
Lidia Smitcz, UCJC
Existen en los materiales de esta comedia, tres versiones que he encontrado en la Biblioteca Nacional. El primero que transcribo en el ms. Sig/21.740, que es de la letra de Galdós, con la numeración de folios correspondientes. Este texto muestra una Isidora mucho más contundente que en su versión definitiva, sus ideas son más evolucionadas y menos sometidas que las que luego mostrará en la versión final en el escenario. Alejandro cumple a la perfección su papel de aristócrata indolente, venido a menos.
El segundo es el ms. Sig/ 14.409, que no es de la letra de Galdós, por tratarse de una copia de ensayo, es más austera que el ms. Original en cuanto a las acotaciones. Este ms. tiene sello del teatro Español, y algunas tachaduras que transcribo <en cursiva>.
Entre el ms. de Galdós y la versión princeps, existe otra copia también con sello del Español, que es muy similar al Sig/ 14.409, pero registrado como Sig/ 14.495-3, que no transcribo porque es el mismo que el anterior pero sin las tachaduras, misma letra también que el anterior. Son copias de los parlamentos sin indicaciones teatrales de ningún tipo, por lo que he llegado a la conclusión de que podían ser perfectamente las reproducciones utilizadas por el apuntador, quien necesitaba los diálogos para repetirlos en “la Concha” a los actores, sin necesidad de más detalles, exclusivamente el texto a declamar. Esta copia aparece registrada en los archivos de la Biblioteca, existía un cuarto que llamaban “el Infierno” en la que guardaban aquellos ejemplares de teatro que no se podrían exhibir, aquellos que por tanto eran censurados. Voluntad, con el nº 14.495-3 y Doña Perfecta, otra copia de ensayo con el nº Sig/ 14.418, tienen el sello de censura.
En tercer lugar transcribo la princeps, publicada en La Guirnalda, que es la versión definitiva, después de haber sido revisadas todas las ediciones que había de Galdós en vida, por si hubiera habido algunos cambios que no hayamos computado. He podido comprobar cómo Galdós adapta muy bien los diálogos a la medida del personaje, y también cómo activa el movimiento y la acción con el fin de que no se dilate excesivamente en el tiempo.

| Ms. Sig/ 21740 f. 33 |
El personaje de Isidora es más contundente en el ms. En la versión definitiva, la princeps, los caracteres de la protagonista están más diluidos. Es menos fuerte y aparenta menos seguridad en su comportamiento.35
Acto II
Escena X
Isidora; poco despues Alejandro
Isidora. (afanada, sentándose en el escritorio) ¡Dios mio, lo que tengo que hacer!…Aqui está el vendí…Pongamos la nota del género cedido (escribe) Primero: doce piezas de…(se detiene preocupada) Ese pillo de Luengo…No; imposible que Alejandro se atreviera á venir aqui. (escribe) Seis piezas de á metro sesenta de ancho…No sé por qué hoy no puedo apartarle de mi memoria (Entra Alejandro cautelosamente, y se desliza por el fondo de la escena)…Hacen un total de metros noventa, que arrojan, pesetas 1.350. Bien (pensando) Si, le tengo aqui, aqui…Imposible olvidarte. Y lo que yo digo ¿se acordará de mi? (venciendo su distraccion y obligandose al trabajo) ¿Pero f. 34 estas tonta? A trabajar, niña. (Escribiendo) Diez y ocho de á metro diez, á nueve pesetas nuestro…
Alej[andro]. (contemplándola desde el ángulo opuesto, ocultándose tras un tibor ó un biombo) Alli está la pobre, navegando en un océano de números. ¡Qué bella, qué encantadora en su afan de hormiga diligente. Es la loca del trabajo. Padece la mas inutil y vana demencia de las muchas que afectan á la desdichada humanidad.
Isidora. (escribiendo) Pesetas 1037. (pensando) No sé que siento hoy. Hay en mi cabeza como un deseo de descanso, de…No sé qué es esto. Si tendrá razon Alejandro, que sostiene que estos afanes embrutecen el alma, y amargan la vida, y secan la fuente del ideal y de los goces puros, y tal u qué se yo. Ello será asi; pero como no vuelva la edad de oro, en que se mantiene la gente con bellotas, habrá que trabajar. Eso le contestaba yo; y el se reia, y decia unas cosas tan saladas, tan oroginales…(Dominando su pensamiento) Anda, hija, no te duermas. (escribe) Añado los cincuenta pañuelos crespon clase P, 14, P, 15. Vea f. 35 mos los precios. (coge una nota, entre los varios papeles que tiene delante)
Alejand[ro]. (Avanzando un poco hacia el proscenio) ¡Linda criatura, esclava de ilusorios deberes, de una abnegacion artificiosa. ¡Muger hechicera…atacada de
- Las aparentes erratas, no lo son. Es la transcripción de la letra de Galdós con la acentuación en la á, la falta de acentuación en algunas palabras y todos los errores que conlleva la escritura manual de borrador.
la epidemia humana, que es la plétora de leyes u principios…¡Dichosos los salvajes, los pastores, los vagabundos, emancipados por la bendita pobreza, por la bendita ignorancia!
Isidora. (contemplando gozosa su escritura) ¡que bonitos numeros! Aqui tengo tres concos, tan gallardos, con sus plumachos en la cabeza, y debajo un seis muy panzudo, agarrado de un tres, que parece desternillarse de risa…¡Oh! no sé que tengo hoy…Es la pícara imaginación, que se me quiere insurreccionar…Nunca me habia pasado esto…hasta hoy. (oprimiéndose la frente) imaginación, ten juicio…no <juegues> enredes, hija…(pensando) ¡vaya con lo que me dijo Luengo! ¿Será cierto que estuvo aqui? ¡Pobrecito! Sin duda está loco por verme…Pues que se fastidie. (Recordando) Ay, lo que f. 36 me falta todavia!…¡El pedido de género aleman! Lo despacharé antes. Luego acabo esto. (Levántase, y rapidamente va al otro lado) <Veamos> Aqui dejé los muestrarios. (Los examina. Alejandro se ha ocultado en el fondo tras cualquier objeto) Este no es. Aqui está el que pedi, (hojeándolo, con las señales de lapiz que puse la semana pasada. Bonitas telas…que novedad de colores…De este color era el último vestido que me compró Alejandro…¡Es raro que no pueda hoy apartarle de mi memoria! (quédase absorta, y se sienta en una silla baja, junto á la mesilla. Alejandro se desliza paso á paso por el fondo, va al escritorio, y se sienta en l abanqueta) Paréceme que le estoy viendo. (Dominámdose) ¡No, si no quiero verle! (con energia) No, no. (Transicion) Bah…¡como miente una, como miente, aun hablando consigo misma! Tenemos la mentira tan metida tan metida en el alma, que si discurriendo á solas dejamos de decirnos algo que no es verdad…(Recobrándose) Ea, que el tiempo vuela, Isidorita. A trabajar. (Dirígese al escritorio. Al ver f. 37 á Alejandro en el sitio que ella ocupaba antes, da un grito; quédase despues suspensa, aterrada, inmovil y muda, como no creyendo á sus ojos ó como si le hablara en presencia de una cisión.
Alejand[ro]. (sonriendo) Si, yo soy…¿Me tomas por un fantasma?
Isidora. (Da algunos pasos; retrocede) No, no eres…no eres…¡Alejandro!…(acercandose mas) ¿Eres tu de veras? Alej[andro]. Yo síe, que me recreo, que me extasio mirándote.
Isidora. ¡Oh, que absurdo! Tu…en mi casa…Por Dios, vete, vete pronto de aqui.
Aleja[ndro]. Ten calma. Necesito hablar contigo.
Isidora. (muy agitada) Nada tengo yo que decirte. Pueden venir mis padres, mi tio…
Alejan[dro]. Sosiégate…Me iré, si tu lo mandas…Pero no sin decirte que me abandonaste caprichosamente y sin motivo.
Isidora. (vivamente) No sigas. No te he perdido disculpas, ni las quiero, ni me hacen falta.
Alej[ndro]. Claro. Sabes muy bien que no amo á la que fué causa de tu arrebato de celos; sabes que, de cuantas mujeres existen en el mundo, no puedo amar mas que á una sola, á ti. f. 38
Isidora. Déjame, déjame. Te tengo miedo. Guárdate tu amor, que pasa mi es tan incomprensible como tus ideas. Guárdalo todo para quien quiera perecer en ese torbellino. Yo me salve! Al volver á mi casa, á ets acasa del deber, del trabajo, de la honradez oscura, arranque de mi mente todos los desvarios. Tus palabras bonitas no me trastornaran otra vez. Estoy curada de esa enfermedad que llaman ensueño. Soñador, vete, déjame.
Alej[andro]. No has entendido mi intención. ¿Crees que vengo á solicitarte, á
pedirte que vuelvas conmigo?
Isidora. Seria inutil.
Alejand[ro]. Es que no he pretendido ni pretendo tal cosa. Bien sé que no te merezco. Y si te merezco, no he sabido demostrártelo…¡me abandonaste! Bien esta. Respeto tu resolucion. Sólo vengo á consolar mi tristeza, diciendote que te quiero hoy, lo mismo que cuando vivias á mi lado. Isidora. Bien, ya lo sé; puedes retirarte.
Alej[andro]. Y tu nada tienes que decirme?
Isidora. Nada. f. 39
Alej[andro]. Piénsalo bien. Si, tu podras decirme que, aunque los desvarios de mi imaginacion y el vértigo de mis ideas, y los desordenes de mi conducta te han separado de mi, siempre me tienes ##, siempre me quieres…Confiésalo, y me voy en seguida.
Isidora. No lo confieso; no es verdad…No quiero verte mas. Necesito estar sola para trabajar, y salvar á los mios de la miseria. Alejand[ro]. Quieres que te ayude?
Isidora. ¡Si tu no sabes! No sirves para nada. Eres un ser inútil, un visionario, un vagabundo de los espacios infinitos. ¡Si no sé como te he querido! Alejand[ro]. Me has querido por eso, por eso mismo, por ser como soy, un soñador, un espiritu inquieto, revoltoso, que ambiciona ver lo invisible, y penetrar lo impenetrable.
Isidora. ¿Y qué tengo yo que ver con esos delirios?
Alejan[dro]. Es que en medio de estas realidades en tu vives, piensas en mi…No
lo niegues.
Isidora. ¡Fatuo!
Alej[andro]. Que no lo niegues, Isidora. f. 40
Isidora. Bueno, pues que piense alguna vez ¿eso que significa?
Alejan[dro]. Significa, si…significa que tengo motivos para envanecerme…Mi fatuidad, como tu dices, mi orgullo, como digo yo, se funda en eso… Isidora. ¿En que?
Alejand[ro]. Es que este soñador, este delirante, que aborrece los negocios, las carreras, la politica y el matrimonio que solo ama las ideas puras, que es religioso á su modo, poeta á su modo, sin hacer versos, artista por entusiasmo, tiene y tendrá siempre un lugarcito en el pensamiento de la mujer práctica. No podrás, no podrás desterrarme de ti, Isidora, no podras, no podrás…y cuando mas engolfada estés en tus números y mas amarrada á la realidad por tus obligaciones…dejarás volar tus miradas por el vago espacio, buscándome á mí, al ensueño…No puedes, no, no puedes…
Isidora (Haciendo un supremo esfuerzo para f. 41 vencer la sugestion) ¡Si podré! (Apelando al último recurso <extremo>) Me impides trabajar…Trabajo urgentísimo,de que depende quizas la salvacion de mi casa. Alej[andro]. Eso no. Tu trabajas…y yo te admiro.
Isidora. No puedo, Tu presencia me transtorna.
Alej[andro]. Yo te ayudaré! (Ademan de sentarse en el escritorio) Díctame. Isidora. No, no, déjame el sitio. (Se echa del escritorio y se sienta ella) Acabaré la nota para el saldista.
Alej[andro]. ¿quieres que te dicte yo? ( Da la vuelta y se pone al otro lado del escritorio, vuelto hacia Isidora)
Isidora. (escribiendo rapidamente) No, no es preciso ¡qu emalo eres! Alejand[ro]. No soy malo. Soy un hombre que se ha formado solo, que nunca conoció el trabajo, ni las dificultades de la vida.
Isidora. (muy nerviosa, escribiendo á prisa, y procurando abstraerse; pero sin poder conseguirlo) Doce mil setecientos y…Ah! me olvidaba. (buscando papel) Estoy en babia. Y tu robándome la tranquilidad, el tiempo (Escribe) Ademas cincuenta pañuelos de crespon…f. 42
Alejand[dro]. ¿Que yo te robo los pañuelos?
Isidora. No…digo…cincuenta, desde 130 á 800 pesetas…sigue ¿que decias? Alenajd[ro]. Quedé huérfano y rico. Ni mis padres, ni mi tutor supieron hacer de mi lo que llamais un hombre útil. No es que yo me queje de este abandono. Isidora. Vives en un mundo imaginario.
Alejand[ro]. Y tu en otro, porque eso que haces es tan imaginario y tan vago como las nubes que corren por el cielo, oscuras unas, otras iluminadas por el sol.
Isidora. ¿Ves? yo me equivoqué por culpa tuya. Escribirelo otra vez. Treinta varas á…¿Con que las nubes?…el rayo de sol…? á 12,50…Anda, ya me equivoqué en los números.
Alejand[ro]. ¿qué mas da? Todos los números y cifras son iguales. Podran parecernos distintas; pero en la cuenta fiscal y total no son mas que una sucesion infinita de ceros.
Isidora. (escribiendo con agitacion) Con la rebaja del 30 por 100…Estas loco y quieres que yo tambien lo esté. Déjame á f. 43 mí en la realidad, y vete tu á tus nubes.
