La Academia, Maura y El conde de las Navas           (Galdós, en el fondo)

        

José María Aguilar, médico y escritor

 

         Al hablar de Antonio Maura y Montaner (1853-1925), viene, inevitablemente, a nuestra mente su extraordinaria actividad política. El político ensombrece al abogado y al hombre de letras. Maura quiso, nada menos, reformar el sistema oligárquico y caciquil de la restauración monárquica de Alfonso XII, que se revestía hipócritamente con los falsos hábitos de una monarquía parlamentaria.       

         A su proyecto político, que pretendía ser de hondo y largo alcance, faltó, entre otras cosas, modificar las reglas del corrompido juego constitucional de 1876. Participaba en él desde 1881, cuando fue elegido, por primera vez, diputado a Cortes por Mallorca, «ese sistema político seudoparlamentario y corrupto que había dominado España desde 1875…»[1]. Después del desastre del 98, se venía propugnando, entre los críticos y descontentos con la sociedad y el sistema político vigente, la idea de que el medio para regenerarlo era alcanzar la transformación cultural, moral, económica y social del individuo, equivocada idea, nada democrática, que, aún hoy, sigue manejándose. Por otra parte, la idea de implantar una constitución verdaderamente democrática (democracia formal) nunca entró ni en la cabeza ni en los planes de los sucesivos reformadores políticos que tuvo nuestro país, siempre reacios cuando no contrarios a conceder la libertad política a los ciudadanos, lo que sigue siendo válido hasta el día de hoy.

         Maura, quiso ser más práctico y predicó la revolución desde arriba, una transformación política radical desde el gobierno, que, sin embargo, no pudo llevar a cabo[2]. Creyó que con su proyecto de reforma de la administración local, conocido por el descuaje del caciquismo lo lograría. Las fuerzas del sistema oligárquico –también las fuerzas antisistema– que se le oponían eran muy numerosas y, además, si se me permite la expresión, jugaba el solo esta «partida», sin el apoyo decidido de su propio grupo político, al que no supo arrastrar. Maura era un «llanero solitario» y no logró constituir un equipo que, creyendo en él y en sus ideas, pudiera apoyarle «en bloque».

         En cualquier caso, la transformación radical del sistema político, «desde dentro», como la que Maura trató de llevar a cabo, teniendo como agentes a los propios actores del régimen, era algo verdaderamente improbable, si no completamente imposible. Ni siquiera convertirse en héroe nacional, tras sufrir dos graves atentados, a mano de sus enemigos políticos, y sobrevivir milagrosamente, le valió para aumentar su prestigio y conseguir la ayuda que necesitaba.

         Muy célebre es el discurso político, la Revolución desde arriba,  pronunciado en el Congreso, cuya tesis era la siguiente:

         «Hay que atraer á los indiferentes al ejercicio de la política, llamarlos con obras vibrantes para despertarlos y conmoverlos. España necesita una revolución desde el Gobierno; si no se hace desde el Gobierno un trastorno formidable, la hará desde abajo. Llamo revolución á las reformas hechas por el Gobierno radicalmente, rápidamente, brutalmente; tan brutalmente, que baste para que los distraídos se enteren, para que nadie pueda abstenerse, ni aun aquellos que asisten al espectáculo con resolución de permanecer alejados»[3].

         No es extraño que la personalidad de un hombre así ocultase otras facetas de su vida como la académica que hoy tratamos.

                                                         *

         Antonio Maura ingresó el la Academia el 29 de noviembre de 1903, unos días antes de ocupar por primera vez, el 5 de diciembre, la presidencia del Consejo de ministros, sustituyendo al caído Villaverde[4]. Contestó a su discurso de ingreso, «La oratoria como género literario», Francisco Silvela[5]. Éste, predecesor de Maura en la jefatura del partido conservador, en esta ocasión, dijo de él:

         «Al oír a Maura, se lucha con él o contra él; es fuerza pasar, de oyente a combatiente; arrastra el ánimo y sojuzga la convicción, de suerte que nadie se puede reducir a ser admirador desinteresado de su empeño»[6].

         Desde niño tuvo fama de latinista aventajado, al parecer gracias a la compañía y enseñanzas de su primo, Juan Maura, vicario capitular del pueblo mallorquín de Biniamar –y después obispo de Orihuela– donde pasaba las vacaciones de verano. Más tarde estudió a fondo el derecho justiniano. A su llegada a Madrid para cursar la carrera de Derecho, sufrió casi una depresión debido a su dificultad para expresarse en castellano.

          «Ávido de perfeccionar el idioma, se entregó a la lectura de los clásicos hecha en alta voz, siempre que le fuera posible. En su celda estudiantil y, sobre todo, en solitarios paseos por el Retiro y la Montaña del Príncipe Pío, el letrado incipiente leía, paladeando, los bellos giros de nuestra lengua, a Cervantes, Quevedo, Hurtado de Mendoza, Solís y Fray Luís de León. Con aquellas lecturas formaba insensiblemente el estilo de su futura oratoria, donde hay brío, concisión y luz, dignos de las páginas de nuestros mejores hablistas»[7].

         Los primeros éxitos oratorios los consigue en el foro, como letrado. Cabe destacar aquí su triunfo arrancando de las garras de la usura a Galdós. De aquí proviene la sincera amistad entre ambos[8]. De este pleito, se ocupa Ortiz-Armengol en el capítulo titulado “Doña Perfecta a las tablas. Pleito editorial”, perteneciente a un excelente estudio biográfico sobre Galdós[9].

         A la muerte de Alejandro Pidal y Mon[10] en 1913, Maura fue elegido director, puesto que ocupó hasta su muerte, siendo reelegido cuatro veces.

         Además de su labor como presidente de la Corporación, intervino con trabajos literarios en varias ocasiones. El 17 de enero de 1917 contesta al discurso de ingreso de Ricardo León[11] titulado «La lengua clásica y el espíritu moderno». El 3 de julio de 1918 lo hace al discurso de ingreso de Juan Armada y Losada[12], marqués de Figueroa, de quien había sido jefe político, titulado «La estética». En la sesión necrológica de Galdós, pronunció un «Elogio y despedida» del escritor canario, acompañado de un catálogo de sus obras[13]. El 4 de enero de 1923, durante la sesión necrológica en honor de José Ortega Munilla[14], pronuncia también el «Elogio» del fallecido, revisando ampliamente la obra y personalidad del periodista y académico.

         En la junta pública, celebrada el 21 de diciembre de 1924, para conmemorar el centenario del nacimiento de Juan Valera, hablaron el conde de las Navas y Antonio Maura. Las palabras del conde componen una auténtica biografía de su maestro el gran escritor egabrense, todavía hoy fundamentales para conocerlo. Maura en su intervención destacó a grandes pinceladas, los rasgos principales de la personalidad literaria de Valera[15].

         En 1925, siendo director, se publica la XV edición del Diccionario de la lengua, que cambia por primera vez el apelativo de «castellana» por el de «española»[16]. Bajo su dirección se reanudó el antiguo hábito de la comida ofrecida por el director a los académicos, alrededor de la Navidad[17]., interrumpido, últimamente, durante la presidencia del conde de Cheste[18] y se mantuvo en adelante  como rito oficial,

         El paso por la Academia de Antonio Maura quedó inmortalizado con un busto, obra de Mariano Benlliure[19].

                                                         *

         La figura del conde de las Navas, su perfil, diríamos ahora, es bien diferente a la de Maura. En una conferencia reciente, Luisfernando Palma Robles se ha referido a él como el «feminista intelectual y cortesano» al contraponerlo a su bisabuelo el II conde de las Navas, Luis Antonio Pizarro y Ramírez, el famoso político revolucionario[20]. En palabras suyas:

«El V conde de Las Navas fue un hombre de ideas avanzadas en cuanto al mundo femenino se refiere. Defendió en su tiempo la igualdad de oportunidades en el terreno laboral y cultural. Ya en la Exposición Universal de Chicago (1893) concurrió como bibliotecario de la Real Biblioteca con varias obras escritas por mujeres. Ello le animó a crear en la biblioteca de su dirección un índice con el título de «feminismo», donde se incluían fichas sobre obras escritas por mujeres y trabajos sobre literatura feminista. Con ello se creó lo que pudiéramos decir hoy una base de datos de obras de mujeres y sobre mujeres (manuscritos, impresos, libros, folletos y papeles de todo género) no sólo de las existentes en la Real Biblioteca. En 1898 Manuel Serrano y Sanz sería premiado por la Biblioteca Nacional por su obra Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas desde el año 1401 al 1833».

