Origen y evolución del cuento de ‘La Bella Durmiente’

Rosa Amor del Olmo

La Bella Durmiente es uno de los cuentos de hadas más conocidos de la tradición universal. Hoy suele asociarse con la imagen romántica de una princesa dormida, un castillo cubierto de espinas y un príncipe que rompe el hechizo con un beso. Sin embargo, la historia que ha llegado hasta nosotros es el resultado de una larga evolución. Sus primeras versiones literarias eran mucho más oscuras, adultas y perturbadoras que el relato infantil popularizado en los siglos XIX y XX.

El motivo de la doncella dormida aparece ya en tradiciones antiguas. En algunos relatos de la India, como el de Surya Bai, encontramos a una joven que cae en un sueño provocado por una herida venenosa y que después despierta para enfrentarse a conflictos de celos y rivalidad femenina. También en la mitología nórdica, la valquiria Brunilda es castigada con un sueño mágico del que solo un héroe podrá liberarla. Estas historias no son todavía La Bella Durmiente en sentido estricto, pero muestran que el tema de la mujer dormida, protegida o encerrada, y despertada por una figura heroica, pertenece a un imaginario muy antiguo.

La forma literaria reconocible del cuento aparece en Europa durante la Edad Media. A partir de ahí, el relato irá transformándose con cada época: primero como historia cortesana y adulta, luego como cuento moralizante, después como narración infantil y finalmente como mito romántico moderno.

[Imagen 1: frontispicio de Perrault, 1697]

El antecedente medieval: Troilo y Zellandine

Uno de los antecedentes más antiguos de La Bella Durmiente se encuentra en el Roman de Perceforest, obra caballeresca del siglo XIV. En uno de sus episodios aparece la historia de Troilo y Zellandine, que contiene ya muchos de los elementos fundamentales del cuento posterior.

Al nacer Zellandine, varias divinidades acuden a celebrarlo. Una de ellas, ofendida por no haber recibido el honor esperado, lanza una maldición sobre la niña: cuando crezca, se pinchará con una astilla de lino y caerá en un sueño profundo. La profecía se cumple y Zellandine queda dormida en una torre. Troilo, que la amaba desde antes del encantamiento, llega hasta ella y la encuentra inconsciente.

Aquí aparece el aspecto más incómodo de la versión medieval. Troilo posee a Zellandine mientras ella duerme, y de esa unión nace un hijo. El niño, al buscar el pecho de su madre, le chupa un dedo y extrae la astilla que mantenía el hechizo. Zellandine despierta entonces, y la historia termina con el reconocimiento de Troilo como padre y con un matrimonio que funciona como cierre reparador.

Para el lector moderno, este episodio resulta profundamente problemático, porque el despertar no nace del amor romántico ni del consentimiento, sino de una situación violenta y sexualizada. Sin embargo, esta versión es importante porque ya fija varios motivos esenciales: la maldición al nacer, el objeto punzante, el sueño mágico, la torre, la llegada del noble y el despertar provocado por la retirada de la astilla. Todavía no existe el beso de amor verdadero; lo que domina es una visión medieval del destino, el linaje y la reparación social.

Basile y la versión más oscura: Sol, Luna y Talía

En 1634, Giambattista Basile incluyó en su Pentamerón una versión titulada Sol, Luna y Talía. Este relato conserva la crudeza de la tradición anterior y la lleva todavía más lejos. Talía, hija de un gran señor, recibe desde niña una advertencia astrológica: corre peligro por una astilla de lino. Su padre intenta protegerla prohibiendo el lino en la casa, pero la profecía se cumple cuando la joven se pincha y cae en un sueño semejante a la muerte.

El padre, incapaz de afrontar la desgracia, deja a Talía en una de sus propiedades. Tiempo después, un rey que va de cacería descubre el lugar y encuentra a la joven dormida. En lugar de despertarla, abusa de ella y regresa luego a su reino. Talía queda embarazada durante el sueño y da a luz a dos hijos, Sol y Luna. Uno de los niños, al chuparle el dedo, extrae la astilla de lino y provoca su despertar.

