Los estrenos de Electra 1901 y 2010

                           

Anastasio Serrano

  1. Introducción

La sociedad española de principios del siglo XX (Catena, 2004:15-22) estaba inmersa en una situación social y política difícilmente soportable: el hambre y el analfabetismo eran dos de los principales jinetes del Apocalipsis, que soportaba estoicamente el pueblo llano. Razón por la cual pueblos enteros solicitaban permiso para emigrar a América, siendo la República Argentina el destino más solicitado.

Ante esta situación tan sangrante, los políticos (conservadores y liberales) coinciden en le diagnóstico, que hay dos tensiones acuciantes la cuestión social apuntada y la cuestión religiosa.

En 1901 se produce una noticia teatral que va a tener trascendencia política, el estreno de Electra de Benito Pérez Galdós en el Teatro Español de Madrid, el 30 de enero de 1901.

Nada más producirse el estreno de la obra teatral galdosiana se relaciona con tres acontecimientos de índole religiosa, política y social.

Veamos cuáles fueron esos acontecimientos, empezando por el de índole religiosa:

El caso de la señorita Adelaida Ubao

En 1898 una señora de la alta burguesía, doña Adelaida de Icaza, viuda de Ubao, asistió con su hija Adelaida a unos ejercicios espirituales dirigidos por el padre jesuita Fernando Cermeño. La señorita Ubao de Icaza tenía novio formal y se iba a casar en breve; pero el padre Cermeño, confesor de Adelaida, impulsó a su criatura espiritual a romper relaciones con su prometido y a ingresar en un convento; ya que este sería el camino más seguro para la salvación eterna.

La señora Ubao y su hijo mayor, Eduardo, se oponen a los deseos de Adelaida. Sospechan que está influida por las sugestiones del padre Cermeño. No la convencen y el 12 de mayo de 1900, Adelaida, menor de edad, se escapa de casa e ingresa en el convento madrileño de las Esclavas del Corazón de Jesús.

El “Caso Ubao” trasciende a la prensa y en el verano de 1900 los periódicos informan de los antecedentes del “Caso Ubao”: La señorita Ubao sigue en el convento y ni su madre ni su hermano han podido sacarla de allí.

Se hace la denuncia en un juzgado de primera instancia, porque la señora Ubao considera que su hija está en el convento sugestionada por voluntad ajena; el juzgado, sin embargo, niega a la madre el derecho  de recuperar a su hija.

Se recurre la sentencia en el Tribunal Supremo y se nombra abogado de la familia al catedrático de la Universidad Central de Madrid, don Nicolás Salmerón. El abogado defensor de la señorita Adelaida Ubao fue don Antonio Maura. El Tribunal Supremo dicta sentencia y devuelve a la joven al domicilio materno, donde debía residir hasta cumplir los veinticinco años, mayoría de edad de la mujer en la época, y ya podría tomar estado (religioso o civil) sin consentimiento familiar. Le faltaban unos meses para cumplir los veinticinco años, pero no volvió al convento hasta cuatro años más tarde.

Galdós en varias ocasiones negó que el “Caso Ubao” tuviera algo que ver con Electra; pero claro que lo tuvo. La noche del estreno se estaba esperando la resolución del Tribunal Supremo. La sentencia favorable a la familia Ubao llegó el 19 de febrero de 1901. Fácil, pues, es deducir que los asistentes a las representaciones de Electra veían, también, en el secuestro conventual de Electra, una semejanza paralela con el caso Ubao (Adelaida-Electra).

Otro acontecimiento de índole política perturba, a la sazón, la política española: la boda de doña María de las Mercedes, Princesa de Asturias (hija mayor de la reina Regente) con su primo don Carlos de Borbón y Borbón. Las Cortes presentaron serias objeciones al anunciado enlace matrimonial; ya que el padre del novio, el conde de Caserta, era un significado carlista. Había sido jefe del Estado Mayor en el ejército del pretendiente don Carlos y, como tal, se le atribuían desafueros y violencias de las tropas a su mando contra las poblaciones civiles; así como los temores en la línea sucesoria; pues si el Rey, aún bajo la Regencia de su madre, muere, la Princesa de Asturias sería Reina de España y su esposo, rey consorte carlista.

Todo esto estaba en la calle, y, por supuesto en los centros de poder: las Cortes y el Senado.

A pesar de todo el matrimonio de la Princesa de Asturias con el hijo del conde carlista se celebró. La reina Regente, doña Mª Cristina, lo defendió, alegando el amor entre los dos jóvenes prometidos y las Cortes votaron la aprobación por razones sentimentales.