«Tuvo mucha amistad con Blanca de los Ríos[21] y apoyó la candidatura de ésta a la Real Academia Española en 1928, siendo elegido Agustín González de Amezúa[22]. En una entrevista realizada en la prensa en 1927 a diferentes académicos de la Lengua sobre la entrada de las mujeres en esa Real Academia, y sobre la promulgación de un decreto gubernamental que contemplaba que las mujeres pudieran pertenecer a la Academia, se recoge que “para el conde de Las Navas, que es muy feminista,  es esta cuestión para estudiar aún. Su opinión no la puede decir en público. Pero cree que la gloria de iniciarlo debió corresponder a la Academia en lugar de imponérselo por Decreto”».

         Así como Maura fue un político profesional y dedicó a la política gran parte de su vida y Galdós lo fue circunstancialmente, durante un corto período de tiempo, el conde de las Navas nunca participó en ella. Su labor literaria puede calificarse, a la par, de erudita y amena, destacando, principalmente, el conde como bibliógrafo.

         Entre las obras del conde podemos destacar, entre las eruditas: El espectáculo más nacional[23], Cosas de España[24], Catálogo de la Real Biblioteca[25], Noticia de algunas bibliotecas de Reyes de España[26], Lenguas indígenas de América[27], De gallinas y sus concomitancias[28], Alectorea[29], De Libros[30], Nobiliario de conquistadores de Indias[31], La Casa de Alba en la Exposición Universal de Chicago[32], Catálogo de estampas de Don Fernando Colón[33], Homenaje a Cristóbal Colón[34], “De Re ligatoria”[35], Pedro Perret[36], Sur l’indication du format dans les fiches[37] y las obras sobre artículos de primera necesidad, Aceite de olivas[38], El agua[39], Chocolate[40], El huevo[41], Los vinos españoles[42]. Entre las amenas, las colecciones de cuentos, La media docena[43], La docena del fraile[44], La decena[45], Fósiles[46] De allende Pajares[47], Cuentos y chascarrillos andaluces[48], y Obras incompletas[49], las obras escatológicas, Un Pároli[50], Ni carne ni pescado[51], De madres y vírgenes[52], las novelas, ¡Un infeliz![53], Chavala[54], La niña Araceli[55], El procurador Yerbabuena [56], La pelusa [57], Retama[58], Avante [59], su única obra dramática, ¡Non Tornó![60],  las biografías de sus amigos, Juan Valera[61] [62], José  Gestoso[63], Dr. Thebussem[64], Emilio Ferrari[65], Jacinto Octavio Picón[66], los estudios biográficos, La educación de un rey «a nativitate»[67], Doña María de las Mercedes de Borbón y de Austria[68], las de asunto religioso, La parroquia[69] y Lourdes [70], las conferencias, La mujer y el libro[71], El trato del libro[72] y El chascarrillo andaluz[73] , los «capítulos» de sus memorias, La tertulia de Puerta Cerrada[74], El abanico de Artuca[75] y el discurso de entrada en la Academia, La conversación amena[76]. Publicó también numerosos artículos en revistas y periódicos[77].

         Bien puede decirse, sin faltar un ápice a la verdad, que el conde de las Navas dedicó su vida a la cultura. Fue un destacado polígrafo, cuya obra, de una gran calidad literaria e histórica, no ha sido suficientemente reconocida. Como admitió en su discurso de ingreso en la Academia, quiso siempre sentarse entre los inmortales:

         «Poco después de salir del Instituto de Segunda Enseñanza comencé ya a soñar con sentarme en este estrado»[78].

         Teniendo en cuenta que ingresó a los 69 años de edad, podemos afirmar, sin exagerar mucho, que se pasó toda la vida esperando ocupar el sillón, lo que a un hombre eminentemente práctico como él, a pesar de su gran sentido del humor, no debió hacer mucha gracia:

         «Algo anubla mi alegría pensar que he subido a él apoyándome en dos bastones y cuando ya piso, tropezando o blandeándome, el “cabo de las tormentas de los sesenta y cinco a los setenta años”. Así lo llamó D. Santiago Ramón y Cajal[79]. Viejo e impedido de muy poco puedo serviros»[80].

         En un reciente artículo publicado en el periódico ABC, el poeta Carlos Murciano ha recordado que «la aspiración académica del conde se remontaba a 1901, y que no cuajaría en 1903, cuando Valera le avaló para el sillón que había dejado vacante Núñez de Arce, y al que en esta ocasión aspiraban, entre otros, Cajal, Canalejas, Grilo, Rueda, Palacio Valdés y Eduardo de Hinojosa, que sería el favorecido»[81]. En un próximo trabajo estudiaremos este episodio, a la luz de una muy interesante correspondencia inédita.

         Después de 21 años y varios intentos, el conde de las Navas consiguió el objetivo soñado, siendo elegido académico el 30 de noviembre de 1922. Pronunció el preceptivo discurso de ingreso el 17 de febrero de 1924, titulado «La conversación amena» –como ha señalado Carlos Murciano[82], “tal era la suya”–.

                                                         *

         En cuanto a la figura de Pérez Galdós, al contrario de Maura, el escritor eclipsa al político. Solamente, bien avanzada su vida, a finales de 1906, cuando se hace republicano, la notoriedad política rivaliza con la literaria. Galdós, había mantenido siempre posiciones políticas liberales pero más bien conservadoras, que hizo públicas y defendió desde la prensa en varias épocas de su vida.  Sin embargo, es súbitamente captado por el movimiento republicano, muy necesitado en esos momentos de una figura que lo aglutinara. El origen de esta aventura política de Galdós ha sido minuciosamente tratado por Ortiz-Armengol[83].

         Es precisamente su militancia política en las filas del republicanismo la que le enfrenta a su amigo Antonio Maura, tras los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona en 1909. El escritor, ante el proceso del anarquista Francisco Ferrer, cuya participación en el levantamiento anarquista de la ciudad condal le costó la pena de muerte, escribe un manifiesto, «Al pueblo español», denunciando la «orgía dictatorial» de Maura, jefe del gobierno; proclama que contribuiría en no poca medida a su caída pocos días después del fusilamiento de Ferrer[84].

         La relación entre ambos amigos quedó interrumpida durante cinco años, reanudándose posteriormente en el seno de la Academia Española[85].

         Pero, a pesar de la intensa participación en la política durante algunos años, la figura del escritor predomina siempre en Galdós.

         A finales de noviembre de 1888, a la muerte del académico Marcelino Aragón y Azlor[86], duque de Villahermosa, Valera[87], Menéndez Pelayo[88] y Núñez de Arce[89] proponen al escritor canario para ocupar el sillón vacante. Su candidatura no triunfó frente a la del latinista Francisco Commelerán[90] que fue la más votada. No obstante, el 13 de junio de 1889, a los pocos meses, con motivo de otra vacante es elegido por unanimidad. Le presentaron en esta ocasión, Menéndez Pelayo, Antonio Cánovas[91] y el conde de Cheste.

         Galdós leyó su discurso de ingreso el 7 de febrero de 1897, titulado «La sociedad presente como materia novelable»[92] y fue contestado por Menéndez Pelayo[93].

         Para Galdós es el mes de su triunfo oficial como prosista. Catorce días después, el 21 de febrero, es Pérez Galdós a su vez el que contesta, en nombre de la Corporación, a don José María Pereda, nuevo recipendiario.

