
Eduardo Montagut
Con el nuevo siglo, el feminismo luso adquirió empuje. En 1907 se creaba el Grupo Portugués de Estudios Feministas, que dirigía Ana de Castro Osório. Pudo reunir un elenco de intelectuales, médicas, escritoras, periodistas y profesoras cuya misión era trabajar por dar a conocer las ideas de la emancipación de las mujeres. Castro Osório fue una mujer muy activa también en la política en el campo del republicanismo, aunando sus dos preocupaciones con la creación de la Liga Republicana das Mulheres Portuguesas en 1909. Tres años después pondría en marcha la Associaçao de Propaganda Feminista, y en 1916, la Comissao Feminina “Pela Pátria”, origen de la Cruzada das Mulheres Portuguesas. Además, fue masona tanto en el Grande Oriente Lusitano como en El Derecho Humano. La Liga fue muy activa, con el apoyo del Partido Republicano Portugués, en reivindicar el derecho al sufragio femenino, el fomento de la educación y de la coeducación, la ley del divorcio y la adopción de reformas en favor de los derechos jurídicos, sociales y laborales de las mujeres. Otro de sus objetivos, y en eso se puede considerar casi una asociación pionera, fue combatir la violencia que sufrían las mujeres, es decir, los feminicidios y la violencia doméstica. También luchó contra la prostitución y el proxenetismo, sin olvidar la lacra de la mendicidad infantil. En este sentido, puso en marcha la Obra Maternal, y sacó a la luz publicaciones como A Mulher e a Criança y A Madrugada.

La llegada de la República parecía un momento favorable para la causa del feminismo. Las componentes de la Liga Republicana presentaron sus demandas al Gobierno Provisional, que pasaban por la reforma del Código Civil, la aprobación de una ley del divorcio y el reconocimiento del derecho al voto, eso sí, seguramente para no parecer muy radicales, solamente para las mujeres que pagaran impuestos y reunieran una serie de requisitos de tipo educativo. Pero esto generó una división en el seno del sufragismo portugués. Por un lado, estaría un sector moderado o más conservador, defensor de esta petición restringida, y que la propia Ana de Castro Osório encabezaba, pero, por otro lado, otras sufragistas consideraban que plantear un sufragio femenino restringido suponía mantener cuando no empeorar la situación de desigualdad. Entre ellas estaría Maria Veleda, una activa profesora, periodista, masona, espiritista y librepensadora. Las más conservadoras terminarían por fundar en 1911 la Asociación de Propaganda Feminista.
En 1911 se produjo un hecho fundamental en la historia del feminismo portugués. La ley electoral establecía que solamente podían votar los ciudadanos portugueses mayores de 21 años o jefes de familia que supieren leer y escribir. En realidad, había un vacío legal porque no se especificaba el sexo de quien era el jefe o cabeza de la familia. Esto fue aprovechado por Carolina Beatiz Ângelo, que era médica, viuda y con una hija menor, para solicitar que su nombre apareciera en la lista de ciudadanos agregados. La justicia le dio la razón, y fue la primera mujer en su país y casi del resto de Europa en poder ejercer el derecho al voto. Pero la lección fue aprendida por los enemigos del sufragio femenino.

























