
Ángel L. Prieto de Paula (Universidad de Alicante)
Ya asentada la República, se produjo su regreso a Madrid, donde se le había autorizado a residir, a solicitud del Patronato de Misiones Pedagógicas, para encargarse de la organización del teatro popular. En Madrid se aposentó en la casa familiar de su hermano José, en la que también vivía su madre. Desde el curso 1932-1933 ocupó la cátedra de francés del Instituto Calderón de la Barca, hasta su traslado al Instituto Cervantes, en el curso 1935-1936.
El 5 de octubre de 1932 recibió un homenaje en Soria, si bien no se formalizó entonces su nombramiento oficial como hijo adoptivo, acerca del que el Ayuntamiento se había pronunciado unánimemente a favor el 16 de julio anterior.

En 1933 se publicó la tercera edición de Poesías completas, en la que ya figuraban los cancioneros apócrifos de Abel Martín y Juan de Mairena. Aún habría de publicarse en 1936 una cuarta edición de esta recopilación lírica. La poética machadiana había ido reforzando sus contenidos ideológicos y su formulación aforística, a redropelo de las estéticas puristas dominantes en los años precedentes, aunque ya en franco declive. Los poetas del ámbito del 27, que habían conjugado el respeto al poeta con un cierto distanciamiento de su poesía, encontraban ahora mayor afinidad con sus propuestas. Muestra de esta consideración es el hecho de que García Lorca, a los mandos de la compañía universitaria La Barraca, pusiera en escena La tierra de Alvargonzález, sobre el romance homónimo de Campos de Castilla.
El 4 de abril de 1934 apareció en Diario de Madrid la primera entrega de Apuntes y recuerdos de Juan de Mairena, que tendrían continuación en sucesivos números de ese año y del siguiente, y que seguirían publicándose en El Sol (1935 y 1936). En 1936 esos textos fueron reunidos en Juan de Mairena: sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo, aunque las lecciones de Mairena proseguirían en la revista Hora de España, ya en plena guerra (1937 y 1938).

Antonio Machado sentado, tercero por la derecha.
Fotografía: Francisco Baras, Colección del Instituto Santísima Trinidad de Baeza.
En 1935 estaba muy tensionada la vida pública española y europea, tajantemente escindida en dos bloques que se demostrarían irreconciliables. Machado no fue una excepción al activismo político de muchos poetas, como queda de manifiesto en diversos escritos, pronunciamientos y entrevistas. Ese año se adhirió a la Asociación Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, que el 30 de julio de 1936, solo algunos días después de la sublevación militar, dio lugar a la constitución de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura.
Entretanto, la actividad teatral de Manuel y Antonio se había mantenido, si bien más atenuada. Probablemente procedía de atrás la escritura de El hombre que murió en la guerra, que habría de estrenarse en 1941. Dado su antibelicismo y ajenidad a los valores de los vencedores, el que se consintiera dicho estreno solo puede explicarlo el prestigio de Manuel Machado y, también, el que Dionisio Ridruejo, prohombre falangista y antiguo discípulo de don Antonio en Segovia, lo hubiese redimido con carácter póstumo de su «desviación» ideológica en «El poeta rescatado» (Escorial, núm. 1, 1940). Uno de los varios proyectos en que trabajaron ambos hermanos fue La diosa Razón, drama en prosa, como el anterior, sobre Teresa Cabarrús o Madame Tallien, donde se aborda una reflexión acerca de la revolución, sus límites y sus excesos, de fácil aplicación a España tras el bienio radical-cedista (la obra, inconclusa, ha sido recreada a partir de una copia efectuada por José Machado).

De izquierda a derecha: Antonio Machado, Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset y Ramón Pérez de Ayala.
Fotografía: Alfonso.
Antonio había seguido viéndose recatadamente con Pilar de Valderrama en los jardines de la Moncloa y en un café de Cuatro Caminos, y carteándose con regularidad. En 1935 ella impuso que su relación fuera solamente epistolar, y aun esta quedó suspendida cuando Pilar y su esposo se exiliaron a Portugal, meses antes del golpe de Estado que apoyarían fervientemente. Ya producido el golpe, regresaron a España para recuperar las posesiones rurales del marido en Palencia, bajo la ocupación franquista. Para entonces, Machado iniciaba su penoso viacrucis: aunque aún escribió versos dedicados a Guiomar, la relación había concluido. De ella daría cuenta en un libro de 1950 Concha Espina, confidente de Pilar de Valderrama, si bien manteniendo el velo sobre su verdadera identidad, que descorrió la propia Valderrama en sus memorias póstumas de 1981.
Otro de sus apoyos vitales, su hermano Manuel, se encontraba en Burgos al producirse el alzamiento de julio de 1936. Había ido allí con Eulalia Cáceres, su esposa, a visitar a una monja hermana de esta. Los avatares vividos por el mayor de los Machado no son aquí del caso: baste decir que puso su nombre y su pluma al servicio de los sublevados. Separados por el tajo de la guerra y por sus respectivas adhesiones, los dos queridos hermanos no volverían a verse.
El último viaje