         Del 26 de febrero de 1897 es la célebre fotografía[94] tomada en casa de don Juan Valera y que tanto ha circulado últimamente, aunque sin el pie de foto que aparece en la parte inferior de la imagen, lo que ha dado lugar a especulaciones e inexactitudes, un dibujo a pluma en que se identifica a los contertulios. El dibujo fue hecho y firmado por uno de los más jóvenes miembros de la reunión, el escritor argentino Carlos María Ocantos, que este mismo año sería nombrado miembro correspondiente de la Academia, a propuesta de Valera, Pereda y Pérez Galdós. Como dice John Demidowicz, biógrafo del conde de las Navas:

          «Para nosotros es un tesoro en blanco y negro. Es quizá el primer documento gráfico de una de aquellas tertulias tan famosas y consideradas en su época. En torno a la figura del ya viejo y casi ciego autor de Juanita la Larga, una reunión elegante de hombres conocidos; de muy contrarias ideas literarias y políticas, y hasta de muy diferentes generaciones. La foto es una prueba de ello. [95]»

         Como ha señalado John Demidowicz, la proximidad de estas fechas y la data de la fotografía sugieren que el motivo de la reunión de este 26 de febrero en casa de don Juan Valera fuera la celebración de estos dos actos académicos en amistoso homenaje a los tres protagonistas de ellos: Marcelino Menéndez y Pelayo, José María Pereda y Benito Pérez Galdós.

         De izquierda a derecha aparecen en la fotografía los siguientes personajes: Alfredo Escobar (marqués de Valdeiglesias)[96], Pérez Galdós, Menéndez Pelayo, el conde de las Navas[97], José María Pereda[98], Carlos María Ocantos[99], Juan Valera, Andrés Mellado[100] y Salvador Rueda[101].

                                                         *

         Las cartas que publicamos pertenecen a la colección del conde de las Navas, e incluyen las que le escribió el propio Maura, dos de Gabriel Maura Gamazo, hijo del anterior, dos de Galdós –una publicada recientemente en esta revista y otra inédita–, una de  Blanca de los Ríos, así como una breve nota, a modo de introducción, de Prudencio Rovira, secretario de Maura, gallego que estuvo a las órdenes del conde de las Navas en Beneficencia y autor de unas caricaturas de éste[102].

                                                         (1)

Nota de prudencio Rovira al conde de Bernar[103], 26 de enero de 1901:

                SECRETARÍA

                       DEL

PARTIDO LIBERAL CONSERVADOR

         Querido Conde (*): El jefe cree que mañana á las 2 de la tarde podrá recibir á V. y á Navas.

         Me apresuro a comunicárselo y quedo suyo Afmo.

                                                          Rovira

(*) El de Bernar. Se trataba de ver á Don A. Maura. Le vimos. (Palabras manuscritas por el conde de las Navas).

         Los dos condes querían, efectivamente, ver a Maura para tratar una cuestión relativa a la desaparecida Escuela Diplomática y a la excedencia de algunos catedráticos que, como el conde de las Navas, obtuvieron, posteriormente, una cátedra en la Universidad Central.

         Prudencio Rovira y Pita (1870-?) escritor y periodista, estuvo al frente de la secretaría política de Maura, ocupando, también, el asiento de diputado durante varias legislaturas. Autor de numerosos artículos, cuentos, crónicas y críticas de arte, el 14 de diciembre de 1911emitió el siguiente juicio de Galdós:

         «En este país de valores averiados, el duro falso de Galdós suplantó la circulación del legítimo. Pronto vimos al terrible Pérez de Electra convertido en diputado republicano, con voto, pero sin voz. Su más demoledor discurso en Las Cortes lo pronunció una tarde en que, unido á seis señores diputados, pronunció, a propósito de una votación, estas palabras históricas: «¡Que sea nominal!» En cambio, para justificar la superchería por el lado de la literatura, ese señor Pérez, aquejado de grafomanía radical, concurre á los mítines con un mazo de cuartillas en que dice casi siempre lo mismo, aunque cada vez un poquito peor. De estas cuartillas hace también exportación á provincias.[104]»

         Críticas tan negativas como éste acerca de Galdós, fueron comunes en vida del autor y hoy nos sorprenden. Provienen, a mi juicio –como parece evidente en este caso–, de la rivalidad y el enconamiento de la política de aquel momento. Una de las peores, por su cruel inoportunidad, fue la de Unamuno durante la velada necrológica que el Ateneo de Salamanca celebró en honor de Galdós en marzo de 1920[105].

                                                         (2)

Carta de Benito Pérez Galdós al conde de las Navas, Santander, 22 de julio de 1907:

         Excmo. Sr. Conde de las Navas.

         Mi distinguido amigo: Aquí he recibido la carta que hace unos días me dirigió Vd. á Madrid. Con mucho gusto daré a Vd. mi voto para su ingreso en la Academia Española si para la fecha de la elección me encuentro en Madrid. Pero lo veo algo difícil por encontrarme bastante mal de salud y además cada vez peor de la vista. Y por este motivo estaré aquí en Santander más tiempo del que tengo por costumbre en años anteriores.

         Con este motivo se reitera de Vd. atto servidor y amigo

                                                      q. s. m. e.

                                                B. Pérez Galdós.

                                                         (3)

Carta de don Antonio Maura al conde de Bernar. Cascante, 6 de Septiembre de 1908:

         El Presidente

Del Consejo de Ministros

         Excmo. Sr. Conde de Bernar.

         Mi muy estimado amigo:

         En este lugarejo, totalmente desconocido, en la divisoria de Santander y Burgos, á donde me ha traído la enfermedad de mi mujer para que pueda tomar unas aguas que aquí existen, recibo su atenta carta con la recomendación cariñosa que me hace del conde de las Navas. Acierta V. cuando dice que no me mezclo en estas pugnas por las vacantes de la academia. Deliberadamente me abstengo de todo compromiso en este punto, aun haciendo siempre, como hago ahora, estimación singular de los notorios merecimientos del Conde de las Navas. Si yo puedo apoyar su candidatura cuando llegue la ocasión lo haré con mucho gusto. En este momento ignoro en qué condiciones se presenta esa elección, mas para mi será siempre motivo de satisfacción encontrar modo de servir á V.

         Le saluda y es suyo Afmo. amigo

                                                     q.l.b.l.m.

      AMaura

         (4)

Carta de Doña Blanca de los Ríos[106] al conde de las Navas, 18 de noviembre de 1913:

Centro de Cultura Hispano-Americana

         Querido Conde:

         Cuando le dejé a V. me fui a casa de Rodríguez Marín[107], á darles el pésame de la ida de su hijo á la guerra, pero en el fondo, á cumplir á V. mi ofrecimiento. Los encontré reanimados, contentísimos con un telegrama en que el chico les decía, desde Ceuta, que había sido destinado á las oficinas militares, es decir que estaba fuera del alcance de las balas. Mi pésame se volvió enhorabuena y aproveché la feliz disposición de ánimo de R. Marín para hablarle de mi objeto. Fue muy explícito, me dijo que para las tres vacantes había ya candidatos cuya elección era segura; desde luego lo era la de Bethencourt[108] por ser ya imposición moral á lo menos de D. Alejandro; cierta era también la de Saralegui[109] que había enviado á la Academia no sé cuantos miles de papeletas y por último para la plaza a Pidal que había sido el caballo de batalla pues había no menos que trece candidatos: Mariano de Cavia[110], G. de Baquero[111], Azorín[112], Novo y Colson [113] otros hasta dicho número, era a su parecer segura la elección de M. Echegaray[114] en calidad de…; de qué creerá V? Pues de desagravio compensación á D. José Echegaray[115] por no haberle dado la dirección de la Academia. Sin comentarios! Yo le puse este ¡Eso es una verdadera enormidad amigo R. Marín! ¡Veo que los méritos son lo menos para entrar en la Academia! Y…¡me explayé! Hablé entonces de V. como V. merece y dije que por encima de todos esos estaba V. cuyos méritos son indiscutibles y claros como el sol. V. que lo reune todo, empezando por ser un caballero de los que honran a una corporación, siguiendo o empezando también por ser un escritor y un hablista de primera y por tener una labor bibliográfica que ella sola le abría por derecho propio la Academia y sobre todo eso su calidad de Bibliotecario de S.M. con tan largos servicios y tan altos méritos, posición que imponía la elección de V. hasta como una necesidad y su misión e intereses. Y añadí que si había alguien que estuviese indicado y caracterizado para presentar á V. era él, R. Marín, como andaluz, como escritor casticista, como amigo de V. e íntimo de M. y Pelayo de quien V. es candidato, y como jefe ó director de la B. nacional.

