
Antonio Chazarra, Filósofo, político y escritor
UN BREVE TEXTO DE EMILIA PARDO BAZÁN MUY ILUSTRATIVO Y ESCLARECEDOR… Y AL QUE NO SE LE HA PRESTADO LA ATENCIÓN QUE MERECE
En España nadie ignora que yo soy una persona muy independiente, a Dios gracias; que he escrito siempre y hablado siempre con arreglo a mi modo de sentir.
La Nación. Buenos Aires
27-5-1915
PARA ABRIR BOCA
Como era de esperar y hasta de temer, el Centenario de la muerte de Emilia Pardo Bazán hasta el momento no ha remontado el vuelo. Se anuncia una exposición en la Biblioteca Nacional para primavera, cuya comisaria será su biógrafa de referencia, Isabel Burdiel. El Ateneo de Madrid tiene, asimismo previsto, celebrar ciclos de conferencias en conmemoración de quien fue una ateneísta destacada. Especialmente en Galicia, sobre todo en A Coruña, han preparado homenajes y actividades para poner en valor a esta imprescindible novelista, ensayista, cronista de viajes y muchas otras facetas, con bastante más atención y cuidado.
Ha contribuido también a dar actualidad a su figura la situación del Pazo de Meirás, que ella prefirió siempre llamar Granja de Meirás y, que por fin regresa al Estado para que pueda ser disfrutado por todos aquellos que deseen rendir un tributo a doña Emilia. Sería una excelente noticia que se dedicara el Pazo a recordar su trayectoria cultural e histórica y que pudiera salvarse del expolio y la rapiña lo que queda de su excelente biblioteca y de los enseres que le pertenecían.

Me parece una excelente idea que la revista de Estudios Galdosianos ‘Isidora’ dedique a la escritora gallega un número monográfico. Es justo y merecido. Permitirá que una serie de buenos conocedores de doña Emilia ofrezcan sus puntos de vista, análisis, actualidad de su pensamiento y, por supuesto, combatan acertadamente tópicos arraigados.
Fue contradictoria, sí, pero podríamos decir en evolución, que combatió los prejuicios y los techos de cristal que limitaban la libertad de movimientos de la mujer. Dio sobradas muestras de una actitud feminista, serena, pero muy firme. Estuvo atenta a las corrientes literarias y de pensamiento de la Europa de su tiempo y protagonizó una polémica muy interesante sobre la recepción del Naturalismo en nuestro país, entre otras cosas.
Los “Apuntes autobiográficos” figuraron como prólogo o al menos, acompañando a la primera edición de los “Pazos de Ulloa” (1886), es un breve texto interesante, polémico, atractivo… y lleno de sorpresas.
No se ha hablado mucho de él. Hasta la fecha ha circulado poco, de ahí que muchos lo desconozcan. No ha sido fácil ni de conseguir ni de consultar… y, por tanto, su conocimiento brilla por su ausencia. Sin embargo, hay motivos suficientes para regresar a él una y otra vez y extraerle todo el jugo que tiene, que no es poco.
¿Por qué resulta tan impactante? En primer lugar porque doña Emilia fue una mujer muy inteligente y por eso mismo, reservada o al menos, que sólo habla de sí misma a cuenta gotas. No era en absoluto conveniente –bastantes ataques recibía ya- exponer abiertamente a la curiosidad ajena aspectos de su vida intima, de su evolución ideológica o de sus preferencias filosóficas y literarias. Tal vez, por eso, los Apuntes cobran una dimensión testimonial imprescindible.
A lo largo de sus páginas, encontramos desde planteamientos feministas hasta sus preferencias lectoras y lo que podríamos denominar su educación sentimental. No deja de tener interés conocer de su propio puño y letra a quienes admiraba por su amplitud de ideas y a quienes despreciaba por su actitud fría, distante, agresiva… y que podríamos calificar sin exageración, de fundamentalista.
Es fácil deducir que acogió la invitación de escribir esas anotaciones y comentarios con algún recelo, más por coherencia no la rehusó. Suponía una oportunidad privilegiada, para contar y exponer desde su punto de vista, muchas cosas que pese a la prudencia con que las aborda, no quería dejar en el tintero. Por eso, sus palabras deben interpretarse no sólo ‘cogiendo al vuelo’ lo que cuenta sino el cómo y el por qué va desgranando esas anécdotas y vivencias.
