Nota sobre Cernuda y Galdós*

Rodolfo Cardona

            Luis Cernuda, publicado en 1954, once años antes de la fundación de esta revista en 1965 un texto que vale la pena recordar por motivos que explicaré más abajo.

            El texto de Cernuda empieza declarando que no se puede dudar de que Galdós “fuera en su tiempo un autor leído, ni de que lo siga siendo hoy”, pero duda de que “sea un autor comprendido, en su tiempo o en el nuestro”; y añade: “se diría que aún no han nacido sus lectores verdaderos […] y […] tal vez sin riesgo de equivocarme, que hay poca probabilidad de que aparezcan nunca(62).

            Es evidente que Cernuda no conocía, cuando escribió su artículo, el libro de Joaquín Casalduero, Vida y obra de Galdós, aparecido en el año del centenario del nacimiento de don Benito, 1943. O, es posible que, si lo conocía, pensara que “una golondrina no hace verano”.  De todas formas, para ser justos, ese mismo año se publicó un importante número homenaje de la revista Nosotros, en Buenos Aires, dedicado a Galdós y su obra con enjundiosos artículos, entre ellos uno espléndido de Francisco García Lorca.

            Tres años después del ensayo de Cernuda se publicó en Puerto Rico la edición de Miau con un extenso estudio de Ricardo Gullón ( publicado ese mismo año, como libro con el título de Galdós, novelista moderno), que cambió radicalmente el panorama crítico para la obra de Galdós. Nueve años después de que apareció el libro de Gullón se lanzó el primer tomo de Anales galdosianos, cuya importancia e influencia para los estudios de la obra de don Benito desmienten la predicción de Cernuda de que “hay poca probabilidad de que aparezcan nunca” […] lectores verdaderos” (62) de esta obra.  Los cuarenta y pico de años que lleva la revista ha creado dos generaciones de “lectores verdaderos” de Galdós.

            Esto dicho, es interesante notar en el artículo de Cernuda el argumento que avanza para explicar la razón que él cree “le perjudica entre nosotros” (62): la reticencia en Galdós de hablar de sí mismo o de mostrarse “superior a sus lectores” (62), con el resultado de que “pueden éstos […] desestimarle, sino menospreciarle” (62).  Cernuda está refiriéndose aquí específicamente a los hombres del 98, quienes en cierto momento adularon al novelista y dramaturgo, para después negarlo como nuevos San Pedros (sobre todo Baroja y Unamuno). Debemos recordar aquí en este contexto la tan citada expresión, en Luces de Bohemia,  puesta en boca del grotesco personaje Dorio de Gadex, “Don Benito el Garbancero” –achacada erróneamente al propio Valle-Inclán—para ver lo acertada que es esta impresión de Cernuda.

            Continúa insinuando que “[a]caso le dañe la cantidad de su obra” (63),pero se apresura a afirmar que la cantidad de obra en Galdós no supone, como en Lope […]una dilución del poder creador a expensas del aquilatamiento”(63); y afirma lo que ahora, después de casi medio siglo de crítica valiosa ya sabemos: “Todo lo que escribió, cuenta” […] (63), aunque no abarque en este criterio a su teatro.

            Otro tema importante que toca Cernuda es que aun cuando Galdós “se apoya a veces en creencias e ideas que han dejado de ser las nuestras […] [e]ra en todo caso un error noble y necesario, que no desvirtúa hoy la actualidad de su obra” 64), como cualquier lector de los artículos publicados en nuestra revista habrá podido corroborar. Y añade algo importantísimo que refuerza nuestra creencia cuando fundamos Anales galdosianos: “En todo caso su obra no ha envejecido, como sí han envejecido la de Balzac y la de Dickens […] Con Dostoiewsky, acaso sea otro de los novelistas del siglo pasado cuya obra se conserve hoy enteramente viva” (64).

            Aun toca Cernuda otro nervio sensible que perduró durante muchos años y que hoy ya vemos superado: “Se ha repetido que Galdós no sabe escribir, que no tiene ‘estilo’.  No sé qué llamarán estilo quienes tal cosa dicen” (65).  Es en la consideración de este falso juicio (prejuicio, más bien), donde despliega el poeta su más acertada y fina perspicacia crítica al examinar el uso que hace Galdós del diálogo y del monólogo en sus novelas. Esta jugosa sección de su texto termina dando como ejemplo de lo que considera uno de los grandes aciertos de la novela de Galdós, el monólogo de Mauricia la Dura, borracha, cuando roba la custodia para llevar a Cristo donde está su madre.  Punto y seguido declara: “Hay una trascendencia en Galdós, de realidad física a la metafísica, que sólo comparte con otro novelista […] Dostoiewsky” (67); y recuerda, a propósito, las palabras de Santa Teresa de que “Dios también anda entre los pucheros” (67).

            Termina Cernuda su ensayo considerando la larga utilización de la historia en los Episodios nacionales, utilización que trasciende en sus novelas: “Cuántas veces resuena en ellas el eco histórico y es en ocasiones elemento de la trama. Sin embargo, lejos en el pasado aquella época, cambiada la sociedad, sus novelas siguen siendo vivas y actuales, como si el tiempo no se hubiera movido” (67).

            El traer a colación este corto ensayo de Luis Cernuda en este auspicioso momento podría parecer un vano esfuerzo para convertir a creyentes. Después de todo, los galdosistas hoy tenemos una opinión muy afin a la expresada por el poeta en 1954. Hay, sin embargo, consideraciones útiles que podemos sacar de la lectura de este texto. En momentos en que aun no se había iniciado una valiosa y moderna crítica sobre la obra de Galdós –exceptuando el libro de Casalduero que es más bien una introducción inteligente a la vida y obra de nuestro autor—un importante poeta de la generación de 1927 se declara abiertamente admirador de ésta. Según una anécdota que se cuenta, en los años treinta Cernuda y Lorca se habían confesado, con mucho sigilo en un café madrileño, que a ambos les gustaba la obra de Galdós. Pero ahora, en 1954, se declara en público y con sustanciosas razones.

            Es posible que en el texto de Cernuda no encontremos nada que ya no se haya discutido sobre la obra de Galdós. Sin embargo, me ha parecido interesante recordarlo para reafirmar la importancia de haber lanzado esta revista en 1965 con el afán de buscar los “lectores verdaderos” que el poeta dudaba que se pudieran encontrar. Así mismo, nos vuelve a dar el impulso necesario para continuar con esta importante labor en el futuro.

 

Obras citadas

Casalduero,  Joaquín. Vida y obra de Galdós.  Buenos Aires: Losada, 1943

Cernuda, Luis, “Galdós” (1954).  Poesía y literatura I y II.  Barcelona: Seix Barral, 1971. 62-8.

Gullón, Ricardo. Galdós, novelista moderno.  Madrid: Revista de Occidente, 1957.


* Esta nota apareció en el N° doble 38-39, de los Años 2003-2004, 11-13.

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