El descuerna cabras y el solano: cuando los vientos de Tembleque tenían nombre propio

La memoria del aire en La Mancha: entre el refranero, los antiguos pastores y las palabras que corren el riesgo de desaparecer

Rosa Amor del Olmo

Hay palabras que parecen inventadas por un poeta y que, sin embargo, nacieron de la necesidad. Una de ellas es descuerna cabras. Otra, mucho más familiar para los habitantes de La Mancha, es solano. Ambas pertenecen a ese antiguo vocabulario campesino que conseguía transformar los fenómenos naturales en personajes reconocibles, casi en criaturas con carácter propio.

En Tembleque, donde el horizonte se extiende sobre tierras de cereal, olivares y antiguos caminos ganaderos, el viento no fue solamente una circunstancia meteorológica. Durante generaciones formó parte de la experiencia cotidiana del campo, de la observación de las estaciones y de la conversación entre vecinos. El viento podía traer frío, levantar polvo, anunciar un cambio de tiempo o hacer todavía más insoportable una tarde de verano. Pero había algo más: los vientos tenían nombre, y esos nombres constituían una manera de interpretar el mundo.

Hoy conocemos su velocidad, su dirección y su intensidad mediante instrumentos científicos. Los antiguos habitantes de Castilla, por el contrario, reunieron durante siglos sus observaciones en un vocabulario extraordinariamente expresivo.

No necesitaban llamar al viento componente norte cuando podían decir descuerna cabras.

Y pocas denominaciones poseen semejante fuerza imaginativa.

El descuerna cabras: un viento capaz de arrancar los cuernos

La primera sorpresa llega al consultar una publicación histórica dedicada a Tembleque. En el número 65 de la revista Provincia, editada por la Diputación Provincial de Toledo durante el primer trimestre de 1969, aparece un estudio titulado «Tembleque, un pueblo con historia». En su página 56, dentro de la descripción climática de la localidad, se menciona expresamente el viento del norte con el nombre de «Descuerna cabras». El mismo pasaje identifica como «Solano» los vientos estivales procedentes del sur y del este, y señala al suroeste como portador de lluvias. Esta noticia resulta valiosa porque no estamos ante una expresión atribuida vagamente a las costumbres manchegas. Tenemos una referencia impresa que vincula directamente ambos nombres con Tembleque hace más de medio siglo.

El descuerna cabras designaba, por tanto, el viento frío y áspero del norte según aquella descripción local. Su nombre contiene una exageración deliberada. No hay que interpretarlo como la afirmación literal de que el aire arrancase los cuernos a los animales, sino como una imagen destinada a transmitir la violencia de su soplo. La cabra, animal resistente, acostumbrado a recorrer terrenos difíciles y soportar la intemperie, se convierte en la medida imaginaria de la fuerza del viento. Si hasta una cabra podía perder los cuernos, ¿qué no sentiría una persona expuesta a semejante frío? Es una hipérbole de extraordinaria eficacia, próxima a otras exageraciones populares que convierten una experiencia física en una imagen imposible de olvidar.

Y, sin embargo, lo verdaderamente sorprendente es que la palabra posee una historia mucho más antigua.

Rodrigo Caro y los nombres del viento en el Siglo de Oro

El erudito y poeta Rodrigo Caro (1573-1647), autor de la célebre Canción a las ruinas de Itálica, escribió un tratado titulado De los nombres y sitios de los vientos. En él intentó ordenar las distintas denominaciones utilizadas para los vientos, combinando conocimientos clásicos, observaciones históricas y vocabulario popular. Al ocuparse de los vientos septentrionales incluyó descuerna-cabras entre los nombres que recibían. Resulta fascinante encontrar una expresión tan aparentemente rústica en un tratado erudito del siglo XVII. Caro conocía las denominaciones griegas y latinas, pero no despreciaba las voces del pueblo. Comprendía que el lenguaje tradicional conservaba una manera particular de describir la naturaleza.

Este detalle modifica nuestra perspectiva. Cuando la revista Provincia recogió el descuerna cabras de Tembleque en 1969, estaba documentando una denominación perteneciente a una tradición lingüística española de varios siglos. No significa que el nombre naciera en Tembleque, algo que no podemos demostrar, sino que la localidad participaba de un patrimonio léxico mucho más amplio. El pueblo había conservado, al menos hasta aquella referencia documental, una forma antigua de llamar al viento.

Y esa continuidad merece atención.

