
The urban space of “La Desheredada”, by Benito Pérez Galdós
Marina Soler Sánchez, Facultad de Ciencias de la Información
Resumen: Benito Pérez Galdós llevó a cabo una reconstrucción minuciosa de los espacios urbanos establecidos en su novela La Desheredada, situada en el Madrid del siglo XIX, en concreto en la etapa histórica de la Gloriosa a la Restauración. Galdós introdujo un personaje principal, Isidora, de quien haremos símil entre los espacios recorridos y sus propios sentimientos, configurando así una personalidad enajenada y negativa.
Palabras clave: espacio, ciudad, palacio, casa.
Abstract: Benito Pérez Galdós carried out a meticulous reconstruction of the urban spaces stablished in his novel “La Desheredada”, located in XIX century`s Madrid, concreted in the historical period from La Gloriosa to La Restauración. Galdós introduce a main character, Isidora, of whom we Will make a simile between the spaces traveled and her own emotions, to configurate an greedy and negative personality.
Keywords: space, city, palace, house.
María Zambrano, en La España de Galdós, se pregunta (1989:175): “¿Será Galdós acaso el poeta de Madrid? Ese poeta que toda ciudad necesita para existir, para vivir, para verse también”. Más adelante se vuelve a interrogar (1989:177): “¿Es Madrid una creación de Galdós, y su camarín secreto Tristana?”. En esa dimensión está la construcción novelística de Galdós, la cual ha generado numerosos estudios y, afirmando dicha condición poética, ha establecido una nueva categoría literaria, la del espacio urbano; algo similar a lo que hizo Balzac con París, Dickens con Londres, Eça de Queiroz con Lisboa y Coímbra… Más recientemente Tom Wolfe con Nueva York en La hoguera de las vanidades. Como afirmó Claudio Guillén (1985:253), son: “Espacios y escenarios característicos […] para la novela, la gran ciudad moderna —París, Madrid…— catalizadora de grandes creaciones narrativas…”. Por otro lado, la ciudad en La Desheredada, así como ocurre en otras novelas galdosianas —Fortunata y Jacinta, Misericordia…—, tiene una fuerza narrativa determinante, como ya señaló el profesor Antonio Arroyo Almaraz (2003). Más allá de ser un mero escenario adquiere un valor quizá actancial; así lo señaló Ricardo Gullón (1980:28): “De escenario pasa a viviente, como lo fueron el siglo pasado (…) el Madrid de Galdós”. Es decir, se configura como un universo para una acción, y eso quiero analizar en esta obra que representó el inicio del naturalismo en la narrativa española, como es sabido, a la que le seguirán otras creaciones y escritores: Emilia Pardo Bazán, Clarín…
Centrándonos en la novela, observamos que en ella se lleva a cabo una reconstrucción minuciosa de un espacio físico real, tan fiel a la realidad que parece una crónica matritense. Este espacio es Madrid, el Madrid concreto de los años que van de la Gloriosa a la Restauración. Las referencias espaciales son continuas y minuciosas. La ciudad, desde una dimensión plana, aparece estructurada sobre un eje fundamental norte-sur: el sur como espacio característico de las clases bajas, y el norte, unido a los ensanches por el este —Salamanca— y el oeste —Argüelles—, representativo de las clases más acomodadas.
¿Cómo percibimos el espacio urbano? Como había señalado Antonio Arroyo Almaraz (1999), esta noción es puramente perceptiva y conceptualizada a partir de un universo del discurso que comparten el autor y el lector; de acuerdo con esto, la percepción de la ciudad nos la dan los itinerarios de los personajes por las calles, los nombres de dichas calles y la conceptualización que a partir del campo semántico hacemos situándonos en Madrid.
