
Pilar Úcar, Universidad de Comillas
“¡Qué magnífico sería alcanzar en un solo momento toda la perspectiva de las calles de Madrid!” Olga Katan en Madrid en Fortunata y Jacinta (p.549)
ÍNDICE:
1.- Introducción. Objetivos.
2. Mito. Palabra. Cultura.
3.- Contexto histórico y literario.
3.1 Historia
3.2 Galdós y el realismo.
2.3 Madrid en el siglo XIX.
4.- Análisis de las novelas: La mujer en Galdós.
4.1Fortunata y Jacinta (1887)
4.2 Miau (1888)
4.3 Misericordia (1897)
5.- Conclusiones.
6.- Bibliografía.

1.- Introducción. Objetivos.
En el presente artículo vamos a recorrer el Madrid decimonónico en compañía de algunos personajes femeninos galdosianos, en concreto, de las principales protagonistas de las siguientes obras: Fortunata y Jacinta, Miau y Misericordia.
Son mujeres que configuran un paisaje social típico de la época en la que vivió el autor canario y en la que desarrolló su producción literaria. Algunas se alzan como heroínas en la historia: luchan por su vida y sus sentimientos a pesar de los elementos adversos y no siempre su final supone una victoria; otras ocupan un papel de aparente triunfo sin lograr brillar en un medio que les impone hostilidades y extrañamiento. En cualquier caso, el personaje femenino que va a desfilar por estas páginas a la vez que lo hace por calles y plazas de Madrid, se erige en epitome de una sociedad real y realista que conoció de primera mano Galdós.
Se pretende describir las relaciones que se desarrollan entre los principales personajes femeninos de la trama para analizar de qué manera su origen y su proceso vital influye en su comportamiento, son producto de un momento social e histórico determinado y todo ello a través del prisma óptico del creador literario.
A su vez, profundizar en qué medida la personalidad de cada una de ellas resulta significativa para el propio devenir de sus vidas, es decir, pueden o no modificar su conducta por sí mismas o bien están a merced de lo más significativo del contexto en el que se ven inmersas.
Fortunata, Jacinta, las “Miaus”, la señá Benina y Dª. Paca muestran una panóptico de la sociedad finisecular de nuestro país, siempre por el tamiz, claro está de la literatura realista, de la palabra galdosiana.
A partir de estos presupuestos, queda ofrecer de qué manera se podría equiparar algunos de los rasgos del mito a ciertas características de los personajes galdosianos en cuestión.
2. Mito. Palabra. Cultura
Antes de determinar qué elementos míticos encontramos en los personajes femeninos de Galdós que vamos a estudiar, importa recordar lo que Losada (2015, 65), expresa sobre el mito, entendido como un relato explicativo, simbólico y dinámico, a la vez que presenta un carácter conflictivo, emotivo, funcional, ritual. Todo ello lo analizaremos en más de un tema que se va a ejemplificar a continuación como el uso que se hace de la palabra inserta en una cultura determinada. De esta manera, vemos que Duch (2015, 123) ofrece una breve revisión de la dicotomía: Mythos/logos y que a partir del concepto de ‘logomítica’ se puede llegar a la búsqueda de la verdad para la comprensión cabal del mundo y la condición humana, a la manera de los relatos galdosianos gracias al logos y la razón.
De gran utilidad resultan los comentarios de quienes opinan entre otros: Georges Dumézil (2012, 24): entre otros que afirman que toda cultura alberga una tradición mítica. “Un país sin leyendas se moriría de frío. Un pueblo sin mitos está muerto” o bien “los mitos viven en el país de la memoria” y por lo tanto, consideramos, pertenecen a la memoria comunitaria, por ello los mitos animan y dan sentido profundo a lo real. El ser humano anhela esperanza y consuelo y parece claro que el mito lo da[1]. Ya lo veremos en alguno de nuestros personajes. De esta manera, los mitos se insertan en la cultura y suelen recurrir a símbolos propios y expresarse de modo vivaz en imágenes impactantes por lo que mito y realidad se superponen, se necesitan y contribuyen a la búsqueda de una explicación para justificar la violencia que se detecta tanto en el discurso oral como escrito. Por lo tanto, el lenguaje como reflejo de la mente humana, canal de transmisión de pensamientos y emociones contribuye a hacer tangibles las acciones a partir de la palabra, portadora de la idea, llave con la que se abren y explican nuestros conceptos sin olvidar que nuestras palabras son imágenes de las obras testigos y vehículos que informan de su capacidad expresiva, en definitiva, signo de una ilusión, como la de nuestras protagonistas galdosianas. Y cuando es palabra de verdad, es la fuerza creadora que eleva al hombre sobre la naturaleza inhumana y bruta; o bien parafraseando a Unamuno, el hombre es hombre por la palabra.