Alejand[ro]. Todo es nubes, eso y lo mio.
Isidora. Ahora, el pedido. Coge aquel muestrario, y me vas dictando las cifras de las telas que veras marcadas al margen con lapiz azul.
Alejand[ro]. (coge el libro) Todo es cierto, espacio sin fin, la materia tan infinita como el espacio, la diligencia tan ociosa como la ociosidad (Dictando) 747. Isidora. (muy excitada, escribiendo con grandísima rapidez) Pobre visionario!…De esta pido treinta piezas…Sueñas con el arte que no posees. Alejand[ro]. 749…La poseo en la admiracion de los que lo cultivan. 781. Isidora. Arte…¡que bonito! (calculando) Cuarenta y cinco piezas…Mas á prisa. Alejand[ro]. 801 bis. Sueño con el amor, cuyo ideal encontré en ti.
Isidora. Anda morena. (burlándose) El amor, valiente tonteria!…(calculando)
De esta, ochenta piezas.
Alejandro. 810.
Isidora. Si al menos te ajustaras á la realidad de las cosas…Treinta y cinco. f. 44
Isidora. Que? (creyendo que se refiere al pedido de género) ¿Mucho?
Alejand[ro]. No, digo…842. La realidad y yo no hacemos buenas migas. 847 bis.
Mis ideas, ya sabes…
Isidora. (impaciente) Dame acá: yo acabo mas pronto.
Alejan[dro]. No vida mia. 849.
Isidora. Dame el libro. (se lo quita)
Alejandro. (señalando donde él quedó) Aqui estábamos.
Isidora. Me sé de memoria tus ideas. (escribe) 850. (Repitienso burlescamente conceptos de él) Abajo la vulgaridad! Muera todo lo convencional y rutinario!…las jerarquias sociales, el matrimonio, la…ja, ja…855…cuarenta piezas. Alejand[ro]. Eso mismo.
<Isidora.> <(metiendo los papeles en un sobre) Tengo que mandar esto á mi padre. (Sale del escritorio) Dirígese á la puerta de la tienda y llama) Bonifacio. (Sale Bonifacio) ¿Está ahi Serafin?>
<Bonifacio.> <Aqui está aprendiendo á despachar.>
<Isidora.> <que tiene esto…pero volando…á papá…en casa de Requejo (da el juego á Bonifacio, que se va y cierra. Isidora vuelve al proscenio) Y ahora, Alejandro, por Dios y por la Virgen (seña>
f. 44- 2º
Isidora. ¿Sabes lo que significa toda esa <monserga> monserga?…pues no es mas que una forma de orgullo…Si señor…857. Alej[andro]. De dignidad digo yo.
Isidora. De soberbia satánica…Cuarenta piezas. Vaya, he concluido. Gracias á Dios. (Metiendo los papeles dentro de mi sobre) Tengo que mandar esto á mi padre. (Sale del escritorio, Dirígese á la puerta de la tienda y llama) Bonifacio. (Sale Bonifacio) ¿Está ahi Serafin?
Bonif[acio]. Aqui está, aprendiendo á despachar.
Isidora. que lleve esto…pero volando…á papá…en casa de Requejo (Da el pliego
- Bonifacio y vuelve al proscenio. Bonifacio. (Sale Bonifacio) ¿Está ahi Serafin? Bonif[acio]. Aqui está, aprendiendo á despachar.
Isidora. que lleve esto…pero volando…á papá…en casa de Requejo (Da el pliego
- Bonifacio y vuelve al proscenio. Bonifacio se va y cierra) Y ahora, Alejandro, por Dios y por la Virgen (señalandole la puerta de la derecha)… f. 45 Alej[andro]. Una palabra, una palabra no mas.
Isidora. Dilo si te vas pronto.
Alej[andro]. Que me duele verte en este ardiente afan. ¿Para librarte de él, y salvar tu casa, dispon de lo mio.
Isidora. Gracias. No puedo aceptarlo. Eres mi perdicion…Lo has sido; lo serias otra vez…No, no, no quiero. (Asustada se aparta de él.) Tu apoyo es mi muerte. (cae en una silla, como fatigada y abatida) vete, y no pienses mas en mi.
Alej[andro]. Ah, no…No pensar en ti. ¡Imposible! Es poco ya decirte que te adoro; déjame decirte que te admiro, noble y grande heroina. Quieres luchar sola, fiando en tu voluntad potente. Ah! sucumbirás.
Isidora. Sucumbiré, si vienes junto á mi á trastornarme, á destruirme tu voluntad que es mi única fuerza.
Ale[jandro] Con mi auxilio será mas poderosa.
Isidora. No, no. Luchar sola y honradamente es mi orgullo. No me prives de esta satisfaccion, la mas noble que puede tener su alma (se levanta) f. 46 concédeme esto, y…(mirándome con afecto)
Alej[andro]. 8que se habia mantenido á respetuosa distancia da algunos pasos hacia ella) que?
Isidora. Te querré.
Alejandro. (con júbilo) ¡que me querras, que volverás á quererme! No soy ya tan desdichado. El pobre soñador se consuela con esa esperanza, y hace de ella la verdad de su vida.
Isidora. (retrocede asustada) ¡Como me seduce el pícaro!
Alejand[ro]. (con entusiasmo) En mi corazón pongo un altar, y en ese altar un símbolo, uno solo, tu, tu, en alma y cuerpo…
Isidora. ¡Me arrastra, me fascina! ) (duchando)
Alejand[ro]. Y allí te adoraré…No te desdigas, ¡Volverás á quererme!…Es que subsiste en ti el cariño…(Isidora le mira amorosamente sin decir nada) Mas que cariño, amor…
Isidora. (dando algunos pasos hacia él con deseos de abrazarle, que reprime) Si.
Alejand[ro]. Si es ley que nos amemos, ven á mi.
Isidora. Si (se abrazan) Es ley.
Alejand[ro]. Si no existiera la disparidad de caracteres, no existiria el amor, el sentimien f. 47 to universal, que mueve los mundos.
Isidora. Te quiero, si. (con abandono, apoyando su frente en el pecho de él) Eres mi muerte moral, la muerte de mi voluntad. Desde que estas aqui, las ideas de orden se me han ido de la cabeza. (Entorna los ojos, como sufriendo con desvanecimiento. Alejandro la sostiene en sus brazos. Ambos estan en pié) Alejand[ro]. Mejor. Las ideas de orden, los números, la regularidad son el desierto de la vida, que hay que atacar con sed y fastidio. Al fin ¿qué se encuentra? Nada, fastidio, sed…La sed no se acaba, ni el desierto tampoco.
Isidora. (como dormida sobre el pecho de Alejandro, los ojos cerrados) Si,…el desierto…sed.
Alejandro. Reconoce que estas luchas de la realidad á nada conducen, y que vale mas dormir, soñar, entregarse al dulce acaso… Isidora. (como en sueños) Soñar…vivir…
Alejand[ro]. Y que fuera del arte, del amor, de la poesia, nada existe que merezca nuestra atencion…
Isidora. (Rehaciendose subitamente y desabilándose) f. 48 ¡Oh, que delirio! (Despréndese de los brazos de Alejandro, se pasa la mano por los ojos) ¿Estoy soñando? Alejandro, me matas…Si me quieres, como dices, déjame vivir Alej[andro].vivir…trabajar
Isidora. Si; esto es la muerte. Déjame (Recobrando su energía) Yo te lo suplico,
te lo mando.
Alejand[ro]. ¡Despótica!
Isidora. (creciéndose hasta llegar á la autoridad altanera y que no admite réplica) Si que lo soy. Mando en mi casa; quiero mandar tambien en ti. Alejand[ro]. (Pausa. La contempla fijamente) Obedezco (Dirígese á la puerta y se detiene)
Isidora. (Imperiosamente) ¡Pronto!
Alejandro. Adiós. ¿Hasta cuando?
Isidora. Hasta nunca.
Aleja[ndro]. (da algunos pasos hacia ella) Eso no.
Isidora. Hasta nunca digo. (indicándole la puerta con gran decisión y firmeza)
Alejand[ro]. (va junto á la puerta) Está bien. Tu mandas.
Isidora. quiero recobrar mi bendita soledad. (Vacilación en Alejandro, que al fin se decide á partir, dominado por la voluntad potente de Isidora) Alejand[ro]. Adiós, sí…adiós.
Isidora. (despidiéndole a distancia con un beso volado) Adiós.
f. 49 Escena XI
Isidora. D[o]n Santos, que entra presuroso por el foro izquierda, en el momento de salir Alejandro y le ve salir D[on].Santos. ¡El aqui!…y yo loco buscándole…Voy tras él. (corre tras
Alejandro. Isidora le detiene, cogiéndole por un brazo).
Isidora. No.
D[on].Santos. ¡Pero, hija…aqui!¡qué escándalo!
Isidora. Entró…no es culpa mia (con cierto desvario) Le quiero, sí, no puedo negarlo ¡Desgraciado él, desgraciada yo!
D[on] Santos. Si supieras lo que ocurre. Una gran desdicha.
Isidora. (asustada) ¿que?
D[on] Santos. Es cosa de él…Y yo acechandole en casa de Guevara…y la casa de Guevara…¡Oh cuanto pillo en este mundo. (Impaciente) Es preciso que lo sepa. ¿Sabes á donde ha ido?
Isidora. ¿Pero que hay?..expliquese, tío.
D[on] Santos. Una cosa tremenda, hija, tremenda…para él…Pero me da el corazon que esto facilita nuestros planes.
Isidora. (confusa) cosas tremendas…planes…tio, me vuelve u[sted] loca. D[on] Santos. Ya lo sabrás…tu padre viene. f. 50
Escena XII
Isidora. D[on] Santos- D[on] Isidro; luego Doña
Trinidad
D[on] Isidro. (por la tienda, presurosa, muy sofocado) Hija mia, ¿pero que te
pasa?…¿Estas loca?
Isidora. ¿Pero qué…?
S[on] Isidro. (con dificultad en el aliento) que me has puesto en ridículo.
Requejo ha creido que nos burlábamos de él.
Isidora. Pues te mandé…
D[on] Isidro. (mostrando los papeles que le mandó Isidroa) Todo equivocado…todo lleno de garrafales desatins ¿que dice aqui? Que suma es esta?
Isidora. El liquido
D[on] Santos. (leyendo en los papeles que D[on] Isidro conserva en su mano) Treinta millones de pesetas.
Isidora. (llevándose las manos á la cabeza) ¡Jesus!
D[on] Isidro. ¿Pero tu como tienes la cabeza?
Isidora. (afligida) trastornada, ¡ay! enteramente trastornada.
D[oñ]a Trini[dad]. (que entra por el foro izq[ierdo] y se aproxima á el grupo) ¿qué es eso? ¡Isidora!
Isidora. (Se abraza á su madre) Madre, estoy loca…no sé lo que me pasa.
D[on] Isidro. Y aquí pones tantas piezas de mil quinientos metros…
D[on] Santos. ¡Kilómetro y medio! f. 51
D[oñ]a Trinidad. Hija mia, serénate.
D[on] Isidro. Y aqui dice! Sesenta piezas de cielo azul.
Isidora. (consternada) No sé…déjenme. No hagan caso de mi…no sirvo, no sirvo…
D[o]n Isidro. Y nada hemos podido hacer. Requejo furioso. En la fecha del vendí pusiste 1995.
D[on] Santos. ¡para fines del siglo que viene!
D[on] Isidro. Y en la nota del pedido: (lee) Amor, espacio infinito del número 715. Cuatro cientas mil.
D[on] Santos. Ya, ya…pide sin tasa…Como que es género…infinito. Isidora. No siga usted. ¡que vergüenza!
D[o]n Isidro. Estamos perdidos. Requejo no espera…No podemos cumplir…La casa se hunde.
Isidora. (con disertacion) ¡Oh, no puedo salvaros. Estoy loca…Entró el enemigo y me mató la voluntad.
D[on] Isidro. (muy apurado) Pero, chica, procura rehacer las notas…
Isidora. Ay, no sé…Mi inteligencia se pierde, se va…Mi memoria tambien. No sé, no sé nada…Soy tonta, imbecil…
D[oña] Trinidad. Niña querida, vuelve en ti. f. 52
Isidora. (cae en una silla. Todos la rodean consternados) No puedo, no puedo…
D[on] Isidro. ¿Donde está tu voluntad?
Isidora. (angustiada) Me la han robado…Padre, tio, padre, hermanos mios, vuestra Isidora no sabe salvaros…Se os ha vuelto idiota… D[on] Isidro. ¡Dios de mi vida!
Escena XIII
Dichos- Luengo, Bonifacio, Serafinito
Luengo. (por el foro, á la carrera) Noticia, noticia…
D[o[n Isidro. Qué?
D[oñ]a Trini[dad]. Qué?
Luengo. Guevara…lo que yo temía… Guevara…
D[on] Santos. Se ha fugado…ya lo sabia yo.
Luengo. Fugado…dejando descubiertos horribles.
D[on] Santos. Alejandro…¡todo lo ha perdido!… Y ahora…
Luengo. Todo perdido…Eso digo yo; ahora…
Isidora. (que ha oido absorta, sin moverse de la silla) ¿qué dicen?
D[o]n Isidro. Hija mia, todos caen; y en algunos la caida es castigo del cielo. D[oñ]a Trini[dad]. No pensemos en los demas. Trate f. 53 mos de salvarnos nosotros.
D[on] Isidro. Isidora, haz un esfuerzo, y recobra tu sér.
D[on] Santos. Si, si (La rodean todos. Pausa. Isidora se levanta, mirando al cielo, como iluminada.)
D[oñ]a Trini[dad]. Parece que resucita.
