Julián Zugazagoitia y el juicio al pasado

Eduardo Montagut

En pleno trabajo de la Comisión de Responsabilidades en el inicio del otoño de 1931 que se encargó, por subcomisiones, de tratar el pasado inmediato de España con la Monarquía de Alfonso XIII y, especialmente, en relación con la Dictadura de Primo de Rivera, el destacado periodista a intelectual socialista Julián Zugazagoitia reflexionó sobre esta cuestión a cuenta del descubrimiento del archivo del dictador. Estamos ante un ejercicio de memoria histórica, de juicio político, y de perspectiva histórica, aspectos que nos interesan, ciertamente, en este nuestro presente.

El hallazgo del archivo de Miguel Primo de Rivera era un hecho muy importante para Zugazagoitia por dos razones. En primer lugar, ese archivo en poder de la Comisión parlamentaria de Responsabilidades, era un “precioso instrumento de trabajo”, pero era también una fuente para conocer un período que calificó como turbio de la Historia española. En este sentido, nos recordaba que el dictador fue un escritor frustrado. Aunque consideraba que era falso cuando escribía documentos que se debían hacer públicos, suponía que en el ámbito privado podía ser veraz. Además, pensaba que, quizás, y habría que averiguarlo, en ese archivo podían estar las supuestas cuartillas que escribió en Paris, que serían la más “implacable requisitoria para el ex rey”. Se necesitaba una “biografía moral” del dicho personaje, y de existir esas páginas atribuidas a Primo podían contribuir a establecerla, aun descontando la justificada aversión que en sus últimos días debió sentir hacia el dictador. Curiosamente, el supuesto temperamento irreflexivo de Primo de Rivera prometía dar veracidad en la acusación. Si para los viejos políticos el rey seguía siendo el rey, para el dictador era algo muy distinto, una especie de compañero de conspiración y negocio. Y cuando llegó el final, el compañero de los días anteriores se había convertido en un “tramposo despreciable” incapaz de la cordialidad sincera y al que ya no cabía respetar. Así pues, si esas páginas existían tenían un gran valor, aunque no constituyeran un documento sereno, pero sí aleccionador y curioso. Ese documento podría dar luz sobre el origen de golpe de Estado y cuanto sobre el mismo se relacionaba, ayudas, colaboraciones, etc. Se podría rescatar la intimidad de una historia que era el antecedente de la historia republicana que en ese momento que escribía Zugazagoitia se estaba viviendo.

Era evidente, y así lo afirmaba nuestro intelectual, que faltaba perspectiva histórica para producirse desapasionadamente. En Historia era necesaria, confesaba, la contribución del tiempo, porque proporcionaba serenidad. Pero por el momento, y había urgencia, no era a la Historia a la que se proponían servir los encargados de trabajar con este archivo. Había una misión de tipo fiscal, de buscar responsabilidades, delitos y delincuentes. Zugazagoitia, en este sentido, consideraba como tales, aunque no podían ir a prisión, al propio rey o el general Silvestre (recordemos que murió en el Desastre de Annual), pero que, aún así, convenía identificar ante el país, personajes principales que precisaban ser “clavados” en la historia con el “dictado” a que se habían hecho acreedores. Zugazagoitia aludía, en este sentido, a Fernando VII, opinando que a Alfonso XIII se le reservaría un trato parecido. El archivo de Primo podía ayudar en esa especie de tarea de calificación histórica.

Sobre la memoria histórica en relación con las responsabilidades podemos acudir al trabajo de Manuel Contreras Casado, “Responsabilidad regia, memoria histórica y transiciones a la democracia en España”, Revista de Estudios Políticos (Nueva Época), nº 121, julio-septiembre de 2003, págs. 158 y ss, donde realiza un estudio tanto de la época que aquí nos ocupa como de la de la transición posterior. El artículo se publicó en el número 7056 de El Socialista.

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