Fantasía y realidad, magia, sueño y en resumidas cuentas, cultura que se traslada a unas narraciones vigentes más o menos adaptadas a las circunstancias específicas de cada lector. Hay que aproximar aún más el mito a la realidad para extraer placer estético y sabiduría popular, como lo hizo Galdós. La palabra que puso en boca de sus personajes constituye un medio, un instrumento a través del que expresan sus sentimientos, pensamientos, ideas y su propia forma de percibir el mundo, por lo tanto, el reflejo cultural de una sociedad en un momento determinado: el siglo XIX en esta ocasión. Sin embargo, nada puede haber tan «contingente» y «circunstancial» como una palabra en torno a la cual cristalizan sentimientos porque la palabra es mitad de quien habla y mitad de quien la escucha.
3.- Contexto histórico y literario

3.1 Introducción:
El momento histórico en que se desarrollan las tres historias abarca unas décadas del convulso siglo XIX.
Destacamos de manera muy sintética algunos de los principales acontecimientos que tienen lugar, y que nos parecen relevantes para la explicación de lo que van a vivir nuestros personajes: tras el Antiguo Régimen, la reina Maria Cristina asume la regencia durante la minoría de su hija Isabel II. A continuación se produce la revolución del 68, la Gloriosa. Tras el breve reinado de Amadeo de Saboya, se restaura la dinastía borbónica con Alfonso XII y Cánovas y Sagasta se turnarán en el gobierno en unos momentos de crisis política y social, de los que la burguesía capitalista resultarán los mayores beneficiados para ascender en la escala social frente al proletariado formado por obreros y campesinos.
Gran parte de dichos eventos aparecen reflejados en las páginas de las obras que vamos a analizar gracias a la escritura crítica de Galdós.
3.2 Galdós y el realismo.
María Zambrano, en La España de Galdós sugiere que este escritor es «el poeta de Madrid» y añade: » el poeta que toda ciudad necesita para existir, para vivir, para verse también. Poeta quiere decir en la lengua griega creador, fantaseador. Creador de criaturas de carne y hueso, alma, espíritu, razón» (1989, 175).
Para ello, nuestro autor se sirve del retrato, sin la anomalía en los registros idiomáticos, ni ambigüedad polisémica, es decir, no camufla la realidad, pues no solo muestra tanto el lado bueno como el malo del mundo y para ello fiel al decoro lingüístico: lenguaje cultivado pero sin complicaciones ni alambicamientos: lenguaje sencillo, concreto y conocido; realista según la psicología de los personajes, y muy próximo casi identificado con la etopeya.
Ya en líneas anteriores hemos anticipado acerca de la realidad y de cómo el mito se circunscribe a una cultura determinada, pues bien, Galdós lo cumple a través de la verosimilitud así como por el gusto a la acumulación de datos históricos, para la búsqueda de la descripción perfecta. Efectivamente, y lo veremos más adelante, Galdós crea seres con alma, se podría afirmar que llegan a ser “míticos”.
Por ello, las novelas, y en concreto las aquí analizadas, consiguen atrapar la atención del lector en la escena ficcional en donde se cuenta y se vive mediante el desdoble de su genio en recursos técnicos específicos, entre los que destaca, por su número, su variedad, su riqueza y su calidad, la creación de personajes atrayentes, que juegan significativamente en la escena al ritmo que les impone el autor.
2.3 Madrid en el siglo XIX.
Sus criaturas, sus caracteres van a formar parte del Madrid del siglo XIX: una ciudad típica de clase media en la que se advierten y se aprecian muchos cambios: ciudadanos de la capital y otros venidos de más allá des sus límites, el transporte emergente, el deseo de prosperidad del comercio, o sea, una España arcaica que comienza a modernizarse. Una ciudad mito sin fronteras que tiende puentes, a modo de un espejo en el que podría reflejarse la situación de otras muchas ciudades del país (la Vetusta literaria de Clarín, por ejemplo).
La capital nos descubre, así pues, su vida ferviente en plena ebullición y Galdós con su escritura es el encargado de dibujar el mapa de la ciudad en cada uno de sus títulos.
