
Rosa Amor del Olmo,
Prof. Dra. Universidad A. Nebrija, Universidad de La Laguna, investigadora
«Voy a cogelo». Quien escucha entiende qué va a hacer la persona que habla. La frase sigue su curso; quizá nadie se detenga en ella. Sin embargo, al ponerla por escrito aparece una ausencia: entre la e y la l debería estar la erre de coger. Algo parecido ocurre en «hay que hacelo». Son ejemplos sencillos, casi insignificantes, hasta que uno empieza a preguntarse por qué se dicen así, desde cuándo y en cuántos sitios.
Una conversación de Tembleque en 1998
El Corpus Oral y Sonoro del Español Rural, dirigido por Inés Fernández-Ordóñez, conserva una entrevista realizada en Tembleque el 23 de mayo de 1998. En las dos primeras páginas de su transcripción aparecen «pa compralos» y «no tenía que tratalo»: comprarlos y tratarlo con la erre ausente. Son fragmentos de una conversación sobre la vida cotidiana. [1]
El dato merece guardarse. Tenemos un lugar, una fecha y unas palabras que pueden consultarse. La transcripción documenta ese uso en aquel momento; averiguar cuántas personas lo emplean hoy, en qué edades aparece o cuándo un mismo hablante recupera la erre exigiría otra investigación. Un pueblo nunca habla con una sola voz, aunque desde fuera nos resulte cómodo atribuirle un acento y dar el asunto por resuelto.
La erre del infinitivo
¿Qué ocurre en esas palabras? La erre cierra el infinitivo y se encuentra con la ele del pronombre que se añade detrás: coger más lo, comprar más los. En los ejemplos que comentamos, esa erre se pierde. Podemos llamarlo pérdida de la r del infinitivo ante pronombre enclítico. «Enclítico» indica que el pronombre va unido por detrás al verbo. [2]
Las dos consonantes pertenecen al grupo tradicional de las líquidas, aunque la r es vibrante y la l es lateral. En cogelo o hacelo permanece la ele. La expresión «comerse las letras» resulta familiar, pero, para entender lo que sucede, conviene precisar cuál es el sonido que deja de pronunciarse. [3]
Juan Manuel Sánchez Miguel lo describió en El habla de Toledo (estudio etnolingüístico), publicado en 2001. Dentro del apartado «Así habla La Mancha», en la página 22, ofrece precisamente cogelo y querelo. Aquello que podría tomarse por una impresión pasajera del oído figura expresamente en un estudio del habla de la zona. [2]
La guía Las hablas de Castilla-La Mancha, de Pilar Peinado Expósito y Bruno Camus Bergareche, publicada en 2024, incluye comerlo → comelo entre los ejemplos de debilitamiento consonántico. Sitúa ese conjunto de fenómenos en distintas zonas de la región, con presencia destacada en Toledo, Ciudad Real y Albacete. La semejanza rebasa los límites del pueblo; tampoco hay que imaginar que se manifiesta por igual en todos los municipios. [4]
Hay, por cierto, una diferencia que el papel obliga a cuidar. «Cógelo», usado como imperativo, lleva el acento en la primera sílaba y no ha perdido ninguna erre. «Voy a cogelo», usado por «voy a cogerlo», conserva el acento en ge. Conviene escribir la frase completa cuando queremos mostrar el fenómeno. Una tilde mal puesta puede llevarnos a explicar una cosa distinta de la que acabamos de oír.

Lo que ya discutía Valdés
El encuentro de esas consonantes tiene una historia mucho más larga. En el Diálogo de la lengua, compuesto hacia 1535, Juan de Valdés comenta la alternancia entre hazerlo y hazello. Su respuesta comienza sin escándalo: «Lo uno y lo otro se puede decir». Después aclara que él prefiere conservar la erre. La coexistencia de formas le merece una explicación, y hasta una consideración sobre su utilidad para la rima. [5]
Garcilaso ofrece otro testimonio. En su soneto I aparecen querello y hacello, y el último verso pregunta: «pudiendo, ¿qué hará sino hacello?». La edición de Bienvenido Morros explica el fenómeno como asimilación de la r del infinitivo a la l del pronombre, todavía corriente en el siglo XVI. La cuestión también pasó por los versos. [6]
Sería precipitado unir aquellos textos y la conversación de Tembleque con una línea recta de cinco siglos. La ll de las formas antiguas no debe identificarse sin más con la ele simple de hacelo. Hay un antecedente histórico de modificación de ese grupo consonántico; demostrar una transmisión local ininterrumpida sería otra cosa. La comparación conserva su interés sin necesidad de hacer decir a las fuentes más de lo que dicen.
