
Eduardo Montagut
Hector Denis (1842-1913) fue un político belga socialista, doctor en derecho y en ciencias, además de profesor de Geografía, director del Instituto de Ciencias Sociales, miembro de la Academia y profesor honorario de la Universidad de Bruselas.
Vida Socialista, en el número de 9 octubre de 1910, dedicado al primer aniversario de la muerte de Ferrer i Guàrdia, incluyó un texto del destacado profesor belga con el corto, pero intenso título de “A España”.
Para Denis por encima de los tribunales de excepción (no olvidemos que Ferrer padeció un consejo de guerra) que cumplían una función represora estaba la conciencia del pueblo español, y a ella quería dirigirse.

El porvenir diría del fundador de la Escuela Moderna en España que fue un propagador enérgico de la enseñanza laica y emancipadora. Esa posteridad reflejaría que desarrolló una enseñanza humanista, y que trabajó para enseñar contra las guerras, ya fueran internas o externas, contra la explotación del hombre por el hombre y de la sumisión de la mujer. La posteridad dejaría muy claro que Ferrer combatió a todos los enemigos de la armonía universal, como serían la ignorancia, la maldad, el orgullo y todos los vicios o los abusos que dividían a los hombres en dos clases, es decir, los explotadores y los explotados. También diría que la enseñanza concebida por Ferrer abarcó todo cuanto en un régimen de paz, de mutuo afecto y de bienestar para todos, era favorable al libre desarrollo del individuo y a la armonía de la colectividad.
El porvenir nos diría que el proceso que padeció Ferrer fue urdido por el odio y el fanatismo, entregado a una jurisdicción excepcional con menosprecio de los derechos más sagrados del hombre y del ciudadano. Nos explicaría que una sentencia sin fundamento en hechos era un ultraje a la justicia.
Pero todo eso no provocaría, siempre según el intelectual belga, que las naciones condenaran o despreciaran al pueblo español porque España no se dejaría pisotear su honra con la “consagración pasiva” de tal atentado contra la justicia.
El pueblo español no se consideraría verdadero digno, grande, capaz de afrontar el juicio del porvenir, sino estando “en comunión con la conciencia universal, depositaria, guardadora indefectible de la justicia”.