De esta manera, representa entornos auténticos del día a día madrileño, de su extension geográfica a modo de un cronista de la época: no olvida reflexionar sobre penas y amarguras de las clases baja y media a la vez que critica la vanidad madrileña, de algunos de sus personajes –mujeres, en concreto, como veremos más adelante- el interés por las apariencias. Reproduce con una gran exactitud el ambiente, en ocasiones, lóbrego de Madrid, a la vez que lo combina con las tertulias en los cafés, otro elemento esencial de la vida madrileña, donde conviven todas las facciones políticas “El madrileño —en política— no sabe bien lo que quiere, ni lo que necesita” (Kattan, 2012, 234).
Galdós nos cuenta que por la tarde, a la hora de lasiesta—café y puro— el madrileño se enzarza en inacabables discusiones acerca de los más diversos temas y acompañado de miembros del clero quienes participan de tales conversaciones. Y todo ello, sin dejar decaminar y deambular por las calles: ver y dejarse ver. Saludar y comentar. En un Madrid bullicioso donde en apariencia se mezclan las clases sociales en una población “diversa” y variopinta: el obrero con el campesino, el industrial con el vendedor, las sirvientas con las señoras. Se aprecia este enjambre (antecedente de La colmena de Cela) en las obras que se van a analizar a continuación.
4.- ANÁLISIS DE LAS NOVELAS: La mujer en Galdós
«Las señoras no se tienen por tales si no van vestidas de color de hollín, ceniza, rapé, botella o pasa corinto. Los tonos vivos las encanallan, porque el pueblo ama el rojo bermellón, el amarillo tila, el cadmio, el verde forraje…” (Fortunata y Jacinta, p. 59).
En el trascurso de este estudio se profundiza en las protagonistas, hasta llegar a elevarlas al estatus de símbolo, mito, ejemplo. Por una parte vamos a conocer personajes femeninos magníficamente creados que siempre dejan huella en el lector por toda la fuerza que transmiten gracias a la magistral escritura de su creador, y por otra, sabremos más sobre la mujer frecuentemente ausente en los manuales y protagonista de preferencia en la novela del siglo XIX.
En la mayoría de casos, la mujer asumía que su lugar era el matrimonio o el que se derivaba de su posición social por herencia familiar; sin derecho a una educación útil para sostenerse económicamente y con una oferta de empleo limitada; todo ello dentro de una sociedad con una moral demasiado estricta, reacia a abrir nuevos caminos y horizontes; por lo que se advierte sufría, en general, unas condiciones que la condenaban en no pocas ocasiones a ejercer la prostitución para sobrevivir, tal es el caso de Fortunata como se verá más adelante, porque nuestro autor, Benito Pérez Galdós en gran parte de su obra, pero de modo particular en la novela Fortunata y Jacinta, metaforiza el papel de la mujer en la sociedad decimonónica (en la burguesía decimonónica y en sus distintos estratos sociales) mediante una amplísima y variada galería de retratos animados, que completan, uno a uno en su individualidad, el friso de aquella sociedad.
Son referentes femeninos con genio y figura, con gesto y con voz, que van descubriéndose ante el lector, con o sin intermediarios, para desnudar ante él la trascendencia de su vivir y los entresijos internos de sus desvelos por un sinvivir en conflicto con la sociedad que la configura.
3.1Fortunata y Jacinta (1887)
Los conceptos anticipados en líneas anteriores, nos permiten afirmar que Fortunata y Jacinta es una novela realista organizada mediante sucesos y personajes verosímiles, casi podrían ser reales; hasta tal punto, que casi se ve abocada a ofrecer una solución coherente, también realista, a los problemas que plantea: “lo que debe suceder sucede, y no hay bromas con la realidad” (p. 81), parece querer transmitirnos el autor.
Se trata, por tanto, de una novela realista, y además enmarcada por el escritor en un marco histórico muy concreto. El tiempo de la escritura es, como sabemos, 1886 y el de la ficción, sin embargo, contempla el fracaso de don Amadeo de Saboya y la ilusión de la Primera República, que el Galdós de 1886, como narrador omnisciente, sabe que va a fracasar.
Haciendo referencia al Madrid del que hemos hablado en el capítulo anterior y que de una manera tan fehaciente conocía el canario, éste nos va a dejar unos cuadros vívidos de sus calles, de una ciudad a través de los paseos que da Fortunata –todo un símbolo del callejeo- en busca de Juanito gracias a las descripciones tan precisas que nos brinda.