Además de abarcar la significación del espacio urbano en la novela, destacaremos el capítulo 17, de la primera parte de la novela —“Igualdad. Suicidio de Isidora”—, por su significación y porque es representativo de lo que hasta aquí hemos expuesto, por lo que nos damos cuenta de la importancia de lo que venimos afirmando. Se trata de un capítulo en el que la acción transcurre mientras Isidora y don José de Relimpio recorren las calles de la capital, las cuales dividiremos en dos grupos: los espacios públicos o de encuentro y los espacios privados, más propios de las acciones dramáticas; que coinciden con las categorías de espacios abiertos (públicos) y cerrados (privados).
Por otro lado, observamos que la protagonista es el único personaje que no tiene un espacio de identidad; es un personaje itinerante con la consabida carga simbólica que implica. Esta condición también se observa en otros personajes del orbe galdosiano, como Fortunata, por poner un ejemplo, que se va ubicando en distintos escenarios urbanos al igual que Isidora, adquiriendo distintas identidades. En cambio, el resto parece estar arraigado a una ubicación y, por tanto, una identidad en la estructura social de la ciudad, que hemos esquematizado anteriormente.
Esquema de los escenarios más significativos en la novela

A través de este esquema[34] situamos los escenarios más significativos en La Desheredada. A la hora de analizarlos por separado, nos centramos en un primer momento, como ya hemos dicho, en la estructuración de espacios públicos (abiertos) y espacios privados (cerrados), incidiendo también en la distinción entre aquellos que se sitúan en la parte norte o sur, este u oeste. Por otra parte, observaremos la carga simbólica de estos mismos.
Este capítulo, como ya hemos señalado, es uno de los más relevantes en la obra, pues, como sabemos, ocurre el suicidio moral de la protagonista; en el que, tras la negativa de la marquesa de Aransis a reconocerla como familia suya, Isidora hace un recorrido por el centro de Madrid, junto a Don José de Relimpio, caminando totalmente confundida, pensativa y perturbada.
El conjunto completo de las localizaciones a analizar es de quince, de las cuales, diez son lugares públicos (abiertos), y cinco privados (cerrados) que favorecen, como hemos dicho, la acción dramática.
Respecto a los espacios públicos, encontramos en primer lugar el Parque de las Vistillas; donde Galdós sitúa el inicio del capítulo. Desde aquí, Isidora y Relimpio contemplan la puesta de sol; la protagonista asocia esa transformación de la naturaleza con el “ocaso” que ella siente ante la falta de reconocimiento de la marquesa, que no puede aceptar ya que está plenamente convencida de esa atribución, despreciando, por otro lado, todo lo que ve, aunque José de Relimpio aprecia la belleza de las vistas, ya que es ajeno al sentimiento de frustración de Isidora. Hablamos de un espacio público; un lugar de encuentro que sirve, aún a día de hoy, de punto turístico y reflexivo para aquellos que quieran disfrutar de él pero que, en su momento, Isidora utilizó para reunir su frustración y parangonar con aquello que sentía, externalizando su pesar a través de una maravilla natural.
La caminata que retoman los lleva por la calle de Segovia; aquí apreciamos que es Isidora ensimismada en su frustración quien camina por delante de Relimpio (2007:301): “ella delante, detrás él”. Desde aquí contemplan la construcción en aquellos momentos del viaducto, un bosque de andamios sosteniendo enorme enrejado de hierro, de los que Relimpio comenta con una visión de futuro (2007:302): “cuando este puente se acabe, no servirá sino para que se arrojen de él los desesperados”. En palabras de don José, Galdós introduce la visión política del momento y desde el lugar donde se encuentran los personajes, tan próximo por otro lado al Palacio de Oriente (2007:303-304)[35]:
El Rey se va, renuncia a la corona, y a mí no hay quien me quite de la cabeza que es la persona más decente (…). ¡Pobre señor! —exclamó Relimpio ofreciendo a la dinastía extranjera el homenaje de un suspiro—. Le tienen mareado…, aburrido. Yo me pongo en su caso.