Cuando la Real Academia escuchaba a los pastores

La segunda gran prueba de la antigüedad de esta expresión aparece en el Diccionario de autoridades de la Real Academia Española. En el tomo tercero, publicado en Madrid en 1732, los académicos registraron descuerna cabras como denominación del viento norte o cierzo, indicando expresamente que se trataba de una voz utilizada por los pastores. Ese dato es particularmente revelador. La Academia no estaba consignando únicamente una curiosidad verbal. Estaba incorporando al patrimonio lexicográfico una palabra procedente del conocimiento popular.

El pastoreo exigía observar la meteorología de manera constante. Los animales dependían de los pastos, de los abrigos naturales y de las condiciones de cada jornada. Reconocer el viento formaba parte de esa experiencia. La palabra descuerna cabras nace de ese universo de observación, trabajo y expresión imaginativa. Y el refranero terminó por reforzar su carácter pintoresco. Julio Cejador y Frauca, en su Refranero castellano de 1928, recogió esta fórmula: «Aire descuerna cabras, que hace llorar a los niños con barbas».

La imagen es formidable: hasta los hombres adultos, figuradamente convertidos en niños con barba, lloran ante la fuerza del viento. No se trata de una descripción meteorológica exacta, sino de una pieza de literatura oral. En unas pocas palabras conviven el humor, la exageración y la experiencia física del frío.

He aquí una de las virtudes del refranero castellano: su capacidad para explicar el mundo mediante imágenes que parecían destinadas a sobrevivir a sus propios creadores.

El solano: el viento que viene por donde nace el sol

Frente a la violencia invernal del descuerna cabras encontramos el solano, cuyo nombre posee una sonoridad más luminosa. Su denominación se relaciona con el sol y con la dirección oriental, el lugar por donde amanece. No es una voz exclusivamente manchega. Tiene una extensa historia en la lengua española. Ya en 1545, Pedro de Medina, en su Arte de navegar, identificaba el levante con el solano, según documenta la investigación filológica sobre la terminología de los vientos. En el uso tradicional, el solano se asocia al viento procedente del este, aunque su comportamiento y las denominaciones locales pueden variar según las regiones. En Tembleque, la publicación de 1969 lo relacionaba especialmente con los vientos del sur y del este durante el verano. Su recuerdo está vinculado al calor de la llanura manchega. Ese aire que parece no refrescar, que acompaña las tardes abrasadoras y que convierte la sombra en un refugio indispensable. Pero el solano también posee su propia tradición paremiológica.

Cejador recogió otro refrán asociado a Toledo:

«Aire solano, agua en la mano».

La formulación tradicional distinguía entre invierno y verano, pues se consideraba que la relación del solano con las lluvias no era idéntica en ambas estaciones. Este matiz es importante. Los refranes meteorológicos no constituyen leyes universales de la atmósfera. Son generalizaciones elaboradas mediante experiencias locales, transmitidas oralmente y modificadas a lo largo del tiempo. Precisamente por eso tienen tanto valor cultural. No nos dicen solamente cómo creían nuestros antepasados que se comportaba el tiempo: nos enseñan cómo intentaban comprenderlo.

«Por la mañana solano y por la tarde toledano»

Existe un testimonio mucho más reciente que nos devuelve directamente a Tembleque. En agosto de 2023, el periodista Doménico Chiappe publicó una crónica sobre la vida veraniega del municipio, sus temperaturas extremas y las costumbres desarrolladas para soportar el calor. Durante su visita recogió las palabras de Manuel Rodelgo, maestro jubilado y participante activo en diversas iniciativas culturales del pueblo.

Rodelgo recordó este dicho: «Por la mañana solano y por la tarde toledano». Y explicó que el primero era caluroso, mientras que el segundo resultaba más fresco.

La importancia de este testimonio es considerable. En 1969 encontramos los nombres del viento incorporados a una descripción histórica de Tembleque. En 2023, más de cincuenta años después, encontramos a un vecino empleando una fórmula tradicional para explicar su experiencia del verano. El dicho relaciona el transcurso de las horas con la percepción del viento. La mañana y la tarde parecen tener sus propios aires y, con ellos, sus diferentes maneras de sentirse. La crónica también describe cómo los vecinos buscan el fresco del Paseo de la Zanja y retrasan buena parte de su vida social hasta la noche.

La antigua sabiduría meteorológica encuentra aquí una continuidad inesperada. Han cambiado las herramientas, las viviendas y los sistemas de climatización, pero persiste la necesidad de adaptar la vida al clima. Y algunas palabras todavía sirven para explicarlo.

