Hildegart Rodríguez por la República

Eduardo Montagut


En plena campaña socialista en tiempos de la Dictablanda con el fin de luchar para alcanzar un cambio en España se celebraron diversos actos. Uno de ellos fue mitin en el Cinema Europa, que tuvo lugar el 21 de septiembre de 1930, y que se llenó. Contó con oradores de la importancia de Julián Besteiro, Andrés Saborit y Wenceslao Carrillo. Pero aquí nos interesa la única mujer interviniente, Hildegart Rodríguez, nuevo ejemplo de la llegada de estas mujeres socialistas a los grandes actos del Partido.

La intervención de Hildegart Rodríguez comenzó con un análisis político en relación con la Dictadura de Primo de Rivera, planteando que la cuestión de las responsabilidades debía ir más allá, más atrás en el tiempo. El período que iba entre 1917 y 1923 era fundamental para la oradora porque estaba cargado de responsabilidades. La Dictadura llegaría para evitarlas, y no hizo nada para sancionarlas, acumulando unas nuevas. Pero esta cuestión seguiría en el momento del mitin, en lo que conocemos como la Dictablanda, por lo que la culpa era del régimen, es decir, de la Monarquía (sin aludir explícitamente a la misma), por lo que, mientras continuase, España seguiría arrastrando una vida “lánguida, perjudicial al interés de todos”.

Hildegart Rodríguez insistía en la culpabilidad del régimen, en que había traído la Dictadura para evitar sus responsabilidades, y Primo de Rivera había aplicado una “interpretación elástica y acomodaticia” de los hechos, además de que intentó perpetuarse en el poder, a pesar de que había prometido que solamente estaría un tiempo limitado (“tres meses”).

Era el momento en el que el pueblo debía juzgar, pero consideraba que también debía salir de lo que calificó como una “desorientación suicida”.

La joven oradora disertó sobre la ilegalidad del golpe contra la Constitución, de la desbandada de los políticos de la Monarquía, y todo en la más absoluta impunidad.

Ante la promesa de elecciones se preguntaba si el gobierno no iba a resucitar el caciquismo de antaño para asegurarse la victoria, habida cuenta del mantenimiento de esta estructura en el ámbito rural.

Los socialistas no podían abstenerse en este momento, no se trataba de conseguir Cortes Constituyentes, sino de traer la República, “pero no servida en bandeja”. Alertaba del regreso a la vieja política de consultas. Al final, realizó un símil histórico con la situación final del régimen de Isabel II, rota la legalidad, la revolución en Madrid terminó con su reinado. Era la hora, pues, de la revolución.

Hemos consultado como fuente el número 6747 de El Socialista. La figura de Hildegart Rodríguez es muy conocida, aunque aquí otros aspectos de su vida y de su tragedia no tienen sentido.

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