         En todo, absolutamente en todo convino él; aseguró que esta vez era V. uno de los candidatos que lo era V. de Marcelino que reiteradamente lo dijo: (yo añadí que lo era V. también de D. Juan Valera y que aunque solo fuera por tener tales padrinos debía V. ser ya académico.) Dije que hablaba por mí y solo de la abundancia de mi corazón y de la justicia de mi causa, pues ni V. hacía gestión alguna ahora por entrar en la Academia (aunque no pudo V. desairar á Viñaza) ni menos hubiese V. acudido á él (á R.M.) sabiendo yo de antemano, lo muy dolido que V. estaba por no haberle él dado á V. el pésame de su hija. Tiene mil razones el Conde -dijo- pero solo en apariencia soy culpable y eso porque lo mejor es enemigo de lo bueno, porque no quería escribirle, sino ir en persona á darle mi pésame más sentido, y á cumplir con él con quien estaba en involuntaria falta, por la perra vida que he llevado acabando mi trabajo de Cervantes.

         Hizo mil protestas y mil elogios de V. dijo que iría en persona á verle y á reparar su falta involuntaria; y añadió que “si esta vez había tenido el compromiso (impuesto por L. Palomo[116] á quien el no puede negarse) de votar y presentar á Novo, para otra vez estaba libre y que él hablaría á V. cuyo derecho era indiscutible y cuya presencia en la Academia sería provechosísima y honraba á la Corporación.[117]

         Siento que no fuese ya hora de hacer más; pero ya vé V. que moralmente creo que gané la batalla en pro de la justicia de V. Lo que importa es que V. se mueva con tiempo, ya se lo dirá R. Marín.

         Perdone V. los garrapatos y las faltas de prosodia y de todo, escribo al vuelo. Envio á V. la carta de Lema.

         Vicente[118]irá á la Biblioteca esta tarde ó mañana (creo que hoy).

         Mil afectos de todos y para todos, y para V. el de su mejor amiga

                                                      Blanca

                                                         (5)

Carta de Benito Pérez Galdós al conde de las Navas, Madrid, 21 de diciembre de 1914:

El Diputado á Cortes

                Por

        Las Palmas

         Exmo. Sr. Conde de las Navas.

         Mi distinguido amigo: Recibí su amable carta y en contestación á ella debo contestarle que las dos vacantes producidas en la Academia por fallecimiento del Sr. Duque de Rivas[119] y otro Sr. Académico, de cuyo nombre no me acuerdo en este momento, han sido adjudicadas hace muchos días y toda gestión que ahora se haga es completamente inútil. Aunque aún no están votadas, los nuevos académicos serán los Sres. Asín[120], presbítero, y Novo y Colson, dramaturgo.

         Yo estoy enfermo y mal de la vista y hace mucho tiempo que no voy a las sesiones de los jueves de la Academia y vivo completamente apartado de los trabajos de la docta casa.

         A pesar de esto, al producirse las dos últimas vacantes, hablé con varios amigos interesándome por Méndez Bejarano, profesor del Instituto del Cardenal Cisneros y muy versado en letras castellanas. Pronto hube de convencerme de que perdió lastimosamente el tiempo y por el mismo Maura supe que los dos favorecidos eran los que en esta carta le indico a Vd.

         Si persevera en la justísima aspiración de ingresar en la Academia, anticípese a las vacantes posibles poniendo en juego sus altas relaciones y ganando la voluntad del Sr. Maura que según mis informes es quien facilita la posesión de los sillones académicos.

         Vd. mi querido amigo, por su posición y el puesto que tiene en Palacio, está en mejores condiciones que nadie para triunfar en toda la línea. Para esto no debe esperar á las vacantes sino anticiparse á ellas asegurando con tiempo las voluntades que deciden estas cosas.

         Es cuanto puede decirle por ahora su constante amigo q.s.m.e.

                                             Benito Pérez Galdós.

                                                         (6)

Carta de Antonio Maura al conde de Bernar. Solórzano, 3 de julio de 1917:

Real Academia

    Española

    (Escudo)

         Excmo. Sr. Conde de Bernar.

         Querido amigo: tuve gran complacencia en ver la letra de V. por saber de su persona y deparárseme motivo para enviarle mi saludo desde aquí y ponerme durante el verano á sus órdenes en este rinconuco montañés.

         En cuanto a la candidatura del Conde de las Navas por la vacante de la Academia Española, no tengo sino motivos para simpatizar con ella. Otras veces estuvo indicada ya; ignoro el sentir de los compañeros porque me había venido cuando perdimos al Sr. F. y González[121] (QDH.) y era pasada la junta final de curso. Ellos serán quienes decidan, porque de veras me he abstenido aun de intentar sustituir con mis personales decisiones á la acción corporativa, así en elecciones como en todo lo demás de la vida académica. Siempre tengo por principal cuidado que se eviten divisiones porfiadas entre los académicos; y me abstengo de ocasionarlas con no comprometerme, que además lo preceptúan nuestros estatutos, para la votación.

         Todo esto le digo para dar á entender cual puede ser ahora mi respuesta, sin que la reserva provenga de tibieza en corresponderle á V., ni de desconocimiento de los merecimientos literarios del C. de las Navas.

         Deseo que pasen Vds. bien el verano y a su mandar queda Afmo. su amigo

                                                     AMaura

                                                         (7)  

Carta de Antonio Maura al Excmo. Sr. Arzobispo de Valencia[122]. Solórzano, 2 de julio de 1917 (Mecanografiada).

El diputado á Cortes

              por

Palma de Mallorca

         Excmo. Sr. Arzobispo de Valencia.

         Mi venerable Prelado y querido amigo: Con toda simpatía acogí la indicación que Vd. servía hacerme en su grata ultima a favor del Conde de las Navas para ocupar la vacante ocurrida por el fallecimiento de D Francisco Fernández y González –QDH- Al mismo interesado constan estos sentimientos míos. Lo que ocurre es que la candidatura tiene otra –no sé si otras–  que han de dividir las voluntades de mis compañeros de Academia. Mi deber es aunar los pareceres y hacer efectiva la fraternidad académica. Por eso he de reservar mis predilecciones ya que han de estar supeditadas siempre al designio colectivo. Créame siempre deseoso de complacerle y disponga de su Afmo. s s  amigo q l  b l m.

                                                      AMaura

                                                         (8)

Carta de Antonio Maura al conde de las Navas, 11 de julio de 1917:

LA QUINTANA

            SOLÓRZANO

                        BERANGA

                        Excmo. Sr. Conde de las Navas.

         Mi distinguido amigo: las calidades y los méritos de V. hacen deuda de justicia lo que dije a nuestros excelentes amigos, C. de Bernar y Arzobispo de Valencia. Después de sus cartas he recibido las de los académicos de la Historia que los son también de la española, quienes tienen acordada y me recomiendan la candidatura de su ilustre director, el P. Fita. Ignoro la inclinación de todos los demás compañeros y de ella dependerá el desenlace.

         Mi cargo me sujeta á excepcionales miramientos; dentro de ellos, tendría la mayor satisfacción en verle a V. complacido su Afmo.

                                                     AMaura

                                                         (9)

Carta de Antonio Maura al conde de las Navas, 22 de noviembre de 1917:

El Diputado á Cortes

            por

Palma de Mallorca

            Excmo. Sr. Conde de las Navas.

         Distinguido Sr. y amigo: tengo retardada la contestación a su carta del 12 del corriente, á causa de mi deseo de conocer antes la inclinación, al menos, que en la Academia se iniciare a propósito de la vacante que produjo el fallecimiento del Sr. Codera[123], q, D, H. Hasta ahora todo induce á pensar que, faltando en la Corporación y siendo necesario el concurso de un médico, para completar las ponencias que ocurren, propenden los académicos á llenar esta laguna con ocasión de la vacante dicha.

         Por hoy no puede en verdad decir á V. otra cosa su affmo

                                                       AMaura

                                                         (10)

Carta de Antonio Maura al conde de las Navas, 20 de octubre de 1920.

A. MAURA

Excmo. Sr. Conde de las Navas.