El matrimonio religioso se celebró el 14 de febrero de 1901, en pleno éxito de Electra. Las fiestas oficiales en honor de los nuevos esposos fueron enturbiadas por toda clase de violencias callejeras, que obligó a los agentes de orden público a proteger los lugares donde se celebraban las recepciones oficiales.

Otros sucesos de índole política como el levantamiento de algunas partidas carlistas en Badalona, Berga, Igualada y otros lugares de Cataluña y Valencia- movimiento sofocado apenas iniciado-, perturbaron la situación política.

Con motivo del estreno de Electra y su relación con el “Caso Ubao” se produjeron algaradas, pronunciando, ¡mueras! A los jesuitas, que sirvieron de excitante a los manifestantes para lanzar, ¡mueras! a los Caserta. Se agredió a sacerdotes y se atacaron conventos. Hubo motines en Barcelona, Zaragoza, Valencia, León, Granada, Salamanca y en Madrid, por supuesto, el mayor.

Como consecuencia de todo esto cae el gobierno conservador del general Azcárraga (el gobierno ‘puente’), que presenta su dimisión a la reina Regente. El 6 de marzo de 1901 se formó el nuevo gobierno, presidido por don Práxedes Mateo Sagasta, jefe del partido liberal. A este nuevo gobierno se le llamó, >>Ministerio Electra>>.

Y el último acontecimiento de índole social fue “La ley de Asociaciones…1901”, el llamado año anticlerical.

En el “Caso Ubao” y en la boda de la Princesa de Asturias hay un proceso social de anticlericalismo, que en algunas ocasiones llega a extremos de violencia, crispación y descontento. Este anticlericalismo no fue exclusivo de España; Francia y Portugal pasaron por la misma situación, aunque en nuestros dos países vecinos el anticlericalismo se resolviera de manera diferente. Pero, en a historia europea, 1901 fue llamado >>el año anticlerical<<.

Fruto de este anticlericalismo foráneo empiezan a cruzar nuestras fronteras comunidades francesas dedicadas a la enseñanza, expulsadas del país vecino por las nuevas leyes anticlericales.

En este ambiente, surge el tema de la Ley de Asociaciones, que había sido promulgada en 1887 y ahora, con el comienzo del siglo, el partido liberal quería que se aplicara a las Congregaciones Religiosas, exigiendo que los estatutos debían ser aprobados por lo órganos competentes del Estado.

Las manifestaciones de anticlericalismo llegaron, también, por parte de los pequeños comerciantes, que acusaban a los conventos de competencia desleal, porque tenían pequeñas industrias de bordado, artesanía y confitería.

Los periódicos sensacionalistas sacaron a relucir la escasa moral sexual del clero o los casos de crueldad y sadismo: niñas maltratadas y sometidas a humillaciones.

 Los principales cargos se hicieron contra la Compañía de Jesús. Se acusaba a los confesores jesuitas de quedarse con las haciendas de seglares, y que la educación impartida en sus colegios deformaba, en beneficio de la Compañía, la personalidad del alumno.

El ataque a las Congregaciones religiosas se libró en dos frentes: la revuelta callejera y el bloque de los partidos liberales, unido a un grupo numeroso de intelectuales de la Institución Libre de Enseñanza.

El 9 de abril de 1901, cuando las representaciones de Electra estaban en pleno apogeo, don Benito Pérez Galdós publicó en El Liberal de Madrid un largo artículo titulado, >>La España de hoy<<[1], y en él dice Galdós que a los jesuitas no les interesaba el dominio del pueblo, sino de las clases pudientes, esa burguesía enriquecida con los negocios de contratas para el abastecimiento de la guerra carlista.

Asimismo esa burguesía logrera había conseguido a bajo precio edificios, fincas y terrenos rurales con las desamortizaciones de bienes eclesiásticos. Galdós aludió, con alguna frecuencia, en sus novelas y obras de teatro a esa burguesía rica, que incluso decoró sus caudales con títulos de nobleza, casando a sus hijos con la aristocracia empobrecida. Y los enriquecidos por medios dudosos buscaron la expiación de sus culpas haciendo donaciones suntuosas a las congregaciones o construyendo edificios religiosos.

Y termina así el artículo: “No se pone en tela de juicio ningún principio religioso de los que son base de nuestras creencias; lo que se litiga es el dominio social y régimen de los pueblos”.

Este es el ambiente social, político y religioso en el que se produce el estreno de Electra.

