
Eduardo Montagut
Una de las reivindicaciones constantes de las revueltas populares de la segunda mitad del siglo XIX fue, además de la abolición de los consumos, o impuestos que gravaban los productos básicos, el referido a las quintas.
Se trataba del sistema de reclutamiento que establecía que uno de cada cinco jóvenes en edad militar era llamado a filas. Pero el llamado a filas se podía librar a cambio de un pago en metálico al Estado o redención, o ser sustituido por otro, al que se le pagaba por ello. Las clases alta y media conseguían, de ese modo, librar a sus hijos del largo servicio militar. El resto de la población veía como los jóvenes tenían que abandonar sus familias y el trabajo para hacer el servicio, o se entrampaban de por vida para poder pagar la redención. A propósito, incluimos un texto crítico sobre este sistema:
«Nada le importa al potentado destinar la cantidad que malgasta en un día, en una semana o en un mes para librar a su hijo del servicio, mientras que el pobre debe pasar un considerable número de años, los mejores de su juventud en el ejército, olvidando su oficio, perdiendo la afición al trabajo y contrayendo hábitos que con dificultad deja durante su vida (…).»
«Las quintas», Boletín republicano, (1869).


