Volvemos a hablar de un espacio público; es importante prestar atención a este tipo de descripciones que dejan ver un Madrid con el que actualmente no contamos. En el momento en que Galdós publicó la novela, la única manera que tenía para crear imágenes mentales de los escenarios en los lectores era la detallada presentación de estos.
En la novela gráfica Galdós, un escritor en Madrid, de Carmen Fernández Etreros (2020), la autora destaca cómo Galdós debía hacer saber a sus lectores, ávidos de conocer sus lecturas y habitantes de todos los puntos de España, cómo eran los lugares que esta pareja de personajes visitaba; es por ello que realiza extensas descripciones, como la vista del viaducto de Segovia.
Seguimos el itinerario de lugares públicos en este recorrido de los dos personajes, ahora por la calle Mayor en dirección a la Plaza de Oriente, donde vive el Rey. Don José de Relimpio observa que el Palacio está vacío, no hay luces, en referencia a la ausencia del monarca. Hay una visión del Palacio Real, por parte de Relimpio, la cual se puede asemejar a la vida que Isidora busca obtener.
A Isidora le mortificaba tener que volver a la casa de doña Laura; ansía su espacio aristocrático y su nueva identidad imaginada. La Plaza de Oriente es un lugar de encuentro, al que Isidora acude para descansar. Vemos en la narración que, con la llegada de Isidora al centro de Madrid, su miedo va desapareciendo, tal como añade Galdós en su novela. Cuanto más cerca está del lujo que desea, más tranquilidad siente, y por tanto, más cordura vemos en su ser. Es así, pues más cercanía cree tener con sus supuestos verdaderos orígenes; y aunque acaba de ser rechazada por la marquesa de Aransis como su nieta, aún cree tener posibilidades de acercarse a ese linaje y demostrar su pertenencia al mismo. Este ejemplo lo vamos a ver repetido en varias ocasiones, por ejemplo, cuando va a visitar a su tía, Encarnación Guillén, a la calle Moratines, en el barrio de las Peñuelas, el sur; podemos leer que repudia mucho de lo observado allí, al no ir ligado a su visión de mujer adinerada.
Llegan a la Puerta del Sol; desde la mirada de los personajes de la novela, podemos observar que no era tal y como la conocemos ahora; transitada abruptamente por peatones; una plaza de encuentro rodeada de comercios, donde, a veces, es imposible situarlo como un espacio de descanso. Todo lo contrario, en ella convivían carros y tranvías; por donde “la sangre social” entra y sale. Madrid a las ocho y media de la noche, es un encanto. Los teatros llaman con su rótulo de gas…, los cafés fascinan con su murmullo y su tibia atmósfera por donde nadan la dulce pereza y la chismografía (2007:304). Esa precisión temporal es significativa en la narración; no es el único momento en el que se precisa la referencia temporal, ya habíamos visto, al comienzo del capítulo, la fecha en la que se narra —se acerca carnaval— y que es la puesta de sol; en este otro ejemplo, Galdós especifica de manera literal a qué hora Isidora y Relimpio llegan a tal lugar de Madrid.
Un hecho del que hemos hablado en dos ocasiones anteriores es la llegada de la festividad de carnaval, apreciamos este dato cuando nuestros dos personajes se adentran en la calle de la Montera, donde se mencionan varios espacios, como la Platería Romano Marabini y Emiliano; en la novela, Galdós no especifica su ubicación, pero sabemos que, en ese momento, estaba situada en la calle de Espoz y Mina, concretamente en el número uno. En este espacio, Isidora vuelve a sentir la tranquilidad de su destino, vuelve a impregnarse del lujo de las joyas y la plata, aquello que tanto ansía y que, aún sin recursos, intenta obtener por sus propios medios. Hay que destacar también las descripciones de la atmósfera que hay en estos espacios; por ejemplo, al entrar en la calle de la Montera (2007:305):
La animación era, como siempre, excesiva […] El ruido era infernal. Subían los carros de la carne con las movibles cortinas de cuero chorreando sangre, y su enorme pesadez estremecía el suelo. Los carreteros apaleaban a las mulas. Bajaban coches de lujo […] La tienda del viejo Schropp detenía a los transeúntes. Como se acercaba el Carnaval, todo era cosa de máscaras, disfraces, caretas […] Enfrente el escaparate de Marabini”.