Todavía es joven, aunque la vida le ha hecho madurar y cada día que pasa, su actitud es más combativa y da cuenta de lo que antes no se atrevía. Sabía que la sociedad provinciana y atrasada, no estaba dispuesta a tolerarle excesivas pruebas de sinceridad… por eso, actúa de una forma calculada, tirando la piedra y escondiendo la mano.
No es que no le gustara hablar de sí misma y contar como era su visión del mundo y los sucesos relevantes, históricos y culturales que le tocaron vivir. Ahora bien, debía protegerse, parapetarse, distanciarse de muchos comentarios que hacía… para no dar ocasión a ser despreciada, ni al escándalo aunque no pudo evitarlo en determinadas ocasiones.
Algo había que decir sobre los lugares comunes y las costumbres ancladas en el tiempo que parecían propias de un inmovilismo sin la menor variación ni el menor futuro. Por otra parte, los ataques injuriosos, las falsedades interesadas y las descalificaciones, que en varias ocasiones, le cerraron las puertas de la Real Academia de la Lengua habían de ser denunciadas… aunque con la sutileza que la ocasión requería. Quizás más oportuno que atacar de frente era poner de manifiesto su preparación, su cultura, sus conocimientos sobre literatura europea y su convencimiento de que una forma de vida estaba agonizando y otra se abría paso y traía consigo cambios significativos en todos los órdenes.
Antes de adentrarnos en estos “Apuntes autobiográficos” que tienen no poco de un esbozo de memorias, hay que decir alto y claro que fue una gran novelista, pero mucho más que una novelista. Ahí están sus ensayos, sus textos periodísticos y unas cuantas docenas de cuentos de muchísimo interés.
La literatura fue para Emilia Pardo Bazán nada menos que un espacio de libertad y para la libertad. Con cierta retranca habla “de frívolas curiosidades” y sobre todo de lo que puede esperarse de quienes ‘no aceptan las ideas hechas, sino que se toman el trabajo de juzgar por sí mismos’. Eso fue lo que hizo arriesgando mucho en el empeño.
Pueden y deben hacerse análisis muy diversos sobre los “Apuntes autobiográficos”, así como proyecciones, interpretaciones múltiples y hasta un ejercicio hermenéutico. En este breve ensayo sólo nos detendremos en una cuantas, pero el texto, con ser breve, da mucho más de sí. Tal vez, doña Emilia pretendía espantar algunos fantasmas… aunque también es cierto, que en más de una ocasión persigue sombras escurridizas.
Escarmentada por los reveses sufridos, es con frecuencia un tanto huidiza. Procura las más de las veces que las heridas mal cicatrizadas no la condicionen en exceso. Es una novelista de raza, es decir, se atreve en su literatura a explicar el mundo y a crear unos caracteres que salen de su pluma, pero que responden a las exigencias del tiempo en el que vive.
La agresividad que tuvieron quienes la atacaban fue mucha. Se vio cercada por el tradicionalismo más inculto y por una barbarie que denostaba todo lo que sonara a novedad.
Supo buscar y, con frecuencia encontró, estímulos intelectuales que la fortalecieron y protegieron. Sólo merece la pena la literatura de quienes escriben para entender el mundo en el que viven y para entenderse a sí mismos. Escribir es quizás convertir el inmóvil espejo de las palabras en un río de vida que atropella sus orígenes.
Nadie ha dicho que sea fácil recorrer la senda que conduce a la libertad personal, más solamente en el maravilloso espacio de la literatura, puede encontrarse esa libertad que no necesita apellidos, pero si hubiera que ponerle alguno probablemente elegiría, libertad de conciencia.
Emilia Pardo Bazán a sus treinta y siete años sabe que está en un camino donde pueden tomarse decisiones adecuadas pero, siempre existe el peligro de adocenarse, de someterse en definitiva, tomar senderos inadecuados que conducen a la nimiedad, el estancamiento y el inmovilismo.
¿Sublima Emilia Pardo Bazán la libertad? es tan probable como necesario. La libertad es un anhelo y un antídoto poderoso contra el desdén y el desengaño, en definitiva en este juego de ‘mostrar y ocultar’ que son los “Apuntes autobiográficos”, no renuncia a buscarse a sí misma, es más se reconcilia consigo misma en una firme aspiración que tiende a realizar su proyecto creativo por encima de los obstáculos y las dificultades.