         Mi distinguido amigo: me sería gratísimo poder contestar a la carta de V. y a la del C. de la Viñaza, tomando partido por la candidatura de V. en la Academia; pero me considero obligado por  mi cargo a emplearme en evitar escisiones y peleas dentro de la Corporación y por ahora he de mantenerme reservado y neutral.

         Confío en que no la traducirá V. erradamente, como sería entenderla contra la estimación grande en que tengo los títulos personales de V. y el amistoso afecto que me complazco en ratificarle a V.

                                                                       Suyo

                                                     AMaura

                                                         (11)

Carta de Gabriel Maura Gamazo[124] al conde de las Navas, 26 de octubre de 1920:

SENADO                                                                           GABRIEL MAURA GAMAZO

 PARTICULAR

         Excmo. Sr. Conde de las Navas.

         Mi querido amigo: en efecto, antes de conocer las aspiraciones de Vd., bien legítima por cierto, tenía yo firmada la propuesta á favor de Bonilla San Martín, no menos fundada. Después de recibir carta de Viñaza, muy encarecida, cual corresponde á la buena amistad de Vds.

         Conoce Vd. Mi situación y compromisos, y nada más puedo servirle, sino que desearía una solución que armonizara los deseos de ambos aspirantes.

         Muy suyo amigo

         G. Maura

                                                         (12)

Carta de Gabriel Maura Gamazo al conde de la Viñaza[125], 26 de octubre de 1920:

         Mi querido amigo: recibo su carta interesándose por nuestro amigo el Conde de las Navas. Antes de recibirla y aun de conocer la propuesta á favor de éste, tenía yo firmada en unión a otros compañeros, la de Bonilla San martín. Así lo he dicho a Navas, y ante el estado del asunto, deseo sinceramente llegar á una solución que satisfaga las aspiraciones de ambos.

         Creame siempre suyo Afmo. amigo

                                                    q.e.s.m

                                                         G. Maura

                                                         (13)

Carta de Antonio Maura al conde de la Viñaza, Madrid 10 de noviembre de 1920:

A. MAURA

Excmo. Sr. Conde de la Viñaza.

         Querido amigo: aparentemente estoy en gran falta con V. por la tardanza en darle directa contestación a su carta del 16 de octubre, aunque a su recomendado el Sr. C. de las Navas, me apresuré a decirle lo único que me estaba, y todavía hoy, me está permitido, a propósito de la vacante de nuestra Academia Española. Aguardé para escribir á V. que se clarease más el sentir predominante de la Corporación; con el cual sabe V. que cuido, y estimo obligación privativa, aneja a mi cargo, de no ponerme en pugna. Mas pasa ya excesivo tiempo sin que la tal claridad se me haga, a mi perceptible, y no quiero demorar mas estos renglones.

         En lo poco que de elecciones ya planteadas puedo hablar con nuestros compañeros, lo que hasta ahora vi es una terna de propuestas, preparadas aunque todavía no leídas; y he de propender a que no se riña contienda, sino que acepten todos el sentir de los más, preservando así la cordialidad que tanta estima merece en la Casa.

         Ya data de antiguo la indicación á favor del Conde; y ni en los tiempos del inolvidable predecesor mío, ni después ha faltado mi buena disposición, que el interés de V. acrecienta mucho, con tal que se compadezca bien con la paz y concordia que debo procurar.

         Aun antes, debiera yo haberle escrito a V. para expresarle el agradecimiento con que supe las benevolencias que derrochó V. para conmigo en la junta que no pude presidir, en junio; mas V. no habrá dudado que me sentiría por ellas obligadísimo.

         Deseando siempre verle por la Academia, donde se está trabajando con no poca asiduidad, le envía entretanto un cordial saludo su amigo

                                                     AMaura

                                                         (14)

Carta de Antonio Maura al conde de las Navas, 30 de noviembre de 1922:

           EL DIRECTOR

                 DE LA

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Excmo. Sr. Conde de las Navas.

         Mi querido amigo y compañero: por los amigos académicos, sin excepción, y por mi propia complacencia, sea enhorabuena y para muchos años.

         Su Afmo.

         AMaura

                                                         *

         Por fin, el conde de las Navas había llegado a la Academia. Su ingreso fue muy celebrado, pues su personalidad literaria era ya sobradamente conocida.     

         No obstante la tardanza en ingresar, durante los últimos años de su vida colaboró muy activamente en las labores propias de la Española, demostrando ser un magnífico académico, perfectamente digno del asiento R que ocupó durante los 10 años que le quedaron de vida.

         En otro trabajo nos ocuparemos de las actividades del conde las Navas dentro de la Corporación.


[1] CASANOVA, Julián. Historia de España. República y guerra civil. Josep Fontana y Ramón Villares – Directores.Crítica/Marcial Pons. Barcelona, 2007. Volumen 8. p.6.

[2] Véase el artículo titulado Maura y el maurismo en el libro El rostro cambiante de Clío, de Raymond Carr. Editorial Biblioteca Nueva, S.L. Madrid, 2005. Pp.132-133. Véase El universo conservador de Antonio Maura. Biografía y proyecto de Estado de María Jesús González. Editorial Biblioteca Nueva, S.L. Pp.407-414.

[3] Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana. Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1917. Tomo n.º 23. p.1198.

[4] ZAMORA VICENTE, Alonso. La Real Academia Española. Espasa Calpe, S.A. Madrid, 1999. p.217.

[5] Francisco Silvela (1845-1905) ingresó en la Academia el 30 de abril de 1893. A su discurso, Historia y vicisitudes del mal gusto en el apogeo y decadencia de nuestra literatura nacional, contestó Alejandro Pidal y Mon. Op.Cit. p.166.

[6] Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana. Op. Cit. P.1197

[7] Op.Cit .p.1196.

[8] Íb.p.1197.

[9] ORTIZ-ARMENGOL, Pedro. Editorial Crítica, S.L. Vida de Galdós. Barcelona, 2000. Pp.341-350.

[10] Alejandro Pidal y Mon (1846-1913), católico furibundo y político conservador, ingresó en la Academia el año 1883, leyendo su discurso Santo Tomás de Aquino, al que contestó Pedro Antonio de Alarcón.Ocupó el cargo de Director de la Academia antes de Maura, desde 1906 hasta su muerte. Véase La Real Academia. Op.Cit. p.218.

[11]Ricardo León (1877-1943) fue elegido por unanimidad académico de número en Mayo de 1912. En 1943, es nombrado bibliotecario de la Academia, pero murió a los cuatro días. En 1914 formó parte de la candidatura para diputados a Cortes presentada por el grupo de Maura. Véase La Real Academia. Op.Cit. p.116. Véase también Enciclopedia Universal Ilustrada. Op.Cit. Madrid, 1916. Tomo n.29.p.1688.

[12] Juan Armada y Losada (1862-1932), marqués de Figueroa, ingresó en la Academia el 3 de noviembre de 1918. Véase La Real Academia Op.Cit. p.168.Figuró siempre en el partido conservador, primero con Cánovas y Silvela y después con Maura.. Véase Enciclopedia Ilustrada Universal. Op.Cit. Madrid, 1909. Tomo n.º 6. p.6

[13] La Real Academia Op.Cit. p.81.

[14] José Ortega Munilla (1856-1922), periodista, novelista y político, ingresó en la Academia el 30 de noviembre de 1902, tratando su discurso sobre la labor poética de Campoamor, a quien sustituía. Véase La Real Academia. Op.Cit. p.132.

[15] Íbidem. p.158.

[16] Ibid. p.373.

[17] Ib. p.430.

[18] Juan de la Pezuela y Ceballos (1809-1906), militar político y escritor, obtuvo, gracias a sus méritos militares, los títulos de nobleza de marqués de la Pezuela (1852) y conde de Cheste (1864). Autor dramático, poeta y traductor, ingresó en la Academia en 1845 por el primitivo Estatuto, pasó a supernumerario en 1846 y fue de número a partir del 25 de febrero de 1847. En 1875 recibió el nombramiento de director, cargo que ocupó hasta su muerte. Véase La Real Academia. Op.Cit. Pp.245-246. Véase también Enciclopedia Universal Ilustrada. Op.Cit. Madrid, 1921. Tomo n.º44. Pp.341-342

[19] Ib. p.474.