  1. El estreno de Electra

El día de 29 de enero de 1901 más de un centenar de personas de renombre recibió en su domicilio un tarjetón con el siguiente texto:

Esta invitación fue enviada a periodistas, artistas, pintores, músicos, escritores, políticos y médicos de Madrid.

Esta premiére para la crítica se representó con vestuario, decoraciones, muebles y puesta en escena total;  fue, pues, un preestreno para calentar motores.

Ramiro de Maeztu, uno de los invitados, relató este ensayo general de Electra en un artículo publicado en El País, >>El público desde dentro<<, 31/01/1901 y en él se dice que se notaba la tensión emocional del público y la actitud agresiva de los más jóvenes. Maeztu también ofrece la lista de los invitados más conocidos de entonces: Amadeo Vives, Pío Baroja, Valle-Inclán, Joaquín Sorolla, Echegaray y José Martínez Ruiz, el futuro Azorín.

La noche del estreno de ELECTRA, el 30 de enero de 1901, el Teatro Español[2] se llenó con un público de distintas ideologías; pero lo que sí estaba claro es que los espectadores ya sabían de qué trataba la obra, porque los asistentes al ensayo general habían divulgado en las redacciones de los periódicos y tertulias, en el Ateneo y en la universidad, la impresión que les había producido Electra.

El estreno de Electra fue un éxito, hasta catorce veces tuvo que salir a escena don Benito Pérez Galdós y fue paseado a hombros por la calle del Príncipe.

Electra ‘electrizó’ al  público, de tal manera que se produjeron alborotos y manifestaciones anticlericales Pío Baroja contó en sus memorias, Desde la última vuelta del camino, lo ocurrido en el mencionado estreno:

Don Benito y Maeztu fueron los que dirigieron la distribución estratégica de los amigos en la sala del Teatro Español (…) Yo tenía una butaca cerca de Azorín. Maeztu dijo que iba a ir al paraíso.

Comenzó el drama en medio de una gran expectación. El público temía que pasara algo (…) cuando el joven ingeniero derriba a Pantoja, Maeztu desde el paraíso, con voz tonante, dio un temible grito de >>¡Abajo los jesuitas!<<. Entonces todo el público comenzó a estremecerse, y algunas señoras de los palcos se levantaron para marcharse. Afortunadamente la representación acabó sin ninguna turbulencia (…).  La gente acompañó a Galdós entre gritos y aplausos.[3]

En ninguna escena de los cinco actos de Electra hay referencia o insinuación alguna a los jesuitas; sin embargo los que gritaban contra los seguidores de San Ignacio, habían visto en Salvador Pantoja al padre Cermeño, sujeto real, confesor de la señorita Adelaida Ubao, caso aireado por la prensa de entonces, del que ya hemos hablado.

  1. La obra en sí. Presentación de Electra

En el verano de 1900, Galdós comenzó a escribir en su quinta de Santander el drama de Electra.

Por su correspondencia con el doctor Tolosa Latour, sabemos que Pérez Galdós era consciente de que su obra iba a ser conflictiva: “Estoy escribiendo, sí, una obra dramática que se titula Electra (…) Tiene cinco actos y mucha miga, más miga de lo que conviene”[4].

Galdós, desde  que empezó a escribir Electra, presentía su repercusión social, de tal modo que muchos la consideraron como un “nuevo episodio nacional”.

Pero veamos el argumento de la obra:

Los señores de García Yuste (Evarista y Urbano), matrimonio de posibles, piadoso y sin hijos, recogen en su casa a la joven de dieciocho años, Electra, hija natural de una prima hermana de Evarista. Electra se ha educado desde los cinco años en un colegio de las Ursulinas de Bayona y en Hendaya con unos parientes de su madre.

En casa de los García Yuste conoce Electra a los amigos que frecuentan la casa de sus tíos; entre ellos está don Salvador Pantoja, hombre atormentado por los pecados de la juventud, lleva ahora una vida piadosa. Es protector del convento de San José de la Penitencia, donde pasó los últimos días de su vida la madre de Electra.

Don Leonardo Cuesta, agente de bolsa y gestor financiero de los García Yuste. Máximo (35 años) sobrino de Evarista y Urbano, que vive en una casa contigua a la de sus tíos; es ingeniero, viudo, con tres niños pequeños, rico por herencia y dedicado a investigaciones eléctricas.

Y el marqués de Ronda (58 años), rico, casado con una amiga de Evarista, dama devota, dedicada a   obras piadosas. El marqués de Ronda, calavera y mujeriego en su juventud, vive ahora tranquilo.

