del interior y la promesa de cura, aire y libertad del exterior. En ese teatro, la naturaleza canaria deja de ser postal y se convierte en conflicto espiritual.

Por todo ello, Alonso Quesada ocupa un lugar excepcional. En él confluyen la intimidad del poeta, la mirada crítica del cronista, la agudeza del humorista, el oído del dramaturgo y la conciencia dolorida de un hombre que escribió desde la enfermedad, la precariedad y el margen. Su obra no representa una Canarias pintoresca y cerrada sobre sí misma, sino una Canarias urbana, compleja, abierta al mundo y atravesada por tensiones sociales, culturales y lingüísticas. Esa mezcla de insularidad y cosmopolitismo, de ironía y herida interior, es lo que hace que siga pareciendo un autor tan moderno. Y también explica que su recuperación crítica y pública, visible de forma especial en el centenario de 2025, no sea un simple homenaje, sino el reconocimiento de una voz todavía viva en la literatura española.

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