
Rosa Amor del Olmo
Concha Méndez fue una de las mujeres más interesantes de la Generación del 27 y una de las figuras fundamentales de Las Sinsombrero. Nació en Madrid en 1898 y murió en México en 1986. Fue poeta, autora teatral y editora, aunque durante mucho tiempo su nombre quedó oscurecido por el de sus compañeros varones de generación. El proyecto de RTVE sobre Las Sinsombrero la incluye entre las mujeres artistas e intelectuales que convivieron y crearon junto a los hombres más conocidos del 27, pero que después de la Guerra Civil fueron condenadas al olvido.
Desde joven, Concha Méndez fue una mujer poco convencional para su época. Nació en una familia acomodada, recibió educación en un colegio francés y destacó por su afición al deporte, especialmente la gimnasia y la natación. Este dato no es secundario: en los años veinte, una mujer deportista, viajera, independiente y con ambición literaria rompía claramente con el modelo femenino tradicional. Su vida ya era, en sí misma, una forma de rebeldía.
Concha Méndez no quiso limitarse al papel que la sociedad esperaba de ella. En una época en la que muchas mujeres eran educadas para casarse, obedecer y permanecer en el ámbito doméstico, ella eligió escribir, viajar, publicar y relacionarse con los ambientes culturales más modernos. Fue amiga de Maruja Mallo y Margarita Manso, y formó parte de ese círculo de mujeres avanzadas que se movían cerca de los grandes nombres de la Generación del 27, pero con una voz propia y una actitud claramente independiente.

Su obra poética comenzó a publicarse en los años veinte. Entre sus primeros libros están Inquietudes, publicado en 1926; Surtidor, de 1928; y Canciones de mar y tierra, de 1930. En ellos aparece una poesía moderna, vitalista, llena de movimiento, mar, viajes, libertad y deseo de escapar de los límites impuestos. La página de Leer.es, vinculada al proyecto educativo sobre Las Sinsombrero, recoge estas obras dentro de su producción literaria inicial. Uno de los aspectos más llamativos de Concha Méndez es que no solo fue escritora, sino también editora. Junto a su marido, el poeta Manuel Altolaguirre, fundó en Madrid la imprenta La Verónica, desde la que editaron la revista Héroe. Esta actividad editorial fue muy importante porque ayudó a difundir la obra de numerosos autores de su generación. Es decir, Concha Méndez no solo creó literatura: también ayudó a que la literatura de otros pudiera circular y llegar a los lectores.
Sin embargo, su vida quedó marcada por la Guerra Civil y el exilio. Como tantas personas vinculadas a la cultura republicana, tuvo que abandonar España. El exilio la llevó primero a París, después a La Habana y finalmente a México, donde continuó su vida y su trabajo. Allí volvió a abrir una imprenta y siguió editando textos de escritores españoles exiliados. Su caso representa muy bien el destino de muchas Sinsombrero: mujeres que habían participado activamente en la modernización cultural de España, pero que fueron expulsadas física y simbólicamente del país.
En 1944 publicó Sombras y sueños, considerado por algunos uno de sus mejores libros. Después permaneció muchos años en silencio editorial, hasta que en 1976 publicó Vida o río. Ese largo silencio no debe interpretarse como falta de valor literario, sino como una consecuencia del exilio, del olvido y de las dificultades que muchas mujeres encontraron para mantener visible su obra.
La figura de Concha Méndez es importante porque demuestra que Las Sinsombrero no fueron simples acompañantes de los hombres famosos del 27. Fueron creadoras, editoras, pensadoras, viajeras y protagonistas de su propia historia. En su poesía aparece una mujer que desea vivir de otra manera: una mujer que se mueve, que mira el mundo, que no acepta quedarse quieta y que busca un espacio propio desde el que escribir.
Hoy recuperar a Concha Méndez es un acto de justicia. Su vida resume muchas de las luchas de las mujeres modernas del siglo XX: el derecho a crear, a viajar, a amar libremente, a trabajar, a publicar y a ser recordadas por su propio nombre. Como Sinsombrero, representa a todas aquellas mujeres que se quitaron simbólicamente el sombrero para desafiar las normas de su tiempo. Concha Méndez fue poeta, editora y exiliada, pero sobre todo fue una mujer que eligió la libertad. Su historia nos recuerda que la Generación del 27 no puede entenderse solo a través de Lorca, Alberti, Cernuda o Buñuel. También hay que nombrar a Concha Méndez, porque sin ella —y sin las demás Sinsombrero— la historia de la cultura española queda incompleta.

























