¿Cómo leer a Julio Cortázar en el aula?

Aunque a menudo pueda parecer irrelevante, la selección y el orden de lecturas seleccionadas para el aula de Secundaria o Bachillerato es un factor importante que todo docente debería tener en cuenta. No es lo mismo, en el caso de Lorca, por ejemplo, que el primer contacto lector de los alumnos con el granadino sea a través de Poeta en Nueva York y El público que con el Romancero gitano y La casa de Bernarda Alba.

Si hablamos de literatura hispanoamericana, este hecho toma una importancia aun mayor. Existen evidentes dificultades curriculares y temporales para incluir autores y autoras latinoamericanas en el canon escolar, por lo que el profesorado se ve obligado a elegir tan solo unas pocas obras de entre un número reducido de autores.

Imagen realizada con IA

En este sentido, un reciente estudio muestra que Julio Cortázar (junto a Rubén Darío y Jorge Luis Borges) es uno de los autores que más gustan al profesorado. La figura del escritor argentino resulta especialmente sugestiva para un primer acercamiento de los adolescentes con la literatura hispanoamericana debido a cuatro cuestiones primordiales: primero, el formato breve de sus cuentos; segundo, la valiosa dimensión estética y lingüística de sus creaciones; tercero, las connotaciones socio-culturales de su prosa; y cuarto, el fuerte compromiso lector que exigen sus textos.

Entre sus cuentos más populares para los profesores de secundaria se encuentran “Axolotl” (Final del juego, 1956), “Instrucciones para llorar” (Historias de cronopios y famas, 1962) o “Casa tomada” (Bestiario, 1951). Pero ¿con qué criterio se llevan al aula?

El gusto personal del docente

A la hora de elegir los textos que serán leídos en clase prima el gusto personal del docente. Este hecho tiene claros efectos positivos vinculados al componente emocional de la enseñanza, pero pasa por alto otros muchos factores relacionados con la dimensión estética, cultural y lingüística de las producciones literarias.

Una posibilidad es aplicar en la selección de los textos los siguientes criterios: accesibilidad del texto, complejidad y motivación, las varias formas de explotación del texto y las connotaciones culturales.

Accesibilidad del texto

Según este primer criterio, la obra seleccionada debe ser adecuada a la competencia lectora de los estudiantes, producir deleite y suponer un reto realizable. De lo contrario, los alumnos se sentirán frustrados y probablemente abandonarán la lectura.

En este sentido, parece ideal comenzar introduciendo a los alumnos en el mundo de Cortázar a través de sus cuentos lúdicos, contenidos en su mayor parte en Historias de cronopios y famas. En estos textos, como “Instrucciones para dar cuerda al reloj” o “Instrucciones para subir una escalera”, la naturalidad del lenguaje penetra en el detalle de lo cotidiano y lo transforma. También pueden resultar interesantes varios cuentos realistas simbólicos contenidos en Todos los fuegos el fuego (1966), como es el caso de “La autopista del sur”.

Obras más complejas y motivadoras

Portada del libro de relatos Bestiario editado por Editorial Sudamericana en 1951.
Primera edición de ‘Bestiario’. Wikimedia Commons

Si la competencia lectora del grupo es adecuada y pueden ofrecerse textos de mayor envergadura, lo ideal es elegir textos con incentivos que ayuden a superar las dificultades lingüísticas.

En este segundo nivel podría resultar interesante abordar cuentos fantásticos tales como “Continuidad de los parques” (Final del juego, 1956) o “Casa tomada” (Bestiario, 1951). En ellos, lo sobrenatural modifica las leyes naturales y la noción de realidad queda alterada, dando lugar a textos atractivos y divertidos a la vez que complejos.

Las varias formas de explotación del texto

Es importante, por otro lado, aproximarse a textos que ofrezcan posibilidades de desarrollo diversas e integradoras. Una producción literaria no debe ser abordada en el aula con el solo propósito de estimular la habilidad lectora y escrita del alumnado. Por el contrario, esta habilidad lectora debe desarrollarse a la vez que se trabajan otras destrezas relacionadas con los tres niveles de comprensión (literal, inferencial y crítico).

Según esto, dos lecturas se destacan como propicias por encima de las demás: Rayuela (1963) y 62, modelo para armar (1968), que se desprende precisamente de un capítulo de la primera. En ambos casos se trata de novelas experimentales en cuanto a forma y contenido se refiere, lo cual ofrece una amplia gama de posibilidades para explotar el texto. Por ejemplo, podría trabajarse el capítulo 68 de Rayuela atendiendo a cuestiones como el ritmo, los conceptos de extrañamiento y placer estético, así como los distintos niveles del significado que ofrecen los vocablos.

Connotaciones socioculturales

Portada del Libro de Manuel de la edición de Editorial Sudamericana de 1973.
Primera edición del ‘Libro de Manuel’ de 1973. Wikimedia Commons

En último lugar, un factor a tener en cuenta a la hora de seleccionar los materiales literarios podrían ser las connotaciones socioculturales que contengan. La literatura no solo revela los pensamientos y las ideas del autor, sino también las de la sociedad que habita y el momento histórico que vive.

En este caso, Cortázar sorprende con su Libro de Manuel (1973), que condensa recortes de periódicos del tercer tercio del siglo XX acerca de las dictaduras y asesinatos que se estaban llevando a cabo en Latinoamérica. Estos hechos históricos coinciden con lo que ocurre en la novela, estableciendo, como él mismo afirmaba, una especie de convergencia entre historia y literatura.

Pedro Fresno Chamorro, Doctorando en Literatura Española, Universidad de Jaén

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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