Tembleque: una geografía que se aprendía escuchando

Conviene recordar el paisaje al que pertenecían estos nombres. Tembleque forma parte de una Mancha abierta, de horizontes amplios, en la que la agricultura de secano condicionó durante mucho tiempo el trabajo y las expectativas económicas de sus habitantes. La publicación de 1969 describía los cultivos de cereal, la importancia de la vid, los olivares y la dependencia de las lluvias. Ese paisaje tenía su propio calendario.

El invierno no era solamente una estación fría. El verano no consistía únicamente en soportar las altas temperaturas. Cada época representaba un conjunto de trabajos, riesgos y esperanzas. El campesino debía observar los cielos, esperar las precipitaciones y temer las heladas tardías. De ahí la existencia de numerosos refranes agrícolas en los que los meses aparecen asociados a promesas o amenazas para la cosecha. En ese mundo, reconocer los vientos formaba parte de una relación práctica con la naturaleza. Pero también de una relación emocional.

El solano y el descuerna cabras tenían algo que las expresiones científicas modernas no pretenden ofrecer: convertían un fenómeno atmosférico en una experiencia compartida.

Decir norte era señalar una dirección.

Decir descuerna cabras era transmitir, además, una sensación de fuerza y frío.

Decir este era identificar otro punto cardinal.

Decir solano podía evocar las mañanas calurosas, los campos abiertos y la particular dureza del verano.

Las palabras no eran exactamente equivalentes, porque cada una llevaba consigo una determinada experiencia cultural.

Los molinos y la memoria de un pueblo que vivía pendiente del aire

Existe, además, una circunstancia que convierte esta historia en especialmente sugerente para Tembleque: sus molinos de viento. Hoy forman parte de la imagen patrimonial del municipio y de su vinculación con el paisaje cervantino. Pero un molino no era originalmente un monumento destinado a ser contemplado. Era una máquina que aprovechaba la energía del viento para transformar el grano en harina. Su funcionamiento requería conocer la dirección y la fuerza del aire, orientar la maquinaria y decidir cuándo convenía trabajar.

Los molinos representan, por tanto, otra dimensión del conocimiento meteorológico tradicional: el viento como recurso productivo.

No es necesario atribuir a los antiguos molineros de Tembleque expresiones concretas que no tenemos documentadas para advertir la relación cultural. Basta observar cómo el mismo fenómeno natural podía inspirar nombres pintorescos, refranes, decisiones agrícolas y soluciones técnicas. El viento era parte de la economía, pero también de la lengua. Y cuando desaparece el mundo laboral que sostuvo determinadas palabras, estas corren el riesgo de convertirse en simples curiosidades.

¿Estamos perdiendo las palabras de nuestros abuelos?

Aquí comienza quizá la parte más importante de esta pequeña investigación. Los nombres tradicionales de los vientos no son exclusivos de Tembleque. Algunos aparecen documentados en otras regiones de España. Sería históricamente incorrecto adjudicar al municipio su invención sin pruebas. Lo que sí podemos afirmar es que su presencia está documentada en una publicación dedicada expresamente a la localidad y que la tradición oral continúa proporcionando testimonios valiosos. A partir de aquí se abre una posibilidad de investigación que merece ser considerada.

¿Cuántos vecinos recuerdan todavía el descuerna cabras?

¿Se pronunciaba siempre de esa manera o existían variantes?

¿Llamaban solano al mismo viento quienes trabajaban en el campo y quienes vivían dentro del pueblo?

¿Se conocían otros nombres, como gallego, cierzo o toledano?

¿Había expresiones relacionadas con las tormentas, la sequía o las primeras heladas?

Responder a estas preguntas exigiría recoger testimonios, escuchar a los vecinos mayores, anotar las variantes y contrastarlas con documentación histórica. Sería una investigación aparentemente modesta, pero de gran interés para el patrimonio inmaterial. Porque las palabras tradicionales no viven únicamente en los diccionarios. Viven en las conversaciones que todavía las conservan. Y el momento de recogerlas es ahora, cuando aún podemos preguntar por ellas.

