Primer cuarto del siglo XXI

CRISIS DE LAS CIVILIZACIONES

Andrés Cascio

Cuando el relato, frecuentemente manipulado por una comunicación trastocada en propaganda, convierte la suposición de algún hecho en sentencia o verdad revelada, aparece ante nosotros, la gestación de nuevo concepto dogmático del sistema que está mutando.

El viejo sistema democrático se visualiza claramente enfermo, ha comenzado a cambiar, mediante el vertido constante de falsas informaciones sobre las que se construye una nueva era, cimentada en visiones deformes y retrogradas de lo que deber ser la sociedad que nos agrupa.

Cuando la autocracia fascista, comienza a imponerse como la base de un nuevo orden mundial, que se expande rápidamente por todo el globo y que se deduce de las características esenciales de dicha ideología: el autoritarismo, con el control de la vida pública y privada, la privatización de los derechos civiles fundamentales, como son la salud y la educación, el ultranacionalismo, el militarismo y la violencia, frecuentemente amparada en el poder político, el culto al líder,  el control de la economía y la mayor atrocidad de todas, la paulatina intencionalidad de un control del pensamiento, el deseo de poner fronteras al intelecto, de ahogar la cultura, para reemplazarla por una pseudo cultura manejable desde las instancias del poder; nos encontramos en la perpetuación de un gran cambio que persigue el fin de una democracia, (que si bien débil y enferma, aún puede permitirnos albergar alguna esperanza de libertad) y el reemplazo por un nuevo orden mundial, el neofascismo 3.0.

Como se trasluce de la pluma de Benito Perez Galdós en Doña Perfecta y Gloria, donde la fe ciega y la rigidez social ahogan la verdad y la libertad individual.

La(s) acusación(es), en ocasiones sin constancia de los hechos, lanzada desde organizaciones aliadas y cómplices, velozmente se convierten, ya no en sospecha, sino en condena y desde esta atalaya se lanza la propaganda que hallará cobijo en las mentes ignorantes para que agiten la razón y proclamen la infamia. Este será el primer escalón para alcanzar el zenit de un estado inquisidor y neofascista.

Pero puede resultar largo, negro y doloroso el camino a transitar y distante en el tiempo. Es por eso, por lo que es necesario apelar a reiniciar las conciencias y encender la mecha de la indignación y decir basta, con la palabra en la mano y el pensamiento libre.

Los acontecimientos actuales, que se desarrollan en turbios despachos y que asolan a Ucrania, Palestina, Venezuela, Groenlandia, Irán, Sudán, Siria y así hasta 30 conflictos bélicos abiertos en el mundo, constituyen una crisis de las civilizaciones. El abuso de poder desde el imperialismo estadounidense, la desaparición del derecho internacional, (una ilusión que ha sido débilmente aplicada en la segunda mitad del siglo XX y que siempre fue más utópico que real desde el final de la segunda guerra), o un Tribunal Penal internacional al instituido por el tratado de Roma y al que EE. UU. no se encuentra adherido, y cabe citar también las arbitrariedades económicas en el marco del comercio internacional que se imponen desde el imperialismo, y que ponen de manifiesto el agotamiento del sistema.

La confluencia de problemas sociales y culturales junto a la crisis medioambiental, que son impulsados por el actual modelo capitalista, y que da lugar a un consumismo insostenible, constituye una amenaza a la vida a nivel global y desde luego al bienestar humano, una aceleración en el consumo de recursos naturales, la constante desigualdad, y la pérdida de biodiversidad, ponen de manifiesto una de las mayores crisis de civilizaciones registradas a lo largo de la historia, por su dimensión global y el riesgo vital para la subsistencia del planeta y para la evolución humana.

  • Esta nueva derecha no busca simplemente el poder; busca la revancha histórica contra el consenso liberal emergido de las cenizas de 1945. El fin de la Guerra Fría, lejos de consolidar el triunfo liberal, desató los demonios internos del conservadurismo occidental. Sin el enemigo comunista que los cohesionara, dirigieron su artillería hacia el propio liberalismo que los había llevado a la victoria. Es la más cruel de las ironías históricas: el liberalismo está muriendo a causa de su propio éxito.[i] El verdadero escándalo de nuestro tiempo no es la barbarie de los extremistas; es la cobardía de quienes debían detenerlos.