Electra se convierte de inmediato en el centro de atención de estos personajes. Pantoja y Cuesta, por separado, le ofrecen protección. Cuesta le ofrece su fortuna  cuando él muera. Pantoja va llenado el espíritu de Electra de temores y angustias. Don Salvador cree que el mejor destino de Electra es un convento para evitar que se descarríe como su madre.

Máximo, atraído por el encanto juvenil de Electra, inicia con ella un idilio que terminará en declaración de amor y petición de mano ante los García Yuste. Ante esta situación, Pantoja, que ha mirado siempre con prevención la personalidad científica de Máximo y ve perdidas sus esperanzas de que Electra ingrese en un convento y expíe los pecados maternos y paternos, levanta un infundio: declara a Electra que Máximo es su hermano. La joven en un estado casi demencial es llevada al convento.

Máximo y el marqués de Ronda acuden al claustro para clarificar, con pruebas, la falsedad de Pantoja.

Entonces es la sombra de la madre de Electra la que se  aparece a su hija, la convence, la tranquiliza y la invita a que vuelva al mundo:

La Sombra: -Tu madre soy, y a calmar vengo las ansias de tu corazón amante (…). Ningún vínculo de naturaleza te une al hombre que te eligió por esposa (…). Si el amor conyugal y los goces de la familia solicitan tu alma, déjate llevar de esa dulce atracción (…). Dios está en todas partes…Yo no supe encontrarle fuera de aquí…Búscale en el mundo por senderos mejores que los míos.

Pantoja: – ¿Huyes de mí?

Máximo. – No huye, no… Resucita.[5] (Acto V, escenas, IX y X)

Como vemos la solución que da Galdós a los dos personajes antagonistas no es destructiva. Galdós da la razón a Máximo, pero recurre a un artilugio irrealista, “La Sombra” de la madre, que orienta a su hija hacia el bien. Y el propio Máximo, en vez de enfrentarse a Pantoja, que había lanzado una calumnia para ganar a Electra y recluirla en un convento, recapacita y apuesta por la resurrección a una España nueva.

En cuanto a los personajes, Electra se muestra infantil y simple unas veces, y sensata y objetiva en otras. Hay momentos que parece que tiene 10 años (juega con sus muñecas) y en otros representa la imagen de un futuro prometedor y auténtico.

Don Salvador Pantoja es el personaje negativo de la obra, encarna los valores contrarios a Electra. Está lleno de prejuicios y amarguras, representa la defensa del ‘valle de lágrimas’ en esta vida para salvarse en la vida eterna.

Pantoja es el antagonista y lucha por aquello que cree verdadero y deseable, aún a costa de emplear medios innobles para lograrlo. La astucia, la confianza en sí mismo y la belleza de sus palabras son las armas que utiliza para persuadir a los demás. Pantoja, pecador arrepentido, como su nombre indica, intenta salvar a Electra/España encerrándola en un convento, impidiendo el paso a las nuevas ideas y por ende al progreso.

Máximo, defensor de la verdad y de la ciencia, es el personaje positivo, y en él cifra el autor sus ideas y su esperanza de futuro. Máximo sólo vive para sus investigaciones eléctricas, apenas hace vida social y se enamora de Electra de forma repentina, a quien casi dobla la edad (18-35 años). Carece de sutileza y en el enfrentamiento final con la irracionalidad y la mentira de Pantoja, se siente inclinado a hacer uso de la fuerza: “Renacen en mí los tiempos románticos y las ferocidades del feudalismo” (Acto V, escena V). Su profesión de ingeniero y sus investigaciones sobre la electricidad le dan un carácter de personaje-símbolo.

Don Urbano y el Marqués de Ronda son figuras decorativas, aunque defensores de distintas tendencias, en manos de sus esposas. Son secundarios en todos los sentidos.

Evarista está a medio camino entre el integrismo de unos y la buena voluntad de otros. Es la tía rica de sobrina sin posibles (sin padre conocido y madre descarriada), a la que recoge y quiere reformar para llevarla al buen camino, según ella, el convento.

Don Leonardo Cuesta, personaje funcional, es otro padre vocacional de Electra. Cuando muere deja en su testamento la mitad de su fortuna a Electra, con la condición de que debe abandonar la vida religiosa; con lo cual sería un personaje progresista.

Los criados son personajes pacíficos, buenos, no intrigantes, que sirven a los señores; conversan con las visitas e informan de los pormenores necesarios para el desarrollo de la historia.

Si atendemos a las clases sociales, Pantoja es presentado como un neo ultramontano, próximo al carlismo.

Máximo sería un liberal radical o republicano.