[20] Feminismo y acción social en el condado de Las Navas. Conferencia pronunciada el 23 de marzo de 2007 en el salón de plenos del ayuntamiento de Lucena con ocasión del homenaje tributado a la condesa Carmen Pizarro y Ramírez. Por Luisfernando Palma Robles, cronista oficial de Lucena, de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.

[21] Escritora sevillana (1862-1956), poeta y crítica literaria, íntima amiga del conde de las Navas, asistía regularmente a las tertulias de los sábados en casa del viejo Valera en la cuesta de Santo Domingo, n.º3. En 1928, en la vacante dejada en la Academia por José Rodríguez Carracido, firmó el conde de las Navas la propuesta de Blanca de los Ríos junto con don Serafín Álvarez Quintero y el doctor Cortezo. Votaron por ella, después, el propio conde de las Navas, los dos hermanos Quintero (Serafín y Joaquín), el doctor Cortezo y Manuel Linares Rivas. De los otros dos candidatos, Ramón Pérez de Ayala y Agustín González de Amezúa, resultó elegido este último. Para la siguiente vacante resultó elegido Pérez de Ayala. Véase La Real Academia Española. Op.Cit. Pp.492-495. Véase también Enciclopedia Universal Ilustrada.  Op.Cit. Madrid, 1926. Tomo n.º 51. Pp.755-756.

[22] Agustín González de Amezúa (1881-1956), abogado, escritor y periodista, ingresó en la Academia Española el 24 de febrero de 1929 leyendo su discurso, Formación y elementos de la novela cortesana, al que contestó Rodríguez Marín. Véase La Real Academia. Op.Cit. p.226.

[23] El Espectáculo más nacional. Sucesores de Rivadeneyra. Madrid, 1899.

[24] Cosas de España. ESPINOSA (D. Manuel R. Zarco del Valle) y QUESADA (El Conde de las Navas). E. Rasco. Sevilla, 1892. En 1895 escribió en solitario la 2.ª serie de Cosas de España. Hijos de Ducazcal. Madrid,1895.

[25] Catálogo de la Real Biblioteca. Tomos I a VII. Ordenado é impreso bajo la dirección de Juan Gualberto López-Valdemoro, Conde de las Navas, Bibliotecario Mayor de S.M. El conde de las Navas dirigió la Real Biblioteca desde 1893 a 1931. Durante este período se publicaron los siete primeros tomos de este catálogo.

[26] Noticia de algunas bibliotecas de reyes de España. Catálogo de la Real Biblioteca. Impresos. Autores-Historia. Tomo I, Introducción. Imp. Ducazcal. Madrid, 1910. El conde de las Navas realiza un inventario de las librerías de los reyes españoles desde Sisebuto (612-620) hasta Alfonso XIII en época de la regencia de su madre María Cristina de Austria (1885-1902). De ellas puede deducirse la cultura y personalidad intelectual de muchos de estos monarcas.

[27] Lenguas  de América. Catálogo bibliográfico de XXI MSS. Existentes en la Real Biblioteca de S.M. el Rey de España, descritos por  ESPINOSA (Manuel Remón  Zarco del Valle) Y QUESADA (El conde de las Navas). Lo edita don Antonio Graiño, cónsul de la República de Honduras en Madrid. Imprenta Clásica Española. Madrid, 1914.

[28] De gallinas (y sus concomitancias). 114 impresos y 9 manuscritos presentados en la Exposición Internacional de Avicultura, celebrada en Madrid en mayo de 1902. Madrid, Ducazcal, 1902.

[29] Alectorea.Revista Coleccionismo. Madrid, junio de 1918.

[30]De Libros (Menudencias).Tercer limón de la Biblioteca Amarilla y Verde.Est. Tip. de Fortanet. Madrid, 1908.

[31] Nobiliario de conquistadores de Indias.Revista El Centenario, 1892. Tomo IV, p.185.

[32] La Casa de Alba en la Exposición Universal de Chicago.Revista El Centenario, 1892. Tomo IV, p.247.

[33] Catálogo de estampas de Don Fernando Colón [En colaboración con Manuel Remón Zarco del valle: ESPINOSA (Zarco) y QUESADA (el conde)].Revista El Centenario. Madrid, 1892. Tomo II, p.171.

[34] Homenaje a Cristóbal Colón por cuenta y á costa ajena. D. Fernando Colón. ¡Hijo natural o legítimo! (Polémica). Manuel G. Hernández. Madrid, 1893.

[35]  “De Re Ligatoria” [Noticia de la colección Lameyer].Tirada aparte: 13 ejemplares del número 9, tomo III, año VI, 4.º trimestre de Arte Español, revista de la Sociedad de Amigos del Arte. Madrid, 1917.

[36] Pedro Perret (1555-1639). En Homenaje a Menéndez y Pelayo en el año vigésimo de su profesorado. ESPINOSA (Zarco del Valle) Y QUESADA (El conde de las Navas). Estudios de erudición española. Librería general de Victoriano Suárez. Madrid, 1899.

[37] Sur l’indication du format dans le fiches. Bulletin de l’Institut Bibliographique.Bruxelles, 1897, fascículos 4, 5 y 6, pág. 210. Se reprodujo en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, abril, 1898. Sobre el propio asunto debe consultarse en dicha revista el número de junio, también de 1898. Se reprodujo, también, bajo el epígrafe El tamaño en el Libro en De Libros (véase nota n.º 31).

[38] Aceite de olivas. Artículo de primera necesidad. 2.ª edición. Minuesa de los Ríos. Madrid, 1911.

[39] El agua – I  y II. Biblioteca Miralles. Madrid, 1905..

[40] Chocolate. Artículo hispanoamericano elaborado a puño. Segunda tarea o edición. Estab. Tip. de El Liberal. Madrid, 1913. Publicado anteriormente en Cultura Hispano-Americana. Año II. Enero y febrero de 1913. Núm 8.

[41] El huevo (Artículo de primera necesidad). Dos artículos publicados en La Ilustración Española y Americana, 15 y 22 de noviembre de 1894.

[42] Los vinos españoles. Pro Patria, número extraordinario de Cultura Hispano-Americana.Madrid, 1913. Véase también El vino en España. Revista de España, 30 de enero de 1892. Se publicó más tarde como capítulo, titulado Plan de un libro, en De Libros (véase más arriba)

[43] La media docena. Cuentos y fábulas para niños. Viuda de J. Ducazcal. Madrid, 1894.

[44] La docena del Fraile (Doce cuentos y una historia que lo parece). Hernando. Madrid, 1886.

[45] La Decena (Cuentos y chascarrillos). Hijos de Ducazcal. Madrid, 1895.

[46] Fósiles. Talleres tipográficos de V.H. Sanz Calleja. Madrid, 1925.

[47] De Allende Pajares (Paisajes y cuentos). Oficina tipográfica Ducazcal. Madrid, 1903.

[48] FULANO, ZUTANO, MENGANO Y PERENGANO. Cuentos y chascarrillos andaluces. Tomados de la boca del vulgo. Coleccionados y precedidos de una Introducción erudita y algo filosófica. Librería de Fernando Fé. Madrid, 1896.

[49] Obras incompletas. Tomo I. Cuentos y Chascarrillos propios y ajenos. Tip. Católica de A. F. 1.ª ed. Madrid, 1929 (en la cubierta 1928).

[50] Un Pároli (Cuento eolio). Primer limón de la Biblioteca Amarilla y Verde. Imp. de la viuda é hijos de M. Tello. Madrid, 1900.

[51] Ni carne ni pescado (Cuento cuaresmal). Segundo limón de la Biblioteca Amarilla y Verde. Imp. de la viuda de M. Tello. Madrid, 1902.

[52] De Madres y Vírgenes (Cuentos del ojete). Cuarto limón de la Biblioteca Amarilla y verde. Blass, S.A. Madrid, 1927.

[53] ¡Un infeliz! (retrato al daguerrotipo). F. García Herrero. Madrid, 1887., Editor. Madrid, 1909.

[54] Chavala (Historia disfrazada de novela). Oficina de E. Rasco. Sevilla, 1893. También en Saturnino Calleja, Editor. Madrid, 1909.

[55] La Niña Araceli (Historia que parece cuento). Antonio López, Editor, Librería Española. Barcelona, 1896. 