D[on] Isidro. (con gran ansiedad) Si…¿Vuelves en ti, adorada hija?
Isidora. Ah!…(como delirando) la siento venir…la siento en mi otra vez…viene…entra. (con repentino júbilo) ¡Ya está aqui! D[oñ]a Trini[dad]. ¿qué?
Isidora. Mi santa energía, el sosten de mi alma, mi voluntad.
D[on] Santos. (con alborozo) ¡Viva!
Luengo. (á Bonifacio) Está loca, loca perdida.
Isidora. (con arrogancia y desmedo, manifestando el despejo de sus facultades) Ya, ya estoy en mi. Ya soy yo…¡A luchar! (Irguiendo la cabeza y apretando los puños, da algunos pasos en uno y otro sentido, ensanchando el circulo que forman los que la rodean todos se apartan de ella, como dejándole el terreno libre.
D[o]s Santos. A luchar por los tuyos. <por los> D[on] Isidro. Por los que te adoran…
Isidora. (con entusiasmo ardiente) Por todos, por f. 54 todos los mios, por los
que me aman. (con gesto de autoridad, en el centro del grupo) A su puesto
todo el mundo. Continua la batalla.
D[o]n Santos. ¡vencerá nuestra generala!
Isidora. Vencerá nuestra bandera, la voluntad, la gloriosa voluntad.
Fin del acto segundo.
f. 26 Acto III ms. Sig/ 21740
Escena XIII
Isidora. Alejandro
Isidora. tengo que darte una explicacion de esto…(mostrándole el cheque) Habrás visto en ello un acto de egoismo brutal; y no es eso, es todo lo contrario.
Alejand[ro]. (volviendo de su profunda abstraccion) qué…que dices?
Isidora. Pues tengo un proyectillo…Este poquitin, estas migajas de tu riqueza, parte devorada por ti, parte por depositarios desleales, yo te las guardo, yo te las administro.
Alejand[ro]. (sin comprender bien) Déjame…no me gusta recobrar lo que doy (con hastio) Tu me conoces…sabes que mi caracter…
Isidora. Si que te conozco. Siempre supe adivinar lo que pensabas. Y lo que
pien f. 27 sas en este momento lo veo tan claro, tan claro…(Pausa) No me
oyes?
Alejan[dro]. Si.
Isidora. Pues decía que con este dinero te constituyo un capitalito, del cual dispongo por ahora, dándote un interés… Alejand[ro]. ¡que desvario!
Isidora. Un interés que…en fin, tendras una renta cortita con la cual podras vivir…siempre que vivas con extremada modestia.
Alej[andro]. ¿qué significa eso? Es un humorismo inocente, ó cruel ironía? Isidora. Lo que quieras. Diras que es humillante para ti. Pero, hijo, hay que doblegarse ante el despotismo de los hechos. Ya no eres rico. Caes despeñado desde la abundancia á la miseria. Pero antes de llegar al fondo del abismo, encuentras, gracias á mi, una rama, un apoyo. Agárrate sin miedo. Es la pobreza decente.
Alejand[ro]. Isidora…por Dios, no me invites…
Isidora. Y mas te digo…Con tu rentita corta, estas en la mejor disposicion el munso para regenerarte. La estrechez educa, hijo mio. Alejand[ro]. Isidora…haces befa de mi desgracia?
Isidora. Bien sabes que no. Déjame seguir. Eres f. 28 pobre, y decirle al pobre que trabaje, no es escarnecerle.
Alej[andro]. (con cariño, dándole los brazos) Te entiendo, mejor que te entiendes tu mismo. Y no está bien que cuando te doy la mano para que no caigas al fondo del abismo, me mires con arrogancia y digas: suéltame, suéltame que quiero llegar a lo profundo.
Alejand[ro]. (vencido de su cariño) Oh, sí!…reconozco la bondad, la nobleza de tu intención, ¿Pero a qué me hablas así si te consta que no se trabajar, ni quiero, ni me gusta? Así soy, y no cabe reforma ni enmienda, ¡ganarse la vida!…Bastante hace uno con aceptarla, cuando te la dan; pero buscarla, correr tras ella…! quita, quita.
Isidora. Pues hijo, te tengo lástima, mucha lástima. ¡Ay cuánto vas a padecer! Alejan[dro]. quizás no tanto como crees…
Isidora. Porque yo sé que tu no eres hombre capaz de solicitar auxilios de la amistad. Sé que tú, hambriento, no has de pedir puesto en la mesa de un amigo. Tu orgullo te cierra todos los caminos, que la sabiduría infinita f. 29 de Dios abre á la voluntad del pobre. ¿Qué harás, pues, si no aceptas la tutela que te propongo, ó no recuperas lo que antes me diste? Que harás, dímelo, miquito, dímelo (Le abraza con cariño y acento infantil)
Alej[andro]. vida mía ¿No dices tú que cuanto yo pienso lo lees en mis ojos? Isidora. Sí, (mirándole fijamente á los ojos) Déjame leer bien.
Alejan[dro]. Lee, lee, que bien claro estará (Se contemplan cara á cara abrazados)
Isidora. (con infantil temor)Ay!, leo una cosa muy mala…Pero que mala…¡Jesús! Alej[andro]. (con emoción) Al despedirme de ti, te pido que me perdones el mal que te causé…No supe hacer tu felicidad,…ó no quise…que es peor(Se vuelve para disimular su emoción)
Isidora. (sin abandonar el tono infantil y mimoso) ¡Ay, miquito, qué lástima tengo de ti (En tono natural) Y no creas que voy a retenerte, ni a presentarte cuentas atrasadas…De los compromisos que conmigo tengas, te relevo generosamente. Nada me debes. Puedes retirarte (movimiento de Alejandro) f.
- (Ella se detiene) Pero no…antes cenarás conmigo. Alej[andro]. ¡Isidora!
Isidora. (fingiéndose ofendida) Ah!…yo te invité, y tu no dijiste que no. Alej[andro]. Pero…
Isidora. Nada, sería un desaire, caballero, un desaire que no creo merecer. Alej[andro]. ¿Te parece que es ocasión devocional?
Isidora. Hablo con toda seriedad.
Alej[andro]. Bueno. Déjame salir. Y yo volveré á cenar contigo.
Isidora. No, no; que vas á venir como el comendador, y me dará mucho miedo…No, no creas que te dejo escapar (dirígese hacia el fondo) Para que ni siquiera lo intentes…(llamando) ¡Bonifacio!
Alej[andro]. ¿qué haces?
Isidora. ¡Bonifacio! (Aparece Bonifacio en una de las puertas de cristales) ¡Cerrar! (Va Isidora á la puerta de la derecha, cierra y guarda la llave). Alej[andro]. ¡De modo que estoy preso!
Isidora. Preso, sí señor…Y si quieres, en capilla (óyese el ruido estridente de los cierres metálicos de los escaparates).
Alej[andro]. ¿Pero qué quieres?…¡Isidora!
Isidora. ¿qué quiero? Pues nada mas que contrariarte, hacerte rabiar. Ya me conoces; soy muy testaruda, y f. 31 traviesa…y maliciosa, un poquito maliciosa. ¡Tú que has de salir, y yo que no sales, ea1…Está muy fría la noche.
Alej[andro]. Si está hermosísima…
Isidora. (con obstinación) Digo que está fría…y lo sostengo, lo hago cuestión personal. Nada, nada, te llevo la contraria en todo, y principalmente en eso. Alej[andro]. En qué?
Isidora. En eso;¿A tí te da por aborrecer la vida?. Pues á mi me da por amarla.
Alej[andro]. (con amargura)¡Buena está la vida!…buena, buena.
Isidora. (con entusiasmo) ¡Oh, vida, qué linda eres!
Alej[andro]. Ya verás, ya verás…
Isidora. Ya veo, ya veo…
Alej[andro]. Trabajar sin descanso ni respiro, sacrificarse por los demás, sembrar beneficios para recoger ingratitudes…¡qué horror!
Isidora. ¡qué delicia!…respirar, discurrir, sacrificarse, amar, temer, esperar…! Alej[andro]. ¡qué suplicio!, creer, dudar, desear lo imposible, correr tras el vacío…Oh!…
Isidora. La vida será todo lo que quieras; pero es el único bien que conocemos. Alej[andro]. La vida es el mal, y sólo por excepción f. 32 y negándose á sí misma, nos ofrece algún bien. Ya para mí se acabaron esas breves excepciones, y no veo más que el mal inmenso, el dolor continuo, las privaciones, la miseria, la humillación, la vergüenza.
Isidora. De modo que yo soy…uno de tantos males…una calamidad… Alej[andro]. No, tu no…quiero decir (aturdido) ¡Te explicaré!
Isidora. No expliques nada, y óyeme que voy a extremar mi proposición. Aquí
sale otra vez la comerciante…
Alejandro. Di.
Isidora. Por esa cantidad tuya, que retengo y que te administro, te daré…te daré un rédito mayor de lo que corresponde. Así podrás vivir como un caballero…
Alej[andro]. (riendo) Y tú trabajando para que yo me dé buena vida. ¡Delicioso! ¿Pero me has tomado tu a mi por un Don Nicomedes? ¿No ves que eso es mas humillante, mas ignominioso para mi? Déjame que te de un abrazo por tu inocencia, mujer encantadora.
Isidora. (Esquivando el abrazo) no, no seré tan encantadora, cuando así desprecias un f. 33 ofrecimiento mío.
Alej[andro]. Yo no lo desprecio; lo estimo en lo que vale; pero no puedo aceptarlo.
Isidora. Lo de siempre: el maldito orgullo, la ridícula dignidad, y la estúpida ,
mil veces estúpida delicadeza.
Alej[andro]. que quieres…soy así.
Isidora. ¡Y luego, tanto quererme..! y que soy el ensueño, tu ideal…y qué sé yo qué.
Alej[andro]. Te quiero, si, hoy como ayer.
Isidora. Pero me quieres pobre para que yo sea «tu ideal» es forzoso que no tenga sobre que caerme muerta…¡Qué bonito! Pues ahora, se han cambiado las tornas. Ahora, la rica soy yo, yo que trabajo; y tu el más ideal de los mendigos. Nada, que para el señorito este, el mayor de los oprobios es vivir del trabajo de una mujer.
Alej[andro]. Eso sí. Ni en broma me lo dirás. Aborrezco con toda mi alma el papel de Rey consorte.
Isidora. Es decir, que la Reina sea yo…y tu el marido de la Reina. Alejandro. Eso es. f. 34
Isidora. (afectando sorpresa) ¿Pero qué estás diciendo?…Ay, hijo de mi alma, en
que grave error estas…Te has caido.
Alej[andro]. Error?…Pues no me propones…?
Isidora. ¿Has llegado a creer, pobrecito soñador, que te solicitaba por esposo?, ja, ja…Y que después de haber sido tu ideal pobre, ahora que soy rica, quiero hacer de ti un ideal de marido parásito?, ja, ja…No, hombre, no. Respira tranquilo. He variado radicalmente en mi manera de pensar y sentir. Vas á sorprenderte. Tu horror del matrimonio me ha contaminado. Sí, miquito, soy tan anticasamentera como tú, y pienso que el casarse, el unirse hombre y mujer para toda la vida es la mayor extravagancia, y la mas ridícula simpleza que ha inventado la humanidad.
Alej[andro]. (sorprendido) ¿De veras?…Tu piensas…
Isidora. Sí, si…no quiero casarme.
Alejandro. Me alegro…Así me voy yo mas tranquilo. f. 35
Isidora. quiero vivir sola, solita, con mis padres y mis hermanos..libre, como debe serlo todo el que gobierna. Pero un acosa es no pretenderte para marido, y otra cosa es desear que vivas, pobrecito, que no te metas a enmendar y destruir la obra de Dios.
Alej[andro]. ¡Vivir!, ¡Oh, divina mujer! Sólo por verte y oírte puede uno determinarse a permanecer en un mundo, que por el hecho de estar tu en él, pierde su semejanza con el Infierno. (con profundo dolor) ¡Oh, Dios mío, en qué trance me has puesto! No puedo vivir sin ella, y con ella no puedo vivir.
Isidora. Si soy yo la que no quiero. ¡Matrimonio! No, hijo; hasta ahí podrían llegar las bromas. Vive tu; pero lejos, lejos de mí.
Alej[andro]. Ni cerca ni lejos hay ambiente para este desdichado. Dime tú con toda verdad, ¿Qué interés, qué fines puede tener la vida para mí, que no se trabajar, que no poseo aptitudes para nada práctico? No tengo mas razón de vida que f. 36 adorarte, y eso, créelo, mejor puedo hacerlo en la dichosa, en la libre eternidad.
Isidora. Si tan largo me lo fías…! Pero no digo nada.
Alej[andro]. (muy agotado) Contéstame: ¿para qué sirvo yo aquí, ni que empleo noble y decoroso puedo dar a mis facultades desordenadas, a mi voluntad insegura? ¿No comprendes esto, y la causa de mi nostalgia?
Isidora. ¡Nostalgia! Sí, porque allá vas a hacer muy grandes cosas. Serás gobernador de las regiones etéreas, o ministro universal del caos. Alej[andro]. No bromees; esto es muy serio.
Isidora. No delires tu. A tu romanticismo desenfrenado, nada sé que contestar. Alej[andro]. (con la excitación de una idea fija) ¿qué objeto tengo yo en este mundo…qué fines, que…?
Isidora. Pues el fin… de… vivir…Vivir tan solo un fin es. Los medios materiales , yo te los aseguro. Los morales…ahora verás. Pues pensar en mí, quererme de lejos…muy de lejos, ya es un objeto. Pero hay otro. f. 37
Alej[andro]. ¿Cual?