Electra como símbolo de España y centro de las disputas entre los grupos por su posesión.

Cuesta y el Marqués de Ronda se les considera liberales moderados. El Marqués de Ronda simboliza el elemento progresista de la vieja nobleza; se interesa por el trabajo de Máximo y siente que el futuro de España tiene que ir unido a la investigación científica. El marqués de Ronda como Leopoldo Cuesta, intervienen a favor de la pareja Electra-Máximo.

Y obviamente el pueblo está representado por los criados y hay una incipiente representación del proletariado en los dos empleados de Máximo: Mariano (auxiliar de laboratorio) y Gil (calculista).

4. Después del estreno de Electra

En varias provincias españolas se produjeron homenajes a Galdós, aunque no se tenía más noticias de Electra, que las difundidas por los periódicos madrileños.

El estreno de Electra tuvo trascendencia extraliteraria; se convirtió en un acontecimiento político-social de relieve en España. Nunca se había dado una repercusión tan grande de la literatura en la realidad social.

Además el estreno de Electra produjo otras reacciones de carácter comercial, de mercadotecnia, que diríamos hoy; aparecieron en las tiendas sombreros, caramelos, licores y cajetillas de cigarrillos con el nombre de Electra. El restaurante Lhardy, el más elegante de Madrid a la sazón, puso el nombre de Electra a uno de sus platos.

A finales del mes de febrero se estrenaría en el Teatro Eslava de Madrid una parodia de Electra con el título de ¡Alerta!, escrita por dos comediógrafos especializados en obras intrascendentes, Escacena y Muñoz. La parodia fue aceptada por Galdós. También se estrenó en el Teatro Apolo de Madrid, el 9 de abril de 1901, Electroterapia de Gabriel Merino y Pichulo, humorada en un acto en verso, otra parodia de Electra.

Ya se ha citado, cuando el general Azcárraga presenta la dimisión a la reina Regente, el nuevo gobierno presidido por el liberal Sagasta, se le llamó, >>Ministerio Electra<<.

Francisco Villaespesa publicó la revista Electra, donde colaboró toda la nómina de los escritores que pronto formaría la Generación del 98. Galdós patrocinó la revista y escribió las páginas de presentación.

En Madrid, Electra, se representó durante ochenta noches consecutivas en el Teatro Español y veinte noches en el Teatro Novedades, que estaba en la calle Toledo; en este teatro se cantó por primera vez el Himno de Riego al final de la representación.

 Galdós, refiriéndose al éxito de Electra en >>Conversaciones con el autor<< de Luis Antón del Olmet, manifiesta:

Al llegar Electra (…) a la sesenta representación, me dieron un beneficio que…entregué al alcalde de Madrid y al Gobernador civil para que lo repartieran entre los pobres. Hecho el reparto me enviaron los recibos: … y la mayor parte de los donativos se habían entregado a las monjas. La obra no la querían, pero el dinero que ella había producido, lo aceptaron con gratitud. [6]

En todas partes se quería ver la obra y empezó a representarse en provincias. En algunas ciudades la jerarquía eclesiástica prohibió a los feligreses la asistencia al teatro a ver Electra. Sin embargo se estrenó con éxito de público y crítica en Sevilla, Oviedo, Santander, Barcelona y Málaga y fuera de España en Buenos Aires y París.

Debido al éxito escénico y el estruendo en las calles, cientos de personas de las ciudades más importantes de España se interesaron por esta obra. Entonces Galdós encargó a la imprenta de su confianza (Viuda e hijos de Tello, C) San Francisco, 4) que imprimiera el texto con esta tirada:

4 de febrero de 1901, 10.000 ejemplares

22     “                “        5.000      “ dos impresiones más, una de 15.000 y otra de 4.000.

También se publicó, Electra, en el nº 49 de la colección de la NOVELA TEATRAL, Complemento de La Novela Corta, cuyo director era José de Urquía, el 8 de noviembre de 1917, al precio de 20 céntimos.

Posteriormente en 1951 la editorial Aguilar publica las Obras Completas de Galdós (edición de Carlos Sainz de Robles) en cuyo tomo VI se incluye la producción teatral de don Benito.

En 1981 la editorial Hernando publicó exenta, Electra en Madrid. En 1998 Elena Catena publica Electra en Biblioteca Nueva de Madrid. Y Díaz Larios, L. F. publicó La de San Quintín. Electra en la editorial Cátedra, Madrid, 2002.

Electra se siguió representando esporádicamente en 1913, 1929 y en Madrid en octubre de 1937 y en junio de 1938; pero superada la actualidad político-social pasó a formar parte del teatro social. 