Volvemos a la visión política del momento, y se aprecia desde el instante en el que Isidora le dice a don José (2007:305):
Quiero ir hacia el Congreso […] Había muchos grupos, todos pacíficos […] Se oía decir aquí y allí: ‘La república, la república’, pero sin gritos ni amenazas. Se hablaba con frialdad de aquella cosa grande y temida […]
La república entraba para cubrir la vacante del Trono[36], como por disposición testamentaria.
Un poco más adelante (2007:306): “¡Cuánta gente en la Carrera! Es abierta lonja de noticias. El Congreso donde se forja el rayo; el Casino donde imperan los desocupados, y el café de la Iberia, que es el Parnasillo de los políticos”.
La solución a ese clima (2007:306): “¡Pleito! Esta palabra, anunciadora de una gran idea, se le quedó fija en la mente desde entonces” […] En la calle de Floridablanca el gentío era más espeso […] Se hablaba de la llovida república”. Y más adelante leemos (2007:307):
Avanzó hacia la calle del Sordo”, por la calle del Turco: “Aquí mataron a don Juan Prim. Todavía están en la pared las señales de las balas […] Junto al jardín de Casa-Riera, la calle de la Presidencia y el del gabán claro [Joaquín Pez, el marqués viudo de Saldeoro] bajó por la calle de Alcalá […] Isidora echó a correr, llegose a él, se le colgó del brazo… Después siguieron juntos y se perdieron en la niebla.
Finaliza así el recorrido que Isidora y José de Relimpio siguieron a lo largo del capítulo. A continuación, haremos un recorrido por aquellos lugares que ha habitado Isidora a lo largo de la novela.
Como hemos dicho al inicio, Isidora es el único personaje trascendental que no tiene un espacio identitario, sino que va a habitar distintas viviendas a lo largo de la novela. Al inicio de esta, en su llegada a Madrid, se hospeda en la casa de su padrino, don José de Relimpio y su esposa doña Laura; se trata de una vivienda situada en la calle Hernán Cortés, número 23, al lado de la calle Hortaleza, en pleno centro de la capital.
Más adelante pondremos especial atención a este tipo de espacios, para hacer una distinción entre los considerados como reales y los espacios ficticios de la novela, en relación con Isidora Rufete.
Las casas habitadas por Isidora
Para profundizar en este tema, debemos conocer cuál es la naturaleza de nuestra protagonista; formada por numerosas voces interiores que la llevan a experimentar situaciones imaginarias que aún no han ocurrido. Como sabemos, Isidora Rufete es hija de Tomás Rufete, quien fallece al inicio de la novela en el manicomio de Leganés. Se trata de un personaje cuya característica principal es la locura, desde la conceptualización del término en el sigo XIX; hoy en día muy revisado. No menos importante es la figura de su tío, Santiago Quijano-Quijada. Este hombre, apodado “El Canónigo”, es quien ha criado a nuestra protagonista, una vez que su madre, Francisca, falleció; y su padre fue internado en el citado manicomio. La historia de esto es más compleja, tendríamos que hablar también de la hermana de Francisca, Encarnación Guillén, apodada “La Sanguijuela”, quien crió a Mariano Rufete, apodado por ella misma “Pecado”, quien es a su vez el hermano de la protagonista. No menos importante es la distinción entre los espacios de su hermano y ella. Isidora ha forjado su identidad en el pueblo manchego de Tomelloso, es decir, un espacio limitado de ideas y pensamientos, con claras referencias cervantinas, como otras que van apareciendo a lo largo de la novela.
