Reflexiones sobre la historia de Rosa Parks

Eduardo Montagut

La editorial “Plataforma Editorial” publicó hace un tiempo en España la obra Rosa Parks. Mi historia. Rosa Parks con Jim Haskins, traducido por Montserrat Asensio Fernández, una pequeña joya que nos permite conocer a una mujer excepcional en la Historia de los derechos civiles en Estados Unidos y, en realidad, de todos y todas nosotros. Sencilla, pero valiente, sin gestos grandilocuentes, con un pequeño gesto desencadenó todo un proceso que puso de manifiesto la iniquidad de la segregación racial en la primera potencia del mundo. Estas memorias, ahora en castellano, con su estupendo aparato gráfico, son una lectura obligada en un mundo como el nuestro, donde parece que retrocedemos en derechos y libertades. Contar con referentes tan cercanos a la gente normal como somos casi todos y todas, tiene un valor incuestionable.

A propósito, pues de esta publicación:

Todo ocurrió en la tarde del 1 de diciembre de 1955 en la ciudad de Montgomery (Alabama). Una mujer de mediana edad, de cuarenta y dos años, llamada Rosa Parks, y que trabajaba como costurera, terminó su jornada laboral en una sastrería del centro de la ciudad, y se dispuso a regresar a su casa. Rosa Parks estaba cansada. Pero tuvo suerte porque encontró un asiento vacío situado en la mitad del autobús. Estaba en la fila inmediatamente posterior a la sección delantera de asientos del vehículo, la que estaba reservada para los blancos, según lo dispuesto en la legislación segregacionista. Pero era la hora del regreso del trabajo y la sección para los blancos se llenó muy pronto. Un pasajero blanco se encontró sin asiento y, entonces, el conductor del autobús se volvió hacia atrás para decir a la señora Parks y a tres hombres afroamericanos que estaban a su lado que dejaran libres sus asientos. Los pasajeros masculinos se levantaron y se dirigieron al fondo del autobús, como seguramente habían hecho muchos hombres y mujeres negros en los autobuses de Montgomery en situaciones parecidas durante mucho tiempo.

Pero esta vez la situación iba a ser muy distinta, ya que Rosa Parks no se levantó, aunque, en realidad, hay algunos casos anteriores de personas negras que se habían negado a ceder su asiento en autobuses interestatales, aunque no estatales. El conductor insistió. Pero, seguramente, en Rosa Parks pesaban dos cansancios para decidir no moverse y contestar al conductor que no lo haría. Pesaba el cansancio de una larga jornada laboral, pero como ella dijo más tarde, en realidad pesaba otro cansancio más importante, el de tener que soportar la segregación en todos los órdenes de la vida. Rosa Parks fue detenida, acusada de perturbar el orden, y multada.

La negativa y el arresto desencadenaron una reacción espontánea de la población negra, que tuvo como consecuencia el boicot del transporte público de autobuses de la ciudad. La situación a mediados de la década de los cincuenta ya se estaba haciendo insoportable, y la toma de conciencia contra la segregación estaba adquiriendo una dimensión hasta entonces desconocida.

Rosa Parks no realizó este gesto deliberadamente, pero también es cierto que era una mujer concienciada, que militaba en el NAACP, es decir, la Asociación para el Progreso de la Gente de Color. Se había formado sobre los derechos civiles y había colaborado para impulsar en su ciudad que los ciudadanos y ciudadanas negros se inscribieran en el censo electoral para votar.

Decíamos que la acción de Rosa Parks precipitó una acción colectiva de la población negra contra los autobuses de Montgomery. Efectivamente, comenzó a correr la voz de lo que había pasado, se repartieron folletos en los barrios de población negra que llamaban al boicot. Un personaje clave en esta historia fue E.D. Nixon, un activista ya veterano que se movilizó, aunque encontró, al principio, algo reacio a Martin Luther King. Pero Nixon estaba convencido que había que actuar y, a través de otro pastor amigo de King, consiguió finalmente su apoyo.

El boicot se puso en marcha. Se hicieron demandas a las autoridades. En realidad, se pedía algo muy modesto: que los negros pudieran sentarse en la sección delantera del autobús y los blancos en la trasera, es decir, que no hubiera segregación en los vehículos. Ninguno estaría obligado a ceder el asiento al otro colectivo. Los conductores debían ser corteses. También se pedía que los negros pudieran ser conductores en los trayectos efectuados mayoritariamente por negros.

La segregación en los autobuses de Montgomery terminó porque las autoridades comprobaron el gran coste económico del boicot, ya que la mayoría de los usuarios eran negros. Al final, esta segregación, junto con las que se padecía en otros espacios y situaciones, se declaró inconstitucional por el Tribunal Supremo.

  • Related Posts

    Las mujeres por la libertad y la paz en 1924

    Eduardo Montagut La Liga Internacional de las Mujeres por la Libertad y la Paz es una organización feminista y pacifista, que nació en el año 1915. En principio, las feministas norteamericanas Jane Addams y Carrie Chapman Catt organizaron en la…

    Alfa y Omega de la Revolución en Soledad Gustavo

    Eduardo Montagut La destacada escritora y periodista Soledad Gustavo publicó un breve artículo en el Almanaque de La Revista Blanca del año 1903 donde reflexionaba sobre el sentido revolucionario de los anarquistas, “alfa y omega” de la revolución, y que queremos…

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    ARTÍCULOS

    La muerte de Valle-Inclán: cuando el esperpento cerró los ojos

    La muerte de Valle-Inclán: cuando el esperpento cerró los ojos

    Benito Pérez Galdós, un gigante de las letras en su aniversario

    Benito Pérez Galdós, un gigante de las letras en su aniversario

    Galdós en el mitin del Jai-Alai el primero de mayo de 1910

    Galdós en el mitin del Jai-Alai el primero de mayo de 1910

    España, país de emigración

    España, país de emigración

    La Putinada, Cultura rusa bajo la sombra de la guerra

    La Putinada, Cultura rusa bajo la sombra de la guerra

    ¿Es lo mismo decir ‘Feliz Navidad’ que ‘Felices Pascuas’?

    ¿Es lo mismo decir ‘Feliz Navidad’ que ‘Felices Pascuas’?

    Fernando de los Ríos sobre Galdós en 1926: català/español

    Fernando de los Ríos sobre Galdós en 1926: català/español

    Pasteur entre los trabajadores cordobeses en 1923

    Pasteur entre los trabajadores cordobeses en 1923

    Reseña del volumen 37 de Isidora. Revista de estudios galdosianos

    Reseña del volumen 37 de Isidora. Revista de estudios galdosianos

    Encuentro con Saïd Benabdelouahad en la Universidad Hassan I de Settat

    Encuentro con Saïd Benabdelouahad en la Universidad Hassan I de Settat

    Benito Pérez Galdós y el billete de 1000 pesetas

    Benito Pérez Galdós y el billete de 1000 pesetas

    Bosques, jardines y sociedades secretas: un ensayo sugerente

    Bosques, jardines y sociedades secretas: un ensayo sugerente