  1. Presentación de Electra en Las Palmas,  6/05/2010

El día 6 de mayo de 2010 se presentó un nuevo montaje de Electra a cargo de Ferrán Madico[7] en Las Palmas para reivindicar en su tierra al autor de los Episodios Nacionales.

Este nuevo montaje, que hizo germinar el debate sobre la libertad de conciencia, estuvo protagonizado por Sara Casanovas (Electra), Miguel Hermoso (Máximo) y Antonio Valero (Salvador Pantoja).

Realizó la adaptación teatral el dramaturgo y académico Francisco Nieva para quien “la capacidad dramática de Galdós le hace competir y medirse con Ibsen, con Bjorson, con Strindberg y con el gran teatro de su tiempo en Europa”[8].

El texto está condensado y actualizado (de los cinco actos se ha suprimido el segundo por reiterativo). La puesta en escena de Madico está construida desde un punto de vista más épico, que realista-costumbrista, cuyo eje gira entre el oscurantismo y la ilustración, lo retrógrado y lo progresista.

Después del 10 al 20 de junio se estrenó en el mismo Teatro Español de Madrid, donde tuvo lugar su estreno en 1901.

Y por supuesto el estreno de Electra, ya transcurrida la primera década del siglo XXI, no produjo expectación ni disturbio alguno. Son otros tiempos, el anticlericalismo ha desaparecido prácticamente de la sociedad española hasta en los partidos de izquierda; aunque la iglesia siga teniendo su peso en la sociedad. Y la cuestión social y política, no sin problemas, es otra muy distinta a la de la sociedad de principios del siglo XX.

El público de 2010 aprecia en Electra su intensidad argumental y novelesca y el técnico acierto teatral, coincidente con la idiosincrasia emocional del público: la irrealidad de la Sombra de Eleuteria (madre de Electra) como solución dramática, deus ex maquina, de este drama realista.

Como anécdota el día del estreno en el Teatro Español, una nieta de Maeztu gritó:

“¡Pantoja a la cárcel!”, y no hubo más.

También se ofrecía en el vestíbulo del Teatro Español una exposición documental de la Electra de 1901 para acercar al público actual al momento del estreno 109 años antes. Esta muestra fue organizada por el Cabildo Insular de Gran Canaria a través de la Casa-Museo Pérez Galdós y presentaba una selección de documentos y reproducciones, que dan fe de su influencia en la sociedad de comienzos del siglo XX: revistas, cartas de adhesión a Galdós, cajas de cigarrillos Electra, tarjetas postales, facsímiles de primeras ediciones y carteles del estreno en provincias.

La obra, por último, se representó en el Festival de Teatro Clásico de Mérida en el Teatro Romano, del 19 al 22 de julio con gran éxito de público, en torno a 6000 espectadores en las cuatro noches que se representó.

  1. Conclusión

Sobre el nombre de la protagonista que da título a la obra, en el texto, se da una explicación:

Don Urbano (…): -Esta desdichada niña, cuyo padre se ignora, se crió junto a la madre hasta los cinco años. Después la llevaron a las Ursulinas de Bayona. Allí, ya fuese por abreviar, ya para embellecer el nombre, dieron en llamarla Electra, que es de grande novedad.

Marqués: -Perdone usted, novedad no es: a su desdichada madre Eleuteria Díaz, los íntimos le llamaban “Electra”[9]; no sólo por abreviar, sino porque a su padre, militar muy valiente, desgraciadísimo en su vida conyugal, le pusieron Agamenón  (Acto I, escena II).

La onomástica en la producción novelística y teatral de Galdós, casi siempre tiene una función significativa, que atañe al carácter o ideología del personaje y entonces el título-nombre, Electra, está inspirado en la palabra electricidad, cargada de connotaciones de progreso a comienzos del siglo XX.

Si la sociedad de la segunda mitad del siglo XIX había sido la del vapor, ahora el invento de la electricidad comenzó a extenderse para iluminar las calles y plazas y mover la industria; así como supuso, andando el siglo, la democratización de la luz eléctrica en las casas.

Además, Máximo, el emprendedor ingeniero, amigo primero y enamorado de Electra, se dedica a hacer experiencias con la electricidad.

Los otros nombres, Máximo es el número uno en su profesión de ingeniero, llevando acabo importantes investigaciones con aplicaciones prácticas en el campo de la electricidad. Simboliza el progreso, la libertad y la resurrección de España.

Don Salvador Pantoja, lleva la ironía en el nombre, quiere salvar a Electra metiéndola en un convento. Representa la reacción y el integrismo más pertinaz.