La segunda parte del cuento añade nuevos elementos de violencia. El rey vuelve junto a Talía, pero ya está casado. Su esposa, al descubrir la infidelidad, intenta vengarse ordenando matar a los niños para servírselos al rey como comida. El cocinero los salva sustituyéndolos por carne de animal, y más tarde la reina trata de eliminar también a Talía. Finalmente, la esposa del rey es castigada y Talía acaba casándose con él.

La versión de Basile resulta chocante porque incluye violación, adulterio, intento de infanticidio y canibalismo. Está muy lejos del cuento infantil que hoy conocemos. Pero precisamente por eso es fundamental: muestra que La Bella Durmiente no nació como una historia inocente, sino como un relato adulto, ambiguo y violento, en el que el despertar de la protagonista no implica todavía una liberación romántica, sino la entrada en un mundo de poder, deseo y amenaza.

[Imagen 2: página o portada antigua del Pentamerón / Lo cunto de li cunti]

Perrault: la transformación cortesana del cuento

La gran transformación llega con Charles Perrault, que publica La Belle au bois dormant en 1697 dentro de sus Histoires ou contes du temps passé, conocidos como los Cuentos de Mamá Ganso. Perrault toma materiales anteriores, pero los adapta al gusto de la corte francesa del siglo XVII. Su versión suaviza los elementos más brutales y convierte el relato en un cuento elegante, moralizante y maravilloso.

En Perrault, la princesa es maldecida por un hada ofendida durante su bautizo. La maldición anuncia que morirá al pincharse con un huso, pero otra hada consigue atenuar el castigo: la joven no morirá, sino que dormirá durante cien años. Los reyes intentan evitar la profecía prohibiendo los husos y ruecas, pero la princesa acaba encontrando una anciana hilando en una torre, se pincha y cae dormida.

A partir de este momento, Perrault introduce una de las imágenes más poderosas del cuento: no solo duerme la princesa, sino todo el palacio. Criados, cortesanos, animales y servidores quedan suspendidos en el tiempo. El castillo se cubre con un bosque espeso que lo oculta durante un siglo. Cuando se cumplen los cien años, un príncipe logra atravesar la espesura y llega hasta la cámara de la joven dormida.

La diferencia con Basile es enorme. El príncipe no abusa de la princesa. La contempla, se arrodilla ante ella y el despertar se produce de acuerdo con el destino mágico del cuento. La violencia sexual desaparece y el encuentro se convierte en una escena de admiración, espera cumplida y promesa amorosa. Perrault domestica así una materia narrativa muy oscura y la convierte en una historia mucho más aceptable para el mundo cortesano.

Sin embargo, su versión no termina con el despertar. Perrault conserva una segunda parte inquietante: después de casarse con la princesa, el príncipe oculta durante un tiempo su matrimonio porque su madre pertenece a una raza de ogros. Cuando él se ausenta, la reina madre intenta devorar a sus nietos y acabar con la joven esposa. El cocinero salva a los niños, y la ogresa termina castigada por su propia crueldad.

Esta segunda parte, hoy menos conocida, demuestra que el cuento de Perrault todavía conserva restos de la violencia antigua. Aun así, su aportación fue decisiva. Él fijó buena parte de la forma clásica de La Bella Durmiente: las hadas, el huso, el sueño de cien años, el castillo encantado, el bosque protector y el despertar de la princesa como cumplimiento de un destino maravilloso.

Los hermanos Grimm: Rosaspina y la versión infantil

En 1812, los hermanos Grimm publicaron su propia versión del cuento bajo el título Dornröschen, traducido habitualmente como Rosaspina. Aunque los Grimm buscaban relatos de tradición alemana, esta versión procede en gran medida de la línea francesa de Perrault, transmitida a través de narradoras de origen hugonote. Aun así, el cuento encajaba bien con motivos germánicos antiguos, como el sueño mágico de Brunilda, y los Grimm lo incorporaron a su colección.

La versión de los Grimm simplifica mucho la estructura. Desaparece por completo la segunda parte de la madre ogresa. El cuento queda reducido a su núcleo más reconocible: nacimiento de la princesa, maldición de una mujer sabia ofendida, pinchazo con el huso, sueño de cien años, castillo rodeado de espinos, llegada del príncipe, beso y despertar.