En definitiva, y para volver a encauzar el tema que abordamos, Isidora tiene unos antecedentes que apuntan su alienación que vemos a lo largo de la obra. Comenzando por su padre, y siguiendo con su tío, del que Galdós escogió el nombre haciendo referencia a Alonso Quijano[37].
Sabiendo que esta familia lleva la enajenación por apellido, no debería ser una sorpresa encontrar acciones como las relatadas en el capítulo 13, titulado “¡Cursilona!” (2007:270):
Atónita y embobada estaba la de Rufete, paseando su alma, con las miradas, por el interior de la hermosa cajita, y si bien la cantidad no era fabulosa ni mucho menos, por ser todos los billetes pequeños, la pobre joven, que tanto se dejaba llevar de la exageración, creía ver pasar por entre los dedos de Joaquinito Pez toda la corriente del dorado Pactolo.
Este símil con el río turco nos deja ver el trastorno de Isidora que, ansiosa por el dinero, que ella considera un bien necesario para respirar, creyó ser poseedora de los más valiosos billetes, bienes y lujos.
La razón de esto no es más que enseñar y demostrar la necesidad de hacer una distinción entre espacios reales, que todos los personajes de la novela saben que existen y a quien pertenecen, y espacios figurados que Isidora puede creer como reales, aun siendo invento de su imaginación, no tanto el espacio físico, sino la creencia de su pertenencia. Como espacio real, en la primera parte de la novela, tenemos la significación de la casa de don José de Relimpio y doña Laura, dividida en estancias, siendo las dos más importantes la habitación arrendada por Isidora y el salón, que, en ocasiones, actúa de comedor y en otras de lugar de trabajo para la costura, según María del Carmen Ramírez (2018:43)[38].
La habitación que Isidora ocupaba se convierte, durante la novela, en escenario significativo, desde sus insomnios, donde acude a la ventana para observar las calles hasta momentos con mayor relevancia en la concordancia del relato, como la cena de navidad. Aquel 24 de diciembre, en el que su hermano recibió la libertad carcelaria, tras haber matado a Zarapicos en una reyerta callejera, doña Laura sentenció que ese hombre no iba a sentarse en su mesa, ni “aunque bajase Cristo a mandarlo” (2007:278). Se convirtió así la habitación de Isidora en salón para aquella noche de navidad y el reencuentro de los dos hermanos. Por el lado del comedor, son muchos los actos que ocurren en él, por ejemplo, la enseñanza de don José de Relimpio a Isidora a usar una máquina de coser para introducirla en la costura. Por tanto, vemos la importancia y jerarquía que Galdós otorga a cada espacio de la casa.
Isidora, tras su segunda visita al Palacio de Aransis, donde la marquesa niega rotundamente que ella sea su nieta, decide pasar su vida con Joaquín Pez. Ha vivido dos años con su padrino, pero el 1 de marzo de 1873 se marcha con su amante a una casa de la calle Hortaleza, cuyo número no se precisa, pero sí sabemos que está más allá del número 100. En este caso, esta vivienda es la que más se describe. Aquí concibe a su único hijo, Riquín, cuyo padre es el desentendido Joaquín Pez. En cuanto a las características de ese hogar, el narrador lo describe con las siguientes palabras (2007:318):
Su casa era nueva, bonita y alegre, nada grande. Constaba, como todas las casas de Madrid que, aunque nuevas, están fabricadas a la antigua usanza, de la sala mayor de lo regular, gabinetes pequeños con chimenea, pasillo ni claro ni recto, comedor interior dando a un patio tubular, cuartos interiores de diferentes formas y escasas luces.
Esta casa en la que ahora habita no es más que otro reflejo de Isidora y su voluntad. Tras leer la introducción descriptiva podemos observar la contrariedad de la que hemos hablado, donde nos deja saber que hay poca luz en las habitaciones, además de muebles inservibles y mal conservados que a ella no le parecen bonitos, y láminas de tales características, relacionadas con elementos bíblicos.
