
Andrés Cascio*
Soy mujer.
Y un entrañable calor me abriga
cuando el mundo me golpea.
Es el calor de otras mujeres,
de aquellas que hicieron de la vida
este rincón sensible, luchador,
de piel suave y corazón guerrero.
Alejandra Pizarnik
Concebir y proclamar la igualdad, sin atender a la libertad de la mujer para poseer los derechos que como ser humano tiene indefectiblemente en plano de igualdad con el hombre, constituye simplemente una marginación, un apartheid, una segregación de la mitad de la humanidad. La población mundial superó los 8.000 millones de personas en este primer cuarto de siglo. Se estima que hay aproximadamente un 50,5% de hombres (unos 4.040-4.060 millones) frente a un 49,5% de mujeres (unos 3.980-4.010 millones).
Los empíricos jamás han demostrado ninguna diferencia entre sexos y menos aún alguna forma de menor capacidad intelectual, espiritual o de otra naturaleza, que pueda sostenerse de la mujer respecto al hombre.
Hoy en día, no es comprensible ninguna organización, salvo algunas dogmáticas, que discriminen a la mujer de alguna manera. Por consiguiente, la libertad, la igualdad y la fraternidad, surgidas como los pilares fundamentales de la ilustración, no admite diferencia alguna.

Aunque el Feminismo comenzó a organizarse desde el estallido de la Revolución Francesa, aún hoy no ha terminado su lucha por alcanzar la igualdad de derechos con los hombres.
Un año después de que se publicara el texto deOlympe De Gouges, (quien fue guillotinada en 1793), La declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana; la escritora y filósofa inglesa Mary Wollstonecraft redactó la Vindicación de los Derechos de la Mujer, un artículo en el que proclamaba la igualdad entre los sexos y afirmaba que la diferencia entre el hombre y la mujer no era algo natural sino cultural, un sesgo producido mediante la educación. Por eso, entre otras cosas, abogaba por una formación igualitaria.
A finales del siglo XIX, las sufragistas francesas resignificaron la palabra feminismo para defender la emancipación, la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres, convirtiéndola en un movimiento político. Sin embargo, la lucha había existido desde muchos siglos atrás, escritoras como Christine de Pizan quien, en 1405, escribió La ciudad y las damas, un libro contra la misoginia,muestran que la reivindicación de la justicia igualitaria entre seres humanos, había sido puesto de manifiesto por mujeres valientes en las épocas más difíciles de la historia de la humanidad.
Para Jean-Paul Sartre, la mujer ha sido históricamente construida como «el otro», un ser definido no por sí mismo, sino en relación con el hombre, situándola en una posición secundaria y de opresión. Influenciado por su relación con Simone de Beauvoir, Sartre reconoció la lucha de las mujeres contra la cosificación y la necesidad de igualdad, donde la mujer busca superar su rol impuesto como objeto. Simón de Beauvoir defendía que no hay nada biológico que justifique los roles de género, sino que estos se van creando a medida que las personas cumplen con una serie de roles asociados a su sexo.
La filósofa hizo una dura crítica del androcentrismo y apuntó: “no se nace mujer, se llega a serlo”. En definitiva, lo que afirmaba era que el género es una construcción social.
Según la perspectiva del periodista y doctor en psicología Pepe Rodríguez, expuesta principalmente en su obra «Dios nació mujer«, el papel de la mujer en la Biblia y en las religiones patriarcales es el resultado de una degradación histórica y social, no de una voluntad divina original. Rodríguez analiza cómo los textos bíblicos han sido utilizados para justificar la subordinación femenina, cuando en realidad en los comienzos de la humanidad, la divinidad era frecuentemente atribuida a un ser femenino, he aquí la razón de la esencia de la creación, ¿quién está destinado a generar nueva vida, que no sea la mujer?, con la contribución del hombre claro está, quien con certeza es igualmente responsable.
