“Maspalomas se desduna”

Hay fenómenos que no necesitan ser entendidos por especialistas para ser graves: basta ver cómo las Dunas de Maspalomas, ese desierto vivo al lado del mar, se están convirtiendo en escombros bajo el peso del turismo y la indiferencia local.

Este paraíso móvil, declarado Reserva Natural Especial desde 1994, recibe a diario entre 150 y 500 personas que cruzan vallas, pisotean vegetación y se empujan para conseguir la foto perfecta al atardecer. El SEPRONA y el Cabildo han reforzado la vigilancia, incorporando drones, sensores y pantallas informativas; pero cada huella dejada sobre el delicado manto de arena es un aviso: Las dunas podrían desaparecer antes de que termine este siglo si seguimos así.

Y no es lo único que las amenaza. Hemos visto cómo promociones peligrosas y absurdas —como el enterramiento de 1.000 euros por influencers— provocaron invasiones de gente armada con palas sobre estas arenas protegidas. Ni qué decir de los “cruising spots”, zonas donde encuentros furtivos entre turistas han destruido nebkhas y plantas endémicas, según investigaciones de la ULPGC i. Incluso en confinamiento, sin turistas, las dunas se regeneraron y recuperaron su forma original —prueba irrefutable de que el mayor enemigo no es el viento, sino el humano inconsciente.

Y mientras la arena se degrada, las voces oficiales repiten que “el turismo nos da de comer”. ¿A qué precio? El desarrollo turístico ha convertido a Maspalomas en un parque temático: hoteles, chiringuitos, urbanizaciones. Todo eso estrangula el ecosistema, desequilibra la dinámica del viento y acelera la pérdida de arena: unos 45.000 m³ se van cada año al mar .

El Cabildo intenta arrancar conciencias con campañas como “Tu mirada es la única huella”, informadores bilingües y señalización digital.Pero eso es sopa de sobre para un acantilado que se viene abajo día a día.

Vamos, que Maspalomas no necesita más selfies; necesita menos, y más respeto. La duna no rompe, cruje. Y ese crujido debería despertar un poco más de vergüenza y menos selfies.

Firmado:
El Mencey del Viernes

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