Como la autora reconoce, desea dar al público algo de su propia vida, más no como simple chismorreo sino como ‘alimento nutritivo, sazonado con sal y pimienta’.
Es reveladora su afirmación, por otra parte, ampliamente contrastada, de que en nuestro país el género memorialístico ocupa un lugar poco destacado cuando no marginal. Existen sí, pero son escasas las autobiografías, las memorias y los diarios íntimos. Tal vez, por un falso pudor las confidencias no gozan, ni mucho menos, de alta estima. La mayoría de quienes se interesan por los sentimientos ajenos lo hacen con un ostensible morbo.
INICIANDO CON CAUTELA UNA SOMERA EXPLORACIÓN DE LOS “APUNTES”
¡Nuestros clásicos no se ofendían de llamar al pan, pan y al vino, vino! No está el toque en ponerse guantes, sino en que la mano desnuda sea bella, nerviosa, limpia y bien formada. Si es cierto que tengo esas facultades que V. dice, je parviendrai, con y sin galicismos, arabismos, neologismos, italianismos y otros ismos. Si no las tengo (y bien pudiera ser que no, a pesar de esta voz que me grita aquí dentro) y si es cierto que me atraso, que no sé crear caracteres, ni copiarlos, ni hacer nada de provecho, entonces… que haya un fiasco más, ¿qué importa al mundo?
Carta a Giner de los Ríos. 1882
Es sencillamente admirable que doña Emilia se arriesgue a ir a la contra de los convencionalismos establecidos. Así se muestra decididamente partidaria de que no es sólo bueno sino conveniente hablar de sí misma, siempre que lo haga con sinceridad, moderación y sin exponer en demasía su intimidad.
La lectura atenta de “Apuntes autobiográficos” no sólo proporciona sorpresas agradables, sino que es harto elocuente. No olvidemos que la española en general y, la gallega en particular, eran sociedades adormecidas. Por eso, tiene sentido que se atreva a dar voz a la memoria. La memoria suele tener mucho de subversivo. Era, por aquel entonces, un rasgo poco común y, precisamente por eso, hay que apreciarlo en lo que vale.
Se ha repetido hasta la saciedad el carácter conservador del ambiente en el que se crió. Sin dejar de ser cierto no lo es menos que, desde muy joven estuvo abierta a los nuevos aires. Para hacer lo que hizo, hacía falta ser combativa, inconformista y dio sobradas muestras de ello. De ahí, sus manifestaciones a favor de la no violencia y, lo que es más, su declaración contraria a la pena de muerte… y otros temas complicados en aquel momento y en aquella sociedad. No dudó en aceptar los riesgos de una confrontación con los sectores más conservadores, aunque esa actitud le ocasionara dolores de cabeza inevitables.
Es un hecho manifiesto que los acontecimientos de 1868 y los años convulsos que vinieron a continuación, tuvieron un nítido reflejo en la literatura y en la forma de hacer periodismo. No todos supieron apreciarlo. Emilia Pardo Bazán sí. Tenía los ojos puestos en la sociedad de su tiempo y estaba muy, pero que muy atenta, a las alteraciones y modificaciones que se iban produciendo.
Podríamos decir que portaba la antorcha de la dignidad y que su sensibilidad disponía de un termómetro para apreciar, no sólo lo que estaba pasando sino que una época quedaba atrás y se abría otra en el horizonte.
Su biógrafa de referencia, Isabel Burdiel, dice de ella que tenía una habilidad y capacidad especial para escapar del territorio de las definiciones. Considero que es una apreciación acertadísima. Por manida que sea la expresión, fue un verso suelto… y los versos sueltos no lo tienen nada fácil.
Luchó denodadamente contra los soberbios aunque utilizando, frecuentemente la ironía y la sutileza contra los que le negaban el pan y la sal y contra los que se creen en posesión de la verdad y con derecho a imponer sus puntos de vista a los demás.
En la literatura encontró un espacio para la libertad, ya lo hemos apuntado. Pronto aprendió a no ir siempre de frente y a dosificar sus críticas. Sabía cómo hacer daño, eso sí, procuraba emplear esa capacidad para herir un tanto crípticamente.
