Luis Cernuda, esencia del 27

Juan Antonio Tirado

Así como hay un Siglo de Oro en el que resplandecen los más grandes ingenios españoles, hay una edad de plata, en la primera mitad del pasado siglo, donde destacan grandes escritores; entre ellos, una generación poética, la del 27, alcanza singular relevancia. En el salón cambiante de los prestigios, Luis Cernuda es el nombre más en alza de ese grupo y su obra, la más valorada por la crítica y los poetas del momento. Cernuda fue patriota sin patria, sevillano sin gracia, español sin raíces y con huella; cansado, errante y abúlico. Inventor de espacios que no caben en este mundo, exiliado de lo cotidiano, desolado y quimérico, náufrago en tierra, pez en el aire, cultivador de paraísos, dios creador de sus versos. Le puso música y flor de estrofa a la vida triste y sin colores de los hombres grises. Excavó túneles en donde enterró los días iguales a otros días. No le pasó a Cernuda lo que a su compañero de generación, Jorge Guillén, quien contempló extático los mediodías en su sillón beato y burgués. Ni como el vallisoletano acertó a cantar lo tan real hoy lunes, seguramente, tampoco hubiera coincidido con Gil de Biedma en que tienen razón los días laborables. Cernuda recreó y desvistió pasiones que la razón del calendario no entiende.

Animal con alma, ángel puramente humano, el poeta sevillano metió en cintura el verso libre, a veces blanco, de tan transparente, la fierecilla indomable del deseo. Y dijo con ritmo y música ajenos a la estridencia, que se marchaba donde habite el olvido, a los vastos jardines sin aurora donde el deseo no existe y está prohibido vivir los placeres prohibidos. Luis Cernuda nació en Sevilla en 1902. En su mapa genético hay un cruce de sangres, un reparto de presuntas identidades que pasan por Puerto Rico, Galicia, Palma de Mallorca, Francia y la Hispalis, donde hizo pie por primera vez. Cuentan los cronicones de época que su padre fue un militar de rancho, disciplina, pistola al cinto, gorra de plato y tentetieso. Un ejemplar humano del que Luis se sintió en las antípodas. El gabinete donde germinaba la vida familiar se le volvió un agujero inhóspito, de modo que encerrado en sus soledades, a los nueve años descubrió las rimas de su paisano Gustavo Adolfo Bécquer y quedó deslumbrado. Unos años más tarde, en la frontera indecible de la adolescencia, compuso sus primeros versos y luego, con el caer de las hojas del calendario, fue tornándose huracán poético. Su estructura psíquica y sus inclinaciones sexuales le llevaron a construir su casa personal en los márgenes de la convención y lo bien visto.

Se supo y se sintió diferente y ni deshojó margaritas de fe católica, ni rindió pleitesía a los usos de la buena sociedad, ni fijó alcoba más que allí donde crecía su deseo natural y los besos no tenían que esconder su procedencia. Los vientos políticos de España, los años de sangre, guerra y crimen llevaron a Cernuda al exilio, a él, que había sido un exiliado de sí mismo. En Londres fijó su primera residencia y de él se dijo que con un solo traje era el hombre más elegante de la capital británica. Murió en México el 5 de noviembre de 1963, amargado y frustrado al decir de las crónicas, con la herida, aún viva de un desengaño que lo acompañó durante el cuarto de siglo de nomadismo. En su libro Desolación de la quimera, publicado póstumamente, escribió: “¿Volver? Regresar no piensas/sino seguir siempre adelante/. Disponible por siempre, mozo o viejo/sin hijo que te busque, como a Ulises,/ sin Ítaca que aguarde y sin Penélope./Sigue, sigue adelante y no regreses./Fiel hasta el fin del camino y tu vida/no eches de menos un camino más fácil,/tus pies sobre la tierra antes no hollada/tus ojos frente a lo nunca visto”.

  • Isidora Revista

    Isidora. Revista de Estudios Galdosianos es una publicación cultural y académica fundada en 2005 y especializada en Benito Pérez Galdós, literatura española, crítica textual, traducción, estudios culturales e historia intelectual. Con ISSN 1699-5996, la revista desarrolla además proyectos dedicados a la cultura canaria, el Observatorio Galdós-Negrín y la difusión internacional de las humanidades.

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