Por ejemplo, cuando Fortunata va a dos tiendas de la Plaza Mayor: “Se fue a su casa, y al día siguiente salió a comprar tela para un vestido. Estuvo en dos tiendas de la Plaza Mayor, tomó después por la calle Toledo, con su paquete en la mano, y al volver la esquina en la calle de la Colegiata para tomar la dirección de su casa, recibió como un pistoletazo esta voz que sonó a su lado: ¡Negra!” (p. 393).
Siguiendo las huellas de Galdós en el tiempo, y en este caso a Jacinta, encontramos alguna referencia a la Plaza Mayor, centro neurálgico de la capital: “Atravesó la Plaza Mayor, desde la calle de Felipe III a la de la Sal, y en aquel ángulo no pudo menos que pararse un rato, mirando a las fachadas del lado occidental del cuadrilátero” (p. 268).
Encontramos descripciones de Fortunata: “La chica era confianzuda, inocentona, de estas que dicen todo lo que sienten, así lo bueno como lo malo. Poco dada a los convencionalismos” (p. 129) y llena de vitalidad, arrojo, decisión, luchadora. Se trata de una mujer sin cultura, dotada de una gran sabiduría popular y que lucha por lo que quiere y por quien quiere. En ella están simbolizadas las mujeres de su clase social: sincera, sencilla de ánimo, simple en su pensamiento, y buena en el fondo, caracterizada por la fuerza y la espontaneidad frente a una sociedad madrileña institucionalizada por la rutina: parece ser pues que nos encontramos a una joven sincera sin ánimo de desimulo ni de solapamiento, pues decía todo lo que sentía. Poseía una concepción naturalista y primitiva del amor.
Jacinta, también símbolo femenino de su propiaclase social a la que pertenece, (hay que recordar su nombre, tan delicado como el de una flor, el jacinto) “era de estatura mediana, con más gracia que belleza, lo que se llama en lenguaje corriente una mujer mona. Su tez finísima y sus ojos que despedían alegría y sentimiento componían un rostro sumamente agradable. Y hablando, sus atractivos eran mayores que cuando estaba callada, a causa de la movilidad de su rostro y de la expresión variadísima que sabía poner en él” (p. 118). Ahora bien, siempre en un segundo plano como buen ejemplo de mujer de clase media: bien intencionada, pero angostísima de visión, producto de una sociedad burguesa que no exige cultura a sus mujeres, sin vitalidad, necesita el soporte de un estamento social para mantenerse a base de convencionalismos y sin olvidar que vive con el empeño de ser madre a toda costa. Galdós a través de estas dos protagonistas plasma su escozor de conciencia por la miseria de otros (suciedad, ruido, enfermedades, prostitución) utilizando un lenguaje ausente por completo de artificialidad con pretensión de realismo y verdadera simplicidad, atento siempre a la psicología de los personajes. Galdós apuesta por un lenguaje típicamente madrileño, nacido en la capital: “Conversaciones dejosas arrastrando toscamente las sílabas finales. Este modo de hablar de la tierra ha nacido en Madrid de una mixtura entre el dejo andaluz, puesto en moda por los soldados, y el dejo aragonés que se asimilan todos los que quieren darse aires varoniles” (p. 300).
4.2 Miau 1888
Título llamativo que puede tener varias interpretaciones : por un lado se trata de una sigla que significa: “Moralidad, impuestos, aduanas y unificación » y, por otro lado hace referenica al informe que exhibe a lo largo de sus páginas el protagonista denominado : « Muerte infamante al universo ».
Además dicha obra refleja un universo femenino que corresponde a esa parte del Madrid de las apariencias, del hacer ver lo que se desea pero lo que no se es, hasta terminar en tragedia por parte del protagonista. Son las “miaus”, cuyos rasgos definitorios se aproximan a los de los gatos: relamidas, cursis, chillonas, engatusan, tienen olfato para el dinero al que echan la zarpa (p. 134). En esta obra, Galdós se centra, por tanto, en el realismo y sátira de la familia Villaamil y su entorno cercano. Se trata en definitiva de una amarga reflexión sobre la clase media madrileña. Según Joaquín Casalduero: “Madrid es el mundo, y el empleado, el hombre. Morir es quedar cesante” (1954, 113). Destaca el papel de Doña Pura, mujer práctica, materialista, vital, alegre con defectos: vive para la apariencia y el derroche junto con Abelarda, su hija, al igual que su tía Milagros, siempre obsesionadas por ir a la ópera bien arregladas a pesar de la penuria económica que se vive en su casa. Mantienen un diálogo de sordos a lo largo de su rancia vida con el único afán de ascender socialmente a cualquier precio y por ende, económicamente. Al modo de la picaresca del siglo de oro, Galdós ha sabido transmitir un realismo lleno de bondad y picardía, una auténtica caricatura de parte de la sociedad decimonónica madrileña. En el fondo, un Madrid con sus luces y sus sombras, lleno de cultura y penuria en un devenir de vanidades.