El viento seguirá soplando, aunque olvidemos su nombre

Tal vez llegue un tiempo en que un niño de Tembleque escuche por primera vez la expresión descuerna cabras y pregunte qué significa. Quizá alguien tenga que explicarle entonces que así llamaban antiguamente a un viento del norte. Que solano era una palabra corriente para nombrar ciertos aires. Que los refranes servían para recordar experiencias, prevenir peligros o comentar los caprichos del tiempo. Y que los habitantes de Castilla habían aprendido durante siglos a nombrar su paisaje con una precisión que no siempre dependía de los libros. Este pequeño recorrido documental nos permite unir varias épocas: el tratado de Rodrigo Caro en el siglo XVII, el diccionario académico de 1732, el refranero de 1928, la descripción de Tembleque publicada en 1969 y el testimonio recogido en 2023.

Son piezas separadas por siglos que revelan una continuidad cultural verdaderamente hermosa. La historia de un pueblo no se encuentra solamente en sus edificios, sus archivos o sus grandes acontecimientos. También permanece escondida en las palabras aparentemente insignificantes. En Tembleque, entre las piedras de sus molinos y la amplitud de sus campos, todavía podemos recuperar una pequeña parte de ese patrimonio.

Porque el viento seguirá soplando cuando hayan desaparecido quienes lo llamaban descuerna cabras o solano. Pero si dejamos morir esas palabras, habremos perdido una manera irrepetible de escuchar y comprender nuestra tierra.

Bibliografía y fuentes documentales


1. Diputación Provincial de Toledo (1969). «Pueblos toledanos: Tembleque», con el apartado «Tembleque, un pueblo con historia». Provincia. Revista de la Excma. Diputación Provincial de Toledo, año XIV, n.º 65, primer trimestre, pp. 49-68. Especialmente p. 56, donde aparecen «Descuerna cabras» y «Solano».

Documento digitalizado por la Diputación Provincial de Toledo:

https://www.diputoledo.es/archivos/archivo/revistas/1969_65.pdf

2. Caro, Rodrigo (1851). De los nombres y sitios de los vientos. En Memorial Histórico Español, tomo I, Madrid, Real Academia de la Historia, pp. 459-468. Tratado escrito en el siglo XVII, donde se registra descuerna-cabras entre las denominaciones populares de los vientos septentrionales.

Texto digitalizado:

https://www.divulgameteo.es/uploads/Nombres-sitios-vientos.pdf

3. Real Academia Española (1732). Diccionario de la lengua castellana, conocido como Diccionario de autoridades, tomo III, Madrid, Imprenta de la Real Academia Española. Véase la entrada «Descuerna cabras», donde se identifica como nombre del viento norte o cierzo empleado por los pastores.

Edición histórica digitalizada:

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Diccionario_de_autoridades._Tomo_III.pdf

4. Cejador y Frauca, Julio (1928). Refranero castellano, tomo I. Madrid, Librería y Casa Editorial Hernando. Véanse las pp. 23-24, correspondientes a las voces «Aire» y «Airecito», donde aparecen refranes sobre el descuerna cabras y el solano, así como fórmulas localizadas en Toledo.

Edición digitalizada de la Biblioteca Nacional de España:

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/eb/Refranero_castellano_-_bdh0000061980_-_Volumen_1.pdf

5. Arenales de la Cruz, Reyes (2009). «Vientos, rumbos y direcciones en el horizonte. El nacimiento de una terminología científica en el Renacimiento». Cuadernos del Instituto Historia de la Lengua, n.º 3, pp. 165-200.

Estudio filológico sobre la evolución de los nombres de los vientos, con referencias a Pedro de Medina y a la documentación del término solano.

https://cuadernos.cilengua.es/index.php/cilengua/article/download/191/189/570

6. Chiappe, Doménico (2023). «Tembleque: el pueblo de Toledo en el que se ‘vive’ de noche». Crónica periodística publicada el 8 de agosto de 2023, difundida por El Correo y otros periódicos del grupo Vocento. Reproducida por Todo Tembleque el 9 de agosto de 2023. Contiene el testimonio de Manuel Rodelgo sobre el solano y el toledano.

https://todotembleque.blogspot.com/2023/08/cronica-de-un-dia-de-verano-en-nuestro.html

7. Vergara Martín, Gabriel María (1923). Diccionario geográfico popular de cantares, refranes, adagios, proverbios, locuciones, frases proverbiales y modismos españoles. Madrid, Librería de los Sucesores de Hernando. Obra complementaria para estudiar la distribución geográfica de dichos relacionados con los vientos y otros fenómenos naturales.