Vale la pena detenerse en nuestra manera de juzgar el idioma. Podemos leer con veneración una forma antigua y recibir con impaciencia una variante que acaba de pronunciar alguien cercano. El prestigio del libro nos vuelve pacientes; la conversación del vecino, en cambio, nos tienta a corregir antes de preguntar. Para quien pretende conocer la historia de un lugar, esa prisa es un mal comienzo.
Una tarea para la memoria del pueblo
La escritura común mantiene cogerlo, hacerlo y comprarlo. Conocer esa convención y utilizarla cuando corresponde es compatible con interesarse por lo que sucede al hablar. Un estudio dialectal describe usos, los compara, intenta explicarlos. Convertir a sus hablantes en personajes pintorescos estropea el trabajo: terminamos oyendo la caricatura que esperábamos oír.
Tampoco hace falta exigir a una pronunciación que sea exclusiva de Tembleque para considerarla parte de su vida. Una costumbre compartida con otras localidades sigue siendo una costumbre de quienes la practican. Su valor para la memoria del pueblo está en las personas que la han usado, en las situaciones en que aparece y en lo que permite recordar.
Se podría empezar por algo sencillo: recoger conversaciones con permiso de sus participantes, anotar fechas y situaciones, escuchar a personas de distintas edades. Después vendrían las preguntas. ¿Se omite la erre con todos esos pronombres? ¿Se conserva al repetir despacio? ¿Qué otras variantes aparecen en la misma persona? Un pequeño archivo oral permitiría discutirlo con ejemplos y conservaría recuerdos que ninguna fotografía puede guardar.
La entrevista de 1998 ofrece un punto de partida. Aquel día alguien estaba contando su vida, y en el relato quedó una forma de hablar que todavía podemos estudiar. Antes de corregir la erre, escuchemos qué nos estaban contando.
Fuentes y bibliografía
[1] Fernández-Ordóñez, Inés (dir.). Corpus Oral y Sonoro del Español Rural (COSER). «Tembleque, Toledo», COSER-4230-01-00. Entrevista del 23 de mayo de 1998, pp. 1–2.
Transcripción de Tembleque en PDF
[2] Sánchez Miguel, Juan Manuel (2001). El habla de Toledo (estudio etnolingüístico). Toledo: Diputación Provincial e Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos. Temas Toledanos, 101. Apartado «Así habla La Mancha», p. 22 (página 24 del archivo PDF).
[3] Hualde, José Ignacio (2013). Los sonidos del español. Cambridge University Press. Capítulo 10, «Líquidas (laterales y vibrantes)», pp. 177–190.
[4] Peinado Expósito, Pilar, y Bruno Camus Bergareche (2024). Las hablas de Castilla-La Mancha: guía bibliográfica. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha. Colección Atenea, 54, p. 12. DOI 10.18239/atenea_2024.54.00.
Texto completo depositado por el coautor
[5] Valdés, Juan de (hacia 1535). Diálogo de la lengua. Edición digital modernizada de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, basada en las ediciones de E. Boehmer y José F. Montesinos. Pasaje sobre infinitivo y pronombre.
Texto del Diálogo de la lengua
[6] Garcilaso de la Vega (1995). Obra poética. Edición de Bienvenido Morros y estudio preliminar de Rafael Lapesa. Barcelona: Crítica. Soneto I y nota al verso 11, p. 17 (página 27 del archivo PDF).
Edición disponible en la web de la RAE
Un diccionario para continuar
Sánchez Miguel, Juan Manuel (1998). Diccionario del habla toledana. Toledo: Diputación Provincial e Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos. Serie III, 18. ISBN 84-87103-55-3. Referencia complementaria para investigar el vocabulario de la provincia; el pasaje sobre cogelo utilizado en el artículo corresponde al estudio de 2001.
Ficha en el catálogo de la Diputación de Toledo
Nota lingüística
La forma hacelo también puede ser un imperativo del voseo, procedente de hacé más lo. Ese uso se distingue del infinitivo reducido que ilustra «voy a hacelo». Véase RAE y ASALE, Diccionario panhispánico de dudas, «voseo», apartado 2.1.2.5.

