Es así como Galdós establece la correlación entre personaje y el espacio que le caracteriza, al menos en ese momento del relato; nos deja ver la comparación entre la protagonista y su nueva vivienda, una contradicción, pero sobre todo, una mezcla de lujo ostentoso y objetos inservibles y mal conservados. Isidora es expulsada, finalmente, de la casa donde vivía con Joaquín Pez, y cuando se vio sin dinero para alimentar a su hijo acudió a su amigo Miquis, quien, siendo ya un médico de prestigio, le aconsejó irse a vivir con doña Emilia y su marido. La siguiente vivienda que ocupará la protagonista, arrendada tras su separación con Gaitica, tal y como se describe en el capítulo 17 de la segunda parte de la novela, titulado “Disolución”, fue en la calle Pelayo, donde alquiló una habitación (2007:485): “tomó un cuartito en la calle Pelayo, número noventa y tres, piso cuarto, puerta número seis, y allí ha estado un mes retirada del mundo, sin tratarse con nadie más que conmigo…, pero honradamente, señor don Augusto, honradamente”. En esta vivienda pasó los últimos momentos, junto a Relimpio y Riquín.
Don José intentó hacerla cambiar de opinión, cuando esta tuvo la idea de abandonarlo todo, y a partir de ese momento, aunque la hubieran ignorado todos, Relimpio se convirtió en la persona que la acompañó hasta el final. Viviendo entre miseria, como reflejo de la degeneración de Isidora. Y es en este escenario donde ocurre lo que es uno de los acontecimientos más tristes de la novela, la muerte de don José de Relimpio. En la casa se encontraban su hija Emilia, el doctor Miquis y el pequeño Riquín. Su muerte ocurrió en la sala de estar, recostado en el sofá. No es casualidad esta ubicación, ya que, desde el inicio de la novela, hemos visto la significación de esta estancia de la casa. Así y de esta manera finaliza, no solo la novela, sino la muerte, real y simbólica, de Isidora y de Relimpio[39].
Llegados a este punto, pretendo continuar analizando otro de los espacios relevantes en la obra, el Palacio de Aransis.
Las dos caras del palacio de Aransis
El espacio figurativo de la primera parte de la novela es evidente, el Palacio de Aransis. Brevemente recordemos que Isidora cree ser hija de Virginia de Aransis, hija de su madre la marquesa. Virginia murió, y de demostrar la verdad de sus descendientes se encarga la propia marquesa, viuda desde 1854 y asentada en París.
Isidora está totalmente convencida de que su verdadera madre no era Francisca, sino Virginia, y a las pruebas se remite, pues en un retrato de ella en el Palacio ve un gran parecido con su persona, algo que también verifica don José en la primera visita que hacen, acompañando a Isidora y a Augusto Miquis, quien tiene cierta amistad con Alonso, el conserje del Palacio, pues son parientes, y es también procedente del Toboso, otro guiño cervantino. Esto ocurre en el décimo capítulo de la primera parte de la novela, “Sigue Beethoven” (2007:248):
En cuanto a Isidora, en la visita se mostraba con cierta ansiedad, pero admirada de lujo y poder; mirándolo todo con cierta ansiedad mezclada de respeto, que más bien parecía el devoto arrobamiento que inspiran las reliquias sagradas.
Al llegar a la alcoba donde se encontraba el piano, Miquis se abalanzó sobre él, intentando interpretar una pieza de Beethoven, de ahí el nombre de los capítulos noveno y décimo en esta parte de la obra. Esto último nos deja ver que el Palacio es un lugar bello lleno de lujos, pero sin trascendencia. Por el contrario, para Isidora, este lugar representa todo aquello que ha soñado, desde que el Canónigo le diese la noticia de quién era su verdadera madre.