[56] El Procurador Yerbabuena (Reverso de una medalla).Juan Gili, Librero. Colección Elzevir Ilustrada. Volumen décimo. Barcelona, 1897. Véase también la edición de The Century Co. New York & London. 1931.

[57] La Pelusa. M. Romero, Impresor. Madrid, 1903.

[58] Retama (Academia). Oficina tipográfica de Miguel Romero. Madrid, 1904.

[59] Avante.1.ª edición. José Manuel de la Cuesta, Editor. Madrid-Valladolid, 1904. Avante. 2.ª edición. Librería de Fernando Fé. Madrid, 1908.

[60] ¡Non Tornó! (Romanza de tito Mattei). Cuento dialogado por Un Autor cojo, que suplica al respetable público no le rompa las muletas…en las costillas. Oficina de E. Rasco. Sevilla, 1907.

[61] Don Juan Valera. Apuntes del natural. Oficina tipográfica de D. Ricardo Fé.                Madrid, 1905.

[62] Valera íntimo. El Centenario. Discursos leídos en la sesión pública celebrada en la Real Academia Española el día 21 de Diciembre de 1924. Discurso del Excmo. Sr. D. Antonio Maura en contestación al precedente. Tipografía de la «Rev. de Archivos, Bibliotecas y Museos» Madrid, 1925.

[63] El Licenciado Gestoso. March y Samorán. Madrid, 1918.

[64] El Doctor Thebussem. Tipografía Católica de Alberto Fontana. 1928.

[65] Ferrari. Cultura Española. Revista trimestral (Antes revista de Aragón). Núm. XVI. Madrid, noviembre MCMIX.

[66] Breve, emocionado repaso a la vida y persona de Jacinto Octavio Picón. BRAE (Boletín de la Real Academia Española), XX. 1933. Pp. 243-251.

[67] La Educación de un Rey «a nativitate». Segunda edición. Gráficas Reunidas, S.A. Madrid, 1921.

[68] Doña María Mercedes de Borbón y de Austria, Princesa de Asturias. Noticia de su vida y muerte ejemplares. Oficina tipográfica de M. Romero. Madrid, 1904.

[69] Lourdes. Impresiones de un incurable.NAVAS, El conde de las. Oficina tipográfica Ducazcal. Madrid, 1908.  

[70] La parroquia. Gran Imprenta Católica. Madrid, 1916.          .

[71] El chascarrillo andaluz. Conferencia pronunciada en el Centro de intercambio intelectual germano-español. Blass, S.A. Tipográfica. Madrid, 1926.

[72] Conferencia leída en el Ateneo de Madrid el jueves 23 de marzo de 1922.

[73] La mujer y el libro (conferencia). Talleres de D. Bernardo Rodríguez. Madrid, 1916.

[74] La tertulia de Puerta Cerrada. Capítulo de mis memorias. Artículos publicados en el suplemento del periódico La Época. Diario de la noche (Sábado 28 de agosto, sábado 9 de octubre, sábado 30 de octubre y sábado 20 de noviembre de 1926).

[75] Boletín de la Biblioteca Menéndez y Pelayo. Año III.-Marzo-Abril, 1921.-Núm. 2

[76] La conversación amena. Discursos leídos ante S. M. El Rey don Alfonso XIII en la recepción pública del Excmo. Sr. Conde de las Navas. Discurso del Excmo. Sr. Conde de la Viñaza en contestación al precedente. Gráficas Reunidas, S.A. Madrid, 1924

[77] OSSORIO Y BERNARD, Manuel. Periodistas españoles del siglo XIX. Imprenta y Litografía de J. Palacios. Madrid, 1903-1904. p.236.

[78] La conversación amena. Op.Cit. p.3.

[79] Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) el eminente histólogo y neurofisiólogo sucedió a Valera en la silla I el 22 de junio de 1905, pero no llegó a tomar posesión. Véase La Real Academia. Op.Cit. p.158. Véase También Enciclopedia Universal Ilustrada. Madrid, 1923. Op.Cit.Tomo n.º49. p.572.

[80] La conversación amena. Op.Cit. p.3.

[81] Carlos Murciano. Artículo titulado Memoria del conde de las Navas. ABC, 24 de abril de 2007.

[82] Op. Cit.

[83]ORTIZ ARMENGOL. P. Op.Cit. Pp.436-454. La trayectoria política republicana del escritor se recoge también es este libro.

[84] Íbidem.Pp.459-461.

[85] Íbid.p.460.

[86] Marcelino Aragón y Azlor (1815-1888) leyó su discurso de recepción en la Academia el 10 de febrero de 1884, titulado Vida y estudio de los hermanos Bartolomé y Lupercio Argensola. Le contestó el marqués de Molins. Véase La RealAcademia. Op.Cit. Pp.176-177.

[87] Juan Valera y Alcalá Galiano (1924-1905) fue elegido académico en 1861 e ingresa el 16 de marzo de 1862 con el discurso La poesía popular como ejemplo del punto en que debieran coincidir la idea vulgar y la idea académica sobre la lengua castellana. Le contestó Antonio Alcalá Galiano. Op.Cit. Pp.157-158. Véase también Enciclopedia Universal Ilustrada. Op.Cit. Madrid, 1929. Tomo n.º66. Pp.701-706.

[88] Marcelino Menéndez y Pelayo (1856-1912). En diciembre de 1879 fue nombrado académico en la vacante de Harzenbusch y tomó posesión del sillón el 6 de marzo de 1880 con su discurso de ingreso, Poesía mística española, al que contestó Juan Valera. Véase La Real Academia. Op.Cit.p.650.

[89] Gaspar Núñez de Arce (1834-1903). Poeta, periodista y político español. Sucedió a Antonio de los Ríos y Rosas en la Academia, donde ingresó el 21 de mayo de 1876, leyendo el discurso Ligeras observaciones acerca de las causas a que se atribuye la precipitada decadencia y total ruina de la literatura nacional bajo los últimos reinados de la Casa de Austria. Le contestó Juan Valera. Op.Cit. Pp.208-209.

[90] Francisco Commelerán (1848-1919), es elegido académico en enero de 1889, leyendo su discurso el 25 de mayo de 1890 acerca de Las leyes que regulan las transformaciones que en el estado actual de nuestra lengua sufre en su elemento fonético la palabra latina para convertirse en castellana,siendo contestado por Juan Valera. En junio de 1903 es nombrado censor de la Corporación. En 1912 resulta elegido senador por la Real Academia de la Lengua. Op.Cit. p.177. Véase también Enciclopedia Universal Ilustrada. Op.Cit. p.713.

[91] Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897) leyó su discurso de ingreso en la Academia, titulado La libertad en las artes, el 3 de noviembre de 1867, siendo contestado por Juan Valera. Véase La Real Academia. Op.Cit. Pp.254-255.

[92] Íbidem. p.181. Véase también Enciclopedia Universal Ilustrada. Op.Cit. p.722.

[93] ORTIZ-ARMENGOL, P. Vida de Galdós. Op.Cit. Pp.265-267 y 275-276.

[94] ZAMORA VICENTE A. La Real Academia. Op.Cit. p.428.

[95] El conde de las Navas y los contertulios de Juan Valera. Revista de Literatura, 1957. n.º XI. Pp.154-165.

[96] Alfredo Escobar y Ramírez (1858-1953). Abogado, periodista y político español. Director del periódico La Época desde la muerte de su padre.

[97] La figura de Juan Gualberto López-Valdemoro (1855-1935), conde de las Navas, ha sido tratada extensamente en el libro de John Demidowicz, El conde de las Navas, un polígrafo español. Madrid. Murillo, 1957. Véase también La Real Academia. Op.Cit. Madrid, 1916. p.203. Y asimismo Enciclopedia Universal Ilustrada. Op.Cit. Madrid, 1916. Tomo n.º 31. Pp.180-181

[98] José María de Pereda (1833-1906), ingresó en la Academia el 21 de febrero de 1897, leyendo su discurso La novela regional y le contestó Pérez Galdós. Véase La Real Academia. Op.Cit. p.280. Véase también Enciclopedia Universal Ilustrada. Op.Cit. Madrid, 1921. Tomo n.º 43. p.584.