Se ha dicho de ella que era una escritora alambicada y llena de ambivalencias estéticas. Me parece, sencillamente estúpido, criticar a una excelente novelista por utilizar los diversos materiales que tiene a mano… para levantar su mundo de ficción, que por cierto, es las más de las veces de un carácter realista indudable.
Percibió, como pocos, las claves y las contradicciones del tiempo que le tocó vivir y supo reflejarlas con sinceridad y hondura en las páginas de sus obras. Se ha dicho, también, que adoptó diversas máscaras. Diré por mi parte, que las que se vió obligada a emplear o las que ella misma eligió.
Se ha dicho insistentemente que fue proto-feminista o feminista. Caben pocas dudas al respecto, especialmente si consideramos que el feminismo es y –sobre todo fue- un ejercicio de razón crítica. Estimo en lo que vale, que supo utilizar los cortafuegos dialécticos más acordes con la senda que había decidido transitar.
A veces practicaba el regate en corto, pero solía tener los pasos a dar perfectamente planificados.
Puede que estas reflexiones hayan resultado prolijas pero creo que son necesarias para poder explorar eficazmente ese texto cargado de sutileza que son los “Apuntes autobiográficos”.
Todo creador ha sido, sin excepción, antes lector. Es interesante comprobar como doña Emilia desde niña era una lectora voraz. En los diversos lugares en que vivió –solitaria como era- procuraba tener acceso a la biblioteca y leía y lo que es más importante, discriminaba con buen juicio, todo lo que le permitían… e incluso se las agenciaba para tener también acceso a lo que no le estaba permitido.
¿Cuáles eran sus lecturas predilectas? Homero, especialmente La Ilíada y,también El Quijote y La Biblia, que ellaconsideraba un conjunto de aventuras repleta de personajes que encendían su imaginación. Es importante conocer cuál fue su educación sentimental. Habría que señalar que un tanto errática pero, sin lugar a dudas, amplia. Leyó cuanto pudo, escapando de la cárcel de cristal de las lecturas recomendables para una mujer. Hay que destacar, por ejemplo, su encuentro con las Novelas Ejemplares cervantinas o que tuvo acceso a Alfieri, a Manzoni y a Silvio Pellico antes de aventurarse en la literatura francesa.
Tenía una disposición innata para formarse como creía oportuno, desoyendo consejos y reconvenciones. Pronto empezó a familiarizarse con Valera, Alarcón y sobre todo, con las obras de Galdós. A este respecto es significativo que cuando vió algunos Episodios Nacionales en un escaparate, preguntó y la respuesta que obtuvo es que carecían de interés y de valor. Una vez más hay que agradecerle que no siguiera tan ‘interesados y ridículos consejos’. Cabe añadir que Walter Scott, Dickens y más tarde Víctor Hugo, figuran entre los autores que dejaron su impronta en su formación literaria. Dejo aparte a Émile Zola del que hablaré más adelante cuando abordemos sus peculiares puntos de vista sobre Realismo y Naturalismo.
Su facilidad para los idiomas le permitió pronto, leer en francés y en inglés y hasta en italiano. Es desde luego, reseñable que lea en su propia lengua a Byron y, sobre todo a William Shakespeare.
Los viajes despiertan el apetito intelectual y cultural. Así se pone en contacto con autores cuyos libros no abandonará nunca, por ejemplo, Schiller, Goethe y Heine… No es el momento de extenderse en el papel que jugó para divulgar entre nosotros la literatura rusa, Tolstói, Turguénev, Gógol… que conoció a través de traducciones francesas y que daría lugar en 1887 a “La revolución y la novela en Rusia”. De alguna manera puede decirse que fue la embajadora e introductora de estos novelistas eslavos en nuestro país.
Para algunos constituirá una sorpresa su afición a la filosofía y sus lecturas filosóficas. Merece la pena indicar que su padre era más liberal de lo que parecía y que supo darle una educación diferente a la que recibían las mujeres. Perteneció al Partido Progresista e intentaba conjugar su coincidencia con muchas de las ideas de la Revolución del 68 y de la Constitución del 69, con unas convicciones católicas.
Emilia heredó muchas de sus coordenadas vitales, especialmente la que no debía haber una educación para cada sexo.
