
Por Dr. MANUEL HERRERA HERNÁNDEZ, Miembro de Número de la Real Academia de Medicina de Santa Cruz de Tenerife, Asociación Internacional de Hispanistas[1]
La vida de cada hombre es una novela repleta de sentimientos encontrados. Todo novelista parte al escribir, de modo consciente o inconsciente, de su propia vida y de su intimidad. En Benito Pérez Galdós la vida íntima queda oculta por sucesos imaginarios unos y veraces otros que nos impiden descubrirla. Por esto sospechamos en muchas obras de Galdós su presencia oculta en el anonimato de un personaje y otras veces queriendo confundir con datos nebulosos. ¿Tuvo Galdós muchos amores? La vida sentimental de Galdós no ha sido puesta en claro, está llena de luces y sombras, por el maquiavelismo del que hizo gala incluso en sus Memorias de un desmemoriado. El doctor Marañón, que en su infancia conoció a Galdós y que ya médico le trató hasta su muerte, fue el amigo y confidente que medió en alguno de sus conflictos de faldas y afirma « Y no puedo dejar de pensar ahora en Galdós, igualmente soltero, por probable influencia de la emoción materna, hombre superviril y mujeriego, aunque tímido con las mujeres».[2] Se ha intentado buscar la causa de que Galdós fuera un mujeriego y a la vez tímido. Es posible que en la psicología de Galdós influyeran la edad madura de sus padres cuando nació; que era el menor de los diez hijos y que fue muy mimado por las numerosas mujeres de la casa: su madre, las tías, las seis hermanas (la mayor, Soledad, tenía 19 años cuando el nació) y las sirvientas; la prolongación de la lactancia materna durante más de tres años, como confirmó en 1919 otra hermana, Doña Tomasa de 90 años, a Luís y Agustín Millares Cubas, y una madre intransigente que establecía en el hogar su voluntad en ley. Cuando Benito tenía diecinueve años escapó de ese dominio y bien podría servir esto de explicación de la vida que llevó en Madrid. A ese ambiente familiar se unía el hecho de que Benito era un niño enfermizo. “Me crié malucho siempre, padecía unos catarros que me ponían a la muerte […]. Benito padecía de asma bronquial. El niño asmático tiene una psicología especial. Es la llamada personalidad asmática infantil a la que se añade la ansiedad, tanto del niño como de la familia, la sobreprotección, la falta de confianza en sí mismos, la timidez y, a la larga, mal rendimiento escolar. Todas estas circunstancias confluyeron en unos cuidados para que no enfermara Benitín, como llamaban al niño, que facilitó la eclosión de una personalidad pasivo-dependiente. En el proceso de formación del carácter de Galdós actuaría, además de la vida irregular que llevó como estudiante en Madrid, su experiencia viviendo en pensiones de mala muerte, su dedicación como joven escritor en contacto con los barrios bajos de Madrid y su busca frecuente, al parecer, de amores mercenarios. Por otra parte, a Galdós se acercaban muchas mujeres atraídas por su aspecto físico. Era un joven alto, delgado, de color moreno algo pálido y de expresión tímida e interrogante. Mas tarde, cuando Galdós ya era un escritor influyente, en los ambientes teatrales se le acercaban muchas aspirantes a actriz porque les resultaba un hombre interesante y, en otras ocasiones, para solicitar un papel en una comedia. En una conversación, con W. T. Pattison en 1951, también reiteró el doctor Marañón que Galdós le reveló que las mujeres generalmente le buscaban a él, en lugar de el buscarlas.
Una hipótesis conocida de Freud atribuye al seductor crónico la búsqueda desesperada del personaje materno y el intento de recuperar a la madre en cada mujer. Por otro lado, Berkowitz insinúa que Galdós fue un don Juan. El verdadero “Don Juan no es el hombre que hace el amor a las mujeres, sino el hombre a quien las mujeres hacen el amor”.[3]Pero Galdós no es un don Juan. Fue un mujeriego y también un hombre interesante, es decir, un hombre de quien las mujeres se enamoraban. Galdós fue un hombre normal al que le gustaban demasiado las mujeres, pero también es cierto que, además de su atractivo físico, de su dulzura y afabilidad, su fama despertaba atracción en las mujeres.
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[1] Este trabajo es un extracto del libro Amores y amoríos en la vida de Galdós. Ni la totalidad ni parte puede reproducirse por ningún procedimiento electrónico, mecánico, magnético o fotocopia sin permiso escrito del autor.
[2] Marañón, G. Amiel. Un estudio sobre la timidez. Santiago de Chile, Prometeo. Santiago de Chile, 1933.
[3] Ortega y Gasset, J. Estudios sobre el amor. Madrid, Revista de Occidente,Madrid, 1957.