[99] Carlos María Ocantos, diplomático y novelista,  nació en Argentina el 20 de Mayo de 1860. En 1897 fue nombrado miembro correspondiente de la Academia a propuesta de Valera, Pereda y Pérez Galdós. Con su novela La cola de paja (1923) obtuvo el premio Fastenrath de la Academia Española.          

[100] Andrés Mellado (1846-1913), periodista y político español, ingresó en la Academia pronunciando el discurso La personalidad literaria y política de Don Francisco Silvela. Le contestó Alejandro Pidal y Mon, director entonces de la Corporación. Véase La Real Academia. Op.Cit. p.167.

[101] Salvador Rueda (1857-1933), poeta malagueño, famoso ya en estos años (1897) y elogiado por todos los mejores críticos de la literatura de aquel entonces. Pereda le había hecho el prólogo de su novela La Reja (1890). (ÁpudJohn Demidowicz. Revista de literatura. Artículo citado).

[102] Al poco de licenciarse en Derecho, el futuro conde de las Navas tomó posesión en Madrid del destino concedido en Gobernación (Dirección de Beneficencia y Sanidad, Negociado de Derecho). El 17 de diciembre de 1878, por Real Orden, es nombrado oficial de la clase de terceros del cuerpo de Administración civil del Estado, con dos mil quinientas pesetas de haber anual. Inicia así su larga carrera como funcionario. Pasó después al cuerpo de Correos, alcanzando el puesto de jefe Superior de Administración civil en 1925, año en que se jubiló.

[103] Rafael Bernar y Llácer, senador por las provincias de Teruel, Lérida y, después, senador vitalicio, fue amigo personal del conde de las Navas. De él no hemos encontrado en nuestra búsqueda otros datos que los de su expediente en el senado.

[104] Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana. Op.Cit. Tomo n.º 43. p.724.

[105] Íb. p.724.

[106] Esta carta de la gran amiga, admiradora indiscutible y vehemente, del conde de las Navas, presenta, en resumen, la mayoría de las cuestiones y antecedentes que rodearon a la elección del conde, así como los personajes que influyeron, hasta ese momento, en la misma. La historia de la amistad entre el conde de las Navas y doña Blanca de los Ríos, merece capítulo aparte.

[107] Francisco Rodríguez Marín (1855-1843) ingresó en la Academia el 27 de octubre de 1907, leyendo su discurso La biografía de Mateo Alemán. Le contestó Menéndez Pelayo. Actuó posteriormente como bibliotecario de la Corporación desde 1923 hasta 1940. Véase La Real Academia. Op.Cit. Pp.267-268.

[108] Francisco Fernández de Béthencourt (1851-1916) fue elegido académico el 27 de noviembre de 1913 e ingresó en la Academia el 10 de mayo de 1914, leyendo el discurso Las letras y los grandes. Le contestó el secretario de la Corporación, Emilio Cotarelo y Mori. Op.Cit. Pp.167-168.

[109] Manuel de Saralegui y Medina (1851-1926) ingresó  en la Academia en 1914, pronunciando el discurso Alonso de Santa Cruz.

[110] Mariano de Cavia (1855-1920), fue elegido en 1916, pero no llegó a ocupar el sillón. Véase La Real Academia. Op.Cit.p.111.

[111] Eduardo Gómez de Baquero, Andrenio (1866-1929), periodista y novelista, ingresó en la Academia el 21 de junio de 1925, pronunciando el discurso El triunfo de la novela en el siglo XIX. Op.Cit. Pp.137-138.

[112] José Martinez Ruiz, Azorín (1874-1967) fue elegido en 1924 e ingresó leyendo el discurso Una hora de España, contestándole Gabriel Maura Gamazo. Op.Cit. Pp.190-191.

[113] Pedro de Novo y Colson (1846-1931), marino, dramaturgo y poeta, ingreso en la Academia el 30 de mayo de 1915, leyendo su discurso Los cantores del mar, contestándole Daniel de Cortázar. Op.Cit.Pp.144-145.

[114] Miguel Echegaray y Eizaguirre (1848-1927), hermano de José, el premio nobel de literatura, abogado, filósfo y dramaturgo, ingreso en la Academia el 28 de mayo de 1916, pronunciando el discurso Lo cómico, al que contesto Emilio Cotarelo y Mori.

[115] José de Echegaray y Eizaguirre (1833-1916), político, matemático, poeta dramático y economista, premio nobel de literatura en 1904,  ingresó en la Academia el 20 de mayo de 1894 con el discurso Reflexiones sobre la crítica y el arte literario, al que contestó Emilio Castelar. Op.Cit. Pp.260-261.

[116] Luis Palomo y Ruiz (1860-?). Abogado, periodista y político español. Op.Cit. Madrid, 1920. Tomo n.º 41. p.504.

[117] La historia de esta elección será publicada, Dios mediante, en la sección, La Academia, de esta revista en un próximo trabajo.

[118] Vicente Lampérez y Romea (1861-1923), arquitecto, arqueólogo, catedrático y publicista, casó en 1892 con Blanca de los Ríos Nostench.

[119] Enrique de Saavedra y Cueto, marqués de Auñón y duque de Rivas (1828-1914) ingresó en la Academia el 14 de mayo de 1863, leyendo el discurso Carácter de la verdadera poesía y sus esenciales diferencias según los cambios y las vicisitudes sociales, al que contestó el marqués de Molins. Véase La Real Academia. Op.Cit. p.258.

[120] Miguel Asín Palacios (1871-1944), catedrático de árabe, ingresó en la Academia el 26 de enero de 1919 con su discurso La escatología musulmana en la Divina Comedia y le contestó Julián Ribera. Fue director de la Corporación durante un corto periodo de tiempo (1943-1944). Op.Cit. p.258.

[121] Francisco Fernández y González (1832-1917) ingresó en la Academia el 28 de enero de 1894 pronunciando el discurso La influencia de las lenguas y letras orientales en la cultura de los pueblos de la Península Ibérica, al que contestó Francisco Commelerán Gómez. Op.Cit. p.196.

[122] La biografía esencial de Salvador y Barrera (1851-1919) puede consultarse en la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana. Op.Cit. Tomo 53. p.418. Si no me equivoco, en este artículo se ha deslizado una errata, pues en el año 1905, Salvador era obispo de Tarazona y no de Tarragona como allí se dice. La relación con el conde de las Navas será considerada en la biografía que sobre éste prepara el autor del presente trabajo. La amistad del conde de las Navas, con don José María Salvador y Barrera a quien dirige Maura su misiva en esta ocasión, fue entrañable y duró toda la vida. Por la correspondencia entre ambos sabemos que se ayudaron muy activamente en sus respectivas carreras. Siendo obispo de Madrid-Alcalá, donde convocaría en 1909 el Primer Sínodo de esta diócesis, influye a favor del conde para la Academia.

[123] Francisco Codera y Zaidín (1836-1917), catedrático de árabe ingresó en la Academia el 15 de mayo de 1910, pronunciando su discurso Importancia de las fuentes árabes para conocer el estado del vocabulario en las lenguas o dialectos españoles desde el siglo VIII al XII, contestándole Menéndez Pidal. Op.Cit. p. 271.

[124] Maura Gamazo (1879-1963), conde de la Mortera y duque de Maura, abogado e historiador, es hijo de Antonio Maura, director de la Academia cuando aquél se incorporó a ella. Leyó su discurso de ingreso sobre Algunos testimonios literarios e históricos contra la falsa tesis de la decadencia nacional. Le contestó Juan Armada y Figueroa, marqués de  Fue tesorero de la Real Academia entre 1926 y 1933.

[125] Cipriano Muñoz y Manzano (1862-1933), conde de la Viñaza, diplomático y escritor, leyó su discurso de ingreso en la Academia, titulado De la poesía satírico-política en España, el 16 de junio de 1895, al que contestó Alejandro Pidal y Mon. La Academia premió y publicó su Biblioteca histórica de la Filología castellana en 1893. La Real Academia. Op.Cit. Pp.172-173. Fue uno de los constantes amigos del conde de las Navas, a quien recibió en la Academia.

Publicado en Isidora Revista de Estudios Galdosianos

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