
Rosa Amor del Olmo
Cuando el desprecio de los demás acaba convirtiéndose en la voz con la que una persona se explica a sí misma.
¿Qué ocurre cuando la persona que te quiere empieza a verte y tú estás convencida de que verte equivale a dejar de quererte? Esta es una de las preguntas más inquietantes de Marianela, de Benito Pérez Galdós. La posibilidad de que Pablo llegue a ver enfrenta a Nela con el miedo a perder el lugar donde se siente valiosa. Para ella, hacerse visible amenaza con convertirse en una forma de desaparecer. 1,2
La noción actual de autoconcepto permite explorar esa contradicción. Se refiere a la descripción y valoración que hacemos de nosotros mismos: nuestro aspecto, nuestras capacidades, nuestras cualidades y los papeles que desempeñamos. En Nela, esa representación está atravesada por voces ajenas. Cuando intenta decir quién es, comparecen quienes ya han decidido por ella cuánto vale. 3 En su conversación con Teodoro Golfín conviven dos afirmaciones: «Dicen que yo no sirvo ni puedo servir para nada» y «Yo no sirvo para nada». Entre ambas se concentra una violencia. El juicio circula por fuera y reaparece como una certeza íntima. La muchacha puede reconocer que otros la consideran inútil y, al mismo tiempo, hablar de esa supuesta inutilidad como de una propiedad de su cuerpo. Una opinión repetida ha adquirido la autoridad de un hecho. 4
La vida cotidiana sostiene esa enseñanza. En casa de los Centeno, Nela apenas encuentra un rincón donde dormir. Su escasa fuerza física la descalifica en un ambiente que mide la utilidad por la capacidad de trabajar. Sin embargo, la novela la presenta guiando a Golfín y ayudando a Pablo a conocer el mundo visible. Describe, imagina, acompaña. Hay una contradicción entre sus capacidades y el valor que se les concede. Su autoconcepto se forma dentro de esa desigualdad. 4 Junto a Pablo encuentra un reconocimiento que la sostiene. Pero su amor contiene una exigencia inadvertida: él da por supuesto que una criatura tan buena debe ser también hermosa. Ha construido una correspondencia entre belleza moral y belleza física. La idealización parece elevar a Nela; también la obliga a estar a la altura de una imagen que teme desmentir. El hombre que la ama ya ha imaginado el rostro que debería tener. 1
De ahí que su temor resulte tan penetrante. Ser vista significaría someterse a una comparación con aquella figura perfecta. Nela desea el bien de Pablo y, a la vez, teme las consecuencias de su curación. En esa ambivalencia conviven el amor, la dependencia y una pregunta dolorosa: qué quedará de ella cuando deje de ocupar el lugar desde el que ha podido sentirse necesaria. 5

Las escenas del agua y del espejo hacen visible esa incertidumbre. Nela se adorna con flores, contempla su reflejo y llega a pensar que los demás podrían haberse equivocado. La esperanza dura poco. Más adelante, un fragmento de espejo apenas le devuelve partes de la cara. Cabe leer en ese objeto una imagen de su dificultad para reconocerse: obtiene rasgos sueltos, versiones parciales, pruebas que examina con una severidad aprendida. Nunca consigue instalarse en una mirada propia suficientemente segura. 1 Sería fácil reducirlo todo a una percepción equivocada de sí misma. La novela vuelve incómoda esa explicación porque el entorno confirma muchos de sus temores. Incluso el narrador emplea, en ocasiones, un lenguaje que empequeñece y animaliza a Nela. El lector debe examinar también esas palabras. La muchacha vive dentro de una cultura que distribuye atención, oportunidades y afecto según criterios que la perjudican; su conflicto interior tiene una historia social. 1,4
Y, sin embargo, conserva una capacidad de entrega que desborda la imagen de la criatura inútil. Con Celipín puede alentar proyectos y ayudar a imaginar otra vida. Cuando la posibilidad de marcharse la incluye a ella, se siente un estorbo. Reconoce en otro una promesa de futuro que le cuesta concederse. Este contraste muestra cuánto puede estrecharse el horizonte personal sin que desaparezcan la inteligencia o la generosidad. 5
Florentina vuelve más complejo el conflicto. Su deseo de ayudar es sincero: ofrece a Nela cuidado, consideración y trato de hermana. También encarna la belleza admirada y el porvenir amoroso al que Pablo se aproxima. Por eso su bondad resulta difícil de recibir. La protección llega de la mano de quien ocupa el lugar que Nela teme perder. Aceptarla exige encontrar una nueva manera de existir cuando apenas dispone de recursos para imaginarla. 6
Golfín alcanza a comprender una parte decisiva del daño: la convicción de no servir ha sido inculcada, y quienes la han alimentado comparten responsabilidad en el abandono de la muchacha. Su intervención desplaza la pregunta hacia las condiciones que han formado esa conciencia. Pero también él habla desde la autoridad y recurre al reproche. Galdós permite advertir la distancia que puede haber entre querer rescatar a alguien y comprender la experiencia desde la que esa persona recibe la ayuda. 6
El desenlace condensa todas estas tensiones. Pablo entra donde se encuentra Nela y expresa su entusiasmo por Florentina antes de advertir quién lo está escuchando. Cuando reconoce a la muchacha, se conmueve. La escena resulta cruel sin necesitar una voluntad deliberada de humillación. Al identificarse, Nela apenas dice: «yo soy la Nela». Esa declaración elemental carga con una dificultad enorme: comparecer como es ante quien había imaginado que debía ser otra. 2 Su muerte pertenece a la lógica trágica de la novela. Convertirla en una demostración de que un autoconcepto deteriorado mata supondría empobrecerla. La escena concentra el abandono, el amor, la vergüenza y la pérdida de un lugar en el mundo. Conviene conservar esa densidad: una persona puede recibir afecto y seguir sin encontrar una forma habitable de reconocerse. 2
La última ironía llega con la tumba. Ante el mármol costoso que Florentina ha dispuesto para Nela, unos visitantes inventan la historia de una joven rica y hermosa. El monumento les basta para atribuirle una vida que nunca tuvo. Otra mirada decide quién fue; esta vez, el prestigio del monumento transforma la imagen que los visitantes se hacen de ella. La novela deja abierta una pregunta perturbadora: ¿cuánto de lo que llamamos opinión sobre nosotros mismos comenzó siendo una sentencia pronunciada por otros? 2
Fuentes
1. Benito Pérez Galdós. Marianela, capítulos VI–X. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Edición digital de 2001 basada en la edición de La Guirnalda, Madrid, 1878. Consultar fuente
2. Benito Pérez Galdós. Marianela, capítulos XXI–XXII. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001 [1878]. Consultar fuente
3. American Psychological Association. Self-concept. APA Dictionary of Psychology. Consultar fuente
4. Benito Pérez Galdós. Marianela, capítulos I–V. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001 [1878]. Consultar fuente
5. Benito Pérez Galdós. Marianela, capítulos XI–XV. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001 [1878]. Consultar fuente
6. Benito Pérez Galdós. Marianela, capítulos XVI–XX. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001 [1878]. Consultar fuente

