Ficha bibliográfica:

https://www.bvfe.es/es/directorio-bibliografico-diccionarios-vocabularios-glosarios-tratados-y-obras-lexicografia/25442-diccionario-geografico-popular-de-cantares-refranes-adagios-proverbios-locuciones-frases-proverbiales-y-modismos-espanoles.html

  • Isidora Revista

    Isidora. Revista de Estudios Galdosianos es una publicación cultural y académica fundada en 2005 y especializada en Benito Pérez Galdós, literatura española, crítica textual, traducción, estudios culturales e historia intelectual. Con ISSN 1699-5996, la revista desarrolla además proyectos dedicados a la cultura canaria, el Observatorio Galdós-Negrín y la difusión internacional de las humanidades.

    Related Posts

    En el 150 aniversario de la Asociación General del Arte de Imprimir

    Eduardo Montagut En el 150 aniversario de la creación de la Asociación General del Arte de Imprimir recordamos este hecho, de la mano de Juan José Morato que, en noviembre de 1932 publicó, en partes, en El Socialista la historia…

    “The New Leader” y la proclamación de la República Española Eduardo Montagut Glosamos en este artículo el editorial del órgano del socialismo norteamericano The New Leader, dentro de un objetivo que nos hemos marcado de estudiar cómo se interpretó en…

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    TODO CANARIAS

    Canarias no habla en borrador

    Canarias no habla en borrador

    Isabel Zendal: la mujer que llevó la vacuna al otro lado del océano

    Isabel Zendal: la mujer que llevó la vacuna al otro lado del océano

    «Partí a Chile en el Winnipeg»: Nicolás Mingorance y Domingo Calero, dos canarios en el barco de Neruda

    «Partí a Chile en el Winnipeg»: Nicolás Mingorance y Domingo Calero, dos canarios en el barco de Neruda

    Ocho peñas bajo la sombra del Sol

    Ocho peñas bajo la sombra del Sol

    La Guerra Civil en Canarias: una retaguardia marcada por la violencia y el silencio

    La Guerra Civil en Canarias: una retaguardia marcada por la violencia y el silencio

    Juan Negrín: el canario europeo al que la historia tardó en hacer justicia

    Juan Negrín: el canario europeo al que la historia tardó en hacer justicia

    La nevera llena, la isla vacía: el alquiler vacacional y el turismo que devora Canarias

    La nevera llena, la isla vacía: el alquiler vacacional y el turismo que devora Canarias

    ‘Godo serás’ las casas cerradas de la patria que cierra la puerta

    ‘Godo serás’ las casas cerradas de la patria que cierra la puerta

    José Fraguas: el violín ante la memoria sonora de Canarias

    José Fraguas: el violín ante la memoria sonora de Canarias

    El Atlas que escuchó hablar a Canarias

    El Atlas que escuchó hablar a Canarias

    Mercedes Pinto: una mujer que convirtió la partida en palabra

    Mercedes Pinto: una mujer que convirtió la partida en palabra

    El Día de Canarias: celebrar lo que somos

    El Día de Canarias: celebrar lo que somos

    Canarias contra la postal: Agustín Espinosa y la invención poética de Lanzarote

    Canarias contra la postal: Agustín Espinosa y la invención poética de Lanzarote

    1937: Juan Negrín, el canario que cargó con la República

    1937: Juan Negrín, el canario que cargó con la República

    Alonso Quesada: modernidad, ironía y desasosiego en la literatura canaria

    Alonso Quesada: modernidad, ironía y desasosiego en la literatura canaria

    La calima en las islas: el día en que el aire se vuelve enemigo

    La calima en las islas: el día en que el aire se vuelve enemigo

    La mujer en Canarias: historia, territorio y desigualdades persistentes

    La mujer en Canarias: historia, territorio y desigualdades persistentes

    El Río en Arico: el pueblo que vive entre pinos secos, barrancos con memoria y arqueología industrial

    El Río en Arico: el pueblo que vive entre pinos secos, barrancos con memoria y arqueología industrial

    Carnaval bajo los focos: la resaca crítica tras la Gala de la Reina

    Carnaval bajo los focos: la resaca crítica tras la Gala de la Reina

    Filoxera en Canarias: historia, situación actual y estrategias de futuro

    Filoxera en Canarias: historia, situación actual y estrategias de futuro

    Canarias ante el cambio climático: biodiversidad, economía y patrimonio en riesgo

    Canarias ante el cambio climático: biodiversidad, economía y patrimonio en riesgo

    El habla canaria en la literatura

    El habla canaria en la literatura

    ‘El Ferna’ o el oficio de encender una plaza

    ‘El Ferna’ o el oficio de encender una plaza