Carta de Galdós al primer nº de la revista Electra 1901

Madrid 16 de Marzo de 1901.
AÑO I. Núm. 1.

CARTA DE GALDÓS

Los redactores de la revista Electra me suplican que encabece esta publicación con algunas líneas, y accedo a su ruego entendiendo que se conforman con una salutación cariñosa… Ya lo creo que se conformarán, porque las ideas que han de ser, según parece, el alma y el propio tiempo la esencia de su periódico, no las tengo yo, bien lo sabe Dios, recopiladas á prevención y armadas en aparato lógico como los programas de las escuelas ó sus similares los programas políticos.

No me tengo por maestro de nadie, si no más bien por discípulo, poco aventajado ciertamente, de la realidad y de los hechos humanos. No me pidan sistemas ni en el orden sociológico ni tampoco en el artístico, que todo esto me viene muy ancho, como vulgarmente se dice. Los sistemas y las ideas que los forman no sé cómo se dan, ó cómo se crean. Á veces los encuentra uno nacidos del cerebro de un superior ingenio; pero comúnmente los vemos engendrados, por obra del Espíritu Santo, en el seno más ó menos virginal de la multitud, entendiendo por ésta todo el censo social, clases altas, medias y plebe. Venga el pan nuevo de donde viniere, por mi parte declaro que lo único que sé es recogerlo, así en la calle como en el hogar, ya en el disentir de los sabios, ya en el charloteo de los indoctos.

Si alguna cualidad posee el que esto escribe, digna de la estimación de sus amigos, es la de vivir con el oído atento al murmullo social, distrayéndose poco de este trabajo de vigía ó de escucha: trabajo que subyuga el espíritu, es conveniente ur de pasión y acaba por ser oficio.

Los fundadores de Electra son jóvenes, se hallan en la edad y sazón más propias para engolfarse en las abstracciones y para lanzarse á investigar principios y construir sistemas. De ellos recibiré yo las ideas y ellos de mí noticias de cosas contempladas y oídas. Podrá ser que ellos me den un hermoso esqueleto y que yo lo vista de carne, podrá ser que si me dan un cuerpo con toda su anatomía le ponga yo la ropa, mirando más á la moda futura que á la corriente, sin olvidar en algunos casos la moda ideal, que es una decente desnudez.

Quedamos en que no han de pedirme ideas. Consejos ya es otra cosa. Me permito, pues, oficiar de maestro, mejor dicho, de dómine, en un asunto que no es de arte, sino de disciplina artística. Con la entonación más grave que puedo tomar, les recomiendo que trabajen sin descanso; que no den entrada en sus espíritus al desaliento; que sean perseverantes, testarudos y hasta machacones; que el último momento de un descanso sea el primero de una nueva tentativa; que se propongan un fin, y cierren los ojos á todos los obstáculos que el camino les ofrezca, bien persuadidos de que no hay dificultades ni distancias que resistan á estas dos poderosas fuerzas: paciencia y voluntad.

B. Pérez Galdós.
Madrid 15 de Marzo de 1901.

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