Don Urbano es un plutócrata educado, rentista, que permite que su esposa Evarista maneje la casa a su antojo y busca orientar a Electra a la vida conventual.

Evarista tiene un nombre demasiado vulgar, quizá como sus ideas, es más propio de una criada como Balbina y Patros.

Don Leonardo Cuesta, otro salvador espontáneo de Electra, aunque para la vida civil y  para el  progreso. Su apellido puede significar lo que ‘cuesta’ ganarse la vida como agente de bolsa de la familia García Yuste.

El resto de los personajes, sus nombres propios son más bien comunes, porque no aportan significado.

Electra representa, para unos, un duro alegato contra los poderes de la iglesia y contra las órdenes religiosas y para otros, la defensa de los valores del liberalismo ( el librepensamiento, la libertad y el progreso).

La coincidencia temporal del estreno de Electra con el “caso de la señorita Ubao”, que enfrentó en los tribunales al republicano Salmerón y al conservador Antonio Maura, hizo que se revisara la Ley de Asociaciones en 1901.

Electra, por otra parte, es el símbolo de esa España inculta, expuesta al oscurantismo y necesitada de una liberación científica, que Galdós desea llevar al siglo XX, salvándola del fanatismo religioso y conduciéndola hacia el camino de la libertad personal y la investigación científica.

El tema central de Electra es la defensa da la libertad individual de la protagonista frente a los abusos de la intolerancia representado por don Salvador Pantoja, quien no duda en recurrir a la calumnia para impedir los amores de la joven y doblegar su voluntad.  Junto a este tema central se entrecruzan dos subtemas: las posibles taras hereditarias de Electra y la confianza en el progreso científico para renovar la sociedad española, encarnado por Máximo.

Hay, pues, ideales regeneracionistas en Electra encarnados en el coprotagonista, Máximo, pionero investigador de la electricidad. De hecho el enfrentamiento entre Salvador Pantoja y Máximo por Electra (España) supone una lucha entre el autoritarismo intransigente y la racionalidad que emana de la actividad científica, tolerante y emancipadora, que representa los esfuerzos regeneradores para lograr una España nueva.

Electra, también reflejaba las inquietudes de una sección de la sociedad, y de los jóvenes intelectuales que rechazaban el clericalismo, que descubrieron a Galdós como su portavoz.

El drama se convirtió, tal vez sin quererlo el propio autor, en bandera política alrededor de la cual se agruparon los jóvenes intelectuales inconformistas.

Los círculos católico-conservadores se encargaron de denigrar el drama y tacharon a Electra de esperpento literario y obra antirreligiosa

Pío Baroja en su artículo, >>Galdós vidente<< en el diario El País, al día siguiente del estreno,  31/01/1901, dice:

Electra (…) como obra de arte es una maravilla, como obra social es un ariete. Luchan allí dos principios que se agitan en nuestra sociedad moderna: la rebeldía, por un lado (…) que sueña con la conquista del mundo para el bien, para la ciencia, para la belleza, para la vida; el dogma, por el otro, que quiere afirmar la vida, para ganar el cielo, con los rumores del órgano[10].

Y por último la intención de Galdós al escribir Electra se resume en estas frases, que el autor pronunció en una entrevista en el Diario Las Palmas, el 7/02/1901:

En Electra puede decirse que he condensado la obra de toda mi vida, mi amor a la verdad, mi lucha constante contra la superstición y el fanatismo y la necesidad de que olvidando nuestro desgraciado país las rutinas, los convencionalismos y mentiras, que nos deshonran y envilecen ante el mundo civilizado, pueda realizarse la transformación de una España nueva que, apoyada en la ciencia y en la justicia, pueda resistir las violencias de la fuerza bruta y las sugestiones insidiosas y malvadas sobre las conciencias[11].

La Electra de 2010, ya sin las adherencias históricas, trae a la escena el debate sobre la libertad de conciencia y la emancipación de la mujer. Las estrategias para imponer su ideología, las tácticas para incitar a Electra a tomar la decisión más importante de su vida, conforman este drama de principios del siglo XX, que, aún hoy, nos permite reflexionar sobre la dualidad de la existencia humana.

Finalmente, Electra, obra comprometida con la realidad e intensamente simbólica, tiene un valor germinal y junto con otras obras galdosianas más logradas como Alma y vida (1902), El abuelo (1904), Casandra (1910), abren el camino de la modernidad teatral a Benavente, Unamuno, Valle-Inclán y García Lorca.

