Negrín y la democracia en la Universidad

Eduardo Montagut

El eminente médico y catedrático Juan Negrín, llamado a desempeñar un protagonismo de primera fila en la historia contemporánea de España, ingresó en el mes de abril de 1929 en la Agrupación Socialista Madrileña. Al poco tiempo, en mayo de ese mismo año, publicó un artículo en El Socialista abogando por una profunda reforma universitaria con el fin de que los trabajadores accediesen a la misma, Negrín planteaba una realidad evidente a fines de los años veinte, y no era otra que la Universidad estaba vedada a la clase obrera, pero también para amplios sectores de la clase media por una razón económica.

Negrín creía que esta realidad empeoraría con el tiempo cuando se fueran encareciendo los estudios superiores. Pero a la clase obrera le interesaba que los centros donde se formaban los elementos directores de la vida nacional no estuvieran monopolizados por las clases dominantes. Por otra parte, el país necesitaba que los más aptos no encontraran obstáculos para el desarrollo de sus capacidades. Así pues, democratizar la Universidad tenía una doble dimensión: de justicia social y de utilidad o interés colectivo. Pero, además, esta democratización interesaba al Partido Socialista porque significaría crear un medio para la difusión de sus ideales entre los trabajadores dedicados al estudio, y para preparar los instrumentos necesarios y especializados de intervención para el día que el Partido accediese al poder. En una palabra, el Partido necesitaba miembros formados, cuadros necesarios para dirigir al país en su momento.

En consecuencia, la clase obrera no podía desinteresarse de esta cuestión y había de conocer los medios para impedir que la Universidad siguiese cerrada para la misma.

Hasta ese momento las medidas encaminadas a poner los estudios universitarios al alcance de los que tenían medios habían paliado muy superficialmente el problema. Se reducían a matrículas gratuitas y de honor, premios en metálico, préstamos en calidad de anticipos reintegrables y becas.

La gratuidad de matrículas podía alcanzar a un 25% de los alumnos que reunían determinadas condiciones. Se había puesto en marcha gracias a una enmienda presentada por Fernando de los Ríos, en nombre de la minoría socialista en el Congreso. Fue un avance, reconocía Negrín, pero era insuficiente, como lo demostraba el escaso número de solicitantes. En realidad, el gasto de la matrícula era solamente una parte, y casi mínima del gasto que ocasionaba estudiar en la Universidad, ya que había que pagar prácticas, libros, material de estudio, sin olvidar el coste de la vida que se iba elevando, y que afectaba de forma evidente a los estudiantes que no vivían en una ciudad que tuviera Universidad, y que, en ese momento, eran una evidente mayoría, pero también a los que sí residían en una ciudad con Universidad, porque eran jóvenes que, al estudiar, generalmente no contribuían con su trabajo a su sostenimiento, suponiendo una carga para sus familias.

Por su parte, las matrículas de honor intentaban premiar la brillantez, pero Negrín no lo veía así, y aunque así fuera no ayudaban al estudiante de condición humilde.

Los premios en metálico eran muy mezquinos en relación con la cantidad. Al parecer, ocurría lo mismo con las becas.

El anticipo reintegrable había sido una creación más reciente en el tiempo, y representaba, a su juicio, una mejora radical, pero se habían destinado a tal fin cantidades ridículas. Negrín abogaba por estos préstamos para los fines que defendía sobre la democratización de la Universidad.

Al parecer, la Facultad de Medicina de Madrid se había dirigido en el pasado al Gobierno proponiendo la creación de unos estipendios reembolsables, de cuantía suficiente para cubrir los gastos de estudio y manutención de los becarios. Se recomendaba, además, que se suprimiesen las matrículas gratuitas y de honor, y su importe fuera a parar a un fondo acumulable destinado a la creación de becas para los estudiantes necesitados. Así pues, anticipos reintegrables y becas, parecían los medios que proponía Negrín.

Hemos consultado el número 6333 de El Socialista, de 28 de mayo de 1929.

Fundación Pablo Iglesias

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