Antonio Machado de pie, leyendo. A su izquierda (derecha de la fotografía), Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala. En el otro extremo, José Ortega y Gasset.
Fotografía: Alfonso, Archivo de José Ortega y Gasset. Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón.
El 17 de octubre de 1936 Antonio Machado publicó en Ayuda el poema «El crimen fue en Granada», luego reproducido muchas veces, sobre el asesinato de Lorca perpetrado dos meses atrás. A finales de noviembre de 1936, siguiendo directrices oficiales e instado por León Felipe, Rafael Alberti y otros, abandonó Madrid rumbo a Valencia, lo que condicionó a hacerlo junto al resto de los suyos: su madre, sus hermanos José, Joaquín y Francisco, y las esposas e hijas de estos (Joaquín, como Manuel y Antonio, no tuvo descendencia). En Rocafort, muy cerca de Valencia, se les proporcionó una casita con jardín, Villa Amparo. Allí acentuó su actividad intelectual en favor de la República, y fue dando a la luz sus entregas sobre Juan de Mairena en Hora de España, a cuyo consejo de redacción pertenecía. También publicó el libro La guerra (1936-1937), con ilustraciones de su hermano José. Muy avejentado y con problemas circulatorios -era un fumador empedernido-, se desplazó a Valencia con motivo del Congreso Nacional de las Juventudes Socialistas Unificadas (15-17 de enero de 1937), y asimismo participó, también en sede valenciana, en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (julio de 1937; él intervino el día 10).

Fotografía: Crejio. Publicada en «Homenaje a un gran poeta», Ahora, 568 (9 de octubre de 1932), p. 2.
Ante el peligro de que Valencia quedase aislada con el avance de las tropas franquistas, en abril de 1938 los Machado pasaron a Barcelona, alojándose provisionalmente en el Hotel Majestic, y luego en Torre Castañer, en el paseo de Sant Gervasi, donde estuvieron desde finales de mayo de 1938 hasta comienzos de 1939. En el lujoso palacete se carecía, sin embargo, de lo más elemental. Machado siguió colaborando con la República, en el Servicio Español de Información, y en mayo de 1938 inició una serie de colaboraciones en La Vanguardia con el título «Desde el mirador de la guerra».

Fotografía: Alfonso.
En enero de 1939 todo indicaba que la guerra estaba perdida para la República y que la caída de Barcelona era inminente. Así las cosas, el 22 de enero salió de Barcelona un convoy de coches de Sanidad, organizado por el doctor José Puche, rector de la Universidad de Valencia y a la sazón director general de Sanidad. La evacuación fue penosa, más a medida que la caravana se acercaba a la frontera. Antonio Machado recibió el afecto, y en los peores momentos la ayuda física, de varios de los evacuados: los escritores Carles Riba y Corpus Barga, el glotólogo Tomás Navarro Tomás, el rector de la Universidad de Barcelona Xavier Xirau… El frío, la lluvia, la enfermedad y el cansancio hicieron penoso el tránsito, progresivamente entorpecido por el éxodo masivo de tantos como partían a un exilio incierto. En la noche del 27 de enero estaban, después de no pocos obstáculos, al otro lado del puesto fronterizo, sin documentos, sin alimento, apenas con lo puesto. Desde ahí fue llevado a Cerbère, con su anciana madre en las rodillas, en el coche del comisario que se encargaba de canalizar ese río humano, y a quien Corpus Barga había informado de quién era el poeta. Al cabo, pudieron recogerse en un vagón de mercancías para pasar la noche. Machado y sus acompañantes salieron por la tarde del 28 para Collioure, un hermoso pueblecito de pescadores, donde pudieron pernoctar en el Hotel Bougnol-Quintana. Algunos amigos y allegados se prestaron a ayudarlo en aquellos días aciagos. Salió muy poco del hotel, según confirma su hermano José.
Desde mediados de febrero quedó postrado por la enfermedad, lúcido, con su madre en estado de semiinconsciencia a su lado, cama junto a cama. Y así hasta el 22 de febrero, en que falleció. Al día siguiente recibió sepultura en el cementerio de Collioure, envuelto su féretro en la bandera republicana. La madre le sobrevivió solo tres días. Su hermano José, a quien debemos noticia memorial de los últimos días de Antonio y de doña Ana, encontró en el abrigo del poeta un papel donde, junto a referencias al monólogo de Hamlet y un postrer recuerdo rimado de Guiomar, constaba un verso alejandrino: Estos días azules y este sol de la infancia
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Enterrados en Francia madre e hijo, sus hermanos, excluido Manuel, sufrieron las consecuencias de la derrota republicana. Francisco Machado pudo retornar a España, probablemente debido a los oficios del hermano mayor. Las tres hijas de José fueron enviadas a Rusia. José y Joaquín, que con sus esposas Matea y Carmen dieron con sus huesos en Chile, ya no regresarían nunca.

















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