
Eduardo Montagut
La revista Leviatán fue una publicación socialista que inició su andadura en Madrid en mayo de 1934 y se editó hasta el número previo al inicio de la Guerra Civil, es decir, julio de 1936. Fue dirigida e inspirada por Luis Araquistáin.

Se trató de una publicación del ala más a la izquierda del socialismo español, y en cierta medida, cercana a las posiciones de Largo Caballero, en el proceso de radicalización de un sector del PSOE al terminar el denominado bienio reformista. Importante sería acercarnos al artículo de Marta Bizcarrondo, “Leviatán y el socialismo español en la II República”, de la revista Triunfo (1974) en su número 639, páginas 52-56. También es fundamental el texto de Enrique Tierno Galván, “Araquistáin y la izquierda socialista”, en Tiempo de Historia, (16), 1976, páginas 121-122. La revista volvió a salir en 1978.

En esta pieza queremos recordar la valoración que hizo la revista del lanzamiento de su primer número en el siguiente, en el de junio de 1934.
Se felicitaba porque, al parecer, había habido que hacer tres tiradas y no se había podido hacer una cuarta porque se había fundido el molde. No se había podido satisfacer toda la demanda. Para América y el extranjero, en el general, no se había podido enviar un solo ejemplar. Toda la tirada se había consumido en España. En la revista se interpretaba el éxito porque el público quería estudios meditados y documentados sobre los problemas fundamentales de la época, y buscaba el juicio de los escritores independientes, que no había casi en su totalidad ni en España ni en el resto de los países, en la “prensa de empresa”. Pero había un reparo, y es que se había comentado que la revista era cara. Y eso se reconocía porque, además, lo era para muchos lectores necesitados, y la mayoría de los lectores de la revista lo eran, en alusión, parece evidente, a los trabajadores.
En el comentario se añadía que en España la avidez de conocimiento y la pobreza iban casi siempre juntas porque las clases ricas leían poco o nada. Pero hacer la revista, se explicaba, generaba altos costes. Se pensaba que si el éxito continuaba y se permitía duplicar la tirada inicial podría abaratarse el precio de la revista. Mientras ocurría eso, la revista recomendaba a los lectores con menos recursos que formasen grupos para poder suscribirse. La base de la revista debían ser las suscripciones.