  1. Bibliografía

Anónimo, >>En casa de Galdós<<, entrevista en el Diario Las Palmas, el 17/02/1901.Cita tomada de Finkenthal S., El teatro de Galdós, Fundamentos, Madrid, 1980.

Baroja, Pío, >>Galdós vidente<<, publicado en El País, 31/01/1901. Cita tomada en La de San Quintín. Electra de Pérez Galdós. Introducción de Díaz Larios L. F., Cátedra, Madrid, 2002

                  –Desde la última vuelta del camino I. Memorias, Tusquets Editores, Barcelona 2006.

Fernández Almagro, Melchor, Historia política de la España contemporánea, 1887/1902 (3), Alianza Editorial, Madrid, 1970 (3ª edición)

Madariaga, Benito, Pérez Galdós. Biografía santanderina. Institución cultural de Antabria, Santander, 1989.

Nieva, Francisco, >>Electra<<, en el diario La Razón de Madrid, 17/0572009, Opinión, p. 13.

      Olmet, Antón del y García Carraffa, >>Conversaciones con el autor<<, reproducido

       en Electra de Pérez Galdós, cien años después, Las Palmas,2001                                                                                         

Pérez Galdós, Benito, <<la España de hoy<<, publicado en el Heraldo de Madrid, el 9/04/1901, reproducido en Electra de Pérez Galdós, cien años después, Cabildo Insular, Las Palmas de Gran Canaria, 2001.

  • Pérez Galdós Benito, Electra, Introducción de Elena Catena, Biblioteca Nueva, Madrid, 2004 (3ª edición).

[1]              . Pérez Galdós Benito, >>La España de hoy<<, publicado en el Heraldo de Madrid, 9/IV/1901, reproducido en, Electra de Pérez Galdós, cien años después”, Las Palmas de Gran Canaria, 2001, pp.124-132

[2]              . Electra la estrena la compañía de Francisco Fuentes y Ricardo Valero (Máximo y Pantoja) y Matilde Moreno fue Electra, bajo la dirección artística de Federico Balart. Curiosamente en 2010 Antonio Valero representó a Pantoja, ignoro si es pariente lejano de Ricardo Valero.

[3]              . Baroja pío, Desde la última vuelta del camino I. Memorias, Tusquets Editores, Barcelona, 2006, pp. 673-674

[4]              . Madariaga Benito, Pérez Galdós. Biografía santanderina. Institución Cultural de Cantabria, Santander, 1979, p. 193.

[5]              . Pérez Galdós, Benito, Electra, Introducción de Elena Catena, Biblioteca Nueva, Madrid, 2004 (3ª edición), Escenas IX y X, pp. 149-150

[6]              . Olmet, Antón del y García Carraffa, >>Conversaciones con el autor<<, en Electra de Pérez Galdós, cien años de un estreno, Cabildo Insular, Las Palmas, 2001, p. 149

[7]              .  Ferrán Madico, (Reus, 1963-), actor y director de teatro, que apenas se había acercado al teatro en castellano, un montaje de Bodas de sangre de García Lorca en 2001; en cambio había dirigido obras de Shkespeare, Arthur Miller o David Mamet y obras en catalán.

[8]              . Nieva, Francisco, >>Electra<<, en el diario La Razón, 17/05/2009, Opinión, p. 13

[9]              . Por supuesto esta Electra de Galdós no es una interpretación modernizada de la Electra clásica griega de Esquilo, Sófocles y Eurípides, hija de los reyes de Argos, cuya historia es la siguiente: Mientras Agamenón lucha durante 10 años para conquistar Troya, Electra hija de Agamenón y Clitemnestra, sufre, no sólo la ausencia de su padre, sino también porque su madre, en compañía de su amante Egisto, reina y gobierna. Al regresar Agamenón triunfante de la guerra de Troya, es asesinado por su esposa y Egisto. Entonces Electra,que ha tenido a su hermano Orestes alejado de Argos, se reúne con él y ambos proyectan la muerte de los adúlteros asesinos de su padre. Será Orestes quien mate a los culpables.

[10]            . Baroja, Pío, >>Galdós vidente<<, en El País, 31/01/1901. Cita tomada de la Introducción de La de San Quintín. Electra, editorial Cátedra, Madrid, 2002, p. 76 (Edición de Díaz Larios L. F.)

[11]            . Anónimo, >>En casa de Galdós<<, en el Diario de Las Palmas, el 7 de febrero de 1901. Cita tomada de Finkenthal Stanley, El teatro de Galdós, Editorial Fundamentos, Madrid, 1980, p. 112.

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