Esta simplificación es muy importante. Con los Grimm, La Bella Durmiente se convierte de forma clara en un cuento infantil. La violencia sexual, el adulterio, los celos sangrientos y el canibalismo desaparecen. El relato se concentra en una imagen simbólica: una princesa protegida por un muro de espinas espera, dormida, hasta que llega el momento exacto de despertar.

El detalle del zarzal resulta especialmente significativo. Muchos príncipes intentan llegar antes de tiempo y fracasan, atrapados por las espinas. Solo cuando se cumplen los cien años, el bosque se abre y permite el paso del héroe adecuado. De este modo, el cuento deja de hablar de deseo y violencia para hablar de destino, paciencia y maduración. El beso del príncipe, más explícito que en Perrault, se convierte en el gesto central del despertar.

Los Grimm dieron al relato una forma breve, limpia y poética. Su Rosaspina consolidó la versión que durante el siglo XIX y buena parte del XX circularía como cuento infantil europeo.

Disney y la imagen moderna de La Bella Durmiente

La adaptación de Disney de 1959 terminó de fijar la imagen popular del cuento. La película se inspira en Perrault, en los Grimm y también en el ballet de Chaikovski, pero transforma la historia según las necesidades del cine familiar del siglo XX.

La princesa recibe el nombre de Aurora. Las hadas se reducen a tres —Flora, Fauna y Primavera— y adquieren un papel central en la acción. La figura del hada ofendida se convierte en Maléfica, una villana poderosa y visualmente inolvidable. El príncipe, llamado Felipe, deja de ser una figura casi pasiva y se transforma en un héroe activo que debe luchar contra el mal para llegar hasta Aurora.

Disney modifica también el tiempo del sueño. Aurora no duerme cien años, sino apenas unas horas. El hechizo se concentra para aumentar la tensión dramática de la película. El “beso de amor verdadero”, que en versiones anteriores no tenía el mismo peso o ni siquiera aparecía de forma tan clara, se convierte aquí en el centro emocional de la historia.

Con Disney desaparecen definitivamente los restos oscuros del cuento antiguo. No hay violencia sexual, adulterio, ogresas ni amenazas de canibalismo. Todo se organiza en torno a una oposición clara entre el bien y el mal, el amor puro y la amenaza demoníaca representada por Maléfica. La película convierte La Bella Durmiente en una fantasía romántica, visual y musical, y fija para millones de espectadores la imagen moderna de la princesa dormida.

Conclusión

La historia de La Bella Durmiente muestra cómo un cuento tradicional puede transformarse profundamente sin perder su estructura básica. En sus primeras versiones literarias, el relato era oscuro, adulto y perturbador. En Troilo y Zellandine y en Sol, Luna y Talía, el sueño de la joven está ligado a la violencia, el deseo, la maternidad y la reparación social. Con Perrault, el cuento se vuelve más elegante y moralizante, aunque conserva todavía una segunda parte cruel. Con los Grimm, se simplifica y se convierte en una narración infantil. Con Disney, finalmente, se transforma en una fantasía romántica de alcance universal.

Esa evolución explica por qué La Bella Durmiente sigue siendo tan poderosa. Sus elementos centrales —la maldición, el sueño, el castillo detenido en el tiempo, el bosque de espinas y el despertar— pueden adaptarse a sensibilidades muy distintas. Lo que en la Edad Media era una historia de destino y violencia terminó convirtiéndose en un símbolo del amor ideal, la espera y el renacimiento.

Por eso, más que un simple cuento infantil, La Bella Durmiente es un ejemplo perfecto de la capacidad de los relatos tradicionales para cambiar con los siglos. Cada época ha contado la historia a su manera, eliminando, suavizando o reforzando aquello que necesitaba. Y, sin embargo, la imagen final permanece: una joven dormida, un mundo suspendido y la promesa de que, algún día, el sueño terminará.

  • Isidora Revista

    Isidora. Revista de Estudios Galdosianos es una publicación cultural y académica fundada en 2005 y especializada en Benito Pérez Galdós, literatura española, crítica textual, traducción, estudios culturales e historia intelectual. Con ISSN 1699-5996, la revista desarrolla además proyectos dedicados a la cultura canaria, el Observatorio Galdós-Negrín y la difusión internacional de las humanidades.

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