Me parece oportuno señalar que el pensamiento por el que se sentía más atraída era el alemán, Immanuel Kant, Wilhelm Friedrich Hegel, Johann Gottlieb Fichte… Doña Emilia reconoce que el pensamiento de estos filósofos es arduo y duda de si lo ha entendido todo. Casi ningún esfuerzo es baldío y, desde luego, prefiere a estos autores que a la monótona y repetitiva filosofía escolástica. Igualmente señala que ha adquirido cierta familiaridad con los textos de Platón y Aristóteles ¿Qué buscaba? Método, orden y disciplina mental. Esa aspiración es formidable.
Sus efectos no tardaron en manifestarse. Colaboró un tiempo en la publicación “Ciencia Cristiana” más la cortedad de miras y la cerrazón de quienes en ella escribían, hizo que la abandonara pronto. Cuando se tienen unas bases sólidas cada vez resulta más difícil… comulgar con ruedas de molino.
Estamos siguiendo un acercamiento a los “Apuntes biográficos” a través de una línea de aproximaciones sucesivas que nos permiten ir apreciando lo que de seminal y de anticipatorio hay en estos Apuntes.
De todo esto es especialmente ilustrativo un pensamiento suyo cogido al vuelo y aparecido en Ilustración artística “estudiar, comprender, es mejor que apasionarse”
LA POLÉMICA EN TORNO AL NATURALISMO: “LA CUESTIÓN PALPITANTE”
Para escribir “La Tribuna”, dos meses concurrí a la Fábrica mañana y tarde, oyendo conversaciones, delineando tipos, cazando al vuelo frases y modos de sentir. Me procuré periódicos locales de la época federal (que ya escaseaban); evoqué recuerdos, describí la Coruña según era en mi niñez, desde la cual ha mejorado en tercio y quinto.
“Apuntes Autobiográficos”. 1886
Puede sostenerse que hay ‘escándalos prefabricados’. La polémica en torno al Naturalismo en nuestro país, es buena prueba de ello. Emilia Pardo Bazán, que había visitado diversos países europeos y que empezaba a moverse con soltura, en las corrientes literarias del momento, tuvo la oportunidad de leer a Zola y de opinar de una manera contenida y hasta prudente, sobre el Naturalismo.
Dio igual. El peso muerto de los tópicos tiene una fuerza innegable. Sus artículos, publicados por entregas, y que constituirían más tarde “La cuestión palpitante” son batalladores y polémicos. Tuvieron una repercusión inmediata en nuestro país y dieron lugar a una controversia de largo recorrido.
Es de destacar que algunos atacaron el Naturalismo sin haberlo leído y sólo por ser una moda ‘extranjerizante’ y porque los dictámenes de los clérigos y conservadores lo tildaban de materialista y ateo. Emilia Pardo Bazán, nunca presumió de ser una libre pensadora más gustaba de pensar libremente. Y eso era precisamente, lo que los ‘guardianes’ de la ortodoxia reaccionaria no estaban dispuestos a tolerar.
Con todo, doña Emilia fue cautelosa. Se considera una escritora realista y estima que pueden adoptarse métodos, técnicas y procedimientos de este ‘movimiento’ francés, sin tener porque coincidir con todas sus características.
Hizo gala, siempre que le fue posible, de su formación cristiana y dejó claro que no compartía ni el ateísmo, ni el materialismo. Ni muchísimo menos lo que podríamos calificar de determinismo biológico o del peso inexorable del medio ambiente en la formación de caracteres. Su opinión de Émile Zola no era especialmente buena y alguna de sus ideas las consideraba exageradas y desechables.
A título de ejemplo, a fin de que podamos percibir algunas de las descalificaciones que sufrió el Naturalismo, Pedro Antonio de Alarcón lo denominó, despectivamente, ‘mano sucia de la literatura’. La propia Emilia Pardo Bazán señala con cierta rabia que un tal Guillermo Estrada, presidente de la juventud católica de Oviedo, lo ataca de forma furibunda, no solo sin hojear las páginas en que se habla de este movimiento, sino lo que es más lamentable, de oídas. Le afea que la llame ‘campeona del Naturalismo’ lo mismo que si dijera que, iba por ahí apedreando acá y acullá. No todo el mundo está dotado para los matices. Hay quienes todo lo ven blanco o negro y no se desprenden de sus anteojeras mentales
Las relaciones de doña Emilia con Leopoldo Alas ‘Clarín’ fueron ambivalentes. Hay elogios sí, pero también, puyas y una cierta actitud despectiva. No obstante, Clarín se avino a prologar “La cuestión palpitante”. Animo al lector a que consulte este proemio y que extraiga sus propias conclusiones. Por su parte, Marcelino Menéndez y Pelayo con su conservadurismo y tozudez reaccionaria, pretende restarle valor al Naturalismo, señalando que nosotros inventamos el realismo, primero. Las páginas dedicadas a esta polémica en “Apuntes autobiográficos” son de gran interés.
Con estos Apuntes, doña Emilia ocupó posiciones y tomó partido, aunque cautelosamente y sin querer ir más lejos de lo que fue. Tenemos un testimonio de la autora de “Los pazos de Ulloa” dirigido al crítico y pensador José Yxart muy elocuente a este respecto, donde llega a afirmar que el suyo es un libro ‘lleno de guerrillas y de escaramuzas’.
Por su parte Menéndez Pelayo ‘tan quisquilloso y despreciativo como siempre’ realiza uno de esos comentarios, supuestamente apodícticos, que con el paso del tiempo, ponen sobradamente de manifiesto, que no entendió gran cosa de lo que estaba en juego. No me resisto a citar una expresión suya que deja poco lugar a dudas: “Defensora acérrima de las más bajas formas del Naturalismo francés” ¡así se las gastaba el montañés soberbio!
Un espíritu inquieto es el que despliega inteligencia y constantemente está aprendiendo de cuanto la realidad le ofrece. A título de ejemplo, cuando escribe “La Tribuna”, estudia a las cigarreras coruñesas, su forma de vestir, de hablar y de comportarse para llevar a las páginas de la novela estas observaciones.
Quisiera señalar, aunque sea de pasada, que Concepción Arenal aparece en los “Apuntes autobiográficos” y que Emilia Pardo Bazán confiesa admirarla porque fue ‘la adelantada’ por antonomasia de la lucha en pro de los derechos de la mujer.
En su texto doña Emilia realiza algunas confidencias y pone en valor algunos recuerdos. Admiraba a Víctor Hugo y, precisamente por eso, es para ella de un valor muy especial, el hecho de ser invitada a su tertulia, donde aparece rodeado por una pléyade de discípulos, que tienen ante él una actitud reverencial y literalmente lo adoran.
Participa de esa emoción, más con educación no exenta de firmeza, cuando no está de acuerdo con el gran novelista, autor de “Noventa y tres” y “Los miserables”, sabe discrepar de sus ideas e incluso rebatirlas.
Tuvo acceso a lugares prestigiosos. Llegó a pronunciar conferencias en París y fue, también, invitada a la tertulia de los Goncourt, de la que eran asiduos Guy de Maupassant, Alfonso Daudet e incluso Émile Zola.
Como escritora está bastante pegada al terreno. No suele realizar ‘vuelos acrobáticos’, sino que procura describir los ambientes sin detenerse en lo superficial.
Gusta beber las aguas frescas y limpias de la Fuente Castalia, al pie del Monte Parnaso. Digo esto, porque no es difícil advertir lecturas bien asimiladas de los poetas clásicos: Virgilio, Ovidio…
Experimenta un placer prístino apoderándose de las palabras con su carga semántica y su significado etimológico –a veces oculto y otras, irreconocible-. Hay palabras que tienen mucho de magia y hasta de conjuro. ¡Claro, que para eso hay que saber captar no sólo lo que denotan sino lo que connotan!
Las dudas son imprescindibles para madurar. Emilia Pardo Bazán tuvo la osadía de pensar por su cuenta frente a tantos que pensaban por cuenta ajena y que seguían dócilmente, a los guías que les indicaban el camino mil veces trillado.
Siendo muy joven, eligió una causa y luchó toda la vida por ella. No era otra que la dignidad de la mujer. La igualdad fue su aspiración así como buscar, denodadamente, poner el pie en espacios y ámbitos que, anteriormente le habían sido vedados al género femenino.
No sería exagerado considerarla ‘un espejo de las ideas cambiantes’. Intuyó que aires nuevos y distintos estaban empezando a modificar el panorama literario. Se puso inmediatamente, del lado de esos aires nuevos… y no dio opciones a la nostalgia, es decir, supo evitar el recrear el pasado ‘como refugio’. Tal vez, por eso, rompió amarras… y dejó atrás preconcebidas etiquetas. Es, asimismo, probable que precisamente por todo eso, huyera, se pusiera al margen y transcendiera una visión idílica de lo rural.
Considero que los “Apuntes autobiográficos” pensados y repensados, leídos y releídos son una fuente, si no inagotable, sí amplísima de ideas y de descripciones que ayudan a conocer como era y como pensaba. Naturalmente, la extensión de este ensayo impide profundizar más y, son varios los aspectos e indagaciones que el lector interesado ha de emprender por su cuenta.
No obstante, a lo largo de estas páginas van apareciendo personas muy representativas del siglo XIX y de comienzos del XX. Mencionaré, por ejemplo, a Francisco Giner de los Ríos, que reconoció sin tapujos su valía y por quien doña Emilia sintió una sincera admiración. Tiene, asimismo, interés que Emilio Castelar, el cuarto Presidente de la I República, con motivo de una lectura pública, que tenía que hacer Emilia, la asesoró, la animó y le dio confianza. No lo olvidaría nunca. Tuvo la oportunidad de tratar, asimismo, a Salustiano Olózaga, brillante orador y amigo de su padre.
Los “Apuntes autobiográficos” tienen un atractivo notable, sociológico e histórico. Se menciona como de pasada, a la ‘partida de la porra’ con su violencia y matonismo. En cuanto al mundo de la escena se citan a Matilde Diez y a Rafael Calvo. Nos deja caer, como de soslayo, que por esos años estaba de moda la música de Offenbach.
Un último itinerario que me atrevo a proponer, es que también expone las dificultades así como los apoyos con que contó para llevar a la imprenta sus primeras obras.
Una característica esencial de Emilia es su entusiasmo y su espíritu combativo. En los momentos de flaqueza se parapetaba tras ellos para hacer frente a las dificultades, no desanimarse y proseguir el largo viaje emprendido sin caer en la tentación de abandonarse o perderse en uno de los recovecos del camino.
Señala Isabel Burdiel, que en Emilia Pardo Bazán es crucial que no podía o no sabía ‘vivir la vida sin la mediación del arte’ Es significativo que permanentemente tenía que estar reivindicando ‘su espacio’, ‘su libertad creadora’ y ese ser fiel a sí misma que caracterizó su existencia. Así, en una epístola dirigida a Leopoldo Alas, al que tanto había admirado pero un poco harta de sus diatribas escribe ‘yo no soy redentora, predicadora ni emancipadora’. En realidad fue las tres cosas, aunque de forma inteligente y sutil.
Precisamente, por eso, no duda en entablar polémica con los integristas, como el periódico “La hormiga de oro” que se mofa de que se hable de médicas, abogadas, generalas o diputadas. Una y otra y otra vez, gustaba repetir que las mujeres no eran inferiores a los hombres, sencillamente eran distintas más con igualdad de derechos.
Es muy original, por ejemplo, que quizás por primera vez en el siglo en que vivió, ensalza e idealiza la libertad de las mujeres del pueblo. Es un planteamiento polémico pero argumenta, en más de una ocasión, que gozan de mayor capacidad de moverse y desenvolverse que las mujeres de clase media.
No cabe duda que rompió barreras y transito espacios nuevos. No solo hizo periodismo sino que en muchas de sus páginas supo mezclar diversos géneros, con resultados que me atrevo a calificar de brillantes. A veces, se muestra dolida ‘más a lo hecho pecho’. Como ella misma indica, quizás hubiera recibido menos coces si no hubiera reaccionado con tanto ímpetu y no poca amargura ante las que percibía como injusticias. Probablemente hacer lo que hizo estaba en su naturaleza. Si lo tuvo, supo dominar el miedo a la “sirena negra” que acecha al final de la vida y que se lleva por delante, especialmente a quien no se ha atrevido a vivir.
En cuanto a “La cuestión palpitante” estoy convencido que fue un instrumento, tremendamente útil, para darse a conocer. Tanto es así, que puede hablarse de un antes y un después. Me parece, asimismo, que doña Emilia supo agitar las aguas del mundillo literario… y hasta removerlas más de una y más de dos veces.
En no pocas ocasiones se siente hastiada. La vulgaridad y la incultura del país la exasperan. Al parecer, tampoco hemos cambiado tanto. Doña Emilia se queja de que ‘sólo se habla de política, toros y mujeres’. Con alguna leve variación la amarga queja sigue siendo actual.
He guardado para el final un texto de “Apuntes autobiográficos” que pone en valor la finura analítica de doña Emilia como crítica literaria. Se muestra permeable a las influencias y señala muy atinadamente, que a lo largo de la historia de la literatura las influencias son permanentes y que los ‘llamados purismos’ y más si son exclusivistas y endogámicos, no llevan a ninguna parte.
“Deduje de aquí que debía cada país cultivar su tradición novelesca, y más cuando la tiene tan ilustre como España, sin perjuicio de aceptar los métodos modernos, basados en principios racionales y adecuados a la actual manera de entender el arte, que ciertamente no es ya la misma que en el siglo XVII. Y me pareció que no se debían rechazar los progresos en el arte de hacer novelas por su procedencia transpirenaica, atendido que basta saludar la historia de la literatura para saber que las tres naciones latinas, Italia, Francia y la Península Ibérica, tienen de tiempo inmemorial establecido el cambio de ideas estéticas y la reciprocidad de influjo literario. Influyeron los romanos en nosotros y luego nosotros les enviamos allá oradores y poetas que les comunicaron nuestro pomposo estilo; influyó Francia aquí por los trovadores, y en desquite le impusimos nuestro drama. La lista de préstamos de nación a nación es interminable y no habrá de cerrarse nunca; ni préstamos pueden llamarse: son fecundaciones”.
Para doña Emilia ‘vivir es tener opiniones, deberes, aspiraciones, ideas…’ todo un programa que supo cumplir ‘contra viento y marea’ enfrentándose a incomprensiones, intransigencias y a una sociedad atrasada, cerril y con ribetes misóginos. No es posible ni conveniente alargar en exceso estas reflexiones. No me resisto, sin embargo, a indicar que durante toda su vida mantuvo ideas religiosas que le habían inculcado en su infancia. Dan prueba de ello su devoción a Fray Benito Feijóo y Montenegro, al que leía desde su juventud y sobre el que escribió o a Francisco de Asís, especialmente por lo que significa de desprendimiento, amor a la pobreza y capacidad de compasión.
A MODO DE BIBLIOGRAFÍA
Los títulos que siguen no son una bibliografía al uso. Nos hallamos en el Centenario de la muerte de doña Emilia y, me ha parecido adecuado, seleccionar unos textos que son, a mi juicio oportunísimos, tanto para conocerla mejor como para esclarecer y/o aclarar determinadas dudas que pueden encontrarse leyendo los “Apuntes autobiográficos”
Comenzaré por citar la espléndida biografía de Isabel Burdiel, que es ya por méritos propios, su biógrafa de referencia “Emilia Pardo Bazán” dentro de la colección Españoles Eminentes, Taurus 2019.
La biografía anterior puede y debe contrastarse con la de Carmen Bravo Villasante “Vida y obra de Emilia Pardo Bazán” Magisterio Español, 1973, que fue desde mi punto de vista, la biografía más completa y documentada antes de que apareciera la de Isabel Burdiel.
Igualmente me parece de notable interés “El feminismo en España” de Anna Caballé, Cátedra 2013. Si algo fue Emilia Pardo Bazán es protofeminista o feminista y, por eso conviene insertarla en las coordenadas adecuadas.
Se hacen pocas referencias a una nota crítica de Vicente Aleixandre “Doña Emilia Pardo Bazán en el Balneario” que forma parte del libro “Los Encuentros”, Círculo de Lectores, 1986
Marisa Sotelo, buena conocedora de los epistolarios de doña Emilia, publicó en el 2008, en la Revista de Estudios Galdosianos: “Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós: una fecunda amistad literaria”, considero que hay que hacer hincapié en este aspecto, porque la amistad entre ambos duró muchos años, donde se pusieron de manifiesto sus afinidades, diferencias y preferencias sobre diversas corrientes literarias europeas.















