
Eduardo Montagut
El movimiento obrero socialista desarrolló una intensa y constante labor formativa en relación con los trabajadores y trabajadoras, publicando libros y folletos, organizando bibliotecas y lecturas públicas, reseñando y recomendando libros en sus órganos de prensa, etc. Pero también, en alguna ocasión creyó conveniente advertir sobre las “malas lecturas”.
Pero ¿existían “malas lecturas”? Desde el punto de vista del movimiento obrero parecía evidente y había que combatirlas.
Pero el método no consistía en señalar solamente cuáles eran las lecturas perjudiciales, esto es, el “folletín espeluznante”, el “novelón infame e interminable”, o el “periódico taurino” (los socialistas combatieron todo tipo de fiestas con toros).
Así pues, en una columna que apareció en el número 723 del 12 de enero de 1900 en El Socialista se planteaban algunas consideraciones sobre las formas para terminar con esas “malas lecturas”.
De nada servía decir a los trabajadores que no debían “envenenar su inteligencia” con esas lecturas, y que tenían que leer tales o cuales libros. Había que ofrecer lecturas que les interesasen. Si no era así se estaba perdiendo el tiempo.
Había que aportar “lecturas buenas”, pero, sobre todo, lecturas que consiguieran agradar a quienes estaban acostumbrados a esos folletines, las crónicas de los crímenes, los versos malos y los novelones, es decir, a quienes nunca habían accedido a la literatura.
La tarea no era fácil pero necesaria.
Por eso, se recomendaba que donde hubiera posibilidad se organizasen lecturas de obras literarias comentadas y explicadas por entendidos. Pero el problema se daba en los lugares donde no se podía contar con esos recursos humanos.
Por eso se apelaba a quienes se interesaban por la cultura porque el periódico consideraba que era un empeño noble que los literatos, los críticos y los que se dedicaban a la enseñanza se dedicaran a esta tarea de promocionar las buenas lecturas.
Por eso, al calor del auge de las sociedades obreras se podían crear en los locales de las mismas (¿las casas del pueblo?) bibliotecas y /o salas de lectura.

Al parecer, los socialistas belgas habían abierto una especie de encuesta o investigación para saber qué libros debían adquirirse con objeto de formar bibliotecas populares y no mayores de veinte volúmenes.
El artículo terminaba haciendo un llamamiento a quienes sabían para que formasen listas de lecturas. El mismo terminaría calando como hemos visto en muchos artículos que hemos dedicado a este tema de las lecturas y de los planes de lectura en el seno del socialismo.
