Isidora. Como á mi me deberás la existencia, quedas unido al mundo por un lazo muy noble y muy fuerte, la gratitud, la gratitud hacia mí. Agradecer es una forma muy bella del vivir.
Alej[andro]. (con entusiasmo, cogiéndole las manos) ¡Oh, celeste criatura…! ¡Oh, inteligencia soberana…(corrigiéndose) No, no, digo mal. ¡Serpiente! (corrigiéndose otra vez) Serpiente del bien quiero decir…que me haces morder la manzana de la vida, y muerdo y como. (Se arrodilla ante ella y le besa las manos) Sí, si, alma mía, triunfas de mí, y de mi tristeza infinita. Isidora. ¿No atentarás contra tu vida?
Alej[andro]. No, no…Es tan hermoso el lazo de gratitud con que me atas, que temo romperlo…Ese lazo y la vida son una misma cosa…, No, no…¡Viviré! Isidora. ¿Y dejas esto en mi poder? (por el cheque). Alej[andro]. Si.
Isidora. Y te lo administro, y te voy…?
Alej[andro]. Sí…tu dispones, yo obedezco, y vivo.
Isidora. ¿Sin humillación?
Aleja[ndro]. Sin humillación. f. 38
Isidora. (tirándole de los brazos para levantarle) ¿Puedo fiarme de lo que dices?
Alej[andro]. Sí, alma mía; te lo juro. No dices que lees en mis ojos? Pues lee.
Isidora. (Se aproxima á él, echándole un brazo al cuello. Le mira fijamente á los
ojos, y con un dedo índice traza una línea ideal de un ojo a otro, o por la frente
como si deletreara). Sí, sí…Ya leo…Está claro. Dice: «Ya no haré la
tontería…de…qui…tarme la… vida.
Alej[andro]. ¿Lo ves?
Isidora. Y ahora, separación.
Alej[andro]. Separación. Huiré muy lejos.
Isidora. Lo mas lejos posible, miquito…(con intención). La gratitud, cuando es de ley, se parece al amor y a los celos: crece con la distancia. Alej[andro]. ¡Oh, la gratitud, la vida. Tú la has ganado!.
Isidora. Yo…y esa victoria, la debo a este (Sacando el cheque). A este. (Lo besa) (Llaman a la puerta del portal dando golpes.) f. 39
Escena XIV
Isidora, Alejandro. Dª Trinidad, y Don Santos, que salen de la tienda Dª Trinidad. (sofocada) Tu padre llama. La llave (Isidora se la da. Todo esto muy rápido)
D. Santos. No, no abras. No conviene que mi hermano le vea. (por Alejandro) DºTrin[idad]. Es verdad…que salga por la tienda. Isidora. No importa que le vea.
Dª Trin[idad]. Hija, no…(vuelven á llamar) Isidora. Tienes razon. Yo hablaré antes á papá.
D[on] Santos. (cogiendo del brazo á Alejandro) Llevémosle á l atienda…
Isidora. Si, mientras yo le explico á mi padre…
Alej[andro]. Vamos. (D[on] Santos le lleva á la tienda, y Dª Trinidad abre la puerta del portal.)
Dª Trin[idad]. Si; le contaremos todo; no vaya á creer…f. 40 Escena última
Isidora, Dª Trinidad, D[on] Isidro, Alejandro Y D[on] Santos, ocultos en la puerta izquierda de la tienda; poco después Luengo y Don Nicomedes, Bonifacio, Lucas, Serafinito, Trinita, Dependientes.
D[on] Isidro. (Dando a Isidora el pliego del contrato de traspaso)
Toma…Arreglado todo con Rodríguez.
Isidora. ¡Triunfo completo!
D[on] Isidro. (receloso) No sé que te diga…Nuestros enemigos…Por cierto que han venido siguiéndome (mirando con inquietud a la puerta de la derecha). Trinidad. Cerraremos.
Isidora. Nada temais…¿Qué nos importa? No hay tales enemigos.
Luengo. (Entrando por la puerta de la derecha seguido de Don Nicomedes) Pero hay un amigo leal que se queja de vuestro mal proceder. D[on] Isidro. (Asustado) ¿Qué…quien es?
Don Nicomedes. Nicomedes Guijarro, que vienen á que f. 41 ustedes acaben de pies. (Bonifacio, Lucas, los dependientes y Serafín se asoman por la puerta derecha de la tienda).
DOÑA Trinidad. ¡quia! Nos lastimaríamos los pies.
D[on] Isidro. No tenemos la culpa, señores…Es Rodríguez quien…
Don Nicomedes. (airado) Ese vejete loco, y usted…tal para cual.
Isidora. Hablen con mas respeto.
Luengo. (con falsa humildad) Respetamos, si, todo aquello que sea respetable.
Don Nicomedes. Lo que no, no. El Sr. Berdejo y s hija, con una limpieza de
manos, que soy el primero en admirar, nos han escamoteado un negocio, que
teníamos ya por nuestro.
Isidora. ¡que insolencia!
D[on] Isidro. ¡Miren lo que dicen!
Doña Trinidad. Estan en nuestra casa…
D[on] Isidro. El abuelo nos ha preferido. El sabrá porqué.
Luengo. (con sarcasmo) La niña del mérito, la perla de la casa, la maravilla del barrio, ha demostrado una vez mas su talento social, su conocimiento f. 42 de los negocios…y de los hombres.
D[on] Isidro. (consternado) Oféndanme a mí…pero respeten á mi hija.
Don Nicomedes. Si la respetamos y la admiramos, y la ponemos en los cuernos de la luna! Como allegadora y hormiga para su casa, no ha nacido quien la iguale. A un pobre hombre, que debió ser su marido…, y no quiere serlo…le ha sonsacado con muchísimo salero las últimas raspas de su fortuna.
D[on] Isidro. ¡qué infamia! No es verdad. Doña Trinidad. (¿No lo dije? Complicación) Isidora. Y si lo fuera, no tengo que dar explicaciones. D[on] Isidro. Hija, ¿qué dices? Isidora. A ti si..te explicaré…
D[on] Isidro. ¿Pero hay algo?
Don Nicomedes. Y algos…(Alejandro que desde el principio de la escena se ha asomado á la vidriera de la tienda, quiere salir; pero Don Santos le contiene). D[on] Isidro. (A Isidora) Desmiente las infamias de ese hombre.
Isidora. Ante ellos nada tengo que decir. Que se vayan de mi casa. Serafiniti. (avanzando) que se vayan. f. 43
Bonif[acio]. ¡Fuera! (Sale también Trinita)
Trinita. ¡Fuera!
D[on] Isidro. Poco á poco (Imponiendo silencio á sus hijos menores y á Don Bonifacio) Silencio. (A Don Nicomedes) Usted ha dicho que… Luengo. Y yo, por lo mucho que quiero a la familia, lo sostengo.
D[on] Isidro. Señores…(Como queriendo aclarar el asunto con buenos modos) Es preciso aclarar…
Isidora. (airada) Papá, no vaciles en mi defensa. Arrójales de aquí.
D[on] Isidro. Repitan lo que han dicho.
Don Nicomedes. No se hable mas. Somos enemigos. Ténganos usted por tales, enemigos en el comercio, y fuera de el, y en todas partes. D[on] Isidro. (amilanado) Sucumbiremos…Somos débiles.
Isidora. (vivamente) No, no; somos fuertes. Papá, ten ánimo.
D[on] Isidro. (Sofocado por el asma, respira con dificultad) Bien quisiera…Me ahogo..¿Pero tu, pobre mujer, no temes…?
Isidora. (con arrogancia) No temo nada. Las infamias de esta gentuza no me imponen miedo, no mil veces. f. 44
Trinidad. (abrazándola para contenerla) ¡Hija…!
Isidora. (Furiosa, desprendiéndose de los brazos de su madre) Déjame…quiero decirles que me rebajaría, que me envilecería si ante ellos defendiera mis actos…quiero decirles que desprecio sus innobles amenazas, y que les aguardo…Aquí estoy, animosa, incansable, firme en mi puesto, sin mas apoyo que el de mi divina voluntad…Lucharé, lucharé hasta morir. (Con desesperación, invocando al cielo). ¡Oh, que no tenga yo un hombre, un hombre a mi lado, para mi sostén, para mi compañía en la batalla! ¡Un hombre señor, un hombre!
Alejandro. (saliendo rapidamente y poniéndose al lado de ella). Aquí está el hombre, yo, tu hombre, tu esposo, siempre a tu lado, ayudándote en tu noble lucha, y defendiéndote de la envidia miserable. Luengo. Ah!
D[on] Isidro. ¡Su marido!
Doña Trinidad. Nuestro al fin.
Alejandro. (Con arrebato de ira) Fuera de aqui, ca f. 45 nalla, podredumbre humana, fuera de aquí pronto, si no queréis que os arroje, como vil escoria, en medio de la calle.
Luengo. (retrocediendo asustado) ¡Demonio!
Don Nicomedes. (rabioso y sobrecogido) Nos veremos. (Aléjanse ambos). Serafinito. ¡Fuera! (Bonifacio, Trinita y Don Santos, gritan también, ¡fuera! Y los empujan hacia la puerta de la derecha). Don Santos. A la calle!
Isidora. Y ahora, no se opondrán a que mi marido cene con nosotros.
D[on] Isidro. Bendigaos Dios.
DOÑA Trini[dad]. ¡Oh, qué alegría!
Alej[andro]. (A Isidora, estrechándole las manos) Gracias á Dios, ya pareció un fin para mi pobre existencia.
Isidora. Toda existencia, por pobre que sea, tiene fines que cumplir.
Don Santos. El toque está en saber descubrirlos.
Trinita. A cenar.
Dª Trinidad. A cenar.
Isidora. (dirigiéndose al público) Señoras y caballeros, si os ha parecido bien este…Aquí se termina el Ms, en la página 45.
Ms. Sig/ 14.409. No es letra de Galdós.
Escena 10ª Acto II
Isidora- Alejandro
Isidora. ¡Dios mio, lo que tengo que hacer! Aqui está el vendí…Pongámos la nota del género cedido. Primero doce piezas de…Ese pillo de Luengo. No imposible que Alejandro se atreviera á venir aqui. Seis piezas de á metro sesenta de ancho…No seé porqué, hoy no puedo apartarle de mi memoria. Hacen un total de metros noventa, qu earrojan pesetas 1350. Bien…Si, le tengo aqui, aqui. Imposible olvidarle, y lo que yo digo ¿se acordará de mi?
Alej[andro]. Allí está la pobre, navegando en un oceano, de números ¡qué bella, que encantadora en su afan de hormiga diligente! Es la loca del trabajo. Padece la mas inútil y vana demencia de las muchas que afectan á la desdichada humanidad.
Is[idor]a. Pesetas 1037. No sé que siento hoy. Hay en mi cabeza como un deseo de descanso, de…No sé que es esto. Si tendrá razon Alejandro, que sostiene que estos afanes embrutecen el alma, amargan la vida y secan la fuente del ideal y de los goces puros, y tal y qué se yo. Ello no será así; pero como no vuelva la edad de oro, en que se mantiene la gente con bellotas, habrá que trabajar. Eso le contestaba yo, y el se reiaa y decia mas cosas tan saladas…duda, hija, no te duermas…añado los cincuenta pañuelos crespón clase P. 14. P. 15 veamos los precios.
Ale[jandro]. Linda criatura, esclava de ilusorios deberes, de una abnegacion artificiosa! Mujer hechicera, atacada de la epidemia humana, ó sea la pleitora de leyes y principios ¡Dichosas las salvajes, los pastores, los vagabundos emancipados por la divina providencia por la bendita ignorancia!
Isid[ora]. Qué bonitos números! Aqui tengo tres micos tan gallardo, con sus plumachos en la cabeza, y debajo un seis muy panzudo, agarrado de un tres, que manera desternillarse de risa ¡oh! no sé que tengo hoy. Es la picara imaginacion, que se me quiere insurreccionar…Nunca me habia pasado esto…hasta hoy…Imaginación, ten y juicio…no enredes, hija. Vaya con lo que me dijo Luengo!…Será cierto que estuvo aqui? ¡Pobrecillo!…Sin duda está loco por verme. Pues que se fastidie ¡ay, lo que me falta todavia…¡El pedido del genero alemán! Lo despachase antes. Luego acabo esto. aquí dejé los
muestrarios. Aqui dejé los muestrarios. Aquí está el que pedi, con las señales de lapiz que puse la semana pasada. Bonitas telas…¡que novedad de colores!…De este color era el último vestido que me compró Alejandro…¡Es raro esto, que no pueda hoy apartarle de mí memoria. Paréceme que le estoy viendo. No se si quiero verle!…No, no…Como miente una, como miente aún hablando conmigo misma.¡Tenemos la mentira tan metida en el alma, que ni discurriendo á solas dejamos de decirnos algo que no es verdad…Ea, que el tiempo vuela. Isidorita á trabajar.
Alej[andro]. Si, yo soy…Me tomas por un fantasma.
Isid[ora]. No, no eres…no eres…alejandro! Esres tú de veras!
Alej[andro]. Yo si, que me recreo, que me extasio mirándote
Isid[ora]. Oh, que absurdo…tu… en mi casa!…Por Dios, vete, vete pronto de aqui.
Alej[andro]. Ten calma. Necesito hablar contigp.
Isid[ora]. Nada tengo y que decirte. Pueden venir mis padres…mi tio. Alej[andro]. Sosiégate. Me iré si tu lo mandas…Pero no sin decirte que me abandonaste caprichosamente y sin motivos.
Isid[ora]. No sigas. No te he pedido disculpas, ni las quiero, ni me hacen falta. Alej[andro]. Claro; sabes muy bien que no amo á la que fué causa de tu arrebato de celos; sabes que de cuantas mujeres existen en el mundo, no puedo amas más que á una solo á ti.