4.3 Misericordia 1897
En esta novela vamos a acompañar a su principal protagonista femenina por el Madrid de los arrabales y del extrarradio. Unos barrios míseros llenos de pobreza; unas calles madrileñas por las que pululan indigentes en busca de algo con lo que poder sobrevivir sus tristes días. Asistimos a la ausencia de organizaciones caritativas gubernamentales e instituciones culturales, a la vez que somos conscientes de que algunos de los mendigos se caracterizan por su poca voluntad y por un total desconocimiento para salir de su situación: anhelan con desesperación que alguien les proporcione techo y comida. Callejeamos con la señá Benina y nos muestra un Madrid sin artificialidad, de una simpleza trágica. Ella es una criada, mendiga, con una gran generosidad y amor hacia los demás, filantrópica, y pura de carácter, a la vez que religiosa, trabajadora y llena de bondad (p. 76). Con estas características Galdós la dota de un aura casi mística que representa una contradicción a la hipocresía de la iglesia. Su amabilidad indiscriminada en un barrio mísero la eleva a símbolo “mítico” de la clase social a la que pertenece. Frente a ella, o más bien a su lado, Doña Francisca (Dª. Paca) es otra de las protagonistas: viuda burguesa en la ruina por sus despilfarros, por gastar sin control en esa sociedad de imágenes aparentes y vanidades. Posee un carácter agrio que choca con la magnanimidad de Benina (hasta su propio nombre la define). Es una mujer que vive en la indignación y queja perpetuas, posee un carácter muy débil y completamente inestable (p. 112); se mantiene, paradójicamente de la caridad de la mendiga y solo alimenta su fantasía fuera de la realidad, sin ninguna capacidad para asumirla. A pesar de su personalidad tan malencarada, Benina se alza como una mujer cuya fuente económica principal viene de la mendicidad y sostiene a su ama doña Francisca en su propia miseria, difícil de asumir tras enviudar y ver cómo su pertenencia a la clase burguesa se desmorona. Tras recuperar la libertad, -fue llevada presa a la cárcel en una redada callejera entre mendigos-, conoce que ha recibido una herencia y la va a destinar a ayudar a los pobres, a los que están peor que ella: de nuevo encontramos el epítome de la bondad en el mapa de Madrid. Posee además otro rasgo nuevo en nuestros personajes femeninos, es el bastón y los ojos, el perro lazarillo de Almudena, el indigente ciego al que siempre acompaña por las calles madrileñas. Galdós ha mostrado un gran interés por los personajes miserables. Éstos no constituyen un conjunto socialmente homogéneo y carecen, incluso, la mayoría de ellos, de conciencia de clase. Los pinta preocupados por la supervivencia, ignorantes y embrutecidos, incapaces por tanto, de hacer valer cierto reclamo a la clase dominante de su tiempo. Las protagonistas femeninas, Dª. Paca y la señá Benina nos recuerdan que la situación de miseria moral y económica supone un grave problema en la España de fin de siglo, y a ella no se ha llegado por casualidad, sino por la trayectoria personal y social. Para ellas el dinero es ahora el que lo puede todo y, según se aumente o disminuya, la gente baja o sube en la escala social: el modelo de tal afirmación lo tenemos en el personaje de la viuda arruinada, ahora viviendo en la miseria y sin poder hacer ostentación de sus bienes como en otra época. Ambas constituyen, pues, modelos de las capas más ínfimas de la sociedad matritense. El autor las describe y nos las presenta como los tipos más humildes, en definitiva, la suma pobreza (p. 231), la mendicidad profesional, la vagancia viciosa, la miseria.