Isidora, a lo largo de la novela, tiene dos experiencias en este espacio que son significativas. Una de ellas, la acabamos de mencionar; la otra será seis capítulos más adelante, en el décimo sexto, de la primera parte, “Anagnórisis”, donde ella volverá a visitar el Palacio para encontrarse con la marquesa de Aransis, recién llegada de Córdoba. El encuentro fue organizado por Joaquín Pez. En este caso, la marquesa le demuestra que no es descendiente suya, y por tanto que no es su nieta, lo que la hunde en un desconcierto interno, el cual vemos desarrollado en el capítulo siguiente.
Isidora, aun admirando la belleza del palacio, lo sitúa ahora en su mente como un espacio de perdición y desilusión. Es así pues, cómo desde este momento vemos que comienza la degeneración progresiva de ella, de la que tantas veces se ha hablado. Traigo a colación estos dos momentos como ejemplificación de las dos situaciones en las que cambia la perspectiva del Palacio.
Comienza así, con el fin de la cordura de Isidora y la despedida de su tío el Canónigo, la segunda parte de la novela. En ella, Isidora experimenta los peores momentos; está llena esta parte, según William Risley de (2019:207):
«temas que tienen los prefijos dis- y des- que connotan separación, inversión o negación de valores positivos, y la ruina y desintegración de las cosas, todo lo cual concuerda bien con el título mismo, La Desheredada: dispersión, desfiguración, deshonra, desorden, disolución, desmejorada, desvalida, descender, desposeer, deshacerse, desbaratarse, desvencijarse, y el espeluznante desbautizarse, el deseo de Isidora de echar de sí su identidad y transformarse en otra persona distinta.»
Cierro aquí un análisis sobre el conflicto tan cervantino entre realidad y ficción que encarna la protagonista, el cual se pone de manifiesto no solo a través del desarrollo argumental de la novela sino también a través de la significación del espacio en ella y su carácter actancial.
BIBLIOGRAFÍA
Arroyo Almaraz, Antonio (1999): “Benito Pérez Galdós y Narcís Oller: Formulación y percepción narrativas de la ciudad”, en Revista de Lenguas y Literaturas catalana, gallega y vasca, VI, Madrid: UNED, pp. 19-28. (https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcsf2s9).
(2003): Poética de lo urbano en la novela, Madrid: Editorial Complutense.
Fernández Etreros, Carmen (2020): Galdós, un escritor de Madrid, Madrid: Anaya Multimedia.
Fernández García, Antonio (2008): Madrid, de la Prehistoria a la Comunidad de Autónoma, Madrid: Comunidad de Madrid.
Guillén, Claudio (1985): Entre lo uno y lo diverso, Barcelona: Crítica.
Gullón, Ricardo (1980): Espacio y novela, Barcelona: Antoni Bosch.
Pérez Galdós, Benito (2007): La Desheredada, Madrid: Akal.
Ramírez Herrera, M.ª Carmen (2019): La interrelación entre espacio y locura en las novelas contemporáneas materialistas de Benito Pérez Galdós, Tesis doctoral, Málaga: Universidad de Málaga.
Risley, William R. (2019): “La Desheredada”, el “nuevo Galdós” y el comienzo de la gran novela española de la década de 1880, Alicante: Biblioteca virtual Miguel de Cervantes. (https://www.cervantesvirtual.com/obra/la-desheredada-el-nuevo-galdos-y-el-comienzo-de-la-gran-novela-espanola-de-la-decada-de-1880-979783/).
Romero Tobar, Leonardo (2009): “La Desheredada y la tradición del Quijote con faldas”, en Yolanda Arencibia et al. (ed.), VIII Congreso Internacional Galdosiano, Galdós y el siglo XX, Las Palmas de Gran Canaria: Casa-Museo Pérez Galdós, pp. 167-172.
Zambrano, María (1989): La España de Galdós, Madrid: Endymion.