Isid[ora]. Déjame, déjame. Te tengo mucho miedo. Guárdate tu amor, que para mi es tan incomprensible como tus ideas. Guárdalo todo para quien quiera perecer en este torbellino. Yo me salvé. Tus palabras bonitas, no me trastornaron otra vez. Estoy curada de esa enfermedad que llaman ensueño. Soñador, vete, déjame.
Alej[andro]. No has entendido mi intención, ¿crees que vengo á solicitarte, á
pedirte, que vuelvas conmigo?
Isid[ora]. Seria inutil
Alej[andro]. Es que no he pretendido ni pretendo tal cosa bien se que no te merezco. Yo no vengo á consolar mi tristeza, diciéndote que te quiero hoy lo mismo que cuando vivias á mi lado.
Isid[ora]. Bien, ya lo sé puedes retirarte Alej[andro]. Y tu ### tienes que decirme? Isid[ora]. Nada
Alej[andro]. Piénsalo bien. Si tu podrás decime que, auque los desvarios de im imaginación, y el vértigo de mis ideas, te ha separado de mi, siempre me tienes ley, siempre me quieres…confiesalo, y me voy enseguida.
Isid[ora]. No lo confieso; no es verdad…¿que tengo yo que ver con tus delirios?
Alej[andro]. Es que en medio de estas realidades en tu vives, piensas en mi. No
lo niegues.
Isid[ora]. ¡Fatuo!
Alej[andro]. Que no lo niegues Isidora.
Isid[ora]. Bueno; pues que piense alguna vez ¿eso que significa?
Alej[andro]. Significa, si…Significa que tengo motivos para envanecerme. Mi fatuidad como tú doces, mi orgullo, como digi yo, se funda en eso. Isid[ora]. En que!
Alej[andro]. En qu este soñador,e ste delirante, que aborrece los negocios, las carreras, la politica y el matrimonio que solo ama las ideas puras, que es religioso á su modo, poeta á su modo, sin hacer versos, artista por entusiasmo, tiene y tendrá siempre un lugarcito en el pensamiento de la mujer práctica. No podrás, no podrás desterrarme de ti, Isidora, no podrás, no podrás…Y cuando mas engolfada estes en tus números y mas amarrada á la realidad por tus obligaciones dejarás volar tus miradas por el vago espacio buscándome á mi, al ensueño…No puedes, no puedes…
Isid[ora]. ¡Si podré! ¡Si podré! Me impides trabajar….Trabajo urgentisimo, se
que ### quizas la salvacion de mi casa. Alej[andro]. Eso no. Tú trabajas y yo te admiro Isid[ora]. No puedo. Tu presencia me trastorna. Alej[andro]. Yo te ayudaré, dictame!
Isid[ora]. No, no déjame el sitio alzaré la nota para el saldista.
Alej[andro]. Quieres que dicte yo?
Isid[ora]. No, no es preciso! ¡qué malo eres!
Alej[andro]. No soy malo. Soy un hombre que se ha formado solo, que nunca conoció el trabajo ni las dificultades de la vida.
Isid[ora]. Doce mil setecientos y oh!, me olvidaba! Estoy en babia. Y tu robandome la tranquilidad y el tiempo. Además cincuenta pañuelos de crespon. Alej[andro]. Que yo te robo los pañuelos?
Isid[ora]. No…digo,,,cincuenta de este 130 á 800 pesetas. Si que ¿que decias? Alej[andro]. Quedé huérfano y rico. Ni mis padres ni mi tutor supieron hacer de mi lo que llamais un hombre útil. No es que yo me queje de este abandono Isi[dora]. Vives en un mundo imaginario.
Alej[andro]. Y tu en otro, porque eso que haces es tan imaginario y tan vago como loas nubes que corren; por el cielo, oscuras unas, otras iluminadas por el sol.
Isid[ora]. Ves? ua me equivoqué por culpa tuya. Escribirelo otra vez. Treinta varas á…¿con que las nubes?…el rayo de sol…á doce cincuenta anda equivoqué los números.
Alej[andro]. ¿Qué mas da? Todos los números y cifras son iguales. Podrán parecernos distintos, pero en la cuenta final y total no son mas que una sucesion infinita de ceros.
Isid[ora]. Con la rebaja del 10 por 100. Estás loco y quieres que yo también lo esté…Déjame á mi en la realidad, y vete á tus nubes. Alej[andro]. Todo es nubes eso es lo mio.
Isid[ora]. Ahora el pedido. Coje el muestrario y me vas diciendo las cifras de las telas que verás marcadas al margen con lapiz azul.
Alej[andro].todo es cielo, espacio sin din, la materia tan infinita como el espiritu, la diligencia tan ociosa omo la ociosidad. 747.
Isid[ora]. Pobre visionario! De esta pido treinta piezas…Sueñas con el arte que no posees.
Alej[andro]. 749. Lo poseo admirando á los que lo cultivan. 781. Isid[ora]. Arte!…que bonito! Cuarenta y cinco piezas! Más aprisa! Alej[andro]. 801 bis…Sueños con el amor, cuyo ideal encontré en ti Isid[ora]. Anda morena. El amor valiente tonteria! De esta ochenta piezas Alej[andro]. 810
Isi[dora]. Si al menos te ajustaras á la realidad de las cosas…treinta y cinco
Alej[andro]. Eso es mucho pedir.
Isi[dora]. Que? ¿Mucho?
Alej[andro]. No digo…842. la realidad y yo, no hacemos buenas migas. 847 bis.
Mis ideas, ya sabes…
Isi[dora]. Same acá, yo acabo mas pronto.
Alej[andro]. No, vida mia. 849
Isid[ora]. Dame el libro
Alej[andro]. Aqui estábamos
Isid[ora]. Me sé de memoria tus ideas 850. abajo la vulgaridad, ¡Muera todo lo
convencional y rutinario! Las gerarquias sociales, el matrimonio! la..ja, ja,
855…cuarenta piezas
Alej[andro]. Eso mismo.
Isid[ora]. Sabes lo que significa toda esa monserga? Pues no es más que una
forma de orgullo…Si señor 855
Alej[andro]. De dignidad digo yo.
Isid[ora]. De soberbia, satánica. Cuarenta piezas…vaya, he concluido gracias á Dios. Y ahora Alejandro por Dios y por la virgen.
Alej[andro]. Vida mia, cuanto me duele verte en este ardiente afán! Para librarte de él y salvar tu casa, dispon de lo mio.
Isid[ora]. Gracias. No puedo aceptarlo. Eres mi perdición lo has sido, lo serias otra vez…No, no quiero. Tu apoyo es mi muerte, verte y no pienses más en mi.
Alej[andro]. Ah! no…No pensar en ti ¡Imposible! Es poco ya decirte que te adoro, déjame decirte que te admiro, noble y grande heroina quieres luchar sola, fiando en tu voluntad poderosa.
Isid[ora]. Luchar sola y honradamente en mi orgullo. No me prives de esta satisfaccion, la mas noble que puede tener un alma. Concédeme esto y… Alej[andro]. Qué?
Isid[ora]. Te querré?
Alej[andro]. Que me querrás, que volverás á quererme! No soy ya tan desdichado El pobre soñador se consuela con esa esperanza y hace de ella la verdad de su vida.
Isi[dora]. ¡Como me seduce el picaro!
Alej[andro]. En mi corazón pongo un altar, y en el altar un simbolo, uno solo, tu , en alma y cuerpo.
Isid[ora]. Me arrastra me fascina!
Alej[andro]. Y alli te adoraré…No te desdigas, ¡volverás á quererme! Es que subsiste en ti el cariño…Mas que cariño amor. Isi[dora]. Si
Alej[andro]. Si es ley que nos amemos ven á mi!
Isid[ora]. Si, es ley!
Alej[andro]. Si no existiera la disparidad de caracteres, no existiera el amor el sentimiento universal que mueve los mundos.
Isid[ora]. Te quiero, si. Eres mi muerte moral, la muerte de mi voluntad. Desde que estas aqui, las ideas de orden se me han ido de la cabeza.
Alej[andro]. Mejor. Las ideas de órden los números, la regularidad aon el desierto de la vida, que hay que atravesar con sed y fastidio. Al fin ¿que se encuentra? Nada, fastidio, sed…la sed no se acaba, ni el desierto tampoco. Isi[dora]. Si…el desierto…sed…
Alej[andro]. Reconoce que estas cosas de la realidad, á nada conducen, y que vale más dormir, soñar, entregarse al dulce acaso… Isid[ora]. Soñar…vivir…
Alej[andro]. Y que fuera del arte, del amor, de la poesia, nada existe que merezca nuestra atención.
Isid[ora]. Oh! que delirio! Estoy soñando! Alejandro me matas.
Ale[andro]. Te resucito
Isid[ora]. Dejame, te lo suplico.
Alej[andro]. Oh! alma mia! Que he de hacer yo mas que obedecerte? Pero á
cambio de mi sumisión…
Isid[ora]. Que?
Alej[andro]. Una palabra, una sola…dime que deseas unirte nuevamente á mi…
Isid[ora]. No!…Si…No sé…Dios mio, ya no tengo voluntad
Alej[andro]. ¿volverás conmigo? Dime que si, y te dejo en tu triste cautiverio, hasta que decidas volver á la libertad y á mi.
Isid[ora]. Contigo…no sé…Si, á tu lado, siempre á tu lado…vida, amor, libertad…si…algun dia…si, si! Pero dejame ahora. Tengo que…te lo suplico…quisiera mandártelo; pero ya no puedo, no puedo mandar. No sé qué pasa por mi Alejandro te ruego. Te pido que salgas de aqui. ¡Quieres que me arrodille para suplicártelo?
Alej[andro]. No, no…adiós. Soy feliz un momento más Isid[ora]. No, no…vete por Dios
Alej[andro]. Obedezco. Adios. Hasta luego…Te espero…adios Isid[ora]. Adios
Escena 11ª
Isidora- D[on] Santos
Sant[os]. El aqui…y yo loco buscándole! ¡Voy tras él!
Isid[ora]. No, no…
Sant[os]. Pero que…hija mia que te pasa?
Isid[ora]. Nada, nada
Sant[os]. Si supieras lo que ocurre Una gran desdicha Isid[ora]. Qué?
Sant[os]. Es cosa de él y yo acechándole en casa de Guevera oh! cuano pillo en este mundo.
Escena 12ª
Isidora- D[on] Santos. D[on] Isidro, luego
D[oñ]a Trinidad
D[on] Isi[dro]. Hija mia, pero qué te pasa estás loca?
Isi[dora]. Pero que?
D[on] Isi[dro]. Que me ha puesto en ridículo! Requejo ha creido que no sburlábamos de él. Se pasó su hora y no llegaron tus notas. Isid[ora]. Ahí están.
D[on] Isi[dro]. Todo equivocado, confundidas las cifras. Trocadas las masas.
Que suma es esta.
D[on] Isi[dro], ¿Pero tú como tienes la cabeza!
Isi[droa]. Trastornada ¡ay! enteramente trastornada.
D[oña] Tri[nidad]. ¿que es eso? ¡Isidora!
D[on] Isi[dro]. Y nada hemos podido hacer Requejo furioso.
Isi[dora]. No siga usted, ¡que vergüenza!
Sant[os]. Se ha fugado…y alo sabia
Lueng[o]. Fugado! Dejando descubierto shorribles
Sant[os]. Alejandro, todo lo ha perdido ¿Y ahora?
Lueng[o]. Eso digo yo…ahora…
D[on] Isi[dro]. Hija mia ¿oyes? Todos ### algunos la caiga es castigo del cielo
Isid[ora]. ¡Oh! caeremos todos, nosotros, el.
Luen[go]. Está loca
D[on] Isi[dro]. Niña querida, recobra tu ser.
D[oña[ Tri[nidad]. Vuelve en ti.
Isid[ora]. ¡Oh!, nopuedo…no puedo! Le quiero. Y ahora mas, mas…Morirá yo tambien Padre, madre, hermanitos mios, arrojadme de vuestro lado…ya no soy vuestra Isidora, soy la otra, la otra…la suya.
D[on] I[sidro]. Pero hija de mi alma ¿donde esta tu santa energia?
Sant[os]. ¡Tu bendita voluntad!…
D[oña]. Tri[nidad]. ¡con el!
D[on] Is[idro]. ¿ con nosotros?
Isid[ora]. Con él…con vosotros? ¡ay, de mi! ¡No lo sé!
Fin
Escena 9ª. Acto III
Isidora, Alejandro
Isi[dora]. Ya lo has comprendido, te pedí esto para mi. Tengo un proyectillo. Este poquitín, estas migajas de tu riqueza, parte devorada por ti, parte por depositarios desleales; yo te la guardo, yo te la administro.
Alej[andro]. Déjame…esas migajas, mejor están en tus manos que en las mías.
Isi[dora]. En mis manos están; pero para constituirte con ellas un capitalito, por
el cual te daré un interés…
Alej[andro]. ¡Qué desvarío!
Isi[dora]. Un interés que…En fin, tendrás un renta cortita con la cual podrás vivir…muy modestamente, sen entiende.
Alej[andro]. ¿Qué significa eso? Es un humorismo inocente o una cruel ironía?
Isi[dora]. Lo que quieras. Dirás que es humillante para ti…Pero hijo hay que
doblegarse ante el despotismo de los hechos. Ya no eres rico. Caes despeñado
desde la abundancia a la miseria o a la escasez. Pero antes al llegar al fondo del
abismo, encuentras gracias a mi, una rama, un apoyo. Agárrate sin miedo. Es la
pobreza decente.
Alej[andro]. Isidora por Dios.