En esta obra poco queda del Madrid de las dos anteriores pues Galdós traza un exhaustivo itinerario por el Madrid periférico de la pobreza, explorando sus míseros e infrahumanos reductos: Benina recorre insistentemente y de manera incansable, calles, muladares, albergues, dormitorios inmundos…a través de sus caminatas conocemos casas de corredor, lugares de lenocinio, y, principalmente nos aparece el escenario abierto del suburbio de la ciudad sembrado de taludes y descampados, vertederos y escombreras, huertas y manchas de verdor en el límite del río. Un auténtico cuadro poco pintoresco y muy realista que machaca sus pasos en su expedición por los arrabales de la podredumbre sin dejar de retratar con el más mínimo detalle costumbrista, desoladores cuadros de infrahumanidad: suburbios miserables del dolor y el grito, de la llaga y la piltrafa. Así se ven, así se sienten y así son nuestras “heroínas”, pero con alma, porque han llegado a lo más profundo y lo más triste de la degradación humana; doloroso resulta leer y escucharla implorando un mendrugo de pan para aplacar un hambre endémica, bíblica y milenaria. Asistimos al patio de la iglesia de San Sebastián, cuya orientación simbólica delimita en los primeros párrafos los espacios novelescos más significativos de la obra: al norte, el ámbito de la burguesía; al sur, los barrios de la miseria: los vertederos de Escombreras, parador de Santa Casilda, barrio de las Injurias, arrabal del Puente de Toledo, casa del Comadreja, (p. 186), asilo del Pardo, casas de Ulpiano, quizá este último el escenario más degradado, por ser menos perceptible la frontera entre el hombre y la bestia. De nuevo, un mapa muy certero del Madrid que nuestro autor conocía de primera mano. Benina es el mito que da nombre a esa multitud anónima ambulante cuyos pasos resuenan entre los renglones de la novela: calles, plazas, patios, cafés, mesones, tabernas, dormitorios y figones, auténticos ecosistemas, sin cruzar la puerta del Sol. Solo se nombra las calles del barrio de Chamberí para hacer referencia a un albergue que les puede acoger en su deambular por las calles esa noche, porque si no, tendrán que dormir al raso. Poco más nos puede expresar Benina y sus acompañantes: la exploración de un submundo poblado de bestias y mendigos, de manos temblorosas y abismos deshauciados: la suma y más absoluta pobreza y el hambre inclemente,
5.- Conclusiones
A partir de las páginas anteriores, comprobamos de manera fehaciente la representatividad de Galdós en una época muy determinada: un genuino escritor del momento que le tocó vivir: parte del convulso siglo XIX del que su obra es fiel reflejo enmarcada en un realismo veraz y auténtico. Gracias a sus personajes femeninos, a algunas de sus heroínas, mujeres símbolo de su contexto social, político y económico, asistimos a esa realidad en un Madrid conocido y fácilmente reconocible a lo largo de sus páginas. De esta manera encontramos una capital epítome, emergente, variopinta, diversa, contradictoria, acogedora, cruel, cultural, clasista en las tres obras escogidas: Fortunata y Jacinta, Miau y Misericordia. Los tres títulos suponen un corolario de amplia muestra literaria centrada en Madrid, la ciudad sin fronteras que acogió al autor canario. Como sus protagonistas femeninas, él también deambuló por esos lugares que hemos conocido y también callejeó hasta crear un lenguaje propio y definitorio de sus propios personajes. Un lenguaje específico según su posición social y su grado de cultura, con una jerga característica de la capa social más baja (los mendigos), como en el caso de Misericordia, en la que aparecen los vulgarismos, gitanismos, barbarismos cultos y popularismos comunes. Por otra parte, el lenguaje tradicional de la gente del pueblo de Madrid que engloba expresiones proverbiales, dichos populares, en algunas conversaciones de las “miaus”. Y otro, más culto, el de los personajes de las clases altas, en Fortunata y Jacinta, pero en él también se mezclan de manera inconsciente términos populares. Galdós hace retratos completos de los personajes con muchos detalles: físico, moral y psicológico. Insiste sobre las fealdades físicas de los personajes, sobre sus defectos, pero también sobre sus virtudes (Miller, 1973, 45).Todo ello aporta una sensación de realidad verdadera, de argumentos verosímiles, sin olvidar que el narrador, domina, sabe y conoce lo que cuenta, dado que la técnica de la narración es omnisciente, el narrador se introduce en la novela y hace opinar a sus personajes y sus acciones. Se erige así en el gran cronista de la época como ya lo vimos al principio.
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(Parte de este artículo se ha publicado en ediciones de Iberoamericana, La agencia femenina en la literatura ibérica y latinoamericana)















