¡A pillar!

Francisco Massó Cantarero

Los economistas y los sociólogos diferencian cuatro mundos con sus correspondientes subculturas, según el grado de bienestar material y desarrollo personal que disfrutan los ciudadanos pertenecientes a cada uno. El primer mundo es aquel que ha conseguido un desarrollo máximo, sus ciudadanos disponen de un alto nivel de servicios y comodidades de todo género; en el plano personal, ofrecen un dominio alto del lenguaje en uno o varios idiomas; son capaces de hacer uso de un pensamiento sutil que les permite hacer análisis profundos de la realidad y su conciencia se rige por principios éticos, cumplan o no sus prescripciones.

Participar del primer mundo exige un alto grado de de competencia técnica especializada, un elevado afán de superación personal, hambre de conocimiento y actualización permanente. Por otra parte, es preciso tener motivación, ser sensible al acicate del consumo. Pero, ¡ojo!, está vigente la conciencia que obliga a usar medios legítimos y estar dispuesto a competir en buena lid, respetando las reglas de juego. Es un mundo de requerimientos continuos competencial, psicológica, política y moralmente.

 El segundo mundo es aquel que está en vías de desarrollo. Las personas disfrutan de los bienes que les van proporcionando sus logros tecnológicos. La estructura social ha remontado el plano de la mera supervivencia, tiene cierta preparación y ofrece logros paulatinos al compás del desarrollo político y moral.

El tercer mundo es irredento, sufre una grave postración en la miseria, no tiene medios para escalar, ni ánimos en su weltanschauung. La desesperanza es su tónica y la mera supervivencia su ocupación. Sus habitantes están dirigidos por lo instintivo y tienen mucho trabajo. En términos de la teoría del desfondamiento de Luis Cencillo, dijéramos que  están en lo instintivo. No han regresado, porque nunca salieron. El uso de la razón está al servicio de lo inmediato: satisfacer el hambre y las necesidades perentorias. Se arreglan con 500 palabras o menos; su pensamiento es rudimentario y la conciencia un lujo. Son seres humanos desfondados, por desgracia.

Sobre este asunto tendría que cuantificar el PIB de cada sociedad, su renta per cápita, la longevidad, etc., en cuanto a lo material; y atender a  otros parámetros cualitativos para ponderar el desarrollo humano. No obstante, éste no es el tema que quiero desarrollar.

El cuarto mundo es similar pero muy distinto al tercero y convive con el primero. Los extremos se tocan. El primero y el cuarto mundos  comparten espacio geográfico, pero son antípodas. En el cuarto mundo reina la contra-dependencia como actitud existencial, que es contraria a los valores que rigen en el primer mundo del cual depende. En el primer mundo reina la condescendencia cómplice, superada la caridad como diaconía, queda la otorgación de derechos.

No obstante, la persona del cuarto mundo está instalada en un “quiero y no puedo”: me gustaría disfrutar de lo que veo y casi  toco todos los días, cuando paso por delante de los escaparates, pero me está vedado. Por otra parte, estoy en posesión de derechos, con acceso a subvenciones, suplidos y ayudas, pero no soy de ese mundo que los otorga, sino su parásito. No pertenezco al mundo opulento, porque soy incapaz de satisfacer sus exigencias, pero no lo reconozco de tan ocupado que estoy  en cubrir mis necesidades primarias, secundarias y aun terciarias, crear derechos y percatarme de su urgencia. Es un frenesí entre la realidad de ser pobres y el deseo de  vivir como ricos.

Son personas que no están desfondadas como las del tercero, porque ofrecen un elevado grado de exigencia en sus demandas diversificadas; utilizan la razón para generar derechos y reclamar la atención de sus congéneres del primer mundo con el que coexisten y que los manipula. Están en el paro (11% de la población española, sin contar los fijos discontinuos…, que también), y cobran el subsidio; tienen seguridad social, educación, casa de protección oficial o derechos de ocupación, ingreso mínimo vital por ser vulnerables y otras gabelas para libros, comedor escolar y transporte público; a la vejez, o ante la invalidez, viene el socorro de las pensiones. Algunas considerables y otras dobles por converger diferentes derechos. El mapa de los derechos es denso y complejo; todo un reto para el presupuesto nacional, que va por 1,7 billones de deuda pública. Como si no hubiera que pagarla…

Son pobres en el plano material, con un potencial explosivo inmenso en el orden político.  Carecen de autoestima por su frustración existencial, toda vez que carecen de proyecto y habilidades para jugar en el primer mundo y están dispuestos a la violencia, según anticipa la Psicología Experimental que es la reacción primera ante la frustración. Su conciencia moral no respeta el paradigma del primer mundo. Los valores y principios de uno y otro  no sólo difieren, sino que son contrarios.

Este estrato social está integrado por muchos emigrantes provenientes del tercer y segundo mundo, que llegaron de aluvión, sin orden legal ni contrato de trabajo, y cayeron en el nihilismo de la tierra de nadie. Allí se encontraron a antiguos fracasados en la escolaridad, que el sistema había expulsado hacia la marginación por su incompetencia técnica. A esta mezcolanza hay que agregar infractores del orden vigente en el primer mundo ya condenados o por condenar, pero adictos al régimen de vida de la marginalidad, en sus múltiples formas. Los contestatarios ideológicos, y religiosos, sobrevienen como amalgama para crear solidaridad de clase hasta crear un núcleo social compacto, que resulte manejable.

Y siempre surge el pretexto y estalla el conflicto. Los habitantes del cuarto mundo están ahítos de resentimiento, fracaso y desesperación; tienen mucha saña contenida, rezuman envidia por el primer mundo que juzgan explotador e injusto; su pasión destructora es incontenible, como la de las ménades en éxtasis dionisiaco.

En la cúspide del sistema del primer mundo, habitan agentes que propician la amalgama  ideológica de los del cuarto mundo, viniendo a ser sus aliados. Sus órdenes son coyunturales y aprovechan cualquier emergente que pueda atizar el descontento producido por la frustración: ¡Es la hora!

Eso basta para que el cuarto mundo traduzca: ¡A pillar!. Por ello, ocupan el espacio público, rompen escaparates, arramblan con cuanto pueden, queman coches, destrozan mobiliario urbano, siembran el caos e invierten los papeles: antes, ante la bacanal del consumo, ellos eran pasivos, miraban, callaban y guardaban su rencor; ahora, ante la orgía de la destrucción, son los hombres y mujeres del primer mundo quienes se muestran estupefactos, amedrentados y dispuestos a exacerbar la legislación, como si a más leyes no fuera a haber más rabia que contener en el futuro.

La recuperación de la mentalidad de los hombres y mujeres del cuarto mundo no se producirá con represión legal y tampoco inseminando “derechos” que los sumerjan en la pasividad. Es preciso despejar la diaconía de los derechos, sembrar autoestima, crear confianza en el poder de cada  persona humana, fomentar habilidades de integración transformando el subsidio de paro en salario de aprendizaje. Lo mismo que se promete la construcción de un millón de viviendas, se han de crear varios millones de oportunidades de desarrollo personal, de modo que el cuarto mundo deje de ser una rémora y gane autonomía, independencia y respeto.

  • Isidora Revista

    Isidora. Revista de Estudios Galdosianos es una publicación cultural y académica fundada en 2005 y especializada en Benito Pérez Galdós, literatura española, crítica textual, traducción, estudios culturales e historia intelectual. Con ISSN 1699-5996, la revista desarrolla además proyectos dedicados a la cultura canaria, el Observatorio Galdós-Negrín y la difusión internacional de las humanidades.

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