Isi[dora]. Y más te digo…con tu rentita módica, estás en la mejor disposición del mundo para regenerarte. La estrechez educa hijo mio. Alej[andro]. Isidora…¡Haces befa de mi desgracia!
Isi[dora]. Bien sabes que no. Dejame seguir. Eres pobre y decirle al pobre que trabaje no es escarnecerle.
Alej[andro]. Ah, reconozco la bondad, la nobleza de tu intención, ¿Pero a qué me hablas así, si te consta que no sé trabajar, ni quiero, ni me gusta? ¡Ganarse la vida!…Bastante hace uno con aceptarla cuando se la dan; pero buscarla, correr tras ella! Quita, quita.
Isi[dora]. Pues, hijo, te tengo lástima, mucha lástima. Qué harás, pues, si no aceptas la tutela que te propongo?
Alej[andro]. Vida mía, ¿No dices tú que cuanto yo pienso lo lees en mis ojos? Isi[dora]. Sí, déjame leer bien.
Alej[andro]. Lee, lee, bien claro está. Isi[dora]. Ay, leo una cosa muy mala…¡Jesús! Alej[andro]. Déjame.
Isi[dora]. No, de aquí no se sale. No, no creas que te dejo escapar. Para que ni siquiera lo intentes…Bonifacio!
Alej[andro]. ¿Qué haces? Isi[dora]. ¡Bonifacio! ¡Cerrar1 Alej[andro]. De modo que yo estoy preso. Isi[dora]. Preso y si tú lo quieres en capilla. Alej[andro]. ¿Pero qué es lo quieres, Isidora?
Isi[dora]. ¿Qué quiero? Pues nada mas que contrariarte, hacerte rabiar. Ya me conoces, soy muy testaruda. Tú que has de salir, y yo que no sales, ea! Te llevo la contraria en todo y principalmente en eso.
Alej[andro]. En qué, en eso ¿a ti te da por aborrecer la vida? Pues a mi me da por amarla.
Alej[andro] (ERRATA) ¡Buena está la vida! Buena, ¡Trabajar sin descansar ni respiro, sacrificarse por los demás, sembrar beneficios para recoger ingratitudes! ¡Qué horror!
Isi[dora]. ¡Qué delicia! Respirar, disculpar, sacrificarse, amar, temer, esperar. Alej[andro]. La vida es el mal, y solo por excepción y negándose a si misma nos ofrece algún bien. Ya para mi se acabaron esas breves excepciones y no veo mas que el mal inmenso, el dolor continuo, las privaciones, la miseria, la humillación, la vergüenza.
Isid[ora]. Fraseología…en fin, ¿aceptas mi proposición?
Alej[andro]. No
Isid[ora]. Pues toma tu dinero.
Alej[andro]. Guárdalo tu. Yo no lo necesito.
Isi[dora]. No me quisiste por esposa. Yo creí que podía aspirar a ser tu banquera y administradora. Veo que tampoco. Alej[andro]. Pero te amo siempre, siempre.
Isid[ora]. No hables de amor. No hay para qué. Todo eso ha terminado. No vayas a creer que te solicito para marido. Cuando pudo y debió serlo, no fue. Ahora que te encuentras lo reconozco, en situación poco airosa para pedir mi mano, no seré yo quien la pretenda. Pero una cosa es no pretenderte para mi marido, y otra cosa es desear que vivas, pobrecito, que no te metas a enmendar y destruir la obra de Dios.
Alej[andro]. Pero dime con verdad (afanoso) Aquí comienza a haber acotaciones de interpretación. ¿Qué interés, qué fines puede tener la vidapara mí, que no se trabajar, que no poseo aptitudes para nada práctico? Soy un soñador, un hombre inútil.
Isi[dora]. ¿Qué fines? El soñar ya es un objeto. Fin es vivir, amar. Aun podías encontrar por ahí una mujer mas pobre que tu…que te quisiera y…
Alej[andro]. No. Para mí no existe mas que una mujer, y a esa, convertidos ya nuestros amores en ideal ensueño, mejor puedo adorarla en la dichosa, en la libre eternidad.
Isid[ora]. ¡Eternidad! Si tan largo me lo fías…No, hijo, eso no me tiene cuenta. Alej[andro]. Pues aquí en este insulso presidio terrestre, ¿para qué sirvo yo, ni qué empleo noble y decoroso puedo dar a mis facultades enfermas, a mi voluntad insegura? ¿No comprendes esto, y la causa de mi nostalgia?
Isi[dora]. ¡Nostalgia! Sí, porque allá vas a hacer grandes cosas. Serás gobernador de las regiones etéreas, y ministro universal del caos. Alej[andro]. No bromees. Esto es muy serio. Reconoce que…
<Isidora. No delires tu. A tu romanticismo desenfrenado, no puedo contestar de otra manera.
Alejandro. Resueltamente,> (Concretando sus argumentos), ningún objeto, ningúnfin me ofrece la vida, ni por mi, ni por ti. Isi[dora]. Por mí, sí. (vivamente)
Alej[andro]. Nos has dicho…?
Isi[dora]. Y lo repito: matrimonio no; amores no. (Con firmeza) A pesar de
esto quiero tu vida, la necesito.
Alej[andro]. ¿Para qué?
Isi[dora]. ¿Pero no lo comprendes? (Con autoridad). La quiero…por orgullo…<capricho de mujer enfatuada y vanidosilla..>.A qué ese asombro señor mío? (Inspirada y elocuente) Es mi orgullo que vivas, sí, para que me veas triunfante, para que me veas regenerada, para que veas a la pobre mujer engañada por tí, resurgir de la miseria y de la abyección. Y volver a la familia, y ser útil y buena; para que veas una conciencia purificada…una voluntad potente y tenaz que todo lo avasalla. (Con calor demostrando el brío de su voluntad). Quiero que veas este gran ejemplo, Alejandro, que seas testigo de mi resurrección, y si no estuvieras en el mundo vivo, para verme y admirarme y aplaudirme, no tendría yo consuelo, no; me parecería que me faltaba la sanción de mi triunfo. (Con sequedad y dureza, marcando bien su obstinación). Por esto mando que vivas, y vivirás, quieras o no quieras.
Alej[andro]. ¡Oh, celeste criatura! (Con entusiasmo, cogiéndole las manos) ¡Oh, inteligencia soberana! (Corrigiéndose)No, no, digo mal…¡Serpiente! (Corrigiéndose otra vez) Serpiente del bien, quiero decir, que me haces morder la manzana de la vida…y muerdo y como. Sí, si, alma mia, triunfas de mi, y de mi tristeza infinita. (Se arrodilla ante ella y le besa las manos). Isi[dora]. ¿No atentarás contra tu vida?
Alej[andro]. No, no. Me fascinas, me subyugas con esa misteriosa energía que arrojas de ti por tus ojos, por tu voz, por todo tu ser.( Con entusiasmo y vigor) <Quiero ver, si, a la gran mujer, triunfante del destino, vencedora del mal humano; quiero ver ese hermoso ejemplo, aunque se que no hé de poder imitarlo>. Dices bien: laadmiración es un lazo muy fuerte. (Besándole otra vez las manos). Puede ser un fin de la vida…yo te admiro y vivo.
Isi[dora]. (Tirándole de los brazos) Pero no muy de cerca.( Bondadosa) Admírame si lo merezco, como a las obras de arte…un poquito de lejos. Alej[andro].Como quieras. <Humillado, pobre, triste, ocultando mi miseria y mi nulidad, te veré en tu altura, y me consolaré reconociendo en ti todas las cualidades que yo no poseo.>
Isi[dora]. ¿Y dejas esto en mi poder?
Alej[andro]. Si
Isi[dora]. ¿Y te administro yo? <y te doy el cañamoncito.> Alej[andro]. Si tu dispones, yo obedezco.
Isi[dora]. Y ahora, <miquito, después que cenemos,> separación, distancia. (+Yo estoy..versión 3ª)
<Alejandro. (triste y preocupado) Distancia, si.>
Isi[dora]. Yo que estoy en todo y todo lo preveo, me temo que, si no te alejas, recaiga sobre ti la sátira social. <No hay que pensar en casorio. No tú ni yo lo deseamos.>
Alej[andro]. Ah! (suspirando fuerte)
Isi[dora]. <Hemos convenido en que es cosa imposible. No quiero pensar lo que dirían de ti, si ahora, después de no haber sabido evitar tu ruina, te casaras conmigo, que disfruto de un relativo desahogo. Por tu familia, por tu posición que has tenido hasta ahora, tú perteneces a la aristocracia mercantil; yo, pobre tendera, en la plebe nací y en la plebe vivo.> Cuandoeras rico, no me creíste digna de ser tu esposa. Ahora, que eres pobre, y yo con mi trabajo y constancia, voy en camino del bienestar, no puedes, no…Imposible. <Figúrate qué desairado y triste papel…Ah! hijo mío, yo miro por tu decoro.> No quiero que se diga de ti…
Alej[andro]. (vivamente) Al que diga eso de mi le arranco yo la lengua.
Isi[dora]. Déjate de tonterías…¡casarnos, imposible! Aunque yo lo deseara, no
consentiría en ello por no ponerte en situación humillante. No hijo, no: tu
decoro es lo primero.
Alej[andro]. Es cierto, Fatalidad.
Isi[dora]. Y si casarnos es inconveniente, también lo es que vivas cerca de mí. <Sabrá todo el mundo que te protejo, que cuido de tu existencia…Oh, ya estoy oyendo las murmuraciones!…Miquito de mi alma.> No sólo tengo que mirar por tu decoro sinopor el mío.
Ale[jandro]. (Con calor y rabia) Al que te ofenda, le…
Isi[dora]. Peor…<Oh, peor…Si escandalizas estamos perdidos.> Es indispensable que te alejes. <Yo lo deseo así y como lo deseo, será. No faltaba más.> Te has sometido incondicionalmente a mi voluntad.
Alej[andro]. (Suplicante) Sí, siempre que no sea muy despótica. Porque ahora
para vivir necesito verte. Si no…
Isi[dora]. Si no qué…
Alej[andro]. No, no temas, ¡Matarme, no!. <He prometido que desmiento la ley de herencia.> Pero me moriré. ¡Vivir y no verte!; eso ya es mucho. No puede ser,Isidora no puede ser.
Isi[dora]. Aquí no hay mas autoridad que la mia, y yo te mando alejarte.
Alej[andro]. Y yo me mando, no obedecerte.
Isi[dora]. Lo veremos.
Alej[andro]. Hace poco, cuando quise huir no me dejaste. Y ahora que me arrojas yo no quiero irme. <Me has convidado a cenar. > <Isidora. Pero después…>
<Alejandro. Después…tampoco.> Aquí me quedo.
Isi[dora]. Yo mando.
Alej[andro]. No que mando yo. (Coge una silla y se sienta). ¡Ea, que no me voy! <Golpes>
Escena 11ª
Dichos, DªTrinidad, presurosa
D[oñ]a Tri[nidad]. Tu padre llama (viene)…<La llave> (Isidora le da la llave) Por Dios, <retírese usted por aquí.> Que salga. (Queriendo que se oculte en la tienda).
Alej[andro]. Con su permiso, aquí me quedo.
Isi[dora]. Abre mamá. No importa que le vea. (Abre Doña Trinidad). <Alejandro. Si ya no me voy. Quiero hablarle.>
Escena Última
Isidora, Alejandro, DOÑA Trinidad, D[on] Isidro, Don Santos. Al fin de la escena Trinita y Serafinito.
D[on] Isi[dro]. (Con severidad) Sé por mi hermano lo que aquí pasa. Señor mío: nuestra sumisión a las ideas y a los actos de mi hija tienen un límite. (A Isidora). No puedo consentir ese compromiso de intereses, ese lazo pérfido con que quieres retener al hombre que se obstina en negarnos la reparación que nos debe.
Isi[dora]. Dejadme que le gobierne, que mire por su interés. Es un pobre niño, que necesita del amparo materno.
D[oñ]a Tri[nidad]. (Con viva emoción) No, no. Hija de mi alma, mucho vales para nosotros. Has sido nuestra salvación. Eres nuestro encanto, nuestra alegría. Pero antes que tolerar esa tutela que pretendes absurda y deshonrosa para nosotros y para él, pasaré por la pena infinita de separarte otra vez de nuestro lado…(conmovido) y ya ves, sin ti, ¿qué podemos esperar?…(Llorando) ¡Ay de mí!, más que la tristeza, la ruina, la muerte. Isi[dora]. (abrazándole) No, no; jamás me separaré de tí.
D[on] Santos. (a Alejandro) Pero, ¿usted qué dice?
Alej[andro]. Digo y juro, por Dios, que si me hallara en la posición que he perdido, sin vacilar pediría a ustedes la mano de su hija…Cuando pude hacerlo, no lo hice, y ahora…
D[on] Isi[dro]. Ahora la pobreza de usted se desdeña de unirse a la nuestra.
Alej[andro]. (Con viveza y enojo) Si es ella la que no quiere.
D[on] Isi[dro]. ¿Que no?
D[oña] Trinidad. ¡Isidora!
Alej[andro]. No quiere humillarme. Pero su amor, ¡Oh Dios del cielo!, vale más que mi orgullo.
D[oña] Tri[nidad]. En ese caso…
Alej[andro]. Ella decidirá.
D[on] San[tos]. y juremos todos, usted, tú, tú, acatar su determinación, sea lo que fuere.
Isi[dora]. Yo decido, yo. (a Alejandro). Tú necesitas una familia. ¡Pobre soñador, despierta y vive. Ya te enseñé a querer la vida…Ahora, entre todos te enseñaremos a emplearla. Chiquillo; abraza a tus padres. (Alejandro se arroja en los brazos de Don Isidoro y Doña Trinidad)
D[on] I[sidro]. ¡Oh, si! (Salen Trinita y Serafinito).