[34] El hipervínculo para visitar el mapa de manera online es el siguiente: https://www.google.com/maps/d/u/0/edit?mid=1c9eQ5aJ-cN-nnJH1l6wCBkkkR99OokY&usp=sharing
[35] Si esquematizamos los momentos políticos que atraviesa España, a los que hace mención el comentario de don José, y a los que hemos aludido con anterioridad, vemos, según indica Antonio Fernández García (2008) que tras la batalla de Alcolea y lo que representó en la caída de Isabel II (1833-1868), se inició la revolución liberal de la Gloriosa y el Sexenio Democrático. Se aprobaría posteriormente la Constitución de 1869, con un gobierno provisional y la presencia de los partidos Progresista de Prim y la Unión Liberal de Serrano; este como Regente y Prim como Presidente de Gobierno. El dos de enero de 1871 se nombró un nuevo Rey: Amadeo I de Saboya, tras una votación de la que resultó ser el más votado, y al que le siguieron como opciones, en segundo lugar, la República Federal, seguida del Duque de Montpensier, Baldomero Espartero, Alfonso de Borbón, la República Unitaria, Luisa Fernanda de Borbón y otros votos en blanco. Con Amadeo se inició una monarquía constitucional parlamentaria. Los sucesivos Presidentes de Gobierno fueron, en 1868, Pascual Madoz y Joaquín Aguirre de la Peña; en 1868-1869: Serrano; 1869-1870: Prim; 1870-1871: Juan Bautista Topete.
[36] Tras Amadeo I (1871-1873), llegó la 1ª República (1873-1874), la restauración borbónica en Alfonso XII (1874-1885) y, tras su fallecimiento, la Regencia de M.ª Cristina (1885-1902).
[37] Leonardo Romero Tobar, en su artículo “La Desheredada y la tradición del Quijote con faldas” (2009), indicó la dificultad para abordar en un sólo escrito de páginas reducidas, la conexión que Galdós generó entre la novela fruto de estudio y la cervantina Don Quijote de la Mancha (2009:168): “Desde la topografía manchega que cobija el origen familiar de Rufete y Miquis hasta el modelo de personajes cervantinos configuradores de otros galdosianos —Micomicona prefigurando a Isidora, Sancho a don José Relimpio, el cura y el barbero al notario Muñoz y Nones…— y, en última instancia, la dialéctica ilusión/realidad que genera la protagonista de la novela en su asunción femenina del papel del héroe cervantino”. El profesor refiere así una analogía entre la figura de Isidora Rufete con la de Alonso Quijano, desde la siguiente afirmación: “Isidora Rufete es un Quijote con faldas”.
[38] No es por casualidad que ocurra esto, sino que Galdós, a través de este juego de prioridades, lo que nos deja ver es que para el lector, la casa tiene que evocar lo mismo que evoca para la de Rufete; mucha importancia a la estancia que ella arrienda, que es el único espacio donde puede sentirse libre e independiente, y el salón y recibidor, que es donde ocurren los conflictos de la novela, situados en Hernán Cortés. Esto no es más que un simple ejemplo de los elementos naturalistas de la obra. Los acontecimientos más relevantes y las situaciones en las que se forjan las personalidades de los personajes, ocurren en el salón-recibidor.
[39] He hablado con distintos lectores de esta novela, para la mayoría pasa desapercibida la muerte de Isidora; la de Relimpio es evidente, pues Galdós hace clara alusión a ella, pero la de Isidora se entiende así (2007:499): “Abrazando estrechamente a Riquín y cubriéndole de besos la cara, Emilia le decía: —Tan huérfano eres tú como yo; pero en mí tendrás la madre que te falta. Aquella mamá tuya ya no existe, se ha ido para siempre y no volverá; se ha caído al fondo, hijo mío, al fondo… Ya lo entenderás más adelante—”.

























