
Observatorio Negrín-Galdós
El número 42 de La Gaceta Literaria (Madrid, 15 de septiembre de 1928) se inscribe en uno de los momentos de mayor densidad programática de la revista. Bajo el rótulo “En el centenario de Tolstói”, el periódico articula un monográfico cuyo verdadero núcleo no es la conmemoración literaria en sentido estricto, sino una reflexión de largo alcance sobre la relación entre cultura, proletariado y futuro de la literatura.
El centenario de León Tolstói funciona aquí como figura-bóveda. No se trata de un homenaje erudito ni de una lectura canónica del novelista, sino de su conversión en símbolo civilizatorio: Tolstói aparece como punto de cruce entre Oriente y Occidente, entre liberalismo moral y radicalidad espiritual, entre ética individual y crítica de la modernidad industrial. En ese sentido, la revista lo presenta menos como autor que como clave interpretativa del presente europeo.
El editorial del número es explícito: La Gaceta Literaria se concibe a sí misma como una arquitectura cultural construida en silencio, ajena tanto al utilitarismo político inmediato como al sentimentalismo social. Frente a la “compasión proletaria” y la retórica lacrimosa del trabajo, el texto reivindica la formación de una nueva aristocracia humana, no hereditaria ni de clase, sino espiritual. En ella habrían de encontrarse —más allá de las categorías tradicionales— jóvenes obreros y jóvenes burgueses, unidos por una misma exigencia cultural.
Esta posición explica que el eje del número no sea la literatura “social” en sentido decimonónico, sino lo que el propio editorial denomina, con deliberada paradoja, antiliteratura o antiarte: una creación nacida al margen de los géneros agotados, más cercana a la técnica, al cine, a las nuevas formas de percepción y a los problemas de gran escala del mundo contemporáneo. De ahí la presencia destacada de textos sobre Rusia actual, sobre escritores soviéticos, sobre cine y sobre la dimensión espiritual —no meramente política— de la experiencia revolucionaria.
En este contexto, Rusia ocupa un lugar central. El ensayo “La figura de Tolstói vista por Spengler” refuerza la lectura geopolítica y cultural: Tolstói es presentado como expresión de la Rusia del pasado, en tensión con un porvenir encarnado por Dostoievski y por las mutaciones históricas del siglo XX. La mirada occidental se vuelve hacia la figura eslava como hacia un espejo incómodo, mientras Oriente —en un gesto inverso— parece abrirse a ciertos representantes del espíritu europeo. El número entero está atravesado por esa dialéctica Rusia–Europa, que la revista sugiere cercana, por analogía, a la propia condición histórica española.

La cuestión obrera aparece, así, no como objeto de paternalismo ni como simple destinataria de una pedagogía cultural, sino como sujeto en transformación. La encuesta a obreros sobre gustos literarios —en la que se citan autores diversos del canon europeo y español— cumple una función reveladora: mostrar que el proletariado lector no es un cuerpo homogéneo ni ideológicamente predeterminado, sino un espacio en disputa, abierto a herencias múltiples y a nuevas formas de sensibilidad.
Desde esta perspectiva, la presencia de autores españoles como Blasco Ibáñez resulta secundaria y funcional: no estructura el monográfico ni orienta su sentido, sino que aparece como dato sociológico dentro del mapa de lecturas. El verdadero horizonte del número es otro: pensar la cultura como fuerza de continuidad histórica, capaz de atravesar clases, revoluciones y crisis, y de preparar —desde la literatura entendida en sentido amplio— la “madrugada clara” de una nueva política.
La publicación de este número de La Gaceta Literaria en 1928 revela, así, una vanguardia que se interroga ya no solo por la forma artística, sino por el destino civilizatorio de la cultura. Tolstói, convertido en figura axial, permite a la revista formular una pregunta que sigue siendo incómoda y actual: ¿qué lugar puede ocupar la literatura —más allá de sus viejos géneros— en una sociedad atravesada por la técnica, el trabajo y la crisis de los valores heredados?