D[oña] Tri[nidad]. ¿Ves?, se casan.
Ser[afinito]. Me alegro…Uno más al trabajo.
Isi[dora]. Serás mi sostén, mi defensa mi apoyo en esta lucha formidable, y mi victoria si la consigo, será también la tuya.
Alej[andro]. Gracias a Dios. Ya pareció un fin para mi pobre existencia. D[oña] Tri[nidad]. ¡Bendígaos Dios!
D[on] Isi[dro]. Hijos míos, mi alegría, mi consuelo…
D[on] San[tos]. Y creedlos porque os lo digo yo; los hijos de estos hijos serán la perfección humana.
Isi[dora]. <Señoras y caballeros…> Nuevo milagro es este de tu constancia, de tu espíritu valiente.
Isidora. ¡Oh!, preciosa fuerza del alma! Aquí te tengo, aquí. Contigo salvé a los míos de la miseria. Contigo he de hacer aún grandes cosas. (*)
Fin.
(*) Este final está copiado de un ejemplar impreso en 1896.
Escena IX, Acto II, princeps Isidora; poco después, Alejandro
Isidora. (Afanada, sentándose en el escritoria.) ¡Dios mio, lo que tengo que hacer!…Aquí está el «Vendí»…Pongamos la nota del género cedido. (Escribe.) Primero: 12 piezas de …(Se detiene preocupada.) Este pillo de Luengo…No, imposible que Alejandro se atreviera a venir aquí. (Escribe.) Seis piezas de a metro sesenta de ancho…No sé por qué, hoy no puedo apartarle de mi memoria. (Entra Alejandro cautelosamente, y se desliza por el fondo de la escena.) Hacen un total de metros 90, que arrojan pesetas 1.350. Bien…(Pensando.) Sí, le tengo aquí, aquí…Imposible olvidarle. Y lo que yo digo, ¿se acordará de mí? (Venciendo su distracción, se obliga al trabajo.)
Alejandro. (Contemplándola desde el fondo, junto a una de las mesas grandes.) Allí está la pobre, navegando en un océano de números. ¡Qué bella, qué encantadora en su afán de hormiga diligente! Es la loca del trabajo. Padece la más inútil y vana demencia de las muchas que afectan a la desdichada Humanidad.
Isidora. (Escribiendo.) Pesetas 1.037 (Pensando.) No sé que siento hoy. Hay en mi cabeza como un deseo de descanso, de…No sé qué es esto. ¡Si tendrá razón Alejandro, que sostiene que estos afanes embrutecen el alma, amargan la vida y secan la fuente del ideal y de los goces puros, y tal y qué sé yo! Ello será así; pero como no vuelva la edad de oro, en que se mantiene la gente con bellotas,
habrá que trabajar. Eso le contestaba yo; y él se reía, y decía unas cosas tan saladas…(Dominando su pensamiento.) Anda, hija, no te duermas. (Escribe.) Añado los 50 pañuelos crespón clase P. 14, P. 15. Veamos los precios. (Coge una nota entre los varios papeles que tiene delante.)
Alejandro. (Avanzando un poco hacia la izquierda.) ¡Linda criatura, esclava de ilusorios deberes, de una abnegación artificiosa! Mujer hechicera, atacada de la epidemia humana, o sea la plétora de leyes y principios…¡Dichosos los salvajes, los pastores, los vagabundos, emancipados por la divina pobreza, por la bendita ignorancia!
Isidora. (Contemplando gozosa su escritura.) ¡Qué bonitos números! Aquí tengo tres cincos, tan gallardos, con sus plumachos en la cabeza, y debajo un seis muy panzudo, agarrado de un tres, que parece desternillarse de risa…¡Oh!, no sé qué tengo hoy…Ya me equivoqué tres veces. Es la pícara imaginación, que se me quiere insurreccionar…(Oprimiéndose la frente.) Imaginación, ten juicio…, no enredes, hija, no enredes…(Pensando.) ¡Vaya con lo que me dijo Luengo! ¿Será cierto que estuvo aquí? Pobrecillo! Sin duda, está loco por verme…Pues que se fastidie. (Recordando.) ¡Ay, lo que me falta todavía!…¡El pedido de género alemán! (Levántase y rápidamente va al otro lado.). Aquí dejé los muestrarios. (Los examina. Alejandro se ha ocultado en el fondo tras cualquier objeto.) Este no es. Aquí está el que pedí. (Hojeándolo.), con las señales de lápiz que puse la semana pasada. Bonitas telas…, ¡qué novedad de colores!…De este color era el último vestido que me compró Alejandro…¡Es raro esto, que no pueda hoy apartarle de mi memoria! (Quédase absorta y se sienta en un asilla baja, junto a la mesilla. Alejandro se desliza paso a paso por el fondo, va al escritorio y se sienta en la banqueta.) Paréceme que le estoy viendo. (Dominándose.) ¡No, si no quiero verle! (Con energía.) ¡No, no! (Transición.) ¡Bah!…¡Cómo miente una, cómo miente, aun hablando consigo misma! Tenemos la mentira tan metida en el alma, que ni discurriendo a solas dejamos de decirnos algo que no es verdad…(Recobrándose.) Ea, que el tiempo vuela, Isidorita. A trabajar. (Dirígese al escritorio. Al ver a Alejandro en el sitio que ella ocupaba antes, da un grito; quédase después suspensa, aterrada, inmóvil y muda; como no creyendo a sus ojos, o si se hallara en presencia de una visión.)
Alejandro. (Sonriendo.) Sí, yo soy…¿Me tomas por un fantasma?
Isidora.. (Da algunos pasos; retrocede.) No, no eres…, no eres…¡Alejandro!…(Acercándose más.) ¿Eres tú, de veras? Alejandro. Yo, sí, que me recreo, que me extasío mirándote.
Isidora. ¿Oh, qué absurdo!…(Tú…en mi casa!…¡Por Dios, vete, vete pronto de aquí! Pueden venir mis padres, mi tío…
Alejandro. Sosiégate…Me iré si tú lo mandas…Pero no sin decirte que me abandonaste caprichosamente y sin motivo. Sabes muy bien que no amo a la que fue causa de tu arrebato de celos; sabes que, de cuantas mujeres existen en el mundo, no puedo amar más que a un asola, a ti.
Isidora. Déjame, déjame. Te tengo miedo. Guárdate tu amor, que para mí es tan incomprensible como tus ideas. Tus palabras bonitas no me trastornarán otra vez. Estoy curada de esa enfermedad que llaman ensueño.
Alejandro. Es que, en medio de estas realidades en que tú vives, piensas en mi…No lo niegues.
Isidora. ¡Fatuo!
Alejandro. Que no lo niegues, Isidora.
Isidora. Bueno; pues que piense alguna vez, ¿eso qué significa?
Alejandro. Significa, sí…; significa que tengo motivos para envanecerme…Mi fatuidad, como tú dices, mi orgullo, como digo yo, se funda eso… Isidora. ¿En qué?
Alejandro. En que este soñador, este delirante, que aborrece los negocios, las carreras, la política y el matrimonio, que sólo ama las ideas puras, que es religioso a su modo, poeta a su modo, sin hacer versos, artista por entusiasmo, tiene y tendrá siempre un lugarcito en el pensamiento de la mujer práctica. No podrás, no podrás desterrarme de ti, Isidora; no podrás, no podrás…, Y cuándo mas engolfada estés en tus números y más amarrada a la realidad por tus obligaciones…dejarás volar tus miradas por el vago espacio, buscándome a mi, al ensueño…No puedes, no, no puedes…
Isidora. (Haciendo un supremo esfuerzo para vencer la sugestión.) ¡Sí podré! (Apelando al último recurso.) Me impides trabajar…Trabajo urgentísimo, del que depende quizás la salvación de mi casa. Alejandro. Eso, no. Tú trabajas…, y yo te admiro.
Isidora. No puedo; tu presencia me trastorna.
Alejandro. Yo te ayudaré. (Ademán de sentarse en el escritorio.) Díctame. Isidora. No, no; déjame el sitio. (Le echa del escritorio y se sienta ella.) Acabaré la nota para el saldista.
Alejandro. ¿Quieres que dicte yo? (Da la vuelta y se pone al otro lado del escritorio, vuelto hacia Isidora.)
Isidora. (Escribiendo rápidamente.) No, no es preciso. ¡Qué malo eres! Alejandro. No soy malo. Soy un hombre que se ha formado solo, que nunca conoció el trabajo, ni las dificultades de la vida.
Isidora. (Muy nerviosa, escribiendo aprisa y procurando abstraerse, pero sin conseguirlo.) Doce mil setecientos y…¡Ah!, me olvidaba. (Buscando un papel.)
Estoy en Babia. Y tú robándome la tranquilidad, el tiempo. (Escribe.) Además, 50 pañuelos de crespón…
Alejandro. ¿Que yo te robo los pañuelos?
Isidora. No…, no digo…50, desde 130 a 800 pesetas…Sigue. ¿Qué decías? Alejandro. Quedé huérfano y rico. Ni mis padres ni mi tutor supieron hacer de mi lo que llamáis un hombre útil. No es que yo me queje de este abandono. Isidora. Vives en un mundo imaginario.
Alejandro. Y tú en otro, porque eso que haces es tan imaginario y tan vago como las nubes que corren por el cielo, obscuras unas, otras iluminadas por el sol.
Isidora. ¿Ves? Ya me equivoqué por culpa tuya. Escribirélo otra vez: 30 varas a…¿Conque las nubes?…¿El rayo de sol?…, a 12,50…Anda: ya equivoqué los números.
Alejandro. ¿Qué más da? Todos los números y cifras son iguales. Podrán parecernos distintos; pero en la cuenta final y total, no son más que una sucesión infinita de ceros.
Isidora. (Escribiendo con agitación.) Con la rebaja del 30 por 100…Estás loco, y quieres que yo también lo esté. Déjame a mí en la realidad, y vete tú a tus nubes.
Alejandro. Todo es nubes: eso y lo mío.
Isidora. Ahora, el pedido. Coge el muestrario, y me vas dictando las cifras de las telas que verás marcadas al margen con lápiz.
Alejandro. (Coge el libro.) Todo es cielo, espacio sin fin, la materia tan infinita como el espíritu, la diligencia tan ociosa como la ociosidad. (Dictando.) Setecientos cuarenta y siete.
Isidora. (muy excitada, escribiendo con grandísima rapidez.) ¡Pobre visionario!…De ésta pido 30 piezas…Sueñas con el arte que no posees. Alejandro. Setecientos cuarenta y nueve…Lo poseo admirando a los que lo cultivan. Setecientos ochenta y uno.
Isidora. Arte…, ¡qué bonito! ( Calculando.) Cuarenta y cinco piezas…Más aprisa.
Alejandro. Ochocientos uno bis. Sueño con el amor, cuyo ideal encontré en ti.
Isidora. Anda, morena.(Burlándose.) ¡El amor, valiente tontería!…(Calculando.)
De ésta, 80 piezas.
Alejandro. Ochocientos diez.
Isidora. Si al menos te ajustaras a la realidad de las cosas…Treinta y cinco.
Alejandro. Eso es mucho pedir.
Isidora. ¿Qué? (Creyendo que se refiere al pedido de género.) ¿Mucho? Alejandro. No, digo…Ochocientos cuarenta y dos. La realidad y yo no hacemos buenas migas. Ochocientos cuarenta y siete bis. Mis ideas; ya sabes…
Dame acá: yo acabo más pronto.
Alejandro. No, vida mía. Ochocientos cuarenta y nueve.
Isidora. Dame el libro. (Se lo quita.)
Alejandro. (Señalando donde él quedó.) Aquí estábamos.
Isidora. Me sé de memoria tus ideas. (Escribe.) Ochocientos cincuenta y cinco.
Cuarenta piezas.
Alejandro. Eso mismo.
Isidora. ¿Sabes lo que significa toda esa monserga?…Pues no es más que una
forma de orgullo…Si, señor, 857.
Alejandro. De dignidad, digo yo.
Isidora. De soberbia satánica…Cuarenta piezas. Vaya, he concluído. ¡Gracias a
Dios! (Metiendo los papeles dentro de un sobre.) Tengo que mandar esto a mi
padre. (Sale del escritorio. Dirígese a la puerta de la tienda y llama.) ¡Bonifacio!
(Sale Bonifacio.) ¿Está ahí Serafín?
Bonifacio. Aquí está.
Isidora. Que lleve esto…, pero colando…, a papá…, en casa de Requejo. (Da el pliego a Bonifacio, y vuelve al proscenio, Bonifacio se va y cierra.) Y ahora, Alejandro, por Dios y por la Virgen…(Señalando la puerta de la derecha.)
Alejandro. ¡Vida mia, cuánto me duele verte en este ardiente afán! Para librarte de él y salvar tu casa, dispón de lo mío.
Isidora. Gracias. No puedo aceptarlo. Eres mi perdición…Lo has sido, lo serías otra vez…No, no quiero. (Asustada, se aparta de él.) T u apoyo es mi muerte. (Cae en una silla, como fatigada y abatida.) Vete, y no pienses más en mí.
Alejandro. ¡Ah, no!…No pensar en ti…¡Imposible! Es poco ya decirte que te adoro; déjame decirte que te admiro, noble y grande heroína. Quieres luchar sola, fiando en tu voluntad poderosa.
Isidora. Luchar sola y honradamente es mi orgullo. No me prives de esta satisfacción, la más noble que puede tener un alma. (Se levanta.) Concédeme esto, y…( Mirándole con afecto.)
Alejandro. (Que se había mantenido a respetuosa distancia, da algunos pasos
hacia ella.) ¿Que?
Isidora. Te querré.
Alejandro. (Con júbilo.) ¡Que me querrás, que volverás a quererme!…No soy ya tan desdichado. El pobre soñador se consuela con esa esperanza, y hace de ella la verdad de su vida.
Isidora. (Retrocede, asustada.) ¡Cómo me seduce el pícaro!
Alejandro. (Con entusiasmo.) En mi corazón pongo un altar y en el altar un símbolo, uno solo: tú, tú, en alma y cuerpo… Isidora. ¡Me arrastra, me fascina!
Alejandro. Y allí te adoraré…No te desdigas…¡Volverás a quererme!…Es que subsiste en ti el cariño…(Isidora le mira amorosamente sin decir nada.) Más que cariño, amor…
Isidora. (Dando algunos pasos hacia él con deseos de abrazarle, que reprime.) Sí.
Alejandro. Si es ley que nos amemos, ven a mí.
Isidora. Sí. (Se abrazan.) Es ley.
Alejandro. Si no existiera la disparidad de caracteres, no existiría el amor, el sentimiento universal que mueve los mundos.
Isidora. Te quiero, sí. (Con abandono, apoyando su frente en el pecho de él.) Eres mi muerte moral, la muerte de mi voluntad. Desde que estás aquí las ideas de orden se me han ido de la cabeza. (Entorna los ojos, como sufriendo un desvanecimiento. Alejandro la sostiene en sus brazos. Ambos están en pie.)
Alejandro. Mejor. Las ideas de orden, los números, la regularidad, son el desierto de la vida, que hay que atravesar con sed u fastidio. Al fin, ¿qué se encuentra? Nada, fastidio, sed…La sed no se acaba, ni el desierto tampoco.
Isidora. (Como dormida sobre el pecho de Alejandro, los ojos cerrados.) Sí…, el desierto…, sed.
Alejandro. Reconoce que estas luchas de la realidad a nada conducen, y que vale más dormir, soñar, entregarse al dulce acaso… Isidora. (Como en sueño.) Soñar…, vivir…
Alejandro. Y que fuera del arte, del amor, de la poesía, nada existe que merezca nuestra atención.
Isidora. ¡Oh, qué delirio! (Despréndese de los brazos de Alejandro.) ¿Estoy
soñando?… Alejandro, me matas.
Alejandro.Te resucito.
Isidora. Déjame, te lo suplico.
Alejandro. ¡Oh, alma mia! ¿Qué he de hacer yo más que obedecerte? Pero a
cambio de mi sumisión…
Isidora. ¿Qué?
Alejandro. Una palabra, una sola…Dime que deseas unirte nuevamente a mí. Isidora. (Aturdida y desconcertada.) ¡No!…(Con vacilación angustiosa.) Sí… No sé…(Con pena hondísima.) ¡Dios mio, y ano tengo voluntad! Déjame, déjame ahora…Te lo suplico…Quisiera mandártelo; pero ya no puedo, no puedo mandar. (Con infantil desconsuelo.) No sé qué pasa en mí…Alejandro, te lo ruego…(Luchando por recobrar su voluntad.) Te pido que salgas de aquí…¿Quieres que me arrodille para suplicártelo? (Hace ademán de arrodillarse.)
Alejandro. No, no…Adiós…Soy feliz. (Se retira y retrocede.) Un momento más.
Isidora. No, no…¡Vete, por Dios!
Alejandro. Obedezco…Adiós (Vacila: al fin se decide a partir.) Hasta luego…Te espero…Adiós.
Isidora. Adiós. (Cae anonadada en una silla, sollozando.)
Escena X
Isidora y Don Santos, que entra presuroso por el foro izquierda en el momento de salir Alejandro, y le ve
Santos. ¡El aqui,…, y yo loco buscándole! Voy tras él.
Isidora. (Sin moverse de su asiento, muy abatida.) No, no…
Santos. (Advirtiendo su turbación.) Pero ¿qué…hija mia, qué te pasa? Isidora. Nada, nada.
Santos. ¡Si supieras lo que ocurre! Una gran desdicha.
Isidora. (Asustada.) ¿Qué?
Santos. Es cosa de él…Y yo acechándole en casa de Guevara…, y la casa de Guevara…¡Oh, cuánto pillo en este mundo!
Escena XI
Isidora, Don Santos y Don Isidro; luego, Doña Trinidad
Isidro. (Por la tienda, presuroso, muy sofocado.) Hija mia, pero ¿qué te
pasa?…¿Estás loca?
Isidora. Pero ¿qué?
Isidro. (Con dificultad en el aliento.) Que me has puesto en ridículo. Tequejo ha creído que nos burlábamos de él. Se pasó la hora, y tus notas no llegaron. Isidora. (Aturdida.) Ahí están.
Isidro. (Mirando los papeles que toma de la mesa.) Todo equivocado…, confundidas las cifras, trocadas las marcas. ¿Qué suma es ésta? Isidora. ¡Qué desatino! ¡Jesús!
Isidro. Pero tú, ¿cómo tienes la cabeza?
Isidora. (Afligida.) Trastornada, ¡ay!, enteramente trastornada…
Trinidad. (Que entre por el foro izquierda y se aproxima al grupo.) ¿Qué es eso? ¡Isidora! (Isidora, paralizada por la estupefacción, no contesta.)
Isidro. Y nada hemos podido hacer. Requejo, furioso. Yo, aturdido. Isidora. No sigas. ¡Qu´w vergüenza!
Isidro. Estamos perdidos. Requejo no espera…No podemos cumplir…La casa se hunde.
Isidora. (La mirada perdida en el espacio.) La casa se hunde. (Con terror.) ¡Perecemos todos!
Trinidad. Pero, hija, ¿tú sueñas?
Isidora. Sueño, sí. (Cae en un asilla, fatigada y sin aliento. Todos la rodean afligidos.)
Isidro. ¡Dios de mi vida!
Santos. Y Guevara, ¿sabes?, lo que yo temía, Guevara…
Isidro. Se ha fugado…, ya lo sabía…, dejando descubiertos horribles.
Santos. Alejandro…todo lo ha perdido…
Isidro. Hija mia, ¿oyes? Todos caen, y en algunos la caída es castigo del Cielo.
Isidora. (Como despertando. Transición del aturdimiento a un vivo terror.)
¡Ah!…¡Caemos todos…, nosotros…, él!…
Isidro. Niña querida, recobra tu ser.
Trinidad. Vuelve en ti.
Isidora. ¡Oh, no puedo, no puedo!…Le quiero…Y ahora más, más…(Llorando.) padre, madre, hermanitos mios, arrojadme de vuestro lado…Ya no soy vuestra Isidora…; soy la otra, la otra…, la suya.
Isidro. Pero, hija de mi alma, ¿dónde está tu santa energía?
Santos. ¿Tu bendita voluntad?
Isidora. (Con desvarío, mirando a todos.) ¿Mi voluntad…?
Trinidad. ¿Con él?
Isidro. ¿Con nosotros?
Isidora. (Que pretende dominar la turbación de su mente. Pausa. Ansiosa, se interroga.) ¿Con él…, con vosotros? (Entregándose a la desesperación por no poder conciliar sentimientos contradictorios.) ¡Ay de mi!…¡No lo sé!…(Telón rápido.)
Fin del acto II
Escena VIII princeps
Isidora; Alejandro (En la 1ª ; en la 2ª ,)
Isidora. ¡Qué bien hice en traerte a mi lado! La fierecilla de tu desesperación me da más miedo lejos que cerca de mí. Dios ha querido que en este trance puedas oír la voz de tu Isidora, que te dice: «Alejandro, morir es ley; matarse es un crimen».
Alejandro. La vida es el mal; y sólo por excepción y negándose a sí misma, nos ofrece algún bien…Ya para mí se acabaron esas breves excepciones, y no veo más que el mal inmenso, el dolor continuo, las privaciones, la miseria, la humillación, la vergüenza.
Isidora. Mira bien, que algo más habrá.
Alejandro. Tú, sí…tú, que eres como estrella distante, que brilla en medio de esta inmensidad tenebrosa…Pero estás muy lejos, Isidora, muy lejos.
Isidora. Pues si soy una estrella, mírame bien; mírame mucho, y verás como me acerco.
Alejandro. Ya miro…y cuanto más te miro, más te alejas. Tus rayos se pierden en la obscuridad, tiemblan, se debilitan, se apagan..(Pausa) Déjame partir…Sólo me resta decirte que me perdones el mal que te causé. No supe hacer tu felicidad; no supe…y ahora…tampoco podría. Ahora menos que nunca.
Isidora. Sí, menos que nunca. Porque ahora quieres morir, y yo…aquí permanezco sola, triste, atravesando como tú dices, el desierto de la vida, donde todo es sed, fastidio…Voy sola. La sed no se acaba, ni el desierto tampoco.
(Vivamente) En el mío, en mi desierto, yo veo un fin, el descanso.
Isidora. No; no lo creas. Si las almas son siempre lo que son, la tuya no hallará la paz ni el reposo que busca tras de la muerte, Alejandro. Por librarte de lo que crees humillación, atentas a tu vida, sin considerar que ésta no te pertenece. Alejandro. ¿Que no?
Isidora. No. Porque es de Dios…y mía también. Dios, con lo que me ha hecho padecer por tí, me ha dado parte de tu vida, y esta parte mía no la suelto, no. Me ha costado tantas lágrimas, que han venido a ser como mi propia vida.
Alejandro. Hablas a mi corazón, y lo conmueves y lo desgarras. Pero tu voluntad, con ser tan poderosa, no puede subyugar la mía. (Confuso y luchando).
Isidora. Porque no me quieres, porque no me has querido nunca.
Alejandro. No digas tal…Eso no.
Isidora. Y bien claro se ve ahora en esta crisis de tu egoísmo. Tú me perteneces, yo te pertenezco. Debimos vivir unidos, morir juntos. Tú no quisiste, no quieres…Ni en la vida ni en la muerte deseas estar a mi lado, y te obstinas en morirte solo, sin comprender que…
Alejandro. (Empezando a sentir la fascinación) ¡Oh!…Isidora…
Isidora. (Ejerciendo la influencia sugestiva). Sin comprender que esos ensueños tuyos, ese buscar el reposo en la muerte, es el mayor de tus errores. Alejandro. ¡Oh…me domina, me vence!
Isidora. Reconoce que es mucho más bello que tu idealismo, el luchar sano de la vida, la vida, ¡ay! con sus alegrías y sus desmayos, con el temor, la esperanza, la duda, la fe; con el sacrificio, que ennoblece nuestra alma, y el amor, que la inunda de gozo; con la amistad, con la familia, con Dios, que nos ama, nos guía, y mandándonos esperar, nos espera… Alejandro. ¡Oh! ¡qué delirio…!
Isidora. No es delirio…Es la verdad, la verdad. Esto que ves en mí, es la razón soberana, con la cual, valiéndome de la fuerza que me ha dado Dios, hago un lazo y te sujeto y te amarro a la vida.
Alejandro. ¡Oh! Me subyugas, me fascinas con esa misteriosa energía que arrojas de tí, por tus ojos, por tu voz, por todo tu ser. No muero, no, no quiero morir, porque no veo un medio de adorarte fuera de esta vida…Por tu amor vivo. Es el único fin que veo en mi desdichada existencia.
Isidora. ¡Quererme a mí!¡Pagar mi amor con el tuyo…! ¿Qué fin más grande y noble?
Alejandro. Amarte…Es toda la vida, la de acá, la de allá, y todas las vidas posibles.
Isidora. Eres mío. Vives. Te he ganado.
Escena IX
Dichos; Doña Trinidad, D[on] Isidro, Don Santos, Trinita, Serafinito
Trinidad. (Presurosa por el foro). Tu padre viene…Ese hombre…¡ah!…que salga.
Isidora. No importa que le vea.
Alejandro. Ya no me voy. Quiero hablarle.
Isidro. (Por el portal). Señor mío: ya sé lo que aquí pasa. Cumplido por parte de
mi hija, el deber de informar a usted de su infortunio, no puedo consentir que
permanezca un momento más en mi casa el hombre que se obstina en
negarnos la reparación que nos debe.
Isidora. No se trata de reparación.
Isidro. ¿Que no?
Trinidad. ¿Cómo?
Isidora. He conseguido el triunfo inmenso de reconciliarle con la vida, y esto me basta.
Santos. No basta, no. ¿Verdad?
Isidro. No me doy por satisfecho con ese triunfo.
Alejandro. Ni yo. Quiero más. La vida mía no es lo que más aprecio. Bien sé que no debo aspirar a vida más completa y dichosa. Soy pobre, nada valgo. No merezco ese bien.
Isidora. Sí lo mereces…(Pausa) Chiquillo: abraza a tus padres.
Isidro. ¡Oh! Sí.
Trinita. (Por la izquierda). ¿Ves? Se casan.
Serafinito. Me alegro…Uno más al trabajo.
Isidora,. Serás mi sostén, mi defensa, mi apoyo en esta lucha formidable; y mi victoria, si la consigo, será también la tuya.
Alejandro. (Con entusiasmo) Gracias a Dios. Ya pareció un fin para mi pobre existencia.
Trinidad. ¡Bendígaos Dios!
Isidro. ¡Hijos míos, mi alegría, mi consuelo!…
Santos. Y creedlo porque os lo digo yo: los hijos de estos hijos, serán la perfección humana.
Isidro. Nuevo milagro es este de tu constancia, de tu espíritu valiente.
Isidora. ¡Oh! ¡preciosa fuerza del alma! Aquí, te tengo, aquí. Contigo salvé a los míos de la miseria. Contigo he de hacer aún grandes cosas.
Fin de la Comedia
Isidora 35

























