Sixto Cámara

Eduardo Montagut

Sixto Sáenz de Cámara (1825-1859) fue un personaje protagonista en el complejo mundo del socialismo utópico español, cercano a las ideas de Fourier, además de ser un convencido republicano y ser partidario del iberismo, la unión entre España y Portugal, en su faceta republicana federal. Además de sus ideas socialistas utópicas, fue, curiosamente, un revolucionario de acción. Cámara vivió intensamente el convulso mundo político español de mediados del siglo XIX que, a pesar de lo heterogéneo que era, unía a sus defensores en un decidido afán de justicia social, a pesar de morir muy joven.
Cámara fue muy activo en el mundo editorial, en periódicos y revistas, llegando a tener que exiliarse en Francia. En 1849 fundó en la capital madrileña La Reforma Económica, un periódico dedicado a la difusión de las ideas socialistas utópicas. Cámara participó con Fernando Garrido Tortosa y Ferreras y Aguilar en la organización de la sociedad “Los hijos del pueblo”. En 1854 fundó La Soberanía Nacional, que defendía las ideas el Partido Demócrata, y que provocaría que fuera detenido y encarcelado. Luchó en el final del Bienio Progresista en 1856. Al ser vencida la Milicia Nacional pudo escapar hacia Portugal vía Andalucía.

En Portugal siguió activo y luchando por sus ideas. En Lisboa dirigió una junta revolucionaria. Al año siguiente, apareció su Manifiesto al pueblo español. En 1859 organizó la Legión Ibérica. Cámara había escrito en ese momento una obra titulada A União Iberica, que buscaba la unión de las repúblicas portuguesa y española. La Legión Ibérica pretendía ser un grupo de republicanos de ambos países en apoyo de Garibaldi en su lucha en Nápoles.

Cámara entró en España, pero fue delatado cerca de la frontera y tuvo que intentar regresar para no ser detenido. Pero en la huida pereció por el calor y la sed. Pi y Margall relata este trágico suceso en un trabajo titulado “La muerte de Sixto Cámara y la salvación de Francisco Garrido”. En el artículo se puede leer lo siguiente:

“Uno de estos cándidos revolucionarios, hombre, por otra parte, de gran cultura, prestigio y acrisolada honradez, Sixto Cámara, que a la sazón se hallaba en Portugal, pasó la frontera el 8 de Julio de 1859 y, según aseguran, en la noche del 9 al 10 conferenció en Olivenza con los sargentos del batallón provincial de Badajoz con quienes estaba de acuerdo para una sublevación. Había ésta de tener como base el alzamiento de la guarnición de aquella plaza fronteriza; a la que seguirían las de Badajoz, Sevilla, Málaga y demás de Andalucía. Contra la opinión de los que sostenían la poca oportunidad del movimiento intentado y sin apenas recatarse de la policía, permaneció Cámara en Olivenza, mientras el Gobierno, enterado oportunamente de sus proyectos, lo mandaba prender desde Badajoz. Supo a tiempo Cámara la orden de prisión dictada contra él, y en lugar de buscar asilo seguro en la misma, población, se empeñó en salir de Olivenza a las 11 de la mañana en compañía de un joven demócrata llamado Moreno Ruíz. El día era horriblemente caluroso, y ni Cámara, ni Moreno conocían el camino de Portugal, a donde pretendían dirigirse, pues aunque el de la carretera lo sabían, no podían aventurarse a marchar por ella, expuestos como estaban a ser detenidos en el acto. Así caminaron por entre matorrales, rastrojos y trochas con un sol abrasador, y atormentados por la sed. Arrojóse sediento Sixto Cámara a beber agua de una ciénaga que por su malaventura encontró en el camino. En vano quiso su compañero detenerle. A los pocos momentos, se sintió Cámara enfermo y presa de mortales angustias.

Desesperado su joven acompañante al ver en tan mal estado a su amigo y jefe, se dio a buscar un asilo en donde atender y cuidar de él. Por fin, logró divisar una miserable casucha, a la que fue trasladado ya en gravísimo estado el pobre Cámara. A los pocos momentos de llegar a su mísero albergue, expiró Cámara, presa de horribles dolores.”

Cámara escribió La cuestión social (1849), donde refutaba la obra de Thiers sobre la propiedad, y que había sido mandada traducir por el gobierno moderado español, una Guía de la Juventud, dedicada a la enseñanza, La propiedad, y Espíritu moderno (1848). En esta última obra realizó un estudio de la evolución humana en tres fases: las sociedades antiguas, el orden feudal y el orden democrático. Ese orden en el que viviría el autor seguiría siendo aristocrático. Las diferencias sociales no estarían marcadas por la ley ni el derecho, sino por la organización económica. Por eso debía reformarse. Solamente mediante el “trabajo combinado podrá obtenerse la justicia, repartiendo proporcionadamente los beneficios a los agentes de la producción, capital, trabajo y talento. Fuera de aquí no hay más que explotación y tiranía”.

Insertamos un fragmento de la obra de Cámara, La cuestión social, sobre la igualdad jurídica y la desigualdad económica:

¿Creéis que el hombre posee ya todas las garantías a que tiene derecho? (…) Y en el dominio de la producción, Juan, que es jornalero y representa en la sociedad la clase más útil y numerosa, ¿con qué garantías cuenta el infeliz para asegurar el pan a su familia y evitar que en los rigores del invierno caiga con él en una miseria afrentosa?, ¿para saborear esos derechos que por mofa parece que le dais? ¿No es en verdad un insulto decir al hombre que pasa un día y otro día, un mes y otro mes, un año y otro año, hiele, llueva, nieve o el sol del estío abrase, siempre inclinado hacia la tierra, deformando su cuerpo, corrompiendo sus costumbres, desgastando su actividad, y al que por castigo de un trabajo de tanta importancia lo condenáis al suplicio de oír los gritos penetrantes de su esposa y de sus hijos que piden vestido o alimento; no es un insulto, repito, decir a este desgraciado: “Puedes cocer el pan donde te dé la gana, matar la caza que viva de tus tierras, aspirar como otro cualquiera a los altos puestos del Estado; ya todos somos iguales?”

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