La tecnología avanza a un ritmo exponencial y, al mismo tiempo, la desconfianza y la pérdida de fe en las instituciones democráticas que aumentan año tras año. El populismo de derecha, la injerencia extranjera especialmente de EE. UU. y la desinformación están socavando los cimientos de la actual democracia, provocando su significativa regresión.

  • Los derechos políticos y las libertades civiles han disminuido en todo el mundo durante los últimos 16 años, y solo dos de cada diez habitantes del planeta viven en países libres, lo que plantea la posibilidad de que la autocracia pueda superar a la democracia como modelo de gobierno que guíe los estándares internacionales de comportamiento, según el informe “Libertad en el Mundo 2022: La expansión global de los gobiernos autoritarios”, realizado por Freedom House.[ii]

Hace ya tiempo, las democracias morían de golpe. Literalmente, un golpe de estado, una maniobra legislativa corrupta, etc. Hoy no, ahora lo hacen poco a poco, lentamente. Se desangran entre la indignación de la ciudadanía y la acción corrosiva de los demagogos. 

Los imperios de distinto signo, acaudillados por Trump, Putin, Xi Jinping, etc. Buscan como aves de rapiña, hacerse con los territorios que son poseedores de los recursos naturales más útiles para las nuevas tecnologías, territorios donde la compensación salarial, es miserable, la mano de obra sometida extrae los recursos para los organismos del imperio que explota el territorio. El reparto de los espacios continentales, América, la parte sur y central, Africa, y desde luego la misma Asia, se ven sometidas en una forma de colonialismo económico, que no dista en exceso del colonialismo del siglo XIX, n las intenciones de algunos de los lideres populistas regentes del imperio.

En un mundo orientado por una supuesta racionalidad, eso si, instrumental, materialista y tecnocrática, las soluciones a los problemas de la sociedad y a las crisis se buscan por lo común en los procesos de innovación tecnológica, los ajustes al mercado, los productos que se consumen, los sistemas de producción, los instrumentos financieros o políticos, los medios masivos de comunicación, y muy rara vez en el individuo, en el ser humano y sus expresiones más cercanas, sutiles y profundas, es más, no se cuenta con él, como ciudadano/a, su cultura, su comunicación, sus problemáticas, sus relaciones con él mismo y con los demás.

Vivimos una crisis de la civilización económica cuyo rasgo primordial es ser multidimensional, pues reúne en una sola entidad, la crisis ecológica, la ruptura del modelo y la aparición de las nuevas propuestas populistas, que aparecen como soluciones simplistas para problemas complejos, todo dirigido a crear nuevos modelos que llegan de la mano de las nuevas tecnologías. Encontramos la crisis social y la crisis individual, existencial o simplemente propia del ser humano, pero así también, dentro de cada una de estas crisis, a toda una gama de (sub) dimensiones.

  • Esto obliga a orquestar diferentes conocimientos y criterios dentro de un solo análisis, y a considerar sus ámbitos visibles e invisibles. Se equivocan quienes piensan que la crisis es solamente económica, tecnológica o ecológica. La crisis de la civilización requiere de nuevos paradigmas civilizatorios y no solamente de soluciones parciales o sectoriales.[iii]

Hoy la ciudadanía vegeta moldeada por el medio, entornos controlados y manejados a discreción por los poderes fácticos y algunos políticos de las grandes potencias dominantes. Como en el pasado, el medievalismo o más atrás aún, desde la fundación de Ur, la construcción de los imperios que socavaban la libertad de las personas que siempre han sido sometidas al imperio de turno, así sucedió en el antiguo Egipto, en Persia, en China y es en este punto cuando acuden a mi mente en medio de un palpitar de angustia, ¿las civilizaciones en crisis de hoy se encuentran en un proceso de retroceso o de un avance hacia lo desconocido?

Las entrañas de la civilización en la que vivimos comienzan a estar infectadas por la desidia, el hastío y hasta el abandono de la lucha por la vida y se limita solamente a una simulación; para pasar como transeúnte por una época herida, por un cambio hacia algún destino ignoto.


[i] Alexander P. Springer foreign affairs Latinoamérica 11/8/25

[ii] LA DEMOCRACIA EN PELIGRO DE MUERTE

Publicado por Oscar Iglesias | Oct 13, 2022 | De Primera Mano. Sistema Digital

[iii] El viejo Topo

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