En los tiempos actuales también es destacable, que el Islam pone de manifiesto que los hombres y mujeres tienen la misma responsabilidad, recompensa y dignidad ante Allah (Corán 3:195, 33:35).
Y si es así desde las posiciones dogmáticas, aún lo es más desde el racionalismo. La teoría cartesiana del «pienso, luego soy» (cogito) se aplica teóricamente a la razón humana, independientemente del género.
«Yo, sin embargo, soy libre, libre como los pájaros, como las brisas…»
Rosalía de Castro
Los movimientos de liberación de las mujeres de los decenios de 1960 y 1970 ampliaron aún más las oportunidades de las mujeres en la educación, el trabajo y la vida pública. En el decenio de 1990, el feminismo interseccional llamó la atención sobre la forma en que los efectos del sexismo se interrelacionan con el racismo, el clasismo, el capacitismo, la homofobia y otras formas de discriminación, y los vuelven más graves.
Hoy en día, el feminismo sigue apoyándose en la interseccionalidad para hacer frente a problemas persistentes y nuevos: agresiones sexuales y burlas sobre el físico, homofobia y transfobia, así como el abuso digital, que ha desatado nuevas formas de violencia y ha acrecentado el feminicidio y los delitos en razón de género.
El feminismo propone que los hombres sean libres de expresarse como quieran, en lugar de manifestar su masculinidad de acuerdo con lo impuesto socialmente. Esta imposición de masculinidad hegemónica, que fija unas normas de comportamiento para los hombres, impide a muchos realizarse de forma plena. Por tanto, el hombre también se ve beneficiado por la doctrina feminista bien entendida.
También existe un “Feminismo Radical” que considera que el patriarcado es la causa principal de la opresión de las mujeres, argumentando que el sistema debe ser transformado desde sus raíces, no solo reformado. También un “Feminismo Interseccional”queanaliza cómo el género se cruza con otros factores de opresión como la raza, clase social, orientación sexual o lugar de nacimiento, entendiendo que las experiencias de opresión son diversas o el “Feminismo Queer” que cuestiona las identidades binarias (hombre/mujer) y las normas de género heteronormativas, promoviendo que las personas transiten entre los géneros.
Estas son algunas de las diferentes concepciones del movimiento feminista, pero no cabe ninguna duda, que la esencia del feminismo se encuentra en la igualdad, al margen de las concepciones político-liberales, que limitan dicha igualdad a determinadas normativas, una resistencia a la evolución y el progreso, una forma de negación la igualdad absoluta de conciencia.
La igualdad de género no solo es un derecho humano fundamental, sino que es uno de los fundamentos esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible. Se han conseguido algunos avances durante las últimas décadas, pero el mundo está lejos de alcanzar la igualdad de género para 2030. (Objetivos del Desarrollo Sostenible)
Eres más que belleza
Quiero disculparme con todas las mujeres
a las que he llamado bonitas
antes de haberlas llamado inteligentes o valientes.
Lamento si hice sonar que
algo tan simple como con lo que se nace,
es de lo que tienes que estar más orgullosa,
cuando es tu espíritu el que ha aplastado montañas.
De ahora en adelante, voy a decir cosas como eres resistente
o eres extraordinaria,
no porque crea que no eres bonita,
sino porque eres mucho más que eso.
Rupi Kaur
*Andrés Cascio, Doctor, Psicólogo Clínico y Social, Conferenciante. Librepensador, Escritor y articulista Profesor retirado de la Universidad de Barcelona, experto en vinculación académica internacional, ha sido experto internacional y Catedrático de la Escuela de Especialización de la O.E.A. Director de Proyectos de UNICEF (Panamá)1976 y experto en proyectos del Fondo Social Europeo. España. 1990. Profesor invitado de distintas Universidades y Escuelas de Negocios de España y América Latina. Fundador del Club de Opinión Liber Cogitatio, en